- 26 expositores, entre huerteros, emprendedores y productores, fueron los protagonistas en la versión número 46 de este mercado, el primero de este año.
- El pasado 7 y 8 de febrero, cientos de ciudadanos se dieron cita en la plazoleta del Jardín Botánico de Bogotá para comprar sus productos saludables.
- Este encuentro honró la memoria de Elizabeth Sánchez, una huertera con sangre muisca que participó en varios mercados con sus hortalizas y plantas medicinales.

El pasado sábado 7 de febrero, cuando las manecillas del reloj marcaron las ocho de la mañana, Fanny Forero llegó a la plazoleta principal del Jardín Botánico de Bogotá (JBB) lista para llenar su carrito de tela con decenas de hortalizas y frutas.
La mayoría de los 26 expositores que participaron en la versión 46 de los Mercados Campesinos Agroecológicos “Bogotá es mi Huerta”, entre huerteros, emprendedores y productores, la saludaron cálidamente y algunos la abrazaron.
“En los más de tres años que llevan estos mercados, no me he perdido uno solo. Por esa razón me conocen como la clienta número uno de estos encuentros con el campo”, dijo esta habitante del barrio Bosque Popular.

Fanny inició su recorrido por las carpas blancas donde estaba organizada la mercancía saludable para escoger los productos más frescos y coloridos. Su caminata se detuvo en el puesto de Martha Orobajó, una huertera de la localidad Bosa con sangre muisca.
Las dos mujeres empezaron a conversar como si fueran dos amigas de antaño. En medio de la tertulia, Martha, que lidera varias huertas del Cabildo Muisca de Bosa, iba pesando las lechugas, acelgas, tomates, papas, rábanos y pimentones que escogía su cliente favorita.
“No se imagina la falta que me hizo”, le contó Fanny a la huertera. “En diciembre y enero, meses en los que no se realizó el mercado, me tocó comprar en los grandes almacenes, algo que no me gusta. La calidad de los productos no se compara a los que encuentro acá”.

Martha le recordó que podía solicitar un domicilio, algo que Fanny rechazó de tajo. “A mí me gusta escoger detalladamente los productos, es decir verlos y palparlos. Un día de estos podría ir a Bosa a conocer sus huertas, pero me da miedo perderme”.
Cuando el carrito de tela quedó casi lleno, la cliente insignia de los Mercados Campesinos Agroecológicos continuó su recorrido por las demás carpas. A Fanny también le gusta llevar huevos orgánicos y algunos transformados de la agricultura urbana.
“Aunque la gran parte de mi mercado viene del puesto de la señora Martha, algunas veces llevo pestos, antipastos o chimichurris elaborados por otros huerteros con los productos de sus huertas. En contadas ocasiones me antojo de uno que otro amasijo”.

Gran variedad
Hacia las 10 de la mañana, antes de regresar a pie a su casa, Fanny buscó a Suyapa Barón, coordinadora de los Mercados Campesinos Agroecológicos, una estrategia liderada por el Jardín Botánico que cuenta con el apoyo de la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico.
“Quería felicitarla porque en este mercado vi una gran variedad de productos. Había para todos los gustos: hortalizas, frutas y plantas aromáticas para los que nos gusta alimentarnos sano; transformados novedosos; muchos amasijos; y hasta lechona”.
Según Suyapa, la versión 46 de estos mercados contó con 26 expositores, 16 de los cuales son ciudadanos que hacen parte del proyecto de agricultura urbana y periurbana del JBB: 10 huerteros y seis transformadores locales que elaboran productos saludables.

“Los visitantes se llevaron a sus casas productos como mermeladas, pesto, chimichurri, ajíes, uchuvas, arándanos, plantas ornamentales, semillas, abonos, compost, humus, kéfir, café, jabones, aceites, cremas, bálsamos labiales e incluso derivados del cannabis”.
María Dolores Salazar, más conocida como Lolita, vendió los pestos, chimichurris, sales saborizadas y deshidratados que elabora con los productos que siembra en su huerta casera, ubicada en la localidad de San Cristóbal.
Alexandra Arias llevó varias hortalizas, aromáticas y frutas que cosecha con su mamá en Micaela, una huerta familiar ubicada en la localidad de Suba y donde también crían conejos, gallinas y vacas.
Gladys Duarte y Paula Sánchez, líderes de la huerta comunitaria Monterrey en la localidad de Kennedy, llevaron sándwiches con la lechuga de limón, el producto insignia de este proyecto comunitario, además de brevas, miel, café y cacao.

César Molina, líder de la huerta El Edén, ofreció sus mermeladas, ajíes, salsas y empanadas; Luis Eduardo Sanabria, las plantas ornamentales de la huerta de la familia Sanabria en Bosa; y Flor Ligia Gordon, de la huerta Jardín de Chía en La Candelaria, su emprendimiento de kéfir.
También participaron las frutas y vegetales de María Claudia Avendaño (huerta Kryka); las plántulas y café de Clara Moreno (huerta Raíz Viva); las conservas y antipasto de Fernando Serra (Barrios Unidos); y el emprendimiento de plantas de Jessica Ramos (Engativá).
Entre los emprendimientos de transformados estuvieron Rosemary Herbal Orgánica, liderado por Dannis Sequeira (jabones, champú, aceites y cremas); las vinagretas de Soley Durán; y los productos de cosmética natural de Luisa Guerrero (huerta La Violeta) y Ángela Ladino y Bertha Muñoz (huerta Nasa).
Suyapa informó que este Mercado Campesino Agroecológico contó con una gran representación de las rutas agroecológicas, un proyecto del Jardín Botánico que busca incentivar el turismo en las huertas de la ciudad.

“Tuvimos representantes de cuatro rutas: la de Kennedy con la huerta Monterrey; la de Chapinero con La Violeta; la de Suba con la huerta Micaela; y la del centro con el Jardín de Chía. El objetivo es que los emprendimientos de este proyecto sigan participando en los mercados”.
Por su parte, la Secretaría de Desarrollo Económico llevó a 10 productores que ofrecieron alimentos procesados como café, lácteos, frutas, amasijos, huevos, arepas, lechona y morcilla.
“El primer mercado de este año fue todo un éxito. Durante el sábado 7 y domingo 8 de febrero, 26 expositores vendieron la mayoría de sus productos e hicieron nuevos contactos que les permitirán que sus emprendimientos crezcan”, concluyó Suyapa.

Homenaje a Chavela
Varios de los agricultores urbanos que participaron en el Mercado Campesino Agroecológico número 47 le rindieron un homenaje a Elizabeth Sánchez, una mujer descendiente de los muiscas que vendió sus hortalizas y plantas medicinales en este encuentro.
Chavela, como le decían sus familiares y amigos, falleció a mediados de enero. Durante más de 40 años, esta icónica y carismática mujer de la localidad de Suba lideró una huerta familiar donde sembró una gran variedad de alimentos basada en las fases de la Luna.
“Chavelita nos acompañó en varios mercados y siempre nos brindó una sonrisa y una mano amiga. Su partida inesperada es una gran pérdida para todos los que la conocimos y para toda la agricultura urbana de la ciudad”, expresó Martha Orobajó.

Lolita Salazar, quien compartió varios mercados con esta mujer de rostro expresivo y que mantuvo vivo el legado ancestral de sus tatarabuelos muiscas en su huerta Tunta Chavela, también le dedicó unas palabras.
“Es una de las huerteras más sabias que he conocido. Aprendí mucho de su forma de sembrar, basada en las cuatro fases lunares, y siempre la recordaré por su hermosa sonrisa y palabras cariñosas. Chavelita siempre vivirá en su huerta y en el corazón de sus familiares y amigos”.
El equipo de agricultura urbana y periurbana del Jardín Botánico expresó sus más sentidas condolencias a la familia, amigos y seres queridos de Elizabeth Sánchez, “nuestra querida Chavela”.

“Fue una agricultora líder del proyecto, parte fundamental del clúster de agricultura urbana y una emprendedora comprometida con los procesos de promoción y comercialización, dejando una huella profunda desde la huerta Tunta Chavela”.
Su trabajo, liderazgo y ejemplo fortalecieron la comunidad agricultora y contribuyeron de manera significativa al desarrollo de una agricultura más justa, sostenible y cercana a la ciudad. “Chavela no solo cultivó alimentos, cultivó vínculos, aprendizajes y esperanza”.
“Lamentamos profundamente su partida, pero honramos su legado que seguirá vivo en cada huerta, en cada proceso colectivo y en cada persona que tuvo el privilegio de compartir y aprender junto a ella”.

