• Más de 60 ‘Mujeres que reverdecen’ de las localidades del centro y sur de la ciudad se dieron cita en La Candelaria para mostrar sus emprendimientos ambientales, negocios que tienen a las plantas de las huertas urbanas como protagonistas.
  • Tortas de kale, espinaca y ahuyama; arepas y pasteles con amaranto y quinua; mermeladas, jaleas, adobos y vinagretas; jabones de ortiga y champús ecológicos y sólidos; y dulces con frutales y plantas medicinales, deleitaron a los turistas nacionales y extranjeros.
  • Esta feria huertera y femenina fue realizada el pasado fin de semana en dos de las calles más concurridas del centro histórico: La Moneda, al frente de la biblioteca Luis Ángel Arango, y La Esperanza.
Mujeres que reverdecen

Las ‘Mujeres que reverdecen’ del sur y centro de Bogotá presentaron sus emprendimientos en La Candelaria.

La Candelaria amaneció encapotada, paramosa, gris y fría el pasado sábado 23 de abril, un panorama similar al que aparece en las fotografías de antaño donde los cachacos transitaban vestidos de camisa, chaleco y corbata. Sus calles exhibían las huellas de una noche y madrugada pasadas por agua, como el pavimento encharcado y una neblina congelada.

Hacia las siete de la mañana, el silencio del centro histórico de Bogotá comenzó a desvanecerse con la llegada de los vendedores de tintos, aromáticas y artesanías, quienes montaron sus puestos en varias esquinas y andenes y armaron una algarabía cordial. Los rayos del sol salieron entre la extensa nube que cubría todo el cielo capitalino.

Los primeros turistas aparecieron entre los recovecos de casas coloniales, coloridas y patrimoniales caminando con parsimonia rumbo a sitios emblemáticos como el Chorro de Quevedo, La Plaza de Bolívar, el Parque Santander o Monserrate. La carrera séptima se vistió de fiesta con la música de los comerciantes y el olor de las arepas y fritos recién hechos.

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Aura Martínez, Ana Guarín, María de los Ángeles Brome y María Teresa Arteaga mostraron sus mermeladas naturales.

Uno de los andenes de la calle La Moneda (la número 11), entre las carreras 4 y 5, estaba ocupado por 10 carpas blancas organizadas en fila india y pegadas a la pared brillante de la biblioteca Luis Ángel Arango. De un carro gris se bajaron cuatro mujeres uniformadas con delantales blancos y cargadas con talegos, cajas y maletas.

Una funcionaria de la alcaldía local de La Candelaria las recibió cordialmente y las organizó en la segunda carpa, cerca de la entrada a la biblioteca. Las ciudadanas cubrieron una mesa plegable con un mantel blanco bordado y poco a poco fueron sacando la mercancía, como frascos de mermeladas preparadas con frutas y plantas aromáticas de las huertas urbanas.

“Somos algunas de las ‘Mujeres que reverdecen’ de las localidades de Ciudad Bolívar y Tunjuelito, quienes desde octubre del año pasado le ayudamos al Jardín Botánico de Bogotá (JBB) a fortalecer las huertas, jardines y arbolado. Hoy fuimos invitadas a esta feria de La Candelaria para presentar nuestros emprendimientos ambientales”, dijo Aura Martínez, una venezolana y madre de dos hijos.

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Por primera vez, las ‘Mujeres que reverdecen’ mostraron sus emprendimientos en la localidad de La Candelaria.

A Aura la acompañaban Ana Guarín, María de los Ángeles Brome y María Teresa Arteaga, quienes crearon el emprendimiento ‘Jam’s de la huerta’, mermeladas elaboradas con uchuvas, fresas, moras, hierbabuenas, manzanillas y limonarias que obtienen de Asograng, una huerta urbana de Ciudad Bolívar que han ayudado a reverdecer.

“Nos reunimos durante dos días en las casas de algunas compañeras para hacer las mermeladas. En los frascos de vidrio pintamos corazones y palabras como te amo para que se vieran más bonitos. Llevamos más de dos meses con este emprendimiento y esperamos que los turistas del centro nos compren todo”, aseguraron las mujeres.

Poco a poco, las carpas ubicadas a lo largo del andén de la Luis Ángel Arango, una de las calles más transitadas del centro histórico donde también está la Casa de la Moneda, comenzaron a llenarse con los emprendimientos ambientales de las ‘Mujeres que reverdecen’ de las localidades del sur y centro de la ciudad.

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Adriana Estupiñán llevó más de 50 arepas de maíz pelado con quinua y amaranto.

Según Diana Castro, ingeniera agrónoma del Jardín Botánico encargada de un grupo de Ciudad Bolívar y Tunjuelito, esta es la primera vez que las mujeres de estas localidades muestran sus iniciativas en una feria de La Candelaria.

“En esta ocasión, aproximadamente 60 ciudadanas vinculadas voluntariamente al programa ‘Mujeres que reverdecen’ van a presentar 24 emprendimientos creados por ellas mismas, los cuales, en su mayoría tienen a las plantas de las huertas como protagonistas. La mitad estaremos hoy sábado y la otra mitad el domingo”.

Castro reunió a las mujeres, todas ansiosas por vender toda su mercancía, y les dio algunas instrucciones y recomendaciones. “Durante estos dos días vamos a estar divididas en dos grupos: uno en las carpas al frente de la Luis Ángel y otro en la calle 10, donde queda el Museo Militar y el Instituto Caro y Cuervo”.

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Las tortas de kale de Yolanda Royo, Yamile Pulido y Mariela Medina llamaron la atención de los turistas extranjeros.

Yolanda Royo, Yamile Pulido y Mariela Medina, ‘Mujeres que reverdecen’ de la localidad de Santa Fe, fueron organizadas en una de las carpas de la calle La Moneda, al frente de la biblioteca. Su emprendimiento, una torta de color verdoso, fue uno de los que más llamó la atención de los turistas, en especial los extranjeros.

“Estas tortas son de kale o col rizada, una de las hortalizas que sembramos y cosechamos en una huerta que creamos con nuestras propias manos en el Centro de Desarrollo Comunitario (CDC) del barrio Lourdes. Los expertos dicen que tiene mucho hierro, incluso más que la carne, y tanto calcio como la leche”.

El idioma no fue un impedimento para que estas ciudadanas vendieran las más de 10 tortas de kale que hicieron en sus casas, además de decenas de jabones con ortiga. “Los que más nos compraron fueron los extranjeros, personas rubias y con una piel blanca como la leche que ya conocían las propiedades de la hortaliza. Por señas nos comunicamos, les dimos degustaciones y vendimos todo”.

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Las ‘Mujeres que reverdecen’ se tomaron las calles del centro histórico de Bogotá.

Piedad Barrios y Myrian Villarraga, habitantes de la localidad de Ciudad Bolívar, exhibieron sus pasteles y arepas con amaranto y quinua, dos de las semillas ancestrales que más utilizaban los muiscas de la sabana de Bogotá. Fueron organizadas en una de las ocho carpas rojas de la calle 10, La Esperanza, donde varios cantantes deleitaban a los visitantes con la música de antaño.

Estas ciudadanas llevaron un horno microondas para calentar sus arepas y pasteles, un olor que poco a poco fue atrayendo a los turistas que caminaban por la calle empedrada. “Al comienzo nos dio susto porque no había mucha gente, pero hacia las 11 de la mañana el sitio se llenó con muchos extranjeros. Logramos vender las 70 arepas y 30 pasteles que trajimos, y los visitantes nos dijeron que las semillas ancestrales les daban un sabor muy rico”.

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Dos calles coloniales de La Candelaria recibieron a más de 60 ‘Mujeres que reverdecen’.

Adriana Estupiñán y Edgla Ochoa, habitantes del barrio Fátima en Tunjuelito, llevaron más de 50 arepas de maíz pelado que prepararon con las dos semillas ancestrales de los muiscas, productos que divulgaban con algo de voz a voz por esta calle histórica de La Candelaria.

“El amaranto y la quinua son semillas muy nutritivas, tanto así que pueden reemplazar la carne. Las obtenemos de las huertas de Ciudad Bolívar y Tunjuelito donde hemos trabajado como ‘Mujeres que reverdecen’, como Asograng. También hicimos masato, ya que nos dijeron que a los turistas extranjeros les encanta”.

Myrian Cañón, vestida con un traje de chef blanco inmaculado y conformado por un delantal y gorro de tela que cubría su cabello, puso sobre una mesa 65 frascos con adobos de hierbas finas y pimentones ahumados, un emprendimiento que creó con dos compañeras de la localidad de Tunjuelito.

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Los adobos de Myrian Cañón, habitante de Tunjuelito, se vendieron como pan recién salido del horno.

“Son productos ecológicos porque no tienen preservantes ni colorantes. Además, los adobos los hacemos con las plantas condimentarias de las huertas urbanas que hemos fortalecido durante los seis meses que lleva el programa ‘Mujeres que reverdecen’. Traje cinco panes franceses para darles degustaciones a los turistas que vengan a la feria”.

Durante toda la mañana del sábado, horas en las que el sol se dejó ver con toda su majestuosidad, Aminta Buendía y tres compañeras que han reverdecido varias huertas de la localidad de Santa Fe, atrajeron a los turistas con sus dulces y postres elaborados con frutas y plantas aromáticas de las huertas del centro.

“Nuestro emprendimiento se llamaba Laurel, nombre de una de las compañeras. Lo que hacemos es comprar los duraznos, brevas, moras y plantas medicinales y aromáticas de las huertas para fusionarlas y ponerlas en pequeños recipientes plásticos. Todo lo obtenemos de una de las huertas del CDC de Lourdes y el proceso lo hacemos en nuestras casas”.

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Los dulces de estas mujeres contienen frutas y plantas aromáticas de las huertas urbanas.

El día sábado, la feria femenina y huertera de La Candelaria también contó con otros emprendimientos de Ciudad Bolívar, como el pan artesanal de Jenny Arévalo; las jaleas de frutas de Enith Cogollo, Nora Roa, Rosalba Támara y Gleydis Serna; y las artesanías hechas con tapas de botellas plásticas de Laura Erazo, Luisa Pinto, Isle Gutiérrez y Ximena Portilla.

“Durante los seis meses que lleva el programa, estas mujeres eligieron el emprendimiento ambiental que querían trabajar y lo desarrollaron con la asesoría del JBB. La mayoría se inclinó por los productos alimenticios con las plantas y hortalizas de las huertas, y otras por jabones y champús artesanales o artesanías con materia prima reciclada”, informó Castro.

No es la primera vez que estas ciudadanas participan en ferias locales o distritales. Sus emprendimientos han sido presentados en varios de los barrios de sus localidades y algunas asistieron al mercado campesino agroecológico del Jardín Botánico de comienzos de abril, un evento realizado el primer fin de semana de cada mes.

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En los seis meses del programa, las ‘Mujeres que reverdecen’ han creado varios emprendimientos ambientales.

“Además de aprender sobre temáticas ambientales como agricultura urbana, jardinería y arbolado, este programa también busca que estas mujeres generen sus propios emprendimientos con los aprendizajes que han obtenido. Ahora son ciudadanas bastante empoderadas que quieren sacar adelante sus negocios ecológicos”, informó Castro.

La lluvia que las acompañó durante varias horas de la tarde del sábado, no las desmotivó. “Nadie puede controlar el clima. Aunque los visitantes bajaron mucho en la tarde por el aguacero, ya sabemos que tenemos que aprovechar al máximo cuando el sol hace presencia. A todas esas cosas nos arriesgamos como empresarias, pero gracias a Dios pudimos vender todo”, dijeron algunas mujeres.

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Las ‘Mujeres que reverdecen’ quedaron muy contentas con su participación en la feria de La Candelaria.

Domingo: explosión femenina

El centro histórico de La Candelaria despierta más temprano los días domingos. Los vendedores de mecato, fritos, arepas y artesanías madrugan para atender a los ciudadanos que participan en la tradicional Ciclovía, y los turistas extranjeros aparecen con mayor frecuencia cuando el sol apenas se asoma por los cerros orientales.

El domingo 24 de abril no fue la excepción, a pesar de que el día amaneció frío y nublado. María Beatriz Sánchez, Magdalena Nocove, Rocío Ruiz, Carmelina Cendales y Aura Martínez, ‘Mujeres que reverdecen’ de Tunjuelito, fueron las primeras en llegar a la segunda jornada de la feria de emprendimientos ambientales.

Un amigo de la localidad las llevó en su carro, donde tenían minuciosamente organizadas decenas de tortas artesanales con las hortalizas y plantas de las huertas del sur de la ciudad. A las ocho de la mañana sacaron la mercancía y escogieron la segunda carpa blanca para realizar sus ventas.

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Las tortas de estas mujeres tienen a las plantas y hortalizas de las huertas como protagonistas.

“Tenemos una amplia variedad de tortas, como de espinaca, ahuyama, zanahoria, acelga y maíz, productos que obtenemos en las huertas urbanas de la localidad. También hicimos varios postres de mora y maracuyá, ya que a casi todas las personas les gusta el dulce”.

Aura Martínez, una venezolana que también asistió a la feria el día sábado, colgó el aviso publicitario del emprendimiento ‘Tortas artesanales del Caribe’ y comenzó a darles degustaciones a los transeúntes de la calle de La Moneda. Su carisma y entusiasmo atrajo primero a varias mujeres de la tercera edad.

“Quedaron encantadas con la torta de espinaca, uno de los productos que vendimos como pan caliente. Los extranjeros y los niños prefirieron más los postres de frutas, mientras que las mujeres las tortas de zanahoria”, aseguró Aura, quien asistió con sus dos hijos: Ariadna y Mattheus.

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Aura Martínez les ayudó a varias de sus compañeras a vender sus productos.

Soley Durán, una morena espigada y con el cabello rubio nacida en Buenaventura, llegó a la feria con dos de sus hijos y cargando un balde plástico lleno de frascos de vidrio. La ubicaron en una de las carpas rojas de la calle La Esperanza, un sitio menos concurrido que la zona aledaña a la biblioteca Luis Ángel Arango.

Puso sobre una mesa plástica las más de 20 vinagretas que elaboró el sábado en la noche. “El plus de mi emprendimiento es que las protagonistas de las vinagretas son algunas de las plantas de las huertas, como cilantro, perejil, menta y cidrón, productos que son sembrados de una manera agroecológica, es decir sin nada de químicos”.

Esta vallecaucana que vive desde hace décadas en Ciudad Bolívar, decidió experimentar con una de las semillas ancestrales que conoció en el programa ‘Mujeres que reverdecen’ y la cual se convirtió en el ingrediente de casi todas las recetas que les prepara a sus hijos en casa: el amaranto.

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Las vinagretas de Soley Durán contienen varias plantas de las huertas urbanas.

“Esta semilla es una explosión de nutrientes y además es muy sabrosa. He leído que el amaranto incluso puede reemplazar a la carne y ahora le hecho esas semillas a todo lo que cocino. Para la feria hice solo cinco vinagretas con amaranto, pero luego comprendí que me quedé corta”.

El carisma y simpatía de Soley llamaron inmediatamente la atención de los caminantes de la calle 10. “A los pocos minutos que organicé las vinagretas, unos turistas me compraron cuatro frascos. Les di muchas degustaciones y las que más gustaron fueron las de cilantro y amaranto, algo que no pensé que ocurriera porque pocos conocen esa semilla tan sabrosa”.

En una carpa vecina al puesto de las vinagretas se ubicó Saray Frías, una venezolana de 31 años que fue con su hermana Yarinel, otra ‘Mujer que reverdece’, y dos de sus hijos. Su emprendimiento ambiental es de champús sólidos que elabora con algunas plantas medicinales de las huertas de Ciudad Bolívar.

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Las venezolanas Saray y Yarinel Frías vendieron champús sólidos con algunas plantas medicinales de las huertas.

“Nuestro emprendimiento se llama ‘Kaia: lo mejor de la tierra para ti’. Son champús con varias propiedades para el cabello: sábila para hidratar, romero para evitar la caída, manzanilla para los rubios, menta para el pelo normal y jengibre con limón para el graso”.

Saray, que en el programa volvió a valorarse y quererse como mujer, elaboró 100 champús sólidos con su hermana Yarinel, los cuales empacaron en pequeñas cajas de cartón de varios colores. También hicieron toda la publicidad del emprendimiento, como tarjetas de presentación y un afiche grande.

“Además de promocionar los productos con todos los turistas que visitaron la feria, también se los mostré a las demás ‘Mujeres que reverdecen’, ya que muchas desconocían que las plantas que hemos sembrado en las huertas nos permiten hacer champús de muy buena calidad”.

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Expertos del JBB les ayudaron a las mujeres a crear sus propios emprendimientos.

A su lado se ubicó Yeraldín Taborda, habitante de Ciudad Bolívar, con sus jabones naturales y ecológicos para el cuidado facial y que ayudan a combatir el acné y humectar la piel. Rosa, su mamá, y Emmanuel, su pequeño hijo, la acompañaron a la feria.

“El emprendimiento lo llamé Diversidad porque en la casa hago muchas variedades de jabón, como de carbón activado, avena, coco y rosas. Son productos benditos para la piel y algunos contienen las plantas medicinales de las huertas urbanas donde hemos trabajado”.

Otra iniciativa para el cuerpo y rostro fueron los jabones artesanales de Angie Martínez, Katherine Avendaño y Luz García, ‘Mujeres que reverdecen’ de Ciudad Bolívar. “Nuestros productos contienen vitamina E, colágeno y esencias de coco, café, avena, romero y naranja”.

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Los jabones artesanales y ecológicos también hicieron parte de la feria de La Candelaria.

Cuando las campanas de la iglesia Nuestra Señora de La Candelaria sonaron para anunciar las 12 del mediodía, la feria huertera de las ‘Mujeres que reverdecen’ llegó a su máximo ajetreo. Cientos de ciudadanos que transitaban por las calles 10 y 11 se sintieron atraídos por los productos de estas ciudadanas.

Uno de los puestos más visitados fue el de Mariela Medina, Andrea Torres y Rosalén Cisneros, habitantes de la localidad de Santa Fe que prepararon tortas de ahuyama y kale y dulces de brevas y papayuela, insumos que cosechan en una de las huertas del CDC del barrio Lourdes.

“Con nuestras propias manos logramos darle vida a una huerta bastante próspera en el CDC, donde nos permiten cosechar para elaborar y comercializar nuestros productos. Nunca les aplicamos químicos a los cultivos, por lo cual nuestro emprendimiento es totalmente ecológico”.

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Las tortas de kale de estas mujeres de la localidad de Santa Fe, deleitaron a los turistas.

El verde de la feria vino por parte de Reina Ahuyabán y tres compañeras de la localidad de Santa Fe, quienes hacen parte del grupo de 46 ‘Mujeres que reverdecen’ que han trabajado en las tres huertas del CDC de Lourdes.

‘Mi huerta en su casa’, nombre del emprendimiento de estas mujeres, consiste en ensaladas dulces y saladas con las hortalizas de las huertas, como lechugas, pepinos, zanahorias, acelgas, espinacas y duraznos. “Algunos de los ciudadanos compraron las ensaladas y les aplicaron las vinagretas que hace la señora Soley. Por eso, vamos a trabajar juntas para fusionar estos dos emprendimientos y así tener una mayor venta”.

Durante el programa, Norma Romero, habitante de Ciudad Bolívar, se enamoró profundamente de las plantas, por lo cual decidió que su emprendimiento las tendría como protagonistas. En la feria presentó terrarios y kits para sembrar. “Los terrarios son frascos con tierra, piedras y cáscaras de huevo pulverizadas, donde siembro suculentas. Por su parte, los kits contienen tierra, una pequeña pala y algunas semillas. Mi emprendimiento se llama In Love Plantas y hoy me acompañaron mis hijos Helen y Miguel”.

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El verde de las plantas y hortalizas hicieron presencia en la feria de La Candelaria.

Marisol Lavao, Milena Chila y Mildre López, vecinas en Ciudad Bolívar, también se fueron por la onda de las plantas. En algunos viveros de la localidad consiguen algunas de las plantas de su iniciativa ambiental, como helechos, suculentas, orquídeas y plantas de cannabis.

La localidad de Los Mártires estuvo representada por dos grupos de mujeres. Ana Mogollón, Adriana Garcés, Zunny Ramírez y Nancy Quijano deleitaron a los turistas con cheesecakes de guanábana con amaranto, melocotón con menta y mora con menta. “Todas las plantas medicinales que fusionamos en estos postres las sacamos de las huertas de Los Mártires, como La Fortaleza, La Carrilera y La Favorita. También hacemos mermeladas de café, uchuva y hierbabuena”.

Por su parte, Diana Montenegro y Ema Tabares, llevaron varias artesanías, dulces, caricaturas, velas y semillas que tienen a los recursos naturales como elemento principal. “Vendemos dulces de miel, semillas de girasol, anillos y suculentas. También traje unos dibujos que hace un artista amigo, caricaturas de uchuvas, manzanillas, mazorcas, lechugas y apios”.

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Postres con plantas medicinales y artesanías sobre la naturaleza, fueron algunos de los emprendimientos de las mujeres de Los Mártires.

Un aguacero con truenos y relámpagos hizo que el centro histórico de La Candelaria quedara desolado durante casi una hora, un clima que alcanzó a preocupar a las ‘Mujeres que reverdecen’ porque aún tenían varios productos para vender.

“Le pedimos mucho a Dios que nos ayudara para que dejara de llover. Y así sucedió, el sol volvió a asomarse y los turistas salieron de los sitios donde se refugiaron durante la lluvia. Vendimos todo, algo que nos motiva bastante para continuar con los emprendimientos ambientales que nos ayudó a crear este hermoso programa del Jardín Botánico”, dijo Aura Martínez.

Esta venezolana fue una de las mujeres que más les ayudó a sus compañeras a promocionar sus productos durante los dos días de la feria. “El objetivo es que nos vaya bien a todas. En la feria me la pasé de arriba para abajo ayudándoles a mis amigas a vender sus productos naturales; tuvimos una excelente acogida y regresamos a nuestras casas muy contentas”.

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Los turistas extranjeros fueron los principales clientes de las ‘Mujeres que reverdecen’.

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

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Jardín Botánico de Bogotá