• Niños y adultos mayores del bosque urbano La Esmeralda aprendieron a preparar aguas floridas con algunas plantas medicinales y aromáticas de las huertas.
  • Lavanda, romero, menta, sortilegio, ruda, salvia y cidrón fueron protagonistas en este taller de transformados del Jardín Botánico José Celestino Mutis.
  • Estas aguas pueden ser utilizadas en el cuerpo como perfume, desinfectante, tranquilizante o para limpiar las malas energías. 

Tomás Rojas, Ángel Camelo y Joel Manjarrez no reciben una educación tradicional. Estos niños entre los seis y 11 años estudian en un colegio especial donde los grupos numerosos de estudiantes, montones de pupitres y aulas frías de cuatro paredes brillan por su ausencia.

Sus padres los matricularon en Kihiza, una institución privada de preescolar y primaria del barrio La Esmeralda que aplica los parámetros Montessori, un método con un enfoque educativo que respeta la libertad, autonomía y autodisciplina de cada niño.

María Montessori, una médica y educadora italiana, creó esta metodología para favorecer el desarrollo natural de las aptitudes de los pequeños a través de la autodirección, exploración, descubrimiento, práctica, colaboración, juego, imaginación o comunicación.

En Kihiza, Sandra Escobar se encarga de la educación de Tomás, Ángel, Joel y otro niño. “Solo tenemos cuatro niños en primaria. Los conocimientos de ciencias naturales los ven en espacios al aire libre y llenos de naturaleza”, aseguró la docente.

Cada vez que el Jardín Botánico de Bogotá (JBB) organiza una actividad ambiental o pedagógica en el bosque urbano La Esmeralda, ubicado a unas pocas cuadras de la institución, la profesora es una de las primeras en confirmar la asistencia de sus alumnos.

Así lo hizo la semana pasada cuando Édgar Lara, ingeniero forestal de la entidad, divulgó una pieza comunicativa que invitaba a la ciudadanía a participar en un taller para aprender a preparar aguas floridas con algunas de las plantas medicinales y aromáticas de las huertas.

“Era una experiencia sensorial para descubrir las plantas del bosque urbano, reconocer sus fragancias y aprender a crear nuestra propia agua florida, una preparación que nos iba a conectar con la memoria, la tierra y el bienestar”, dijo Sandra.

El taller estaría a cargo de Claudia Veloza, ingeniera agrónoma del JBB que lidera la línea de transformados de la agricultura urbana. “Busqué en las redes del Jardín otras actividades de Claudia y quedé maravillada. Sabía que los niños iban a aprender de una forma didáctica y divertida”.

Conexión en el bosque

Sandra y los tres estudiantes de primaria de Kihiza fueron los primeros en llegar al taller de aguas floridas, actividad que se realizó el pasado miércoles 15 de octubre en una zona al aire libre ubicada al lado de la Junta de Acción Comunal del barrio La Esmeralda.

Lo primero que vieron fueron cinco manteles con cuadros verdes y blancos desplegados en el suelo y rodeados por la hojarasca. Uno de ellos contaba con un espiral de hojas, tallos y flores y varias cáscaras de frutas ácidas.

Tomás, Ángel y Joel inmediatamente se quitaron los zapatos para contemplar de cerca la obra de arte biodiverso creada por Claudia y Édgar, la cual también contaba con varios frascos transparentes, una botella de alcohol desodorizado y sobres con clavos y canela.

Mientras los profesionales del JBB terminaban de alistar el material vegetal, cerca de 10 habitantes de La Esmeralda, la mayoría adultos mayores, se sentaron en las sillas plásticas y sacaron sus libretas de apuntes.

“Hoy vamos a transformar la naturaleza en aromas. Con estas aguas floridas conoceremos varias de las especies que hay en las huertas del bosque urbano La Esmeralda, un pulmón verde que es cuidado por la comunidad del barrio”, les informó Édgar.

Claudia, que cubrió sus crespos con un sombrero de color azul, aseguró que este taller de transformados busca darles un valor agregado a las plantas medicinales y aromáticas de las huertas, ampliamente conocidas por las abuelas y madres.

“Estas plantas no solo nos sirven para hacer infusiones que mejoran la salud. También las podemos transformar en productos que nos podemos untar, en este caso aguas floridas que sirven como perfume, desinfectante, tranquilizante o para limpiar las malas energías”

Antes de entrar en materia, Lina Tegua, profesional del equipo de agricultura urbana del JBB, realizó una actividad rompehielos con uno de los billetes antiguos de 5.000, una obra de arte que tiene como protagonista a José Asunción Silva, uno de los poetas más grandes del país.

“En una parte de este billete, donde el color verde es el protagonista, está el rostro del poeta rodeado por una luciérnaga y una rana. En la otra aparece una mujer y la letra de ‘Nocturno’, su poema más conocido”.

Lina les leyó a los ciudadanos el poema de este poeta colombiano que falleció a los 29 años. “La mujer que aparece en el reverso del billete es su hermana, mujer a la que le dedicó el poema”

Fragancias huerteras

Tomás, Ángel y Joel no paraban de acariciar y oler el material vegetal del espiral. “Ese que parece un pasto tiene el olor de un remedio que hace mi mamá. Hay unas hojas que huelen como dulce y relajan mucho”.

Este fue el indicador para que Claudia iniciara con el taller de aguas floridas. “Primero voy a presentarles cada una de las plantas que trajimos para esta actividad, tesoros que vienen de la huerta del Jardín Botánico”.

Las hojas, tallos y flores del espiral eran de la lavanda, romero, menta, sortilegio o citronela, ruda, salvia y cidrón, plantas que tienen varias propiedades medicinales. Las cáscaras secas eran de naranja y mandarina.

“Huelan todas las plantas con calma y luego escojan las que más les gustaron por su fragancia. El paso a seguir será echar pequeñas partes de sus hojas, tallos o flores en este frasco que les voy a dar”, precisó Claudia.

Con los recipientes llenos de verde, cada uno de los aplicados alumnos pasó a donde Claudia para que los llenara con alcohol desodorizado. “A estas aguas también les pueden agregar clavos, canela y unos polvos botánicos de ruda, hierbabuena y eucalipto”.

Los tres estudiantes Kihiza estaban preocupados porque sus aguas no contaban con esa explosión de olores que identificaron en las plantas que les agregaron. La ingeniera agrónoma los tranquilizó.

“Las aguas van a empezar a oler un día después de la preparación. Sin embargo, esa explosión de olores aparecerá en todo su esplendor 15 días después. Les recomiendo dejarlas cerradas en un lugar fresco de las casas”.

Los inquietos niños también preguntaron si las aguas floridas eran para beber. “No”, les respondió tajante Claudia. “Estas aguas son para untar y oler. Por ejemplo, sirven para bajar el estrés y calmar la tristeza. La que yo preparé la voy a utilizar como perfume”.

Los adultos mayores de La Esmeralda tenían una duda relacionada sobre si estas preparaciones floridas eran algo novedoso. “Sabemos que las plantas medicinales son utilizadas desde el origen de los tiempos para sanar enfermedades, pero no como perfumes”.

Claudia puso fin a las dudas con una frase contundente. “Hoy aprendimos a hacer el perfume que utilizaba Cleopatra, la última reina de Egipto que gobernó entre el 51 y el 30 antes de Cristo. Así de antiguas son las aguas floridas”.

La fragancia de la última faraona del Imperio Romano era una mezcla de lavanda, romero, menta, clavos de olor, canela, la cáscara de algún cítrico y flores de la ruda. “Hoy también le rendimos un homenaje a esa hermosa mujer”.

Antes de terminar el taller, la profesional les dio unas recomendaciones a sus nuevos alumnos. “Cuando vean que el líquido del agua florida esté bajito, deben aplicarle un poquito de agua; los olores no se verán afectados porque quedan bastante concentrados”.

También les leyó un poema que escribió para la actividad: “la flor se entrega, la hoja canta, el agua sabia y silenciosa abraza el alma de la planta. No es perfume ni es poción; es memoria vegetal en suspensión, es caricia líquida, es presencia, es medicina hecha fragancia y conciencia”.

“Agua florida, espejo de luna, recoge en tu cuerpo la luz de una bruma. Limpias, despiertas y sanas sin ruido con el lenguaje sutil de lo no dicho. Que hoy, al destilar tus aromas, también florezcan en nosotros el respeto, la escucha y la alquimia de lo vivo”.

Sandra y sus tres alumnos regresaron a las instalaciones de Kihiza con nuevos conocimientos. “No creo que en un colegio tradicional se brinden este tipo de aprendizajes. Los talleres del JBB son ideales para nuestra forma de enseñar; siempre seremos sus alumnos”.

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

493 visitas
0

Jardín Botánico de Bogotá