- Desde hace más de tres años, los Centros Médicos Colsanitas lideran un programa con enfoque en salud comunitaria que se basa en las seis dimensiones del ser humano.
- En la localidad de Fontibón, la terapia hortícola es protagonista. En dos huertas, las personas sanan la soledad, depresión y trastornos del afecto con actividades grupales como la siembra, cosecha y contacto con la naturaleza.
- Más de 500 personas con diferentes diagnósticos médicos se han visto beneficiadas con esta estrategia, la cual cuenta con la asesoría y acompañamiento del Jardín Botánico de Bogotá.

Mientras recorre los 79 metros cuadrados de Ofir-El Trébol, una huerta comunitaria de San José de Fontibón donde los aviones resuenan cada cinco minutos, Juan Baños se detiene a oler las flores moradas de la lavanda, una planta que lo calma con su dulce aroma.
La experiencia olfativa de este ingeniero de sistemas continúa con el romero, tomillo, hierbabuena, salvia, ruda y manzanilla, tesoros medicinales que relajan su cuerpo de estatura alta y le dan ganas de cantar.
“El poder de las plantas es infinito. Al olerlas, la tristeza, el mal genio y el estrés desaparecen. Ellas también tienen voz y siempre me dicen que les de mucho amor; cuando estoy con ellas nunca me siento solo”.
El ritual de conexión con la naturaleza de Juan, un hombre con un rostro que no demuestra sus tres décadas de vida, se ve interrumpido cuando ve a Mary Sofía Marín, una adulta mayor que lo abraza con fuerza.
Desde que se conocieron en esta huerta, un terruño que cuenta con el apoyo de la empresa pública y privada y que los recibió hace un año, se convirtieron en grandes amigos. Aseguran que comparten muchas cosas, a pesar de tener edades distintas.

Según Juan, que vive con su mamá y hermanos en un apartamento de Casablanca, barrio de la localidad de Kennedy, ambos tenían problemas de soledad y tristeza debido a algunas discapacidades físicas y mentales.
Por ejemplo, él fue diagnosticado con el síndrome de Asperger, un trastorno neurológico que dificulta la comunicación e interacción social y el cual ha sido definido como una forma de autismo de alto funcionamiento.
“Siempre me ha costado hacer amigos y soy muy solitario. Sin embargo, todo eso cambió en la huerta Ofir-El Trébol, donde he conocido muchas personas lindas como Sofi a través de actividades como la siembra, cosecha y contacto con la naturaleza”.
Mary Sofía, operada recientemente del corazón, afirma que en esta huerta ha dejado atrás su mal genio. “Me sentía brava y sola todo el tiempo en la casa. Los cultivos y nuevas personas me han ayudado a tratar eso”.
Luego de conversar durante algunos minutos, Juan y Sofí salen corriendo a abrazar a Jeisson Gil, un joven de cabello largo y rastas que trabaja como psicólogo y promotor comunitario de los Centros Médicos Colsanitas en Fontibón.
“El profe Jeisson es el que nos ha permitido sanar la soledad y otras cosas a través de terapias en la huerta. Nosotros no somos los únicos: por acá han pasado cientos de personas que ocupan un lugar en nuestro corazón”, afirman el par de amigos.
Programa especial
Las mejoras en la calidad de vida de Juan y Sofí hacen parte del programa con enfoque en salud comunitaria que lideran los Centros Médicos Colsanitas desde más de tres años en varias ciudades del país.
Según Jeisson Gil, este enfoque tiene en cuenta los factores de los territorios que pueden contribuir al bienestar de las personas. A través de la teoría de la salutogénesis, se observan los elementos que pueden convertirse en salud.
El programa se basa en las seis dimensiones del ser humano: mente o salud mental; dieta o alimentación saludable; movimiento o salud física; relaciones sociales; comunidad; y los vínculos con el medio ambiente.
“Los promotores, que somos psicólogos y trabajadores sociales, nos encargamos de conectar con el territorio y generar redes, alianzas y tejido social con las instituciones. El ideal es integrar todos estos elementos mencionados y direccionarlos hacia una salud mental”.

Este enfoque en salud comunitaria trabaja con las personas que son remitidas por profesionales médicos de Colsanitas desde cualquier especialidad, quienes determinan quiénes necesitan con urgencia una atención de manera integral.
“Cuando ellos observan elementos como soledad, diabetes, hipertensión, obesidad, ansiedad, depresión, trastornos del afecto o alimenticios o dificultad para los procesos sociales, son remitidos con nosotros, los promotores del programa”, apuntó Jeisson.
Los psicólogos se contactan con las personas diagnosticadas y les explican el ramillete de actividades basadas en alguna de las seis dimensiones del ser humano. Ellos escogen la de su preferencia y empiezan a asistir.
En el caso de las personas con soledad, la mayoría adultos mayores que viven solos o personas cuidadoras, los promotores hacen una escala para determinar el grado y así hacerle un constante seguimiento.

“Tenemos actividades como caminatas, jornadas de ejercicio y yoga, recorridos por paisajes naturales, talleres de alimentación sana, sesiones virtuales de salud mental, juegos lúdicos y terapia hortícola, como es el caso de Fontibón”, mencionó el profesional.
Adicionalmente, los promotores de los Centros Médicos Colsanitas reciben practicantes de medicina, enfermería y psicología de la Fundación Universitaria Sanitas, quienes asisten una vez a la semana a los territorios para estar con la comunidad.
“Con la presencia del personal médico en los territorios, se generan otros saberes y formas de intervenir en la comunidad. Las personas tienen un contacto constante con la comunidad médica”, apuntó Jeisson.
Terapias en Fontibón
El promotor comunitario de los Centros Médicos Colsanitas en Fontibón ha consolidado diversas actividades semanales para las personas de esta localidad del occidente de la ciudad que necesitan una atención de manera integral.
En salud mental, cada semana realiza una jornada virtual donde se brindan herramientas, técnicas y estrategias de intervención desde la psicoterapia, para que los ciudadanos trabajen en sus diagnósticos de ansiedad, depresión, soledad y duelos.

También lidera recorridos por pulmones verdes de la ciudad, como el Jardín Botánico de Bogotá (JBB) y el Parque Metropolitano Simón Bolívar, además de visitas a bibliotecas que hacen parte de la BibloRed o colegios de la zona.
Sin embargo, desde hace aproximadamente dos años el parque Ofir-El Trébol, ubicado en la carrera 100 con calle 25c, se convirtió en el principal epicentro de trabajo de Jeisson y los practicantes de medicina y psicología de Unisanitas.
El parque cuenta con muchas zonas verdes y canchas deportivas para hacer las actividades de movimiento o salud física, algunas de las cuales cuentan con el apoyo de profesionales del Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD).
Este lugar, rodeado por pinos y eugenias de gran porte, le permitió al promotor complementar la actividad de terapia hortícola, una estrategia que nació en la huerta que hay en el Centro Médico de Colsanitas en Fontibón.

“La huerta comunitaria Ofir-El Trébol, fruto del trabajo de la líder Luz Amanda Villamil, es nuestro principal sitio de terapia hortícola, es decir procesos de la agricultura urbana que generan bienestar a través de la siembra, cosecha y contacto con la naturaleza”.
Jeisson recuerda que esta alianza empezó a forjarse en 2022, cuando Luz Amanda fue remitida por los profesionales de Colsanitas para que participara en los procesos de la huerta del Centro Médico de Fontibón.
“Ella nos invitó primero a la huerta casera que montó en el conjunto donde vive, donde estuvimos solo dos meses porque tuvo que ser retirada. Luego, Luz Amanda tocó muchas puertas para crear la huerta Ofir-El Trébol y así se convirtió en nuestro sitio de operaciones”.

Sanar con las plantas de la huerta
La terapia hortícola de los Centros Médicos Colsanitas en Fontibón inició con una asesoría que les brindó el Jardín Botánico para el montaje de la huerta, un trabajo en el que participaron varias personas con ansiedad, depresión, insomnio, trastornos alimenticios y crónicos.
“A través de las actividades de agricultura urbana, como la siembra, cosecha y contacto permanente con la naturaleza, empezamos a evidenciar mejoras en los diagnósticos de nuestros pacientes, en especial los que sufrían de soledad”, dijo el profesional.
Luego, este proceso mutó a la huerta comunitaria Ofir-El Trébol, donde Jeisson fusiona los espacios de siembra y trabajo de la tierra con técnicas o estrategias complementarias de salud mental o terapéutica.
Por ejemplo, además de sembrar, cosechar, regar y ayudar con la paca en la huerta, las personas participan en talleres de lectura, escritura, pintura, manualidades, arte terapia y música.

“Se vuelven procesos emocionales y de pensamientos. Todo el trabajo de agricultura urbana en la huerta Ofir-El Trébol se hace desde lo terapéutico a manera de metáfora o alegoría”, enfatizó el promotor comunitario.
Esta terapia hortícola, una técnica donde las personas diagnosticadas hacen amigos y disminuyen sus grados de soledad, ha venido evolucionando en los últimos años y genera beneficios ambientales y de salud.
“Es un bienestar en ambas direcciones. Las personas trabajan sus estados emocionales y diagnósticos por medio del contacto con la tierra y los cultivos, y al mismo tiempo ayudan a proteger la naturaleza”.
Todos los jueves, en horas de la mañana, los pacientes visitan la huerta Ofir-El Trébol para limpiar las eras, quitar los residuos, sembrar semillas, deshierbar, cernir la tierra o participar en los procesos del lombricultivo o las pacas.

Sumando a esto, reciben talleres de agricultura urbana por parte de los profesionales del Jardín Botánico, una asesoría que les ha permitido aprender a sembrar, conocer las propiedades de las plantas y alimentarse de una manera más saludable.
La huerta del Centro Médico Colsanitas en Fontibón sigue activa. Según Jeisson, allí se reúnen eventualmente para sembrar y hacer otras actividades como yoga en colchonetas, cocina, lectura, música y otras terapias de meditación.
“El contacto con la naturaleza estimula elementos fundamentales de los seres humanos. Todos provenimos de un ambiente natural y por eso al estar inmersa en ella, se nos activa nuestra memoria genética y mejoramos la salud”.

Muchas historias
En los más de tres años que lleva el programa con enfoque en salud comunitaria de los Centros Médicos Colsanitas en la localidad de Fontibón, más de 500 personas de diversas edades y diagnósticos se han visto beneficiadas.
Jeisson asegura que se trata de una población flotante. Algunas personas fallecen por su avanzada edad y otras no continúan porque se van del país. “Sin embargo, tenemos pacientes que han permanecido desde el inicio del programa”.
Los ojos verdes del promotor se tornan nostálgicos al recordar algunas de las historias que ha conocido durante esta estrategia de salud comunitaria, en especial las relacionadas con las personas que llegan al programa por un duelo.
“Son muchas las personas que han llegado destruidas al perder a un ser querido. Las primeras sesiones son de solo llanto, tristeza y vacío, pero en la medida que empiezan a asistir a las actividades, encuentran un lugar donde depositar esos sentimientos”.

Al encontrar otras personas que pueden estar pasando por lo mismo, los pacientes sienten un apoyo y así empiezan a conversar y sanar. “El contacto con la naturaleza, como con las plantas de las huertas, los ayuda mucho a encontrar un bienestar físico, químico y emocional”.
La soledad, en especial la diagnosticada en los adultos mayores, desaparece poco a poco por medio de las actividades del programa. Por ejemplo, tejen redes entre ellos, se acompañan a coger el transporte, van a tomar onces y comparten recetas y medicamentos naturales.
“Es un proceso hermoso de salud integral donde la persona se empieza a reconocer luego de habitar otros espacios. En dos meses, los pacientes con duelos y soledades son otros: su lenguaje corporal cambia totalmente”.
Para Jeisson, el trabajo en territorios genera más impacto de lo que la gente piensa, en especial lo relacionado con la prevención. “Con estas actividades prevenimos suicidios, soledades y abandonos; trabajamos en la resignificación”.

La terapia hortícola permite que las personas se puedan conectar con otras formas de vida y así generar mayor bienestar. “Si nos conectamos con las plantas, animales, suelo, aire y agua, la salud va a mejorar”.
Los pacientes son valorados cada seis meses para revisar su diagnóstico, ver si el círculo social ha mejorado y si la soledad ha disminuido. Ellos y sus familiares pueden permanecer en el programa el tiempo que quieran.
“Más que un grupo de apoyo, somos una familia que se cuida. La salud comunitaria no es intervenir o eliminar la enfermedad, sino dejar instaurado en las personas y los territorios elementos de salud”.
Algunas voces
Juan Baños no se pierde las actividades que lidera Jeisson cada semana en las dos huertas de Fontibón. Este joven de 32 años también es el primero en confirmar su asistencia cada vez que el promotor organiza una salida al Jardín Botánico.
“La vida me sonríe más desde que participo en las actividades”, dice Juan. “Ya no soy una persona solitaria, ahora tengo muchos amigos y además aprendo sobre las plantas. Lo que más me gusta es sembrar las que me relajan con su olor”.

Mary Sofía Marín, su gran amiga, ha ido perdiendo los nervios y depresión que le aparecieron luego de una cirugía a corazón abierto. Esta mujer con raíces campesinas y que sacó adelante a sus dos hijos, es una de las más sociables del grupo.
“En las huertas recuerdo mi infancia en Santander y me siento valorada porque me preguntan mucho sobre la siembra que hago. Además, todo el estrés, mal genio y tristeza se queda en la tierra cuando cultivo; las plantas absorben eso y me agradecen por darles amor”.
Nora Pascuas, habitante del barrio Hayuelos y cuidadora de su hija que tiene discapacidad intelectual y retraso mental grave, está bastante relacionada con la huerta comunitaria Ofir-El Trébol, un terruño que conoció hace más de tres años.
“Yo presencié como Luz Amanda y otras mujeres convirtieron ese lote en una hermosa huerta. Eso fue gracias al profe Jeisson, un ser maravilloso que me trajo cuando fuimos remitidas con mi hija por Colsanitas”.
La dedicada madre es una las personas más antiguas que se benefician del programa con enfoque en salud comunitaria en la localidad de Fontibón. Asegura que la terapia hortícola es una de las actividades que más aman ambas.
“La mejor medicina es compartir en estas hermosas huertas. Cada vez que vengo, mi corazón vibra con la naturaleza, hago amigos y me siento en familia. Como cuidadora necesito de estos espacios para relajarme y aprender nuevas cosas”.

Rosalba Maldonado, quien vive con sus cuatro hijos, nieta y esposo en el barrio Zona Franca, ha visto como el sedentarismo, depresión y problemas para socializar se han ido desvaneciendo a través de las actividades del programa.
“Fui remitida porque me la pasaba encerrada en casa y solo socializaba con mis familiares. En las huertas y recorridos aprendo sobre las plantas y la alimentación sana, me ejercito mientras siembro y comparto con muchas personas; ahora soy otra”.
Carmen López, quien se encarga de cuidar a sus padres, conoció hace poco la huerta Ofir-El Trébol. Como no puede dejar solos a sus progenitores, solo podía participar de las actividades virtuales de salud mental.
“Mis papitos están muy enfermos y solo me tienen a mi. Ser cuidador es muy pesado porque perdemos nuestras propias vidas y empezamos a desarrollar depresión. Desde que Colsanitas me envió con Jeisson, me he sentido mucho mejor”.
Luego de su primera terapia hortícola en la huerta, esta docente de preescolar ya pensionada y que tiene una huerta de plantas medicinales y aromáticas en el antejardín de su casa, tuvo una conexión especial con la naturaleza.
“En uno de los ejercicios de meditación, mi alma llegó hasta el cielo. Me relajé mucho y pensé en los bebés que no pudieron crecer, un sueño que había tenido hace varios años y no recordaba. Fue una experiencia maravillosa”.


Excelente gratificante
Que iniciativa tan hermosa, ojalá se replicara en todos los ámbitos, desde nuestras comunidades de trabajo, vecinos, universidadades y colegios. El contacto con la naturaleza y la interacción con otros desde la agricultura genera felicidad y salud.
Jhon gracias por visibilizar los temas que afectan a nuestro entorno y las terapias alternativas y servicio de seres humanos que miran más allá de lo físico. Gracias Jayson por ese amor por el ser humano y su sentir!, por hacer posible estas terapias sanadoras . Mi respeto y admiración .
Buenas noches. Me alegra mucho que se realicen este tipo de actividades. Porque esto indica que hay personas como Jey que se interesan por todos nosotros y que gracias a él sentimos que a pesar de tantos momentos difíciles por los que hemos pasado poco a poco lse han superado
Por lo tanto, espero que sigamos con su ayuda y el siga recibiendo apoyo de las entidades que le están colaborando.
Mi agradecimiento al dr Jay Hill y a todas las personas con quienes he tenido contacto en el grupo de salud mental de Col Sánitas. Ha sido un gran privilegio compartir experiencias, vivencias, luchas, tristezas y diversas historias que nos han llevado a conformar una familia como bien nos llama el dr Jay. Gracias al Jardín Botánico por su apoyo a la comunidad y por facilitar los espacios que nos han servido en nuestras terapias grupales. Por el cuidado a la naturaleza de la que hemos recibido alivio y la oportunidad de enfocar nuestros esfuerzos y que han llevado nuestra mente a lugares más amables y agradables. Un abrazo fraterno con toda mi gratitud.
Buen dia, me gustaría participar TMB tengo sanitas pero cuando pregunto por el programa me dicen que ya no existe como puedo hacer
Maravilloso ,me gustaría saber cuál es la dinámica para integrarme a la comunidad y cuál es el costo
Me alegra mucho que se realicen este tipo de actividades. Porque esto indica que hay personas como Jey que se interesan por todos nosotros y que gracias a él sentimos que a pesar de tantos momentos difíciles por los que hemos pasado poco a poco lse han superado
Por lo tanto, espero que sigamos con su ayuda y el siga recibiendo apoyo de las entidades que le están colaborando.
Este proceso que llevamos con Jeyson Gil, y la Huerta ☘️ es la mejor medicina para mi y mi hija Jenny Catalina qué es una persona con discapacidad, es algo mágico.
Las reuniones tanto virtuales como presenciales son espectaculares. Mil Gracias Sanitas y Equipo de profesionales y por siempre estar pendiente de nuestra Salud Mental, Física, emocional y nuestra alimentación.
Al Jardín Botánico qué siempre nos apoya con sus capacitaciones y esos espacios que son hermosos donde vamos a seguir conociendo y ver este pulmón de nuestra Bogotá. Mil gracias a este hermoso espacio.
Todos los que siempre están presente es este importante espacio. Bendiciones 🙏❤️🙏
Me alegra mucho que se realicen este tipo de actividades. Porque esto indica que hay personas como Jey que se interesan por todos nosotros y que gracias a él sentimos que a pesar de tantos momentos difíciles por los que hemos pasado poco a poco lse han superado
Por lo tanto, espero que sigamos con su ayuda y el siga recibiendo apoyo de las entidades que le están colaborando.