• El Museo de Bogotá, ubicado en La Candelaria, fue el epicentro de un taller de bordados, tejidos y costuras de este proyecto comunitario de reciclaje textil.
  • Cerca de 20 personas, en su mayoría mujeres, elaboraron postales de la biodiversidad bogotana con retazos de telas, estampados e hilos de diferentes colores.
  • Esta actividad, liderada por el Jardín Botánico de Bogotá, hace parte de una nueva estrategia que busca fortalecer las iniciativas de los huerteros que conforman las cinco rutas agroecológicas ‘De Huerta en Huerta’.

En Monterrey, un barrio residencial y comercial de la localidad de Kennedy que colinda con el humedal El Burro, un grupo de adultos mayores con sangre campesina logró lo que muchos consideran imposible.

En 2010 unieron esfuerzos para convertir un parque de bolsillo afectado por escombros, basuras y olores nauseabundos, en una pequeña despensa agrícola donde pudieran sembrar y cosechar los regalos de la tierra que conocieron en la infancia.

“Cerca de 50 personas, la mayoría nacidas y criadas en el campo, nos propusimos montar una huerta comunitaria para recuperar la zona de nuestra cuadra”, recuerda Gladys Duarte, líder comunitaria y experta en hacer buñuelos.

Según la santandereana, los vecinos destinaron varios meses para limpiar y organizar el terreno. “El 12 de agosto de 2010 montamos las primeras camas de la huerta y luego la cerramos con polisombra y malla delgada”

El nuevo terruño agroecológico, nombrado huerta comunitaria Monterrey, contó con la ayuda de entidades como el Jardín Botánico de Bogotá (JBB), la Alcaldía Local de Kennedy, Ciudad Limpia y la Policía Nacional.

“También recibimos el apoyo de la universidad Uniminuto. Varios estudiantes hicieron su servicio social con nosotros y nos colaboraron mucho en el montaje de nuevas camas y la siembra de diversas hortalizas, frutales y plantas medicinales”.

Monterrey se convirtió en la única huerta comunitaria del barrio y en uno de los pocos sitios pintados de verde. Gladys aseguró que de las más de 50 especies que siembran, dos son emblemáticas: la lechuga con sabor a limón y la sangría.

Aunque el número de huerteros ha disminuido con el paso de los años, actualmente participan en promedio 10 ciudadanos, la huerta se ha fortalecido a través de proyectos ambientales basados en la agricultura urbana.

Por ejemplo, Gladys, con el apoyo de su esposo Alfonso, consolidó su propio emprendimiento de pomadas y aceites elaborados con plantas medicinales y aromáticas como caléndula, cannabis, tabaco, romero, eucalipto y la flor del borrachero.

También le dieron vida a la fundación Monterrey Ecohídrico, una organización sin ánimo de lucro basada en el reciclaje, la agricultura urbana agroecológica, charlas educativas y recorridos ambientales por los humedales de Kennedy.

Paula Sánchez, la líder más joven de este grupo comunitario y que lleva varios años trabajando con las pacas digestoras de Villa Castilla, otro barrio de Kennedy, se encarga de la línea del reciclaje. 

“Además de liderar talleres de pacas, compostaje y reciclaje de los residuos orgánicos, Paula nos ayuda a formular proyectos para mejorar la huerta. Ella maneja a la perfección el ciberespacio y las redes sociales y por eso sabe dónde buscar las convocatorias comunitarias”, dice Gladys.

El “Biocosturero”

A finales de 2022, el Jardín Botánico les propuso a Gladys, Paula y los demás líderes de Monterrey participar en una nueva estrategia que busca fortalecer las huertas urbanas a través del turismo ecológico.

“Nos dijeron que si queríamos ser parte de la ruta agroecológica de Kennedy, la tercera en la ciudad. Aceptamos inmediatamente porque uno de los objetivos que tenemos es que muchas personas conozcan nuestro proyecto agroecológico”.

Marsella, Granja Mundo Aventura, Carvajal Osorio, Monterrey y El Alebrije de la Biblioteca El Tintal son los cinco proyectos que conforman la ruta ‘Las huertas del barrio’, terruños que cuentan con productos transformados y procesos de educación ambiental.

Desde que fue lanzada la ruta agroecológica de Kennedy, decenas de turistas nacionales e internacionales se han empapado con la historia de esta huerta comunitaria que ya suma 16 años de vida.

“Además de escuchar los testimonios comunitarios, los turistas nos compran nuestros productos, como la lechuga de limón, pomadas y aceites, y se sensibilizan a través de los talleres que realizamos con el apoyo del Jardín Botánico”, apuntó Gladys.

Paula es el alma de las actividades de educación ambiental en Monterrey, un trabajo que realiza con el apoyo de Andrea Aragón, bióloga del equipo de rutas agroecológicas del JBB y quien comparte su amor por la biodiversidad.

“Quedé maravillada con todos los proyectos y estrategias ambientales y pedagógicas que Paula quería desarrollar para sembrar la semilla de la conservación de la biodiversidad en la comunidad, en especial la del humedal El Burro”, expresó la profesional.

El corazón se le aceleró cuando conoció el “Biocosturero”, un proyecto liderado por Paula y Angie Garzón, mujeres jóvenes y lideresas ambientales y comunitarias de Kennedy que también hacen parte de la biblioteca itinerante Alcaraván con Río.

“Buscamos darles un nuevo uso a las prendas de vestir que ya no utilizamos y así reducir el consumo. Esta zona de Kennedy cuenta con muchas personas, la mayoría mujeres, que se dedican al negocio textil local”, expresó la joven paquera.

En los talleres del “Biocosturero”, la comunidad borda y teje figuras de la biodiversidad bogotana en telas recicladas, como las aves, mamíferos, anfibios y reptiles que habitan en el humedal El Burro.

“Una de nuestras grandes obras es un chaleco con los animales de El Burro y una leyenda que dice guardianes del humedal. Es un proyecto de reciclaje textil que también da a conocer la fauna de este ecosistema”.

Museos del centro

Este año, los profesionales del JBB que se encargan de las actividades ambientales y pedagógicas en las cinco rutas agroecológicas de la ciudad (Kennedy, Chapinero, Engativá-Teusaquillo, Suba y el centro), se trazaron un nuevo proyecto.

Según la bióloga Andrea Aragón, el objetivo es que los huerteros de esta estrategia puedan fortalecer y visibilizar sus iniciativas comunitarias al llevarlas a varios de los museos del centro de la capital.

“Estamos trabajando en una alianza con cinco museos, Bogotá, Nacional, Colonial, Independencia – Casa del Florero y la Quinta de Bolívar, para generar un tejido entre lo natural, la agricultura urbana y lo cultural”

Este trabajo conjunto también busca conectar las actividades que realizan los huerteros de las rutas agroecológicas con los proyectos de agricultura urbana de los museos. “Todos tienen huertas y por eso queremos conectar la agricultura urbana desde todas las visiones”.

El Museo de Bogotá, un ícono de la historia capitalina fundado en 1969 y que cuenta con dos sedes en el barrio La Candelaria, fue seleccionado para lanzar esta alianza que fusiona los cultivos urbanos con la cultura.

“Para el lanzamiento escogimos al “Biocosturero” de la huerta Monterrey y la biblioteca itinerante Alcaraván con Río. Paula aceptó encantada la propuesta porque, de esta manera, la iniciativa de reciclaje textil iba a traspasar las fronteras de Kennedy y llegaría a más personas”.

Durante varias semanas, el JBB divulgó una pieza comunicativa por redes sociales y grupos comunitarios para promocionar un taller que consistía en la elaboración de una postal textil biodiversa a través de la costura, el bordado y el collage.

“Imaginaremos y confeccionaremos postales inspiradas en las huertas y la biodiversidad de los humedales para reflexionar sobre el cuidado de los ecosistemas urbanos y transformar retazos e hilos en historias”, mencionaba la invitación digital.

Cerca de 20 ciudadanos confirmaron su asistencia. “Con Paula nos pusimos muy contentas porque íbamos a contar con la participación de personas de varias localidades, como Usaquén, Suba, Santa Fe, La Candelaria y Kennedy”.

Bordados de la biodiversidad

El taller del “Biocosturero” fue realizado el miércoles 29 de abril en horas de la tarde, fecha en la que el Jardín Botánico realizó más de 30 actividades en varios sitios de la ciudad para celebrar el Día Nacional del Árbol.

David Esteban Wilches, encargado de la parte de educación del Museo de Bogotá, les dio la bienvenida a los tejedores, la mayoría mujeres, y les contó parte de la historia de este recinto cultural que cuenta con una colección de más de 24.000 objetos.

Por ejemplo, conocieron que su primer nombre fue Museo de Desarrollo Urbano y nació en 1969 bajo la administración del presidente Virgilio Barco Vargas, en una casona de la calle 10 con carrera 4 que fue dotada con 10 salas dedicadas a contar la historia de Bogotá.

“Ingresaron a la colección piezas icónicas como el tranvía de mulas, la Urna Centenaria, un amplio conjunto de teléfonos antiguos, equipos usados por los bomberos de Bogotá a inicios del siglo XX, maquetas talladas en madera y varios planos históricos”

En 1989, debido al deterioro del inmueble, el museo se trasladó a la Casa de los Comuneros. Un lustro después, fue reubicado en el Planetario Distrital y para 2003 cambió su nombre al Museo de Bogotá.

Cuando ingresó a la estructura organizacional del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, es decir en 2006, el museo quedó con dos sedes: la Casa Sámano, restaurada y puesta en funcionamiento en 2008, y la Casa de los Siete Balcones, entregada en 2015.

“Este museo cuenta con dos huertas que ahora hacen parte de nuestras exposiciones y procesos de educación ambiental. Están ubicadas en las dos sedes y tienen como protagonistas a las plantas medicinales”, precisó David.

Los asistentes al taller ingresaron a un salón de la Casa Sámano desde donde se puede apreciar la magia verde de una de las huertas. Allí, Andrea Aragón dio la apertura de la actividad con una pequeña charla sobre las cinco rutas agroecológicas de Bogotá.

“Las rutas agroecológicas son recorridos interactivos en donde las huertas de Bogotá se conectan entre sí. Los ciudadanos participan de actividades basadas en la educación ambiental y la agricultura urbana”.

Andrea también brindó un abrebocas sobre el “Biocosturero”. “Hoy vamos a hacer postales en homenaje a la biodiversidad con varios residuos textiles. Tendrán la oportunidad de conectarse con el territorio a través del bordado, tejido, costura y el reciclaje textil”.

Paula Sánchez complementó la introducción. “El arte tiene el poder de bordar lo invisible: los afectos, las memorias y las luchas cotidianas. En el Biocosturero, cada puntada es un acto de resiliencia, de sanación y de encuentro”.

Según la joven paquera y huertera, a través del textil se crea un lenguaje común que permite narrar el territorio, habitar el humedal con sensibilidad y cultivar el cuidado como práctica colectiva.

“El arte aquí no adorna. Transforma, reconstruye la confianza, repara heridas y convoca a la acción. Porque cuando una comunidad crea junta, también resiste, cuida y florece”.

Antes de entrar en materia, Paula les informó sobre los 16 años de vida de la huerta Monterrey, un largo proceso comunitario que ha arrojado varios frutos agroecológicos, educativos y ambientales en el territorio.

“Estamos ubicados en Techotiba, nombre ancestral muisca de de la localidad de Kennedy que significa territorio del agua. Por eso, nuestro principal objetivo es tejer comunidad para conocer y proteger nuestros humedales, en especial El Burro”.

Tambores de bordados; retazos de telas de diferentes colores y formas; estampados lisos y brillantes; hilazas y agujas; fueron ubicados sobre una mesa. “Estos serán nuestros elementos para darle vida a las postales de la biodiversidad”.

Paula les mostró dos libros con varias imágenes de la fauna y flora de Kennedy: el ‘Bestiario’ de las criaturas de la localidad y la guía de aves de Techotiba. “En estos ejemplares van a encontrar la inspiración para crear las postales”.

Durante más de dos horas, los asistentes bordaron y tejieron en los materiales textiles reciclados varios paisajes ambientales, como los humedales, además de tesoros como la rana sabanera, búhos, garzas y otras especies de aves.

“Esta actividad no fue silenciosa. Todo lo contrario, fue un compartir de saberes donde todos los ciudadanos contaron historias de la defensa comunitaria en sus territorios mientras hacían las obras de arte biodiverso”, informó Andrea.

El taller terminó con recorridos por las huertas de las dos sedes del Museo de Bogotá. David Wilches informó sobre las actividades de mantenimiento y la ayuda que han recibido de Hugo Pedraza, el jardinero y huertero fiel de la Quinta de Bolívar.

“Los participantes aprendieron de agricultura urbana y se llevaron a sus casas las postales biodiversas del ‘Biocosturero’. Nos aseguraron que van a seguir haciendo esta actividad en familia con las prendas de vestir que ya no utilizan”, precisó la bióloga del JBB.

La profesional del equipo de rutas agroecológicas invitó a la ciudadanía a estar pendiente de las redes sociales de la entidad. “Muy pronto vamos a publicar el segundo taller que haremos en alguno de los museos del centro con los que tenemos la alianza”.

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

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Jardín Botánico de Bogotá