• Blanca Verdugo, una boyacense y madre cabeza de familia, destinó parte del tercer piso de su casa para hacer una huerta casera que cuida con uno de sus nietos.
  • Lleva cinco años sembrando de manera agroecológica tomates diminutos y fresas jugosas en la terraza de su hogar, un terruño colorido de la localidad de Rafael Uribe Uribe.
  • Con lo que sale de su huerta, esta mujer risueña y trabajadora les prepara ensaladas sanas a sus dos hijas y dos nietos. «Estoy muy comprometida con la agricultura urbana. Es mi mayor pasatiempo y me la paso hablándoles a las plantas».
Huerteras de Rafael Uribe

Blanca Verdugo está totalmente dedicada a sembrar de forma agroecológica en la terraza de su casa.

Con apenas cinco años ya tenía su propia huerta casera, un pequeño terruño rodeado de piedras donde sembraba espinaca y lechuga. Su madre, una boyacense experta en las labores del campo, le daba consejos para que sus cultivos fueran más verdes.

“Nací en Tasco, municipio de Boyacá conocido por sus cultivos de papa, habas, nabos e ibias. De niña siempre me la pasaba untándome de tierra en la finca de mis padres, donde me enamoré perdidamente de la agricultura y las plantas”, dice Blanca Verdugo, hoy con 56 años de edad.

Su infancia fue muy tranquila. En las horas libres que le dejaba el colegio se la pasaba con su mamá en los sembrados o iba a recorrer las zonas paramunas del municipio. Pero cuando llegó la adolescencia, la calma llegó a su fin.

Huerteras de Rafael Uribe

A los cinco años, Blanca Verdugo hizo su primera huerta casera con ayuda de su madre.

“Estaba cursando noveno de bachillerato y me enamoré. Tenía 18 años y quedé embarazada, una situación muy complicada para toda la familia porque el muchacho no respondió. Una hermana que vivía en Bogotá me dio la mano, así que me fui para la gran ciudad a buscar mejores opciones”.

Blanca quedó de una sola pieza cuando se enteró que iba a ser madre de gemelas, a las que llamó Dayan Eliana y Joely Patricia. “No niego que tenía mucho susto por el futuro de mis hijas. Pero me propuse salir adelante y no dejarme ganar de la capital”.

Luego de dar a luz, la nueva madre soltera comenzó a buscar trabajo. “Estuve de buenas porque me vinculé rápido a una empresa, donde me contrataron fija; es decir que recibía mis prestaciones y cesantías”.

Huerteras de Rafael Uribe

Las fresas siempre le gustaron, pero jamás se le había ocurrido sembrarlas en su casa.

Su objetivo era ahorrar lo más que pudiera para comprar una casa propia. Encontró un lote en el barrio Diana Turbay de la localidad de Rafael Uribe Uribe, el cual apartó con una cuota inicial. “Con los frutos de mi trabajó mandé a hacer una casa de un piso, y allí me mudé con mis dos hijas”.

Desde que eran muy pequeñas, Blanca les dijo a sus hijas que tenían que ser muy juiciosas y responsables para salir adelante. “Acordamos que después de pagarles los estudios de bachillerato, ellas iban a buscar trabajo para estudiar en la universidad y ampliar la casa familiar”.

Sus hijas no la decepcionaron. Ambas se graduaron como bachilleres a los 16 años y medio y comenzaron a buscar trabajo. “No fue fácil, por lo cual yo estaba algo preocupada. Le comenté la situación a mi jefe y él habló con uno de sus hermanos. Ambas trabajaron en su negocio por un año”.

Huerteras de Rafael Uribe

Blanca ha contado con la ayuda del JBB para montar su huerta casera.

Cuando cumplieron la mayoría de edad, Dayan Eliana y Joely Patricia empezaron a enviar hojas de vida por todo lado. “Ambas se ubicaron e iniciaron su vida como universitarias. También destinaron parte del sueldo para el ahorro y al poco tiempo las tres juntamos el dinero para hacer el segundo piso de la casa”.

La madre y sus dos hijas siguieron ahorrando para continuar con su proyecto de vida. “Logramos construir una terraza en el tercer piso. Mis dos hijas ya están fijas en sus trabajos y cada una tiene un hijo: Jerónimo y Mariana, mis dos nietos que me llenan de felicidad”.

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La terraza de Blanca es la única de la cuadra que tiene mucho verde.

Cultivos en lo más alto de la casa

Al tener dos hijas responsables y con un profundo amor por la familia, Blanca tuvo la oportunidad de terminar el bachillerato. “Me gradué en 2011, es decir cuando tenía 45 años. También me volví a enamorar, en esta ocasión de un gran hombre llamado José Joaquín, con quien me casé”.

La terraza de la casa fue construida con el propósito de que sus dos nietos tuvieran un lugar donde jugar. Sin embargo, la matrona de la familia vio que había espacio más que suficiente para montar una huerta casera, como la que hizo de niña en Tasco.

Huerteras de Rafael Uribe

La huerta de Blanca nació hace cinco años y hoy luce repleta de tomates cherry y fresas.

“Como la terraza es en cemento no podía sembrar en el piso. Entonces fui a las tiendas del barrio para comprar tres canastas plásticas y llenarlas de tierra, pero aún no estaba segura de qué iba a sembrar”.

En 2017, una de sus hijas le llevó unos tomates cherry miniatura. Luego de probarlos, Blanca decidió que ese sería su primer cultivo. “Son dulces y muy ricos. Les saqué las semillas, las sembré en las tres canastas y al poco tiempo ya tenía unas enredaderas muy bonitas que se salían por la terraza”.

Huerteras de Rafael Uribe

Blanca habla todos los días con las plantas y les dice palabras de cariño para que crezcan hermosas.

Al ver cómo reverdecía su pequeña huerta, Blanca fue comprando más canastas para sus tomates enanos. “Pero ya no quería sembrar solo tomate. Una de las frutas que más me gusta es la fresa, así que di marcha a ese nuevo reto”.

En materas donde antes sembraba plantas ornamentales, la boyacense cultivó sus primeras fresas. “A nada le aplicó químicos. Lo único que le echo a la tierra es abono que preparo con las cáscaras de las frutas y hortalizas que salen de la cocina”.

Huerteras de Rafael Uirbe

Blanca está cultivando otras especies en su huerta de tomates cherry y fresas.

Crece la huerta

Blanca ha contado con la asesoría del Jardín Botánico de Bogotá (JBB) para reverdecer su huerta. Alma Melo, técnica encargada de agricultura urbana en Rafael Uribe Uribe, le da consejos para que mejore la calidad de los cultivos y le lleva tierra, abono, plántulas y semillas.

Desde el año pasado, la madre cabeza de familia decidió darle un nuevo aspecto a su terruño de tomates miniatura y fresas. “Encerré la huerta con una malla, hice dos pequeños caminos para poder pasar con mayor facilidad y compré más canastas plásticas; hoy ya tengo cerca de 20”.

Huerteras de Rafael Uribe

Con los tomates cherry diminutos, Blanca prepara ensaladas saludables.

En las nuevas canastas amplió la variedad de cultivos. Además de fresas y tomates ahora tiene habas, arvejas, zanahorias, rábano, brócoli, acelgas, remolacha y cilantro, cultivos con los que está experimentando para ver cómo se dan.

“Todo lo que siembro es para consumo de la casa. Por ejemplo, con los tomates miniatura hago unas ensaladas deliciosas con cebolla morada cortada en cuadritos y atún. La fresa no la comemos completa después de lavarla”.

Jerónimo, su nieto, es uno de los mayores consumidores de las hortalizas y frutas de la huerta. “Él se sube a la terraza, se mete a la huerta y come muchos tomates y fresas. Me dice que por lo dulce le gustan mucho y toca estar pendiente de él porque si lo dejamos solo acaba con todo”.

Huerteras de Rafael Uribe

Pepita ha hecho destrozos en la huerta, por lo cual Blanca decidió encerrar los cultivos con mallas.

Pepita, una coneja que tienen como mascota, es otra visitante asidua de la huerta. “Yo puse la malla para evitar que ella entrara, pero Pepita es muy inteligente y se las ingenia. Muerde la malla, entra y escarba en la tierra”.

Todos los días, sin falta alguna, Blanca le de amor a su huerta. En la mañana, luego de llevar a sus nietos al colegio, destina dos horas para regar, sembrar, cosechar y ver que las plantas estén bien, rutina que repite en horas de la tarde.

El JBB le dio varias lombrices para que haga abonos. “Las tengo en una caneca con tierra, a la cual le echo los residuos orgánicos molidos. Mi esposo me hizo un sistema de riego: cuando llueve, el agua llega a unas canecas y con esto riego la huerta. Como soy una apasionada por aprender, me la paso viendo videos en internet sobre huertas y agricultura urbana”.

Huerteras de Rafael Uribe

Blanca utiliza los envases plásticos para sembrar sus fresas.

En su huerta, Blanca encuentra la paz y tranquilidad que no tiene en la calle. “A mí no me gusta salir casi. Prefiero quedarme metida en el verde de mi terraza. La huerta es vida y me genera una felicidad enorme; es toda una terapia. Mis hijas dicen que me van a subir la cama a la huerta porque me la paso más allá”.

Las plagas no han sido ajenas a la huerta. “El JBB me dijo que hay algunos problemas por áfidos, unos piojos que se pegan en la parte más tierna de las hojas. La ingeniera Alma me recomendó sembrar plantas amargas, como ajenjo, o aplicar a las plantas una preparación de jabón rey, agua limpia y cristales de sábila. Lo voy a hacer para que mi huerta siga así de hermosa dándome felicidad”.

Huerteras de Rafael Uribe

Blanca está comprometida con mejorar cada vez más su huerta.

 

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

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Jardín Botánico de Bogotá