• En la conferencia Tropentag, realizada en Bonn (Alemania), Johanna Aristizábal presentó esta nueva estrategia que busca mejorar la sostenibilidad e impulsar la economía de los huerteros bogotanos.
  • En un póster, esta ingeniera química del Jardín Botánico José Celestino Mutis plasmó cómo las hortalizas, frutales y plantas medicinales de seis huertas de Suba y Usaquén, lograron ser parte de los platos gastronómicos del restaurante Oda.
  • La profesional también participó en un seminario sobre sistemas agrícolas y alimentarios para la seguridad alimentaria y conservación de la biodiversidad, y además conoció los Jardines Botánicos de Colonia y Bonn.

En octubre de 2024, cuando Johanna Aristizábal Galvis empezó a trabajar en el Jardín Botánico de Bogotá (JBB), un bosque urbano de 20 hectáreas con 70 años de historia, inmediatamente supo que iba a fusionar sus dos pasiones: la investigación y la agricultura urbana.

Esta ingeniera química de la Universidad Nacional de Colombia y magíster en desarrollo e innovación de alimentos y agricultura internacional sostenible, ingresó a un grupo que tendría a su cargo el desarrollo de una estrategia para impulsar la economía de los huerteros.

Cuatro profesionales debían desarrollar un clúster de agricultura urbana en torno a huertas en transición agroecológica, una nueva línea de un proyecto de investigación que busca involucrar a las huertas urbanas con el mercado local.

El clúster, según cuenta Johanna, le apunta a trabajar con varios huerteros urbanos de la ciudad para que sus hortalizas, frutales o plantas medicinales sean parte de las recetas o platos gastronómicos de algunos restaurantes u hoteles.

“Uno de los objetivos es promocionar las 40 especies útiles y promisorias, algunas nativas y ancestrales, que fueron estudiadas por la Subdirección Científica del JBB debido a sus propiedades beneficiosas para la nutrición o la medicina”.

Además, el equipo tenía que evaluar el impacto de la agricultura urbana en el contexto local a través de indicadores de sostenibilidad ambientales, sociales y económicos en una muestra representativa de huertas.

“Entre estos indicadores están la captura de carbono, resiliencia climática, seguridad y soberanía alimentaria, productividad, eficiencia, economía local, la huella hídrica y de carbono, biodiversidad y visitantes florales”.

Esta novedosa estrategia del programa distrital de agricultura urbana y periurbana del Jardín Botánico, que nació en 2004 y es liderado por la Subdirección Técnica Operativa, empezó con un piloto en las localidades de Suba y Usaquén.

Decenas de huerteros de estos territorios del norte de la ciudad conocieron el proyecto de investigación. Oda, un restaurante de cocina de autor que celebra los sabores colombianos utilizando ingredientes de las huertas urbanas, sería el gran aliado.

Seis agricultores urbanos aceptaron participar y en diciembre del año pasado, el equipo del clúster fortaleció sus huertas con algunas de las 40 especies priorizadas. “Les llevamos mostaza roja, con un sabor picante; la guaca; el canelón; y el ruibarbo, con tallos para dulces y cócteles”.

Según Johanna, varias de las especies fueron seleccionadas por el restaurante Oda luego de varios talleres de cocreación con el JBB y los seis huerteros, “donde sus chefs probaron los sabores de estas plantas y conocieron sus características y propiedades”.

Los regalos verdes de las seis huertas de Suba y Usaquén fueron incluidos en varios de los platos y cocteles de Oda, restaurante que les paga por este material vegetal y además lleva a sus clientes a conocer los terruños agroecológicos.

“Los huerteros también recibieron talleres en habilidades financieras y estrategias de ventas para que pudieran darle un buen valor económico a sus productos agroecológicos. Estas huertas también venden servicios, como recibir visitantes para que conozcan su historia”.

El primer piloto del clúster de agricultura urbana ha arrojado varios frutos. Además de mejorar la economía de los huerteros y que sus hortalizas, frutales o plantas medicinales sean parte de recetas de alta cocina, el restaurante los visibiliza.

“Oda ha hecho muchos videos y piezas comunicativas con las historias de algunos de los seis huerteros del clúster, material que divulga con frecuencia en sus redes sociales. Por eso, las visitas de los ciudadanos a las huertas se ha incrementado bastante”.

Actualmente, el equipo del clúster de agricultura urbana adelanta el segundo piloto en la localidad de San Cristóbal con 10 huertas comunitarias ubicadas en el Parque Ecológico Distrital de Montaña Entrenubes.

“Estas huertas son impulsadas por la Fundación Mujeres Empresarias Marie Poussepin y le van a vender rábanos y zanahorias babies, es decir pequeñas, acelgas y otros productos, al hotel Sofitel. Las huerteras ya están sembrando las especies escogidas por el hotel”.

¡A cruzar fronteras!

En sus tiempos libres, Johanna, que habla a la perfección inglés, navega por el ciberespacio en busca de nuevos cursos, diplomados y talleres que le permitan fortalecer sus conocimientos en agricultura urbana o robustecer su hoja de vida como investigadora.

En febrero de este año, encontró la convocatoria “Transformando los sistemas agrícolas y alimentarios para la seguridad alimentaria y la conservación de la biodiversidad”, un seminario virtual y presencial que se llevaría a cabo en tres universidades de Alemania.

La profesional del Jardín Botánico cumplía con el principal requisito del seminario: ser exalumna de este país europeo. La maestría en agricultura internacional sostenible la finalizó en 2021 en la Universidad de Göttingen.

“Me interesó mucho porque el seminario estaba relacionado con los temas que trabajamos en el clúster, como agroecología, seguridad alimentaria, conservación de la biodiversidad, reconexión con la naturaleza y transformación de los sistemas agroalimentarios”.

El seminario del Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD) y el Instituto de Tecnología y Gestión de Recursos Naturales de la TH Köln, Universidad de Ciencias Aplicadas, buscaba fortalecer habilidades para la transformación de los ecosistemas alimentarios y agrícolas.

“También le apuntaba a conciliar los intereses contrapuestos de la sociedad humana con los problemas ambientales globales. El seminario hizo especial hincapié en la integración del conocimiento local y en el fomento del intercambio regional de experiencias”.

Además, Johanna podía participar en la Conferencia Internacional Tropentag “Conciliando los cambios en el sistema terrestre con la salud planetaria”, que este año estuvo centrada en la investigación de la agricultura tropical y subtropical, desarrollo rural y gestión de los recursos naturales. 

“El seminario y la conferencia abordarían dos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS): lograr la seguridad alimentaria y promover la agricultura sostenible; y proteger, restaurar y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres y gestionar los bosques de forma sostenible”.

Luego de conocer que la mayoría de costos serían cubiertos por fondos del DAAD proporcionados por el Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania (BMZ), Johanna le pidió permiso a Wilson Rodríguez, coordinador de agricultura urbana del JBB, para participar en el seminario.

“Le comenté que el seminario y la conferencia nos iban a permitir dar a conocer el programa de agricultura urbana de Bogotá y el nuevo clúster, además de hacer conexiones con expertos y fortalecer mis conocimientos con otras experiencias a nivel mundial”.

Agricultura urbana en Alemania

605 investigadores de diferentes partes del mundo se postularon a la convocatoria. En mayo, Johanna recibió un correo que le informaba que fue una de las 75 personas becadas para participar en el seminario y la conferencia.

“El seminario se realizaría en tres universidades alemanas y nos daban la oportunidad de escoger una. Yo seleccioné la Universidad de Ciencias Aplicadas de Colonia (Köln) porque los cursos estaban enfocados en agroecología y agricultura sostenible”.

Antes de viajar a tierras alemanas, entre junio y agosto la profesional del Jardín Botánico participó en varias versiones virtuales donde se abordaron temas como los principios de transformación, la toma de decisiones y autoaprendizaje.

“Conferencistas de Mozambique, Brasil, la Universidad TH Köln, la Alianza Bioversity International y CIAT, nos brindaron capacitaciones y experiencias sobre la aplicación de sistemas para mejorar las condiciones de vida de los agricultores, la biodiversidad, la reforestación y una metodología para transformar los sistemas agroalimentarios”.

También dialogaron en grupo sobre casos prácticos reales para desarrollar soluciones que logren transformar el sistema agroalimentario. “En las últimas sesiones nos dieron varias recomendaciones para preparar el póster que debíamos mostrar en la fase presencial”.

El 30 de agosto, Johanna se subió al avión que la llevaría a tierras alemanas. Su viaje, debido a varias conexiones, duró dos días. “Yo solo tuve que pagar el 20% de los tiquetes aéreos; los demás gastos, como hoteles, alimentación y transporte, fueron cubiertos por la beca”.

El 1 de septiembre, la ingeniera llegó a la ciudad de Colonia. En un hotel se encontró con 24 colegas de 17 países, quienes recibieron todo el itinerario del seminario y las rutas para coger el metro que los llevaría a la universidad.

Durante siete días, los 25 estudiantes participaron en una sesión de aportes con expertos; grupos de trabajo; talleres, debates y retroalimentación; presentación de resultados; taller de networking; y un encuentro de exalumnos y estudiantes de la universidad de Köln.

“Fue una experiencia muy enriquecedora porque conocimos proyectos de agroecología en 17 naciones donde los protagonistas son los agricultores o huerteros. Aprendí sobre agricultura de conservación para mejorar la salud del suelo, prácticas agroecológicas para mejorar la resiliencia de los sistemas alimentarios, conservación de la biodiversidad mediante un enfoque de agricultura regenerativa y ecogranjas sostenibles en manglares”.

A los expertos de la universidad alemana y sus compañeros, de los cuales solo tres eran colombianos, Johanna les contó sobre el programa distrital de agricultura urbana y periurbana de Bogotá, que ya suma más de 20 años de vida.

“Les conté sobre las líneas de asistencia técnica y capacitaciones que hacemos en territorio, que ya suma cerca de 15.000 huertas urbanas fortalecidas; gastrobotánica y transformados; comercialización; rutas agroecológicas y redes de agricultores urbanos y periurbanos y el clúster de agricultura urbana”.

Según la ingeniera, una de las conclusiones de la fase presencial del seminario es que los fenómenos no pueden entenderse si solo se estudian sus partes por separado. “Lo que explica su comportamiento son las relaciones, interacciones y retroalimentaciones entre esas partes”.

Los 25 becados conocieron Metabolon, un centro de educación, investigación e innovación en Leppe donde funcionó un vertedero de basura y luego se convirtió en un espacio de energía renovable, tecnologías ambientales y economía circular.

También recorrieron Solawi Köln (Agricultura Solidaria de Colonia), una asociación autosuficiente de cosechadores solidarios que cultiva hortalizas frescas de alta calidad y paga una cuota anual de membresía de 36 euros.

“Está conformada por 300 familias y 700 miembros que reverdecen una huerta de tres hectáreas liderada por 30 personas calificadas. Producen 55 diferentes vegetales, tienen 13 puntos de entrega y generan 55 toneladas de vegetales al año. Este tipo de asociación podría aplicarse en Bogotá a futuro”.

Conferencia internacional

El 8 de septiembre, los 25 becados que se capacitaron en la universidad TH Köln llegaron a Bonn, una ciudad alemana que fue la capital de la República Federal de Alemania, para participar en la Conferencia Internacional Tropentag 2025.

llegaron

Cuando se encontraron con los otros 50 ciudadanos que recibieron talleres y charlas en otras dos ciudades alemanas, los estudiantes compartieron sus experiencias y expectativas sobre la conferencia internacional anual liderada por la academia alemana y varias organizaciones.

Johanna recuerda que su llegada a Bonn estuvo cargada por el nerviosismo. “Debía presentar el póster sobre el clúster de agricultura urbana del JBB que hice durante los talleres en Colonia. Este fue uno de los nueve que escogieron los expertos de los 25 propuestos por mi grupo”.

“Clúster de Agricultura Urbana: una estrategia para mejorar el desarrollo sostenible, la seguridad alimentaria y la conservación de la biodiversidad en zonas urbanas, nombre de póster, fue ubicado en un amplio showroom de la conferencia.

Varias infografías revelaban el proceso adelantado por el JBB y el restaurante Oda en las huertas Tunta Chavela, Uchuva, Los Helechos, Jacana, Oasis Urbano Bogotá y Cobá: el hogar de las abejas.

Entre las cifras que Johanna destacó en el póster estaban: la diversidad de 174 y 59 familias botánicas identificadas en las seis huertas; una carta de coctelería 100% inspirada en sus plantas; y varios desarrollos gastronómicos.

“El restaurante ha creado varias recetas con las plantas de estas huertas, como helado de anisillo, garnish de Guaca, licor de canelón, almíbar de hierbas andinas, sal de mostaza roja, almíbar de ruibarbo y garnish de ruibarbo”.

Los nervios de la ingeniera química llegaron al tope el 10 de septiembre cuando tuvo que hablar de su póster en el workshop titulado “Cómo fortalecer las redes de valor alimentario para una transición agroecológica sostenible: experiencias, oportunidades, opciones y perspectivas”.

El reto era mayúsculo: tenía que hacerlo en un minuto. “Los organizadores de la conferencia escogieron la modalidad rapid fire. Durante el seminario hice mi discurso y por fortuna no me pasé ni un segundo; a algunos de mis compañeros los cortaron por exceder el tiempo máximo”.

Según Johanna, el clúster de agricultura urbana del JBB les llamó mucho la atención a los asistentes, al igual que la gran cantidad de huertas que hay en Bogotá y los proyectos liderados por la entidad como centro de investigación.

“En Colonia, el modelo de agricultura urbana se basa en la asociatividad. Los consumidores pagan una membresía en una huerta grande y con ese dinero se cubren los honorarios de las personas que producen y ellos distribuyen los productos. Esto asegura la producción”.

En la conferencia internacional, Johanna también asistió a varias charlas magistrales relacionadas con la agricultura urbana y la agroecología, encuentros académicos que le dejaron nuevos conocimientos y los cuales espera aplicar en el proyecto del clúster.

“Participé en conferencias relacionadas con soluciones sostenibles para una agricultura resiliente al clima; sistemas alimentarios sostenibles; biodiversificación de la agricultura; servicios ecosistémicos para la resiliencia; integración de energías renovables; y cómo la agricultura urbana cultiva la cohesión social”.

Además, hizo sinergias con representantes de varios países. Por ejemplo, una investigadora de Irán que realizó la ponencia la agricultura urbana cultiva la cohesión social, actualmente profesora invitada en la Universidad de Kassel (Alemania), quiere conocer más de la investigación realizada en el clúster de agricultura urbana.

“Ella lideró un proyecto de cuatro años en el municipio de Mashhad, Irán con el apoyo de la Universidad Ferdowsi de Mashhad, sobre la cohesión social en la agricultura urbana; los resultados de este trabajo los presentó en la conferencia Tropentag”.

Johanna invitó a la investigadora como ponente al II seminario internacional ciencia, tecnología e innovación al servicio de las coberturas vegetales urbanas, realizado en el Jardín Botánico en octubre de 2025, para aportar su experiencia en el tema de agricultura urbana.

Recorridos botánicos

La nueva experiencia de Johanna en Alemania, que terminó el 13 de septiembre, también le permitió conocer dos antiguos reservorios de diversidad botánica: los Jardines Botánicos de Köln (Colonia) y Bonn.

“No podía irme de este país europeo sin conocer estos jardines que fueron recorridos por el sacerdote y botánico Enrique Pérez Arbeláez, fundador del Jardín Botánico de Bogotá que se formó académicamente en Alemania”.

El Jardín Botánico de Köln, con una historia que data de 1864, incorpora elementos del barroco francés, el renacimiento italiano y el paisajismo inglés. En 1914 fue adquirido por la ciudad de Colón y en 1987 fue restaurado.

Mide 11,5 hectáreas y alberga más de 10.000 especies botánicas y un huerto agrícola con cultivos locales. Tiene tres casas climáticas: tropical, subtropical (plantas de América, África, Asia y Australia) y de cactus y suculentas de los desiertos.

“Me sentí como en un cuento mágico cuando vi el palacio de Cristal, un invernadero inspirado en el Crystal Palace (Londres) y el Jardin d’Hiver (París) que cuenta con más de 5.000 especies. También me gustó mucho el jardín de las dalias, con 330 variedades y 1.200 plantas”.

La visita al Jardín Botánico de Bonn fue la más especial para Johanna. En 1746, el Palacio Poppelsdorf, de estilo rococó y que se encuentra en el jardín, fue terminado por el arzobispo Clemens August. En 1818, cuando se fundó la Universidad de Bonn, el primer director lo enfocó en la botánica científica. Su lema es recolectar, comprender, experimentar y preservar la diversidad vegetal.

“Para 1900, era el segundo jardín botánico más importante de Alemania. El padre Enrique Pérez Arbeláez lo conoció, por lo cual tenía un significado más especial para mí, pero fue completamente destruido durante la Segunda Guerra Mundial”.

La reconstrucción de esta joya histórica se dio entre 1979 y 1984. Tiene un área de 6,5 hectáreas abiertas al público y tres hectáreas privadas; cuenta con alrededor de 8.000 especies de plantas; y los jardines exteriores albergan 3.000 especies.

Lo conforman las casas de selva tropical, monzón, helechos, suculentas, Victoria (donde está la emblemática Victoria regia) y mediterránea. El invernadero mide 2.500 metros cuadrados y resguarda 3.000 especies.

“Me llamó mucho la atención que los diseños de estos dos jardines tienen similitudes con el de Bogotá. Aunque la mayor fuente de inspiración del padre Pérez Arbeláez fue el Jardín Botánico de Múnich, me pareció que estos también lo inspiraron para crear su joya botánica colombiana”.

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

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Jardín Botánico de Bogotá