- Cientos de ciudadanos se dieron cita en el Jardín Botánico de Bogotá para aprender de agricultura urbana a través de talleres, recorridos y juegos.
- 14 huerteros, cinco emprendedores locales y tres operadores turísticos, participaron en una feria que deleitó con sus productos saludables y novedosos a los visitantes.
- Este festival hace parte de las rutas agroecológicas, proyecto que busca promover el turismo comunitario en las huertas urbanas de la ciudad.

La plazoleta principal del Jardín Botánico de Bogotá (JBB), el bosque urbano más icónico de la capital del país, se vistió de fiesta el pasado sábado 24 de mayo para realizar la cuarta versión del festival ‘De huerta en huerta’.
Bajo un cielo cubierto por una nube que no dejaba pasar los rayos del sol, cerca de 20 huerteros y emprendedores locales organizaban sus productos saludables y novedosos en varias mesas vestidas con manteles de cuadrados blancos y verdes.
Las hortalizas de diversas formas y tamaños, atados de plantas medicinales, mermeladas, terrarios, granadillas, suculentas, pomadas, aceites aromáticos, jabones naturales y bálsamos, le dieron un color y olor a campo a este recinto al aire libre.
Los profesionales del equipo de rutas agroecológicas, proyecto que busca promover el turismo comunitario y las experiencias auténticas alrededor de la agricultura urbana, preparaban la logística de los talleres, recorridos y juegos.
A las 10 de la mañana, María Claudia García, directora del Jardín Botánico, tomó el micrófono para instalar el evento. “Este festival busca dar a conocer las iniciativas de educación ambiental y agricultura sostenible que conforman las rutas agroecológicas que hay en la ciudad”.

La funcionaria explicó que estas rutas, con diferentes temáticas, prácticas, estilos, historias de vida y talleres, ofrecen semillas nativas, hortalizas, frutas, aromáticas y más productos transformados de la agricultura urbana.
A la fecha, el JBB ha consolidado cinco rutas: Suba (Del sol y del agua), Centro (De regreso a la tierra), Kennedy (Del barrio), Chapinero (Vidas diversas) y Engativá-Teusaquillo (Dar y recibir); donde participan 21 huertas.
“La cuarta versión de este festival es muy importante porque contamos con la presencia de tres operadores turísticos, Cotelco, Eu Mepego y Corazón Verde. Esto será el inicio de una alianza para que las huertas se conviertan en sitios de turismo de naturaleza”, dijo la directora.
García expresó que las huertas pueden ser la base y primera etapa para innovar y generar negocios verdes. “Esto es muy significativo porque con estos aportes vamos transformado el territorio y afrontando con soluciones reales la crisis climática y pérdida de biodiversidad”.

Germán Darío Álvarez, subdirector técnico operativo del JBB, informó que el festival ‘De huerta en huerta’ es un punto de encuentro para alinear estrategias y esfuerzos en torno a la agricultura urbana y así planificar una mejor ciudad.
“Al ser una ciudad biodiversa y pluricultural, Bogotá tiene un gran potencial para que la agricultura urbana genere desarrollos económicos. Las huertas también hacen parte de esos sitios turísticos que nos enamoran a todos”.
Nubia Cruz, coordinadora de las rutas agroecológicas, aseguró que este festival huertero hace parte de los eventos que realizará el Jardín Botánico durante este año para conmemorar sus siete décadas de vida.
“Esperamos que disfruten de la programación que tenemos preparada para hoy, una serie de talleres, recorridos, juegos, presentaciones musicales y una muestra comercial donde pueden comprar alimentos y productos saludables”.

Amuletos huerteros
El Alebrije, huerta de la Biblioteca El Tintal que hace parte de la ruta agroecológica de la localidad de Kennedy, fue la encargada de realizar el primer taller del festival, llamado ‘Amuletos huerteros: un camino de hilos’.
Angie Garzón, promotora de lectura de la Red Distrital de Bibliotecas Públicas, organizó sobre una mesa varios retazos de jean, agujas, botones, encajes y algunas hojas y flores de plantas medicinales y aromáticas.
Más de 30 ciudadanos rodearon la mesa y observaron con curiosidad un pequeño libro y una baraja de cartas puestas boca abajo. “Este es el oráculo de escritura creativa, varias cartas que cuentan historias de los animales que habitan la sabana”.
La promotora de lectura explicó la dinámica de la actividad. “Hoy vamos a utilizar estos materiales para coser en honor a Techovita, el verdadero nombre de la localidad de Kennedy. Crearemos un amuleto para este territorio lleno de agua”.

Antes de pasar la hebra por el ojo de la aguja, Angie le pidió a una de las participantes que tomara una de las cartas del oráculo. Socorro Bustos, una mujer de 87 años, levantó la del venado cola blanca, uno de los habitantes de los páramos.
“La carta decía que el venado es un animal paciente y no se preocupa mucho. Eso mismo me pasa a mí cuando coso: el tejido me relaja y lo hago con toda la paciencia del mundo. Es muy triste que esta práctica está desapareciendo en las nuevas generaciones”.
Angie repartió los materiales y les pidió a sus alumnos que en sus creaciones incluyeran alguna de las hojas o flores de las plantas de la huerta, como romero, lavanda y ruda. “Las plantas medicinales sanan el cuerpo y el alma. Por eso, nuestro amuleto será sanador”.
Durante media hora, los más de 30 participantes, entre mujeres, hombres, jóvenes y niños, hicieron tejidos creativos en los retazos de jean. Lolita Salazar, una huertera icónica de la localidad de San Cristóbal, incluyó su planta favorita.
“Amo con todo mi corazón a la ruda, una planta con muchas propiedades medicinales y un olor que me relaja. Voy a traer mi amuleto cada vez que venga a vender mis productos en los Mercados Campesinos del Jardín Botánico”.

República de la biodiversidad
Mestiza, la huerta de la Casa Quinta de Bolívar, puso a jugar a los asistentes del cuatro festival ‘De huerta en huerta’ con varias postales de cinco animales endémicos de Colombia, un mapa con algunas regiones del país y un escudo que debían decorar.
Mauro Rivera, profesional de este sitio del centro histórico de la ciudad, les llevó la ‘República de la biodiversidad’, un juego que permite explorar los diversos paisajes y descubrir algunas de las especies que se esconden en los rincones del territorio nacional.
“Antes de jugar quiero que sepan que Mestiza posiblemente es la huerta más antigua de Colombia. Fue construida en la época que el libertador Simón Bolívar habitó la Quinta, ya que debido a sus problemas de salud solo comía ensaladas”.
El juego, un maletín explorador elaborado en papel reciclado, inició con la presentación de cinco láminas con las imágenes del Espeletia paipana, Lymanopoda caeruleata, Oophaga lehmanni, Chlorostilbon olivaresi y Cattleya trianae.

“Con la linterna de los celulares, vamos a alumbrar el revés del mapa para identificar estas especies y conocer sus nombres comunes. El objetivo es que lo escriban en la parte de atrás de las láminas o postales”.
Luego de varios minutos de exploración, los participantes identificaron al frailejón de Paipa, la mariposa azul de la Sierra, la rana venenosa de Lehmann, el colibrí esmeralda del Chiribiquete y la flor de mayo (orquídea).
“Ahora decoraremos el escudo de la república de la biodiversidad con las pegatinas de diversas especies hay en el maletín. Primero tenemos que identificarlas en el mapa y luego seguimos las instrucciones para pegarlas”, dijo Rivera.
Esta actividad les dejó muchos aprendizajes a los participantes. “Además de jugar, nutrimos nuestras mentes con muchos conocimientos: no sabía que Colombia es el país con más aves, orquídeas y mariposas en el mundo”.
Al final del taller, Mauro Rivera rifó el ‘Diario naturalista’, una obra con mucha información de la biodiversidad colombiana donde pueden anotar y dibujar los registros de la flora y fauna que observen.

Recorridos por la huerta
Durante este cuarto festival, la madre de todas las huertas de Bogotá, el jardín agroecológico del JBB, recibió la visita de más de 50 personas que querían aprender sobre las técnicas de la agricultura urbana.
Ofelia Pinto, campesina del Huila y técnica en educación ambiental que lleva varios años como la guardiana de los 3.329 metros cuadrados de la huerta urbana de la entidad, realizó dos recorridos en compañía de Luis Carlos Hernández, profesional de las rutas agroecológicas.
Los asistentes recorrieron varias de las 62 eras de la huerta, sitio que ya supera las dos décadas de vida, y aprendieron cómo Ofelia lidera los procesos de siembra, deshierbe, cosecha y riego con la ayuda de varios operarios.
“Nuestro jardín agroecológico fue creado en 2004 y hoy en día alberga 130 especies y 240 variedades de hortalizas, frutales y plantas medicinales y aromáticas. Cada una cumple una función: por ejemplo, unas se encargan de controlar las plagas con sus colores; esa es la alelopatía”.

Ofelia les informó sobre los diferentes contenedores donde se puede sembrar, como pequeñas macetas, guacales y tubulares. También les mostró la zona de lombricultivo de la huerta y una mandala decorada con varias plantas alimenticias.
“Esta es una huerta demostrativa. El objetivo es que nuestros visitantes se enamoren de ella y así se motiven a montar sus propias huertas caseras o comunitarias. Acá todo se recicla y reutiliza: esa es la clave para que tengamos una ciudad verde”.
La guardiana de la huerta madre de Bogotá les recalcó que el proceso en este terreno agroecológico es cíclico. “Sacamos las semillas para luego propagarlas y germinarlas; de esta manera contamos con el material que necesita la huerta”.
Los visitantes también conocieron el área de aprovechamiento, sitio donde llegan los residuos vegetales del JBB y que luego de varios procesos, se convierten en el suelo abonado que reciben los huerteros de la ciudad.
“La pila de compostaje permanece en una zona durante cerca de tres meses. El material es nutrido con organismos eficientes para acelerar la descomposición, como la melaza de la panela y estiércol de vaca”.

Muestra comercial
14 huerteros de las cinco rutas agroecológicas y cinco nuevos emprendedores locales, ofrecieron sus productos agroecológicos y transformados de la agricultura urbana durante la muestra comercial del festival.
Entre las nueve de la mañana y las cuatro de la tarde, los turistas les compraron lechugas, acelgas, berenjenas, jabones, esencias, aceites, empanadas de quinua, buñuelos, pomadas, bálsamos, miel, guarapo, encurtidos y mermeladas.
Las hortalizas, frutales y plantas medicinales y aromáticas estuvieron a cargo de Guerreros y Guerreras y Micaela, huertas urbanas que hacen parte de la ruta ‘Del sol y del agua’ de la localidad de Suba.

“Es la primera vez que participo en este festival y la verdad estoy muy contenta. Mi puesto quedó casi vacío porque la gente me compró todos mis tesoros verdes”, dijo Melva Castrillón, un ícono de la agricultura urbana en Bogotá y líder de la huerta Guerreros y Guerreras.
Las Fases de la Luna, huerta ubicada en el conjunto residencial Gualí y que acaba de ingresar a la ruta agroecológica de Engativá-Teusaquillo, llevó granadillas, acelgas, plantas medicinales y aceites de achiote, cilantro y albahaca para la cocina.
“El Jardín Botánico es mi segundo hogar. Participo en todos los cursos que organiza y actualmente estamos trabajando juntos para conformar nuestro propio banco comunitario de semillas”, apuntó Ana Mercedes Preciado, líder de esta huerta.

Las mujeres de Marsella y Monterrey, huertas agroecológicas de la ruta de la localidad de Kennedy, ofrecieron varios de los productos saludables que siembran y cosechan en sus terruños.
“Esta vez traje unos sándwiches con el producto insignia de nuestra huerta: la lechuga con sabor a limón. Esta fiesta de la agricultura urbana nos permitió darnos a conocer más y hacer nuevos contactos”, precisó Gladys Duarte, huertera de Monterrey.
Semillas de Chita, Cosmética Natural, huerta Sabor y Color, Tejido Fungi y Stone Punto Verde, fueron los cinco emprendimientos que hicieron su debut comercial en el festival huertero del Jardín Botánico.
Ofrecieron mermeladas de sauco y uchuva, productos de cosmética natural, sales aromáticas, hongos comestibles y medicinales, suculentas y terrarios, productos que se vendieron muy bien durante la jornada.

“Estoy feliz porque cumplí el sueño de mostrar mi emprendimiento en el JBB. Además, las personas que probaron mis mermeladas de sauco y uchuvas me felicitaron por su sabor y calidad”, aseguró Nancy Vanegas, líder de Semillas de Chita en la localidad de Rafael Uribe Uribe.
Mientras los huerteros y emprendedores vendían sus productos, dos artistas llenaron la plazoleta con su música: Rigbone Flesh, un joven pianista; y AUAMBARI, grupo de la Secretaría de Ambiente que compone canciones con mensajes de cuidado a la naturaleza.
Los visitantes también participaron en un concurso de fotografía. Se retrataron de una forma creativa en el marco de ‘Bogotá, mi ciudad, mi casa’ y las publicaron en Instagram o Facebook con los hashtags #FestivalDeHuerta y #70AñosJardínBotánico.

Lienzos botánicos y recetas ancestrales
Para el festival, Sharif Arévalo, profesional encargado de las rutas agroecológicas de Chapinero y Suba, preparó un taller de tintes naturales, actividad que reunió a más de 20 ciudadanos en uno de los auditorios del JBB.
El objetivo era que los ciudadanos elaboraran lienzos botánicos en cuadrados de tela blanca con extractos vegetales de la espinaca (verde), remolacha (morado) y cúrcuma (amarillo), además de hojas y flores de varias plantas.
Los artistas dejaron volar su imaginación para plasmar obras de la naturaleza utilizando pinceles y macerando las partes de las plantas para extraer sus colores. Bosques, ríos y jardines fueron algunos de los paisajes que recrearon.

Entre tanto, la exposición viajera ‘Semillas: memorias que llevan vida’, liderada por el Banco de la República, se centró en que los asistentes contaran algunas de las recetas gastronómicas que preparan con maíz, plátano y papa.
Chicha siete granos, puré de papa criolla, papa con romero, el champús y aborrajado vallunos y la mazamorra dulce, fueron algunos de los platos con estos productos insignias de las huertas. Los ciudadanos contaron el paso a paso de la preparación y los ingredientes.
Este taller también ahondó en el mundo de las semillas. “Son biodiversidad y resiliencia; historia y transmisión de conocimiento entre generaciones; memoria biocultural; y promesa de abundancia”.
Según las profesionales del Banco de la República, “cada semilla lleva consigo una memoria viva. En su interior laten ciclos de cultivo, enseñanzas ancestrales y formas de entender el mundo que han nutrido generaciones”.

La ruta del té de Bogotá
Como cierre del cuarto festival huertero, Andrea Aragón, bióloga del JBB que lidera la ruta agroecológica de Kennedy, realizó un taller sobre una de las plantas más emblemáticas del sacerdote, médico, botánico, geógrafo y matemático José Celestino Mutis.
“Vamos a hablar del té de Bogotá (Symplocos theiformis), una planta endémica de la región andina de Colombia que Mutis identificó y describió durante la Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada”.
El taller, llamado la ‘Ruta del té: expedición botánica por Bogotá’, inició con una clase de historia sobre la gran obra de Mutis, expedición realizada entre 1783 y 1816 donde exploró la flora y fauna de Mariquita, Honda, Ambalema y Guaduas.
“Mutis logró recolectar y clasificar alrededor de 20.000 especies de la flora y 7.000 de la fauna colombiana, tesoros que, en su mayoría, fueron llevados a España. También le dio vida al primer jardín botánico de Colombia en Mariquita”.

Durante la expedición, que en sus inicios tuvo el objetivo de conocer y catalogar las plantas con usos medicinales, como la quina, el botánico y católico descubrió dos especies que se convirtieron en uno de sus mayores legados: el té de Bogotá y la Mutisia clematis (el logo del Jardín Botánico).
“Cuando Mutis descubrió el té de Bogotá, especie con propiedades diuréticas y estomacales, lo propuso como alternativa al té oriental y creía que podía ser una fuente de riqueza para el Nuevo Reino de Granada”, mencionó Aragón.
La bióloga les informó que es un arbusto silvestre del clima frío muy difícil de propagar. “Se reproduce por esquejes y solo es polinizado por los abejorros. Durante la Conquista, los españoles lo extrajeron mucho de zonas como los cerros orientales”.
Sin embargo, es utilizado como una infusión verde y medicinal. “Como es amargo, lo podemos mezclar con otras plantas como cidrón, manzanilla, hierbabuena y sauco. Es bendito para los problemas digestivos y respiratorio”.


