• La segunda versión de este evento del Jardín Botánico José Celestino Mutis reunió experiencias, emprendimientos, productos, conocimientos y propuestas en torno a la agricultura urbana.
  • El encuentro contó con paneles de expertos, talleres de transformados, muestras gastrobotánicas, recorridos huerteros, charlas sobre innovación y semillas y una feria de emprendedores locales.
  • Varios agricultores urbanos y líderes de iniciativas que fusionan la agroecológica con la tecnología, recibieron reconocimientos por ayudar a construir una ciudad más sostenible.

No fue un día típico en el Jardín Botánico de Bogotá (JBB). El sábado 17 de octubre, a las ocho de la mañana, los primeros visitantes del bosque urbano más biodiverso de la ciudad no hicieron fila en la taquilla para pagar el valor del ingreso.

Los cientos de ciudadanos, procedentes de varias de las localidades de la capital, no tenían como objetivo recorrer las colecciones vivas de este tesoro botánico creado hace 71 años por el sacerdote, científico, educador y escritor Enrique Pérez Arbeláez.

“Hoy vinimos a participar en un evento que le rinde homenaje a la agricultura urbana de Bogotá, una actividad a la que me dedico desde hace más de 15 años”, dijo María Elena Villamil, una cocinera que se enamoró del arte de sembrar.

En la plazoleta principal de la entidad, la líder de la huerta urbana Santa Helena, ubicada en el barrio San Martín de la localidad de Santa Fe, reconoció los rostros de varios ciudadanos que llevan décadas cultivando alimentos saludables.

“Me gusta mucho encontrarme con mis colegas porque siempre intercambiamos conocimientos y experiencias. También vi a varios jóvenes que mantienen vivo nuestro legado huertero y lo perfeccionan fusionando la tecnología”.

Luego de varios minutos de charlas, abrazos y risas, los huerteros ingresaron al JBB. Varios profesionales del equipo de agricultura urbana los llevaron al Biodiversario, una infraestructura circular que colinda con el Tropicario.

Cuando los asistentes se organizaron en las sillas del recinto, Wilson Rodríguez, ingeniero forestal que lidera este grupo de expertos en el manejo de los cultivos urbanos, se subió a la tarima y tomó un micrófono para dar la apertura de Expo Agricultura Urbana 2026.

“Este evento anual, que nació el año pasado, es un espacio de encuentro, aprendizaje y conexión alrededor de la agricultura urbana y periurbana de Bogotá, un programa distrital que nació en 2004”.

Según el coordinador, Expo Agricultura Urbana reúne experiencias, emprendimientos, productos, conocimientos y propuestas que contribuyen a la sostenibilidad, la economía local y la construcción de una ciudad más sostenible. 

“Esta jornada contará con una programación que les permitirá conocer iniciativas de agricultura urbana, emprendimientos, experiencias de comercialización, gastronomía, innovación y aprovechamiento de los productos provenientes de las huertas de la ciudad”.

Wilson enfatizó que el evento le permite a la ciudadanía acercarse a las experiencias de quienes hacen de la agricultura urbana una alternativa para fortalecer la seguridad alimentaria, dinamizar la economía y promover prácticas sostenibles en Bogotá.

“En los últimos 22 años, la agricultura urbana se ha transformado y evolucionado en una actividad que genera ingresos económicos. Hoy vamos a celebrar que nuestros sueños huerteros sí se cumplen”.

El ingeniero presentó varios de los logros alcanzados por la entidad en la ciudad, como la consolidación de 14.800 huertas urbanas que suman un área de 379.000 metros cuadrados y 15 bancos comunitarios de semillas agroecológicas.

El JBB también ha conformado cinco rutas agroecológicas que fusionan el turismo con la educación ambiental y tres células de producción (clúster); actualmente propaga más de 200.000 plántulas al año para renaturalizar aún más las huertas urbanas.

“Ahora contamos con cursos especializados de varias de las líneas de agricultura urbana. Además, la comunidad huertera recibe talleres de transformados y gastrobotánica y participa en escenarios como los Mercados Campesinos Agroecológicos”.

El líder del programa de la agricultura urbana bogotana concluyó su intervención con una invitación. “Sigamos soñando para que Bogotá sea la ciudad más agroecológica del mundo, un título que cada vez vemos más cerca”.

Ícono religioso y panel de expertos

En Expo Agricultura Urbana, la Corporación Universitaria Minuto de Dios (Uniminuto), que cuenta con más de 300 programas académicos de pregrado, posgrado y educación continua, fue uno de los grandes invitados.

La ingeniería agroecológica es uno de los programas de esta universidad con 36 años de vida, una carrera que forma profesionales para diseñar y gestionar sistemas de producción sostenible y desarrollo rural.

El padre Diego Jaramillo, director de la Organización Minuto de Dios, subió a la tarima en medio de una ovación de aplausos de los asistentes. Su charla inició con varios agradecimientos a la comunidad huertera.

“El trabajo que hacen en sus casas y zonas del espacio público de la ciudad es fundamental para la soberanía alimentaria. Ustedes son un ejemplo a seguir porque han demostrado que sí es posible sembrar alimentos propios y saludables”.

La intervención de Jaramillo exaltó el legado de José Celestino Mutis, sacerdote, médico, botánico, matemático y geógrafo español que lideró la Expedición Botánica por el Nuevo Reino de Granada.

“Mutis llegó a Bogotá en 1761 como médico, fue profesor en el colegio del Rosario y lideró misiones para estudiar los minerales en Norte de Santander y el Tolima; pero no estaba satisfecho con lo que hacía”.

Según el padre, el virrey de la Nueva Granada nombró a Mutis como director de la Expedición Botánica, un trabajo nunca antes realizado que inició en 1783, duró 26 años y tuvo como primer epicentro La Mesa (Cundinamarca).

“Allí, Mutis consolidó una escuela de pintores que se encargaron de pintar las plantas que descubrieron en varias zonas del país. Lograron dibujar 7.000 pinturas botánicas que hoy en día están en el Real Jardín Botánico de Madrid (España)”. 

Luego de la clase de historia botánica e informar varios aspectos del programa de ingeniería agroecológica de la Uniminuto, Jaramillo reflexionó sobre la importancia de sensibilizar a las nuevas y futuras generaciones sobre el cuidado de la naturaleza.

“Debemos formar a los muchachos en el amor a la naturaleza para que guarden y siembren las semillas, cosechen los cultivos y aprendan a cuidar la tierra. Está en nuestras manos que los jóvenes sigan con el legado botánico y se alimenten mucho más sano”.

El sacerdote católico de 94 años les hizo una invitación a los huerteros. “Entre La Mesa y Tena, le dimos vida al Agroparque Sabio Mutis, un terreno de 40 hectáreas donde realizamos varios proyectos agroecológicos. Allá los esperamos para hacer intercambios de conocimientos”.

Expo Agricultura Urbana continuó con ‘Generación de valor en la agricultura urbana’, un panel donde varios expertos dialogaron sobre el pasado, presente y futuro huertero de Bogotá y Colombia.

Durante aproximadamente una hora, los panelistas compartieron sus conocimientos, experiencias e ideas para seguir cultivando ciudades más sostenibles desde la investigación, la comercialización, los negocios verdes y la innovación agropecuaria.

Jeancarlo Sánchez, profesional del grupo de competitividad y promoción de negocios verdes del Ministerio de Ambiente, moderó el panel y les hizo varias preguntas a los panelistas relacionadas con las nuevas oportunidades para fortalecer la agricultura urbana.

Carlos Gaitán, docente y líder del semillero de investigación en agricultura urbana de la Uniminuto, expresó que todas las ciudades se deben “recampenizar”, es decir aplicar los conocimientos campesinos en las grandes urbes.

“Desde la academia nos estamos articulando con los huerteros urbanos para que sistematicen sus proyectos y manejen de una mejor forma los recursos naturales. Los residuos orgánicos deben ser nuestros grandes amigos”.

Andrea Lozano, coordinadora de la estrategia de promoción y comercialización del JBB, informó que las huertas urbanas de Bogotá han vivido una gran evolución desde los últimos dos años a través de la transformación de alimentos y venta de productos saludables.

“Por ejemplo, desde 2020 las huertas que cuentan con excedentes en sus cultivos o que desarrollaron emprendimientos verdes, han recibido más de 1.300 millones de pesos al vender sus productos en sitios como nuestras ferias o el Mercado Campesino Agroecológico”.

Por su parte, Julián Robledo, director del clúster de seguridad alimentaria de la Cámara de Comercio de Bogotá, invitó a la comunidad huertera a formalizar sus emprendimientos ante la entidad para que así puedan mejorar sus ingresos y procesos.

“Los huerteros con vocación empresarial, que cada día son más, pueden mejorar con nosotros sus procesos de calidad, inocuidad y precios. Nuestro objetivo es contar con empresas sostenibles en el tiempo y una huerta tiene todo el potencial para serlo”.

Conexión con la tierra

Para la segunda versión de Expo Agricultura Urbana, el JBB organizó varios talleres, recorridos y ferias al aire libre para que los participantes se conectaran con la tierra, probaran recetas saludables y conocieran los productos de varios emprendedores.

Claudia Veloza, ingeniera agrónoma que lidera la línea de transformados, lideró los talleres de aguas floridas y sales de baño en compañía de varios profesionales de territorio del equipo de agricultura urbana.

“El objetivo es que la ciudadanía conozca que varias de las plantas que siembran en sus huertas también se las pueden untar en el cuerpo debido a las propiedades medicinales o curativas que tienen”.

En el taller de aguas florales, los participantes aprendieron a transformar la naturaleza huertera en aromas. Según Claudia, estos perfumes con plantas medicinales datan de la época de Cleopatra, la última reina de Egipto que gobernó entre el 51 y el 30 antes de Cristo.

“El perfume de Cleopatra era una mezcla de lavanda, romero, menta, clavos, canela, cítricos y ruda. Hoy vamos a elaborar aguas floridas con varias plantas medicinales que también sirven como desinfectante, tranquilizante o para limpiar las malas energías”. 

Los ciudadanos tomaron hojas, tallos y flores secas de especies como lavanda, romero, menta, sortilegio o citronela, ruda, salvia y cidrón y las metieron en pequeños frascos plásticos donde Claudia les aplicó gotas de alcohol desodorizado. 

“A estas aguas también les pueden agregar clavos, canela y unos polvos botánicos de ruda, hierbabuena o eucalipto. Es recomendable dejar reposar la mezcla durante 15 días para que las plantas suelten todos sus olores”.

En el taller de sales de baño, Claudia les enseñó a utilizar sal marina (un exfoliante que se lleva las cargas negativas), sulfato de magnesio (desinflama los músculos y elimina las células muertas de la piel) y polvos botánicos de romero, rosas, naranja, eucalipto o cidrón.

“Son compuestos minerales solubles que están diseñados para disolverse en agua. Se utilizan para el cuidado personal y aportan beneficios relajantes, exfoliantes y terapéuticos para la piel o los músculos”.

Según la experta, las sales de baño aportan procesos de relajación profunda al ayudar a reducir el estrés y la tensión. “Es una aromaterapia donde utilizamos polvos botánicos que alivian los músculos, disminuyen la inflamación, dolores y fatiga”.

“Son ideales para aplicar en tinas o recipientes llenos de agua. Aplicamos dos cucharadas de estas sales en 20 litros de agua a una temperatura de 35 grados y las debemos dejar allí durante aproximadamente 15 minutos”.

Andrea Aragón, bióloga del equipo de rutas agroecológicas del JBB, lideró el recorrido ‘Del bosque a la huerta’, una experiencia ambiental y agroecológica en la que participaron decenas de agricultores urbanos de la localidad de Usaquén.

Esta actividad empezó en el Tropicario, el invernadero más grande de Sudamérica. Los huerteros recorrieron las representaciones de algunos de los ecosistemas de Colombia que habitan en los seis domos de este espacio de 2.700 metros cuadrados.

“Durante este viaje por la diversidad botánica del país conocieron algunas especies comestibles que son utilizadas por las comunidades indígenas y afrodescendientes. La experiencia terminó en la huerta del JBB, donde les hablé de los principales cultivos agroecológicos”.

La huerta del Jardín Botánico, un terreno de 3.329 metros cuadrados conformado por más de 60 eras donde se cultivan 130 especies y 240 variedades de hortalizas, frutales y plantas medicinales y aromáticas, fue uno de los principales escenarios de Expo Agricultura Urbana.

En este tesoro verde que nació hace más de 20 años y el cual está catalogado como la madre de todas las huertas urbanas de la ciudad, fue recorrido por los visitantes durante todo el día en compañía de expertos como Adriana Huérfano y Ofelia Pinto.

Este jardín agroecológico también fue el escenario de un taller de aromaterapia (de la profesional Lina Tegua) y de varias experiencias de horticultura terapéutica donde los asistentes se recargaron con la energía de la naturaleza.

Gastrobotánica y ferias de emprendedores

La disciplina que fusiona la gastronomía con la botánica, un arte que estudia las partes y propiedades de las plantas, recupera los saberes y sabores ancestrales e impulsa la economía huertera, brilló en Expo Agricultura Urbana 2026.

La gastrobotánica fue la protagonista en los dos talleres que realizó el chef Luigi González durante este encuentro anual, actividades donde participaron decenas de huerteros y varios niños y adolescentes.

En ‘¿Qué cocino hoy? Manual táctico de cocina vital’, los asistentes aprendieron a preparar una receta saludable con coles de bruselas, romero, coliflor, kale crespo morado, remolacha y flores comestibles.

“Elaboramos coles de bruselas confitadas en mantequilla con una infusión de romero sobre un suflé de coliflor. El plato estuvo acompañado por un crocante de kale crespo morado y una mayonesa de remolacha decorada con flores”.

Entre tanto, los más pequeños participaron en ‘Minigastrobotánicos’, un taller donde Luigi les enseñó a preparar mochis, un pastel o bocadillo tradicional de Japón hecho de un tipo de arroz glutinoso de grano corto.

“Cada uno de los niños eligió un sabor de masa (fresa, mora o uchuva) y un sabor de relleno (fresa/banano, mora o uchuva); luego armaron los mochis y los decoraron con semillas”, apuntó Andrea Aragón, profesional que apoyó el taller.

Durante todo el sábado, los asistentes del encuentro de agricultura urbana y los turistas nacionales e internacionales que visitaron las colecciones vivas del JBB, conocieron varios emprendimientos huerteros y tecnológicos.

En los senderos que rodean el CAV (Centro de Atención al Visitante), 18 agricultores urbanos y emprendedores locales de diferentes localidades vendieron sus productos agroecológicos o ambientales en nueve carpas.

En esta feria participaron Bendita, La Remolacha, La Mata que Mata, Hortalitas, Tijicum, Alimentar MYC, Yoga Fruits, Dolce Luz, Lolita, Innatu, Oliva y Cayena, Abejita Catalina, Ala de Colibrí, La Violeta, Rosemary Herbal, Diatomeas, huerta Monterrey y Pomaret.

“Estos productores participan en nuestro Mercado Campesino Agroecológico, encuentro con el campo que realizamos el primer fin de semana de cada mes. Todos vendieron la mayoría de sus productos durante la exposición”, dijo el profesional del JBB Ricardo Rincón.

En la feria de innovación, ubicada dentro del Biodiversario, participaron seis iniciativas verdes de la ciudad relacionadas con agricultura urbana y que han tecnificado o sistematizado sus procesos.

“Galipast Ecology, Cero Waste, Hidroponía Industrial, Uniminuto-Fundases, Universidad Libertadores y Solaris Games-Chagrarol participaron en esta feria”, informó Andrea Lozano, organizadora de Expo Agricultura Urbana.

La ciudadanía conoció iniciativas como productos en plástico reciclado, autogestión de residuos orgánicos, agricultura en ambientes controlados, soluciones para la producción de alimentos, innovación para el sector agropecuario y un videojuego huertero.

Semillas y charla de innovación

Las semillas nativas y criollas hicieron parte de Expo Agricultura Urbana a través de una charla magistral de Juan David Córdoba, ingeniero en agroecología que lidera la estrategia de bancos de semillas del Jardín Botánico.

“Conservar semillas es conservar vida, cultura y futuro. Las nativas y criollas representan la base de la alimentación y su conservación asegura la diversidad genética, la autonomía de las comunidades y la resiliencia de los sistemas agroalimentarios frente al cambio climático”.

El profesional enfatizó que el JBB lidera un proceso innovador que conecta la ciencia con la comunidad: la consolidación de bancos comunitarios de semillas agroecológicas para que se conviertan en centros de encuentro, aprendizaje y acción colectiva.

“Este proyecto surge como respuesta a la necesidad de disponer de semillas confiables y adaptadas a las condiciones locales. Su propósito es asegurar que, tanto huertas urbanas como campesinas, cuenten con material vegetal de calidad”.

La caracterización de las semillas para los bancos que estarán ubicados en todas las localidades de la ciudad, incluyó la identificación y caracterización de tesoros nativos y criollos en departamentos como Nariño, Boyacá, Tolima y Antioquia. 

“La estrategia integra prácticas científicas de conservación y producción de semillas con procesos de capacitación y participación comunitaria. Este enfoque asegura que los bancos sean espacios de aprendizaje colectivo para garantizar la sostenibilidad y la apropiación social”.

A la fecha, los 15 bancos comunitarios de semillas impulsados por el JBB han realizado más de 200 préstamos con la ciudadanía huertera. Según Juan, esta experiencia ha sido reconocida institucionalmente y replicada en colegios y comunidades.

“Las semillas que dan valor son las que germinan en comunidad, fortalecen la cultura y aseguran el futuro de nuestra alimentación. La invitación es a replicar esta experiencia en más territorios, porque cada semilla guardada es una esperanza de vida”.

El ingeniero en agroecología también lideró la graduación de más de 30 huerteros de la localidad de Usaquén que participaron en el curso especializado de semillas agroecológicas, una actividad que estuvo llena de aplausos, alegría y compañerismo.

“Estos agricultores urbanos se convirtieron en nuevos custodios de semillas y se comprometieron a solicitar préstamos en el banco comunitario de Usaquén para fortalecer sus huertas con tesoros nativos y criollos”.

Sindy Lorena Rivera, coordinadora territorial de agricultura urbana en las localidades de Kennedy y Bosa, participó en este encuentro con la conferencia ‘Innovación y tendencias: conectar tecnologías, ciclos y comunidades para cultivar el futuro de Bogotá’.

“Innovar implica introducir o adaptar una solución que mejora una situación concreta. En agricultura urbana puede surgir de una tecnología, una práctica agroecológica, una forma de aprender o un acuerdo entre personas”.

La innovación, según les explicó Sindy a los huerteros, tiene cinco principios: involucramiento comunitario, sostenibilidad ambiental, cooperación y participación, experimentación y aprendizaje.

La ingeniera presentó varios ejemplos de innovación en el mundo huertero, como sistemas agroalimentarios, ecosistemas circulares, sistemas de riego, compostaje gestionado, infraestructura sostenible y reutilización de materiales.

“El valor de la información agrícola reside en su uso práctico, en el registro y transmisión de datos y en ir más allá de medir: se requiere una ubicación adecuada del sensor, una correcta calibración y criterios técnicos claros para la toma de decisiones”.

“Innovar es conectar: las herramientas exigen capacidades, los procesos agroecológicos requieren manejo y las iniciativas necesitan acuerdos sólidos. ¿Qué transformaciones impulsaremos en nuestras huertas?”, concluyó la experta.

Clúster de agricultura urbana

A las tres de la tarde, decenas de huerteros asistieron a uno de los auditorios del JBB para conocer los avances de uno de los proyectos más novedosos que conecta las huertas con restaurantes, hoteles y empresas del sector privado: el clúster de agricultura urbana.

Johanna Aristizábal, ingeniera química que lidera esta nueva apuesta, les explicó que el clúster consiste en generar sinergías entre los productores urbanos, el mercado y gobierno local, la academia, los centros de investigación y el JBB.

“Nuestro objetivo principal es fomentar la sostenibilidad, la productividad y comercialización como estrategia que promueva la adaptación al cambio climático y la dinamización económica de Bogotá”.

Para esto, el clúster impulsa la producción agroecológica de especies promisorias en la agricultura urbana; fortalece la economía local huertera a través de oportunidades de negocio; y mide los beneficios ambientales, sociales y económicos con indicadores de sostenibilidad.

Actualmente, el equipo de esta estrategia, conformado por tres profesionales del JBB, trabaja en la consolidación de tres clúster de agricultura urbana en la capital: territorio norte, territorio cerro sur y hongos comestibles.

El clúster del territorio norte articuló seis huertas urbanas (Uchuva, Los Helechos, Coba el hogar de las abejas, Tunta Chavela y Jacana) con uno de los restaurantes más innovadores de la localidad de Usaquén: ODA.

“ODA ha desarrollado platos de cocina y coctelería con varias de las especies promisorias que los seis agricultores siembran en sus huertas, como anisillo, guaca, canelón, ruibarbo y mostaza roja. El restaurante les compra estas plantas”, mencionó Johanna.

15 huerteras de la localidad de San Cristóbal que hacen parte de la Fundación Mujeres Empresarias Marie Poussepin, conforman el clúster del territorio cerro sur. A la fecha han suscrito alianzas con Laboratorios Phitother y los restaurantes Monserrate y Nativa.

“Estas empresas les compran a las mujeres varias de las hortalizas y plantas medicinales que siembran en las huertas y también las contratan para que brinden asesoría en agricultura urbana”.

Hongos comestibles, clúster que fue lanzado en julio de este año, lo conforman seis emprendimientos que cultivan y comercializan estos seres del reino Fungi: Diatomeas, Oroleo, Larallana, Seta Zen y Ecoroca.

“Nos estamos articulando con el restaurante Merlín, el cliente estratégico de este clúster, para iniciar las compras de setas especializadas para el desarrollo de nuevos productos”, explicó la ingeniera.

La presentación de logros del clúster contó con intervenciones de los tres socios de ODA, jóvenes emprendedores que se enamoraron de la agricultura urbana; Ruth Vargas, líder de la Fundación Mujeres Empresarias; y los expertos en hongos Guillermo Montoya y Laura Pérez.

“También nos acompañó Helena Núñez, gerente de Laboratorios Phitother. Fue un escenario donde compartieron sus experiencias en los tres clúster y aportaron nuevas ideas para fortalecerlos”.

Reconocimientos huerteros

Germán Darío Álvarez, subdirector técnico operativo del Jardín Botánico, fue el encargado del cierre de Expo Agricultura Urbana 2026, un evento que cautivó a más de 200 ciudadanos a través de talleres, actividades, conferencias y ferias.

“Es muy gratificante ver cómo ha evolucionado la agricultura urbana en Bogotá. Por ejemplo, en 2004 era vista como una actividad aislada donde solo participaban algunos campesinos que llegaron a la ciudad por el conflicto armado”.

Para el directivo, la siembra de hortalizas, frutales y plantas medicinales en la capital explotó durante la pandemia del coronavirus. Miles de personas, afectadas por la crisis económica y el confinamiento, montaron huertas para contar con alimentos.

“Esto dio paso a la consolidación de nuevos emprendimientos productivos e innovadores que hoy en día les están generando ingresos económicos a los huerteros, una evolución de la agricultura urbana que ha contado con nuestra asesoría técnica”.

En el Biodiversario, Álvarez le dijo a la comunidad huertera que el mayor reto de la agricultura urbana es que sea sostenible y no dependa de un gobierno o un plan de desarrollo. “Esto lo vamos a lograr a través de las diferentes líneas que maneja el equipo de agricultura urbana del JBB”.

Terminado su discurso, el subdirector técnico operativo y el coordinador Wilson Rodríguez lideraron la entrega de reconocimientos a 10 huerteros icónicos de la ciudad y los emprendedores que participaron en la feria de innovación.

Los agricultores urbanos de las huertas La 15 Deja Huella, Semillas de Mostaza, Fases de la Luna, Rosemary Herbal, Guaricha Timiza, Semilla de Vida (Colegio Jaime Niño Diez), Las Américas, Carvajal Osorio, La Llovizna y Vivero El Edén, subieron a la tarima para recibir un diploma.

También lo hicieron los líderes de Galipast Ecology, Cero Waste, Hidroponía Industrial, Uniminuto-Fundases, Universidad Libertadores y Solaris Games-Chagrarol, al igual que los huerteros de los clúster y los profesionales del JBB que participaron en el evento con sus talleres y charlas magistrales.

“Este es un pequeño homenaje al gran trabajo que están haciendo por la agricultura urbana de Bogotá en sus huertas y emprendimientos. Sigamos soñando para que la siembra agroecológica crezca y se consolide como un negocio sostenible”, puntualizó Rodríguez.

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

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