- Varios habitantes de la localidad de Kennedy se inspiraron en las plantas de las huertas para crear sus propios antifaces de Halloween.
- Ruda, caléndula, vaporub, romero, uchuva y geranio fueron algunos de los tesoros botánicos que escogieron para elaborar sus obras de arte.
- Esta actividad fue organizada por la ruta agroecológica de Kennedy del Jardín Botánico José Celestino Mutis, la biblioteca comunitaria Alcaraván con Río y el proyecto social Pachamama.

Fanny Rodríguez, Consuelo Domínguez, Francisco Sandoval y Olga María Espinosa, habitantes de Techotiba, nombre ancestral de la localidad de Kennedy que significa territorio del agua, tienen varias cosas en común.
Son grandes defensores de la biodiversidad, en especial de la flora y fauna del humedal El Burro, y sienten un amor desbordado por la agricultura urbana. También tienen talento para los tejidos, el bordado y la pintura, un arte que hacen en telas recicladas.
Estos ciudadanos no se pierden las actividades que realizan los líderes de Monterrey, una huerta comunitaria creada hace 15 años y que puso fin a un punto crítico de basura y escombros con la siembra de 50 especies de hortalizas, frutales, plantas medicinales y aromáticas.
Según Fanny, una mujer conversadora que no conoce la timidez, una de las iniciativas más novedosas es el biocosturero, una creación entre esta huerta, la biblioteca comunitaria Alcaraván con Río y el proyecto social Pachamama que busca darle un nuevo uso a las prendas de vestir.

“En varios talleres de este hermoso biocosturero aprendimos a bordar y tejer prendas con telas recicladas. Creamos chalecos con las figuras de los animales de El Burro y una leyenda que dice guardianes del humedal”.
El proyecto quedó inmortalizado en un gran mural ubicado en una edificación que colinda con la huerta Monterrey. Esta obra de arte cuenta con la imagen de un coquito o ibis de plumas negras y la frase “retazos somos, a la tierra vamos, reparemos el suelo que todos pisamos”.
Cuando Paula Sánchez, experta en el montaje de pacas digestoras y que hace parte del grupo comunitario de esta huerta, publicó en sus redes sociales una pieza comunicativa que invitaba a la ciudadanía a participar en un taller para hacer máscaras, antifaces y sombreros, estos cuatro guardianes del verde conformaron inmediatamente su asistencia.
“Nos íbamos a inspirar en las criaturas mágicas de las huertas, como las hortalizas, frutales, plantas medicinales y animales, para crear estos elementos en materiales reciclados”, dijo emocionado Francisco.

El taller estaría a cargo de Cindy Valencia, líder del proyecto Pachamama; Paula Sánchez, que también hace parte de la biblioteca comunitaria Alcaraván con Río; y Andrea Aragón, licenciada en biología del Jardín Botánico de Bogotá (JBB).
“Monterrey es una de las cuatro huertas que conforman la ruta agroecológica y turística de la localidad de Kennedy, sitios mágicos y biodiversos donde realizamos diversas actividades y talleres todas las semanas”, apuntó Andrea.
Inspiración huertera
Los amantes de la naturaleza, la siembra y la cosecha fueron citados el viernes 24 de octubre, a las 2:30 de la tarde, en la huerta Monterrey, un proyecto liderado por Gladys Duarte y su esposo Alfonso Aristizábal que cuenta con la participación de cerca de 15 personas.
Fanny, Consuelo, Francisco y Olga María se sentaron en sillas de madera reciclada para escuchar las palabras de Cindy, Paula y Andrea. Gladys, una santandereana experta en tejer y hacer buñuelos, no pudo acompañarlas porque debía preparar más de 100 refrigerios saludables.
“Máscaras, antifaces y sombreros es un hijo de nuestro biocosturero. Hoy vamos a diseñar estas obras de arte y el ideal es poder presentarlas en el festival de bibliotecas del Tintal al que fuimos invitados”, mencionó Paula.

El taller inició con una inmersión ocular por el verde de Monterrey, una huerta conocida por la siembra y cosecha de la lechuga con sabor a limón. Cindy les dijo que escogieran la planta o animal que más les gustara para luego crear los disfraces.
“En la antigüedad, las máscaras eran creadas para personificar a esos seres hermosos de la naturaleza, en especial los animales. Observen detalladamente las maravillas de la huerta y seleccionen el ser que más les llame la atención”.
Fanny no quería arrancar ninguna flor, hoja o tallo, actividad que considera un atentado contra la vida. Sin embargo, en el suelo encontró el material para hacer su arte. “Escogí la cáscara de la uchuva, la flor del manto de María y las conchas de unos caracoles”.
Consuelo quiso fusionar en su arte dos plantas con distintas funciones: la ruda, un tesoro medicinal, y el geranio o novio, una de las plantas ornamentales que más se encuentran en los jardines de Bogotá.

“Escogí la ruda porque es una planta que no germina en cualquier territorio y tiene un significado maternal. El geranio, por su parte, me transporta a mi infancia cuando el patio de mi abuela materna estaba lleno de flores de colores rojo, rosado y blanco”.
Olga, que conoce varios de los poderes curativos de las plantas medicinales, quiso hacerles un homenaje a la ruda, el romero y el vaporub. “Están entre mis plantas favoritas y las utilizo para preparar varios remedios”.
Francisco solo desprendió una flor con pétalos naranjas que cataloga como un tesoro sanador. “La caléndula es una de las plantas de las huertas que más nos sirve para sanar el cuerpo y el alma. En mi antifaz será la gran protagonista”.
La ipomoea o gloria de la mañana, una enredadera con una flor morada; las semillas de la caléndula y el perejil; y el romero; fueron las joyas botánicas escogidas por Cindy, Paula y Andrea.
“La hora no nos sirve para observar la gran cantidad de aves que visitan la huerta, en especial las migratorias que nos acompañarán hasta febrero. En este taller vamos a rendirle un homenaje solo a las plantas”.

¡A dejar volar la imaginación!
La segunda parada del taller de máscaras, antifaces y sombreros fue en la sede de la Junta de Acción Comunal del barrio Valladolid, una casa de dos pisos donde también funciona la biblioteca comunitaria Alcaraván con Río.
“Al lado del salón comunal, que está ubicado dentro de un parqueadero, le dimos vida a la huerta comunitaria Valladolid. Es un espacio icónico en el barrio porque pasó de ser un basurero a un territorio lleno de vida, biodiversidad y tejido social”, indicó Paula.
Los artistas huerteros se organizaron alrededor de dos mesas plásticas para crear su arte. Cindy primero les repartió unas fichas con varias de las especies de la fauna que se han registrado en los humedales de la ciudad, en especial en los de Kennedy.
“Verán varios de los animales que, por su aspecto, no están entre los más queridos: tal es el caso de las mariposas y polillas de colores oscuros, lechuzas y serpientes sabaneras. Cada característica física cumple una función muy importante dentro todos los ecosistemas”.

Luego de una pequeña charla sobre la biología de estos seres, Fanny, Consuelo, Francisco, Olga María, Paula y Andrea recibieron una cartulina pequeña de color blanco para participar en un juego llamado ‘cadáver exquisito’.
“En estas fichas, vamos a dibujar la cabeza, el tronco y las extremidades inferiores del animal que más les llamó la atención. Este juego consiste en dibujar de forma anónima y al final vamos a unir cada una de las piezas”.
A Andrea, profesional del JBB que lidera las actividades en las cuatro huertas de la ruta agroecológica de Kennedy, le tocó una cabeza. La licenciada dejó volar su imaginación y creó un ser que parecía sacado de una película de fantasía.
“Tiene cachetes con las alas de una mariposa, pico de rapaz, antenas de oruga, ojos de serpiente y piel de reptil. Me gustó mucho la cabeza que hizo Olga María, una figura abstracta que, al observar bien, coge forma de ave”.

Fanny tuvo que hacer uso de su celular para representar las extremidades inferiores de una tingua azul, una de sus aves favoritas. “El dibujo no está entre mis mayores talentos y por eso borré varias veces la figura. Quería que me quedara perfecta”.
Cindy la calmó al asegurarle que en el arte y la naturaleza, la perfección no existe. “Deja volar tu imaginación y crea el ser que quieras. Para unos puede ser hermoso y para otros no; lo importante es que a ti te guste y tenga un significado”.
Cuando juntaron las figuras de las cabezas, troncos y patas, las risas inundaron el salón comunal de Valladolid. “Creamos seres bastante llamativos. Este ejercicio tiene un fin: dejar que nuestra creatividad florezca para hacer los antifaces, sombreros y máscaras huerteros”.
Creaciones huerteras
Con la creatividad a flor de piel, Fanny, Consuelo, Francisco y Olga María pusieron sobre la mesa las flores, hojas y tallos de las plantas que los maravillaron en la huerta Monterrey para crear los antifaces, máscaras y sombreros.
Durante más de una hora, dejaron volar su imaginación para diseñar sus obras huerteras en varias cartulinas blancas. Como el sol ya se estaba escondiendo por el occidente, Cindy y Paula les hicieron una propuesta.
“El tiempo no nos va alcanzar para crear los antifaces, máscaras y sombreros con cartón. Hagamos los diseños en las cartulinas y cuadramos otra jornada para cortar los cartones y pintarlos”.
El naranja fue el color protagonista en el bosquejo del antifaz que diseñó Francisco. “Representé los pétalos de la caléndula en la parte superior del antifaz. En las demás dibujé sus hojas y en la mitad puse una polilla de color blanco”.
Fanny, la más dicharachera y recochera del grupo, dibujó a la perfección la flor del manto de María, una enredadera nativa del continente americano que sirve como cerca viva. “Esta hermosura también tiene tonos morados y amarillos, colores que le dan más vida a mi obra”.
El antifaz de Consuelo es un homenaje a los geranios o novios que le recuerdan a su niñez. “Dibujé dos flores grandes, sitios donde irán los ojos del antifaz, y en la mitad la flor amarilla de la ruda”.

Aunque Olga María no alcanzó a darle color a su obra de arte huertera, en sus trazos se evidencia con claridad las hojas de las tres plantas medicinales que tanto usa: ruda, el romero y el vaporub. “En la próxima jornada les daré vida con muchos colores”.
Andrea, profesional del JBB, incluyó en el diseño del antifaz a uno de sus insectos favoritos. “Desde que era muy niña me enamoré de los abejorros y por eso hacen parte de mi obra. En antifaz también cuenta con las hojas del romero y varias flores de manzanilla”.
“En este taller dimos los primeros pasos para crear diferentes piezas inspirados en las criaturas mágicas que cuidan la tierra. Nos conectamos con la creatividad y la biodiversidad urbana de Techotiba, el territorio del agua”, concluyeron Cindy y Paula.

