• Hace nueve años, Alexandra Rodríguez dejó atrás su profesión como contadora pública para liderar un nuevo negocio verde con su esposo, otro contador.
  • En Alaska, barrio rural de Suba, arrendaron un predio y lo convirtieron en un vivero donde empezaron a liderar actividades de educación ambiental.
  • Con el paso del tiempo, el emprendimiento se transformó en un proyecto agroecológico que llamaron huerta Jacana, en honor a un ave sudamericana que habita en los humedales.
  • Tercera entrega del especial de crónicas de los huerteros que hacen parte del clúster de agricultura urbana del Jardín Botánico José Celestino Mutis.

Huerta Jacana

A Alexandra Rodríguez y Orlando Gómez, una pareja de esposos de la localidad de Suba, no solo los une un amor de antaño que nació en las aulas universitarias y el cariño desbordado que sienten por Laura Valentina, su única hija.

Ambos son contadores públicos expertos en registrar, analizar, interpretar y controlar la información financiera. Su pasión siempre fueron las auditorías, la gestión de impuestos, el control interno y la consultoría financiera.

Sin embargo, hace nueve años sintieron que sus mentes y cuerpos estaban agobiados por el estrés de los estados financieros, la gestión de impuestos y la auditoría de recursos que realizaban para varias entidades y empresas.

“Nuestras vidas necesitaban un cambio radical. Como ambos venimos de familias campesinas del altiplano cundiboyacense y varios familiares de Orlando sabían de jardinería, empezamos a pensar en montar un negocio verde”.

Los esposos iniciaron una larga búsqueda para encontrar un terreno lleno de verde en Suba y así dar marcha a su futuro emprendimiento ambiental. Ya habían decidido que las plantas serían las grandes protagonistas de su nuevo trabajo.

Querían montar un vivero. En Alaska, barrio que aun conserva su rostro rural y está ubicado cerca al humedal de La Conejera y la reserva forestal productora Thomas van der Hammen, encontraron el predio ideal.

Huerta Jacana

“A mediados de 2017, arrendamos el predio e iniciamos con mucho amor, expectativas, trabajo y pasión nuestro nuevo emprendimiento que decidimos llamar Vivero Ambientales Naturales”, recuerda Alexandra.

Con la ayuda de varios de sus familiares, Alexandra y Orlando fueron construyendo su sueño verde. No soñaban con un vivero tradicional donde los ciudadanos solo pudieran comprar flores, plantas ornamentales o árboles.

“Nuestra meta era constituir un espacio donde las personas pudieran vivir una experiencia ambiental y una estancia tranquila. Nuestro vivero nació como un proyecto más familiar que comercial”.

Además de reverdecer una zona del predio con miles de plantas ornamentales para los jardines, terrazas, balcones e interiores de las viviendas, los esposos construyeron una cabaña para prestar el servicio de cafetería.

Vivero Ambientales Naturales fue dotado con plantas de interior y exterior. “Fue un espacio hecho a pulso sin prisa, pero sin pausa, para ofrecer a nuestros clientes plantas ornamentales de interior, exterior, paisajismo y jardinería, abonos, pasto y tierra”.

Amor por la agricultura urbana

A mediados de 2021, el vivero de Alexandra y Orlando le abrió las puertas a la agricultura urbana. Según la contadora pública, tenían espacio más que suficiente para montar una amplia huerta urbana.

Antes de sembrar hortalizas, frutales y plantas medicinales, se contactaron con el Jardín Botánico de Bogotá (JBB) para recibir el curso básico de agricultura urbana y periurbana y así aprender sobre el manejo agroecológico.

A través de varias capacitaciones, asesoría técnica y acompañamiento del JBB, los futuros huerteros aprendieron sobre abonos, plantas comestibles y medicinales, preparaciones naturales para las plagas (biopreparados) y las mejores técnicas de siembra.

Una zona del vivero, un sitio que fue protegido con plástico y polisombra, comenzó a coger forma de huerta con la siembra de aproximadamente 12 especies de plantas libres de químicos. “El JBB nos ayudó a hacer las adecuaciones del terreno y organizar las eras”.

La huerta del Vivero Ambientales Naturales quedó conformada por 25 camas o eras llenas de remolacha, espinaca, lechuga, mizuna, pimienta, tomate cherry, cebolla larga o puerro, perejil, apio, cilantro, hierbabuena, limonaria, menta, romero, eneldo, poleo, tomillo y orégano.

“Los profesionales del JBB nos recomendaron hacer una rotación de los cultivos para dejar descansar el suelo. Las cosechas de la huerta son para nuestro consumo personal y para venderles a las personas que nos visitan”.

Para que la huerta permanezca húmeda e hidratada, los nuevos huerteros montaron un sistema de riego a través de la recolección del agua lluvia. También empezaron a hacer abonos orgánicos por medio del compostaje de los residuos orgánicos.

“El Jardín Botánico nos enseñó mucho de alelopatía, un control biológico con plantas para repeler o atraer los insectos y gusanos. Entre las hortalizas sembramos aromáticas que atraen los bichos y evitan que lleguen a los demás cultivos”.

Alexandra y Orlando también les rindieron un homenaje a los muiscas en su negocio verde, un pueblo indígena que habitó en toda la sabana de Bogotá y el cual veneraba al agua, la naturaleza y los cultivos.

“Nuestro emprendimiento está ubicado en tierras que fueron de los muiscas y por eso construimos dos chozas o cabañas donde los visitantes pueden aprender sobre la historia ancestral del territorio”.

Los esposos llevaron a una persona del cabildo muisca de Suba para que hiciera charlas sobre la historia de la localidad de Suba y el legado de este pueblo indígena. En esta actividad, los visitantes del vivero también disfrutaban de aguas aromáticas elaboradas con las plantas de la huerta.

“Esta actividad de nuestro proyecto busca rescatar las sabidurías de nuestros antepasados muiscas y hacer un homenaje a su ancestralidad. También empezamos a traer estudiantes de colegio al vivero para que aprendan sobre el cuidado de la naturaleza”.

Huerta turística

El proyecto de vivero y huerta liderado por Alexandra y Orlando fue escogido por el Jardín Botánico para participar en una estrategia pionera en la ciudad que busca incentivar el turismo en las iniciativas de agricultura urbana.

Vivero Ambientales Naturales ingresó a la ruta agroecológica de la localidad de Suba, llamada “Del sol y del agua”, en compañía de las huertas Micaela, Guerreros y Guerreras en Acción, Cobá: el hogar de las abejas y el aula ambiental Mirador de Los Nevados.

“Nos escogieron porque contamos con todos los requisitos del proyecto, como tener amplias áreas de cultivo, diversidad de especies, programación de siembra, cultivos escalonados, aprovechamiento de los residuos, educación ambiental y productos limpios”.

Desde que fue lanzada la huerta, en el último semestre de 2021, estos cinco proyectos agroecológicos de Suba empezaron a recibir la visita de cientos de turistas nacionales y extranjeros que querían conocer su historia.

“Ha sido una experiencia maravillosa que nos permite darnos a conocer, aprender de la experiencia de los otros huerteros y potenciarnos como un proyecto turístico ambiental en la ciudad”.

La huertera y contadora pública también se ha forjado como guía turística. Por ejemplo, participó en un diplomado del Distrito sobre turismo rural sostenible en Fundapanaca. “Aprendí que debemos trabajar en cadena, ser asociativos y no individualistas”.

Según Alexandra, los turistas que visitan su negocio verde familiar han quedado maravillados por el verde del predio. “Realizamos talleres de siembra, cosecha y sobre la ancestralidad de los muiscas”.

Según estos empresarios verdes, en su negocio ambiental encontraron la tranquilidad que no tenían con la contaduría pública. “Aunque amamos nuestra profesión, el estrés es muy grande. Con el nuevo emprendimiento hacemos una actividad más agradecida, amable y tranquila”.

Además, en este terruño han revivido esos recuerdos de la infancia cuando iban a visitar a los abuelos en las fincas. “Nos escapamos del estrés de la ciudad y respiramos aire puro. Mi esposo sigue como contador, pero de una forma independiente”.

Jacana: homenaje a las aves

El vivero y la huerta hacen parte de un sueño macro que se propusieron Alexandra y Orlando hace nueve años. Su anhelo mayor siempre ha sido que el predio sea un aula permacultural que fusione la naturaleza con el arte y la cultura.

Entre 2022 y 2023, mientras seguían prestando el servicio de venta de plantas; los talleres huerteros, de educación ambiental y ancestralidad de los muiscas; y los recorridos turísticos de la ruta agroecológica de Suba; decidieron involucrar temáticas artísticos. 

“La palabra transformación siempre ha estado presente en nuestras vidas. Por eso, primero incorporamos a varios artistas plásticos de Suba para que hicieran obras con el material reciclado de nuestro proyecto y realizamos dos ferias de artesanos”.

Durante dichos años, varios establecimientos del barrio Alaska, incluido el de la pareja de esposos, fueron víctimas de la delincuencia. Alexandra tiene la teoría de que los ladrones pensaban que el vivero daba grandes ganancias económicas.

“Tomamos la decisión de fortalecer la raíz de nuestro emprendimiento. Pusimos fin al vivero y nos dedicamos al proyecto de aula ambiental huertera: siempre hemos querido enseñar, aprender y transmitir conocimientos de la historia agrícola y ancestral de la zona”.

Con el fin del vivero y el fortalecimiento educativo y ambiental del proyecto, Alexandra y Orlando empezaron a buscar nombres para renombrarlo. Se enfocaron en las aves que visitan el predio.

“No queríamos un ave cualquiera, sino alguna que tuviera un significado especial. Así encontramos a la jacana sudamericana (Jacana jacana), una especie del continente que habita en los humedales y nos visitó mucho durante la pandemia”.

Alexandra aseguró que esta ave le recordó mucho a la tingua bogotana, una especie endémica de los humedales del altiplano cundiboyacense. “Ambas son hermosas y muy impactadas por el hombre. Decidimos hacerle un homenaje en nuestro proyecto”.

El negocio fue renombrado como Jacana. Luego, los esposos contadores con corazón verde se enfocaron en fortalecer las diferentes líneas del aula ambiental con más talleres, recorridos turísticos y nuevos cursos de guianza turística.

“El Jardín Botánico ha sido nuestro gran aliado y nos ha brindado más cursos de agricultura urbana para fortalecer y actualizar nuestros conocimientos. También participamos en talleres de manipulación de alimentos y transición hacia la agroecología”.

Toda la zona que ocupaba el vivero se transformó en un terreno agroecológico. Las camas o eras se duplicaron, al igual que la cantidad de especies de hortalizas, frutales y plantas medicinales y aromáticas.

“También nos enfocamos en fortalecer los procesos de compostaje con el material orgánico de las cocinas e iniciamos un proyecto de lombricultura. Nos dedicamos de lleno a la huerta urbana de nuestro emprendimiento”.

Los expertos del JBB fortalecieron líneas como la alelopatía, los polinizadores, la densidad de siembra y los biopreparados para mitigar las plagas. “No me gusta esa palabra porque los invasores o plagas somos los humanos; en la naturaleza nada es malo”.

Con la ampliación del área de la huerta, la pareja de contadores públicos crearon un portafolio de tres planes o servicios para los turistas nacionales y extranjeros que los visitan a través de la ruta agroecológica del JBB en la localidad de Suba.

El plan básico, un recorrido de aproximadamente una hora, consiste en conocer los cultivos de la huerta y algunas de las propiedades de las plantas. “Intercambiamos conocimientos y al final damos un refrigerio saludable”.

El intermedio, que supera las tres horas, permite compartir una experiencia como agricultor. Los visitantes siembran, cosechan, participan en el proceso de compostaje y conocen en detalle los usos medicinales y culinarios de las plantas (también cuenta con refrigerio).

El plan más completo dura seis horas, tiempo en el que recorren la huerta y participan en varias actividades de educación ambiental y ancestral. Al final disfrutan de un asado al barril donde comparten experiencias.

“Estamos metidos de lleno en el fortalecimiento de la huerta y las actividades ambientales y culturales. En Jacana no solo vienen a sembrar y cosechar: lo más importante es conocer el sustrato y aprender sobre el suelo y cómo se fertiliza de una forma orgánica”.

Según Alexandra, el sueño ambiental que nació hace nueve años ha sido nutrido con los consejos y capacitaciones del JBB. “Sus profesionales son muy humanos y a través de la ruta agroecológica nos han visibilizado mucho”.

Con esta ruta turística, la huertera ha aprendido de las experiencias de los otros huerteros que la conforman. “Tenemos un lazo especial entre las seis huertas de la ruta y nos apoyamos como podemos. Conformamos una nueva red dedicada a fortalecer la agricultura urbana”.

La astronomía es la actividad más reciente de Jacana. Con la agencia de Turismo hacia las Estrellas realizan talleres de astronomía. “Los ciudadanos, por medio de telescopios, viven la experiencia de ver la Luna y aprenden sobre las constelaciones”.

Jacana no solo es para los recorridos turísticos de las rutas agroecológicas del JBB. En las redes sociales del emprendimiento, la ciudadanía puede contactarse para conocer la magia biodiversa de este tesoro huertero de Suba.

“Estamos ubicados en la calle 157 con carrera 107a (vía Suba a la Clínica Corpas). Nos pueden escribir en nuestras redes en Instagram o Facebook o enviando un correo a contacto@jacanavivero.com.

Clúster de agricultura urbana

A finales de 2024, el Jardín Botánico empezó a tejer un nuevo proyecto de agricultura urbana para impulsar la economía de los huerteros con la participación de algunos restaurantes y hoteles de la ciudad.

Johanna Aristizábal Galvis, ingeniera química de la Universidad Nacional de Colombia y magíster en desarrollo e innovación de alimentos y agricultura internacional sostenible, fue contratada para liderar el clúster de agricultura urbana.

“Con cuatro profesionales debíamos crear esta estrategia de agricultura urbana que le apuntara a que algunos huerteros, que cuentan con excedentes de productos de las huertas, aumentaran la comercialización de sus productos”.

El primer paso del proyecto fue seleccionar algunas de las 40 especies útiles y promisorias de la agricultura urbana, algunas nativas y ancestrales, que fueron estudiadas por la Subdirección Científica del JBB.

Como el clúster también busca evaluar el impacto de la agricultura urbana en el contexto local, Johanna y su equipo seleccionaron indicadores de sostenibilidad ambientales (biodiversidad, resiliencia ambiental y uso eficiente de recursos); sociales (seguridad y soberanía alimentaria y bienestar humano) y económicos (productividad y eficiencia, y economía local).

“Estos indicadores no solo son para las seis huertas que forman parte de la célula de producción del territorio norte; también trabajamos en una muestra representativa de huertas en las diferentes localidades de Bogotá.

La novedosa apuesta del JBB inició con un piloto en Suba y Usaquén. Decenas de huerteros conocieron este proyecto de investigación que contaría con la participación de Oda, un restaurante de cocina de autor que celebra los sabores colombianos.

“Seis agricultores urbanos de estas localidades aceptaron participar y en diciembre de 2024, el equipo del clúster fortaleció sus huertas con algunas de las 40 especies priorizadas, como mostaza roja, guaca, canelón y ruibarbo”, dijo Johanna.

Tunta Chavela, Uchuva, Los Helechos, Jacana, Oasis Urbano Bogotá y Cobá: el hogar de las abejas, fueron visitadas por trabajadores de Oda para realizar varios talleres de cocreación y así escoger las especies con las que iban a trabajar. 

“Los chefs del restaurante probaron los sabores de las plantas y conocieron sus características y propiedades. Su objetivo era hacer cocteles y postres con las especies de las huertas que fueron priorizadas”, expresó la ingeniera.

Luego de que los seis huerteros sembraran y cosecharan mostaza roja, guaca, canelón, ruibarbo y otros tesoros ancestrales, el restaurante empezó a comprarles los productos y los incluyeron en las bebidas y postres de su carta.

“Los huerteros recibieron talleres en habilidades financieras y estrategias de ventas para que pudieran darle un buen valor económico a sus productos agroecológicos. Algunos ofrecieron servicios como recibir visitas de los clientes del restaurante”.

Alexandra no lo pensó dos veces para participar en este nuevo proyecto. Según la contadora huertera, primero tenía el sello de calidad del JBB y segundo era un tema novedoso que le iba a permitir aprender más.

“Me sentí muy privilegiada porque solo seis huertas fueron escogidas y enseguida mi mente dijo que era un nuevo reto: iba a tener la responsabilidad de sembrar productos para uno de los restaurantes más conocidos en la ciudad”.

Red huertera

Antes de sembrar las nuevas especies en la huerta Jacana, Alexandra y su esposo conocieron a los otros seis huerteros de Suba y Usaquén del primer clúster de agricultura urbana del Jardín Botánico.

“Nos conectamos inmediatamente y acordamos trabajar en red, es decir apoyarnos mutuamente para que el proyecto saliera a flote. A todos nos unía la agricultura urbana y estábamos muy interesados en conocer las experiencias de cada uno; el proceso fue muy valioso para nosotros”.

Además de hacer nuevos amigos huerteros, Alexandra estaba muy ansiosa por recibir nuevas especies en su huerta, como la chinchamata, ruibarbo, canelón, anisillo y varias variedades de habas. 

“Nos esforzamos mucho para abonar los nuevos sitios de estas especies para que el restaurante las pudiera comprar; las plantas fueron nuevos hijos. Al inicio nos fue muy bien y empezamos a vender en red con los otros huerteros”.

La producción de las especies priorizadas ha representado todo un reto para los seis huerteros. Alexandra asegura que los tiempos de siembra, los comportamientos del clima y la presencia de plagas, han afectado la producción.

“A veces, cuando el restaurante me llama a pedir productos, estos aún no están listos o no fueron efectivos. Cuando esto pasa, llamo inmediatamente a los otros huerteros del clúster para ver si los tienen; todos nos ayudamos mucho”.

Para Alexandra, esta nueva estrategia está en construcción. “Es un piloto y por eso se requiere de muchos aportes. Por ejemplo, el restaurante debe conocer que para producir una sola especie, se deben tener en cuenta aspectos como el clima y la rotación de los cultivos”.

Afirma que es necesario realizar nuevas capacitaciones con los chefs del restaurante para que conozcan los tiempos de siembra y la presencia de las plagas. “A veces nos llaman en épocas cuando las plantas aun están en crecimiento; es un proyecto para aprender”.

Con el clúster, Alexandra evidenció que hay un gran campo de trabajo con los restaurantes. Por eso, a mediano plazo tiene proyectado trabajar con más negocios para venderles las hortalizas, frutas y plantas medicinales de Jacana.

“Además, tenemos proyectado fortalecer los recorridos agroecológicos y turísticos con los colegios de Suba. Queremos que nos visiten estudiantes de primera infancia, primaria y bachillerato para que se enamoren de la agricultura urbana”.

De esta manera, la huertera busca que los niños y jóvenes se aparten un poco de los aparatos tecnológicos. “En la huerta y demás zonas de Jacana se olvidan que existe el celular y aprenden sobre la importancia del reciclaje y la producción de alimentos saludables”.

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

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Jardín Botánico de Bogotá