- Johnny Ramírez es un ingeniero forestal que se convirtió en huertero y apicultor en un amplio terreno del Salitre, un barrio ubicado en una de las montañas de Suba.
- Hace siete años le dio vida a ‘Coba: el hogar de las abejas’, un emprendimiento ambiental y turístico con el que comercializa hortalizas, frutas, plantas medicinales, miel, polen y propóleo.
- Cuarta entrega del especial de crónicas de los huerteros que hacen parte del clúster de agricultura urbana del Jardín Botánico José Celestino Mutis.

Desde muy niño, Johnny Steven Ramírez, un bogotano tímido, acuerpado y con las manos ásperas por el manejo del azadón, quedó impresionado por los colores y formas de los árboles y plantas que veía en las montañas de Suba.
La curiosidad verde lo llevó a devorarse cientos de libros de botánica para así conocer a profundidad las propiedades de las especies que observaba a diario en los alrededores de su casa rural ubicada en el barrio Salitre.
Cuando terminó el colegio, sus padres no se sorprendieron que escogiera como carrera universitaria la ingeniería forestal, una ciencia dedicada al cuidado y gestión de los bosques y los recursos naturales de los ecosistemas forestales.
Johnny pensaba que su pasión por la botánica y las buenas notas que siempre tuvo en su vida universitaria, lo llevarían a encontrar trabajo fácil como ingeniero forestal en Bogotá. Sin embargo, no fue así.
Luego de recibir el diploma, no encontró una oferta laboral digna o interesante. “Eso me desmotivó mucho y alcancé a pensar que el mundo laboral ambiental no me iba a abrir sus puertas”, recuerda este joven de 32 años.
El turbio panorama encontró un nuevo horizonte cuando un amigo que vive en Tena (Cundinamarca) lo invitó a su finca para que conociera un cultivo de cítricos donde no aplicaba químicos. “Así conocí la agricultura orgánica o la agroecología”.

En varias visitas a la finca de su amigo, Johnny empezó a aprender sobre esta ciencia y se motivó a aplicarla en un predio de dos hectáreas ubicado al frente de su casa, un sitio que el dueño se lo había arrendado a su papá hace varios años.
En 2019, cuando Johnny tenía 25 años, le pidió permiso al propietario para convertir varias zonas del predio en una huerta urbana. Antes de hacerlo, hizo la rutina literaria que lo enamoró de la botánica en su infancia.
“Consulté libros y videos de Jairo Restrepo Rivera, uno de los mayores referentes en agricultura orgánica. Poco a poco empecé a aplicar los nuevos conocimientos en una pequeña parte del predio donde sembré uchuvas”.
Luego, el nuevo huertero fue a la Universidad Jorge Tadeo Lozano a comprar plántulas de otras especies. Con su padre y un tío, las sembraron en el terreno. “Apliqué varios abonos foliares orgánicos y las cosechas se dieron muy bien”.
Su sed de nuevos conocimientos no se detuvo. Johnny consultó estudios científicos, libros y artículos en internet para aprender más sobre nutrientes, minerales y abonos orgánicos. “Aprendí que una huerta es de ensayo y error: es necesario investigar, analizar, experimentar y corregir”.
La huerta urbana de este joven, ubicada en una zona de ladera, quedó conformada por aproximadamente 2.000 metros cuadrados que llenó de cebolla larga, acelga, espinaca, coliflor, brócoli, papas nativas, tomate de árbol, lulo, fresa, granadilla, curuba y mora.

La casa de las abejas
El joven huertero quería ir más allá de sembrar y cosechar alimentos agroecológicos para el consumo familiar. Decidió fortalecer un apiario que ha pasado de generación en generación en su familia para comercializar la miel de las abejas.
“El barrio está en una zona semi-rural y por eso varios habitantes del barrio han construido colmenas en las zonas verdes de sus casas. Las de mi familia están en el predio arrendado desde hace más de 30 años; mi abuelo fue el pionero y se las heredó a mi papá”.
“Le propuse a mi padre ampliar el proyecto para poder aprovechar otros productos además de la miel, como el propóleo, polen y la jalea real. Además, quería brindarles un nuevo hogar a muchas abejas más”.
Su padre aceptó. Pero antes de aventurarse en el nuevo proyecto, Johnny se inscribió en un diplomado de la Universidad Nacional de Colombia dictado por uno de los grandes expertos en abejas del país: el entomólogo Jorge Tello.
En esta nueva experiencia académica, el joven huertero aprendió sobre métodos de extracción, reproducción en las colmenas, creación de nuevas reinas, el mejor manejo de un apiario y la cosecha de jalea real, propóleo, polen y miel.
Con estos conocimientos realizó varios cambios en el antiguo apiario familiar, como trasladar 10 colmenas a la zona más alejada del predio y ubicar una polisombra para disminuir la agresividad de las abejas.

“Esta tela era fundamental para evitar que nos atacaran. Por ejemplo, cuando hemos cosechado la miel, la mayoría de las abejas se alborotan mucho y por eso fue necesario adecuar una zona pequeña con cerramiento para no tener inconvenientes”.
Johnny y su padre empezaron a vender botellas de varios tamaños con los regalos de las abejas. La más grande, de 750 mililitros, es de miel y pesa un kilogramo. El polen se cosecha para alimentar a las abejas durante el invierno y también para comercializarlo en el barrio.
Por su parte, el propóleo es cosechado en bruto por medio de un proceso de extracción con alcohol etílico al 96%. “Eso da un líquido o tintura que es el extracto de propóleo, producto que vendemos en frascos de 30 mililitros”.
Emprendimiento turístico
El emprendimiento de huerta urbana y apiario de este predio del Salitre, un barrio montañoso donde en las mañanas se puede apreciar la belleza de los nevados del Tolima y Ruiz, necesitaba de un nombre.
El ingeniero forestal escogió Coba, una palabra de los mayas que significa agua con musgo. “Lo nombre ‘Coba: el hogar de las abejas’ y luego una compañera de la universidad me dijo que debía ser un proyecto ecoturístico; pero la idea no me sonó mucho”.
Al poco tiempo, profesionales del Jardín Botánico de Bogotá (JBB) lo contactaron para conocer su trabajo como huertero y le propusieron recibir las capacitaciones de su proyecto de agricultura urbana y periurbana.

“Los cursos me permitieron fortalecer conocimientos en abonos orgánicos, técnicas de siembra y riego y preparación de biopreparados para el manejo de las plagas. Los profesionales también me dieron insumos como abonos, cascarilla de arroz y humus”.
En septiembre de 2021, sus maestros del Jardín Botánico visitaron su huerta llena de abejas para proponerle participar en un nuevo proyecto que busca incentivar el turismo en algunas huertas urbanas de la ciudad.
“Me dijeron que si quería participar en las rutas agroecológicas ‘De huerta en huerta’, una estrategia que cuenta con el apoyo del Instituto Distrital de Turismo y que iba a nacer en la localidad de Suba con la ruta ‘Del sol y del agua’”.
Johnny recordó las palabras de su compañera de universidad de convertir su emprendimiento en un proyecto turístico y aceptó encantado la propuesta. Ingresó al grupo de cinco huertas de la ruta de Suba.
“Lo conformamos Coba, Vivero Ambientes Naturales (ahora Jacana), Micaela, Guerreros y Guerreras en Acción y el aula ambiental Mirador de Los Nevados. El objetivo es que los turistas nacionales y extranjeros conozcan nuestros procesos y productos”.
Según Johnny, cada una de las huertas tiene un potencial y la suya son las abejas. “Los turistas pueden entrar al apiario con los trajes de protección para aprender sobre el proceso de cosecha y los métodos de extracción que hacemos”.

Esta iniciativa le ha permitido generar nuevos recursos económicos a través de las visitas de los turistas a su emprendimiento. “Además de conocer la huerta y las colmenas, compran las hortalizas, frutas y los productos que nos dan las abejas”.
La casa de las abejas en este sector montañoso de Suba también está presente en el ciberespacio. El joven abrió perfiles en varias redes sociales con el nombre de ‘Coba, el hogar de las abejas’ (Instagram y Facebook).
“Hemos logrado consolidar una clientela fija que nos encarga miel, propóleo, polen, hortalizas, frutas y abonos. Mi novia y hermana también promocionan el emprendimiento con sus amigos y además hacemos domicilios”.
Sigue creciendo
Siete años después de iniciar con este proyecto ambiental y agroecológico, ‘Coba, el hogar de las abejas’ se sigue fortaleciendo. Según Johnny, con la ruta agroecológica de Suba, una de las cinco que ha lanzado el JBB, son cada vez más las personas que visitan su emprendimiento.
“Durante los primeros meses de la ruta, eran contados los grupos que venían a Coba. Pero con el paso del tiempo, la cifra de visitantes se fue incrementando y eso nos obligó a perfeccionar los discursos, recorridos y zonas de la huerta y el apiario”.
Por ejemplo, algunas áreas del predio que rodean el apiario fueron protegidas con polisombra para evitar accidentes. “En un recorrido, a una de las visitantes se le metió una abeja en el traje y no teníamos una zona para atenderla; eso nos llevó a mejorar la seguridad”.

Los visitantes de Coba quieren pasar rápido de la teoría a la acción. Por eso, Johnny, que siempre habla con términos de ingeniero forestal, editó su discursó y lo hizo más dinámico para que las personas no se aburran.
“La experiencia en el emprendimiento ahora es más de vivencia y de agudizar los sentidos. Entre los grupos que más nos visitan están los niños y jóvenes que reciben su educación en casa, es decir de la estrategia de homeschooling; todos son bastante curiosos”.
En los recorridos, los turistas se sumergen en el verde de Coba y aprenden que las abejas no son las villanas de la naturaleza. “Acá les enseñamos que las abejas son las grandes polinizadoras del planeta y el importante papel que cumplen en todos los ecosistemas”.
Johnny mantiene las 10 colmenas originales del apiario, un número que muchas personas piensan que se debe incrementar. “Eso no es necesario. Para producir más no basta con tener más colmenas; es como tener dos vacas y solo alimento para una”.
Lo que sí ha cambiado es la cobertura vegetal del predio. El joven huertero y apicultor está metido de cabeza en plantar árboles y arbustos con flores que les brindan alimento a las abejas, como abutilones, arbolocos y mermeladas.
“La especie que más propago y planto es el arboloco, un árbol nativo que crece rápido, atrae mucha avifauna y es pionero en los procesos de restauración ecológica. Cuando alguno cumple su ciclo de vida, utilizamos su madera en las zonas del predio”.

También ha ampliado los productos que salen de la materia prima natural de los apiarios. Además de vender miel, propóleo y jalea, con su papá elaboran bálsamos, pomadas y vino de frutas.
“Los grandes compradores de nuestros productos son los turistas que nos visitan a través de la ruta agroecológica. Mi mamá se involucró en el emprendimiento con la siembra y cosecha de varias variedades de lechugas en la huerta”.
‘Coba, el hogar de las abejas’ tiene tres recorridos para los amantes de la naturaleza. El más sencillo es por las zonas de la huerta, donde conocen sobre las especies de hortalizas, frutas y plantas medicinales, y los fertilizantes naturales.
“También les explico sobre la maquinaria que usamos y les recalco que la agricultura urbana está rezagada porque seguimos sembrando con azadón. Con las nuevas tecnologías, podríamos disminuir los costos de producción”.
El segundo tiene como protagonistas a las abejas. Johnny les muestra una colmena de observación en vidrio donde conocen cómo trabajan estos polinizadores. “También prueban la miel y aprenden sobre el proceso de polinización”.
En el recorrido más completo, que puede durar cerca de tres horas, los turistas se sumergen en el apiario vestidos con trajes especiales. Antes, Johnny les brinda una actividad llamada guión interpretativo.

“Les cuento una historia relacionada con las abejas y varios de los participantes deben interpretar un personaje. Esta actividad rompe el hielo y todos pierden la timidez y empiezan a preguntar”.
“En el interior del apiario primero se asustan por la cantidad de abejas que salen de la colmena que destapamos y por sus fuertes zumbidos. Pero luego de unos minutos, los nervios desaparecen y todos se acercan a la caja para ver cómo es su interior”.
Nuevo proyecto
A finales de 2024, el Jardín Botánico inició un nuevo proyecto de agricultura urbana que busca impulsar la economía de los huerteros a través de alianzas comerciales con algunos restaurantes y hoteles.
Johanna Aristizábal Galvis, ingeniera química de la Universidad Nacional de Colombia y magíster en desarrollo e innovación de alimentos y agricultura internacional sostenible, fue contratada para liderar el clúster de agricultura urbana.
“Con cuatro profesionales empezamos a crear esta estrategia que le apunta a que algunos de los huerteros que tienen excedentes de productos en sus huertas, puedan venderlos de manera más efectiva”.
Lo primero fue seleccionar algunas de las 40 especies útiles y promisorias de la agricultura urbana que fueron estudiadas por la Subdirección Científica del JBB, algunas nativas y ancestrales.

Luego, como el clúster también busca evaluar el impacto de la agricultura urbana en el contexto local, Johanna y su equipo seleccionaron indicadores de sostenibilidad ambientales (biodiversidad, resiliencia ambiental y uso eficiente de recursos); sociales (seguridad y soberanía alimentaria y bienestar humano) y económicos (productividad y eficiencia, y economía local).
“Estos indicadores no solo son para las seis huertas que forman parte de la célula de producción del territorio norte; también trabajamos en una muestra representativa de huertas en las diferentes localidades de Bogotá”.
El clúster inició en las localidades de Suba y Usaquén. Decenas de huerteros fueron llamados a conocer este proyecto de investigación que contaría con Oda, un restaurante de cocina de autor que celebra los sabores colombianos.
“Seis agricultores urbanos aceptaron la propuesta y en diciembre de 2024 fortalecimos sus huertas con más de 10 de las 40 especies priorizadas, como mostaza roja, guaca, canelón y ruibarbo”, informó la ingeniera.
Tunta Chavela, Uchuva, Los Helechos, Jacana, Oasis Urbano Bogotá y ‘Cobá: el hogar de las abejas’, fueron visitadas por los chefs de Oda para realizar varios talleres de cocreación y así escoger las especies con las que iban a elaborar cocteles y postres.
Los seis huerteros sembraron especies como mostaza roja, guaca, canelón, ruibarbo y otros tesoros ancestrales. Cuando salieron las primeras cosechas, Oda empezó a comprarles los productos.
“También recibieron talleres en habilidades financieras y estrategias de ventas para que pudieran darle un buen valor económico a sus productos agroecológicos. Algunos ofrecieron servicios como recibir visitas de los clientes del restaurante”.

Cuando Johnny conoció los pormenores del clúster, lo primero que pensó fue que era la cúspide de la línea huertera de su emprendimiento: por fin iba a poder comercializar, en cantidades destacadas, las hortalizas de su huerta.
“Nuestras hortalizas, frutales y plantas medicinales no habían podido llegar a un mercado final. Solo se las vendíamos a los vecinos del barrio, a las personas que participan en los recorridos de la ruta o en los pedidos que nos hacen por las redes sociales”.
Con el proyecto del clúster, Johnny vio una gran oportunidad de negocio. “Fue bastante motivante porque un reconocido restaurante nos iba a comprar las nuevas especies que nos dio el JBB y a buen precio”.
El ingeniero forestal destinó varias zonas de la huerta, ubicadas en terrazas, para sembrar canelón, ruibarbo, guaca, anisillo y mostaza roja. “Los chefs del restaurante Oda nos visitaron y conocieron el proceso”.
Las siembras y cosechas de las nuevas especies han sido exitosas. “Contamos con un suelo que tiene buena materia orgánica y por eso la mayoría de las cosechas se nos dan muy bien”.
El restaurante les empezó a pedir la producción agroecológica a los seis huerteros del clúster. Sin embargo, Johnny considera que no se tuvo en cuenta que los tiempos de producción de cada una de las especies es distinto.

“Además, solo nos pedían anisillo y canelón, especies con las que elaboran sus cocteles. Como este proyecto es un piloto, empezamos a analizar las falencias con los demás huerteros y se las informamos al JBB”.
Por ejemplo, Johnny expresó que es necesario ajustar asuntos como la cantidad de los pedidos y el transporte. “Por ahora nos están pidiendo pocas cantidades y eso no cubre el costo del transporte desde Suba hasta Cedritos, donde queda Oda”.
A pesar de las dificultades, el huertero y cuidador de las abejas afirma que esta experiencia ha sido muy valiosa. “Es la primera vez que los huerteros de Bogotá trabajan con un restaurante tan grande. Lo que debemos hacer es sentarnos a mejorar las falencias y seguir adelante”.
Coba encontró un nuevo aliado para comercializar los regalos de la huerta. Cityhuertas, un negocio que se articula con comunidades productoras, cocinas institucionales y biodiversidad urbana, le está comprando montones de lechugas.
“Nos piden más de 14 kilos de diversas especies de lechugas cada semana. Ya llevamos más de cuatro meses con esta alianza y hasta ahora nos está yendo muy bien; quiero que eso pase con el clúster que tenemos con el JBB y todos estamos dispuestos a hacerlo”.


Me encanta ver que mi gran alumno Johnny Ramírez, ya casi cinturón negro con nosotros, ha prosperado grandemente a través de estos años que ha compartido conmigo. Soy un consumidor de su miel desde que empezó con el proyecto y me parece que tiene mucho futuro en el campo en que se desarrolla. Lo seguiré apoyando y estando a su lado en todo este proceso.
Buenos dias, que maravilloso trabajo, felicitaciones a Johnny.
Muchos exitos se que tienes,
Continua con este Super trabajo producción y bello manejo de las abejas y todos los demas productos.
Cordial saludo,
Esperanza Salgado H.
Cel: 3002035039
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