• Gladys Zúñiga, una campesina boyacense, lleva más de cuatro años sembrando hortalizas, frutales y plantas en varias huertas comunitarias de Bogotá.
  • En un predio de la localidad de Usme tiene sábila, tomillo, caléndula, laurel, jengibre, ortiga, maíz, habas, repollos y uchuvas.
  • Con algunos productos elabora los condimentos tradicionales de las cocinas y los vende en los Mercados Campesinos Agroecológicos del Jardín Botánico.
  • Su cultivo favorito es la ortiga: asegura que ayuda a combatir las alergias y limpiar la sangre. También vende miel de dátil, una palma que produce una almendra con poderes para combatir el cansancio y la pereza.

Gladys Zúñiga es una de las huerteras de Bogotá que participa en los Mercados Campesinos del JBB.

Nació en San Mateo, municipio de Boyacá ubicado en la ladera occidental de la cordillera Oriental, en el extremo noreste del departamento. En la niñez, sus padres le enseñaron los secretos de la tierra para cultivar productos como maíz y caña.

“Por cosas de la vida que no me gusta recordar, mis padres murieron y quedamos huérfanos muy pequeños. Fue una pérdida que jamás superaré”, dice Gladys Narcisa Zúñiga.

En 1977, en el despertar de la adolescencia, llegó a Bogotá para empezar una nueva vida con sus hermanos. La ausencia del verde, sus padres y los cultivos del campo le brotaban por todos los poros de su piel.

Gladys elabora productos que sanan las enfermedades con las plantas de las huertas.

En la gran ciudad conoció el amor, se casó y consolidó su familia en el barrio Bosque Popular de la localidad de Engativá. Trabajó varias décadas en una empresa distribuidora de revistas, hasta que obtuvo la pensión hace cuatro años.

Algunos amigos y familiares le decían que se dedicara a descansar y disfrutar en calma la vejez. Pero como es una persona que no se queda quieta y con una mente bastante activa, empezó a pensar en un nuevo proyecto.

Gladys se propuso un reto: hacer algo que ayudara a la humanidad, a la naturaleza y al universo. Primero encontró un curso de botánica brindado por un profesor de la Universidad Nacional.

El objetivo de Gladys es ayudarle a la gente a sanar sus dolencias.

En el curso botánico amplió sus conocimientos ancestrales sobre las plantas y conoció a varias señoras que estaban trabajando la agricultura urbana con el Jardín Botánico de Bogotá (JBB).

“Siempre me llamó la atención el tema de las huertas en las casas, en sitios como terrazas y patios, para sembrar productos sin químicos y así poder alimentarme de una manera más sana”.

Sus amigas la llevaron a una serie de capacitaciones en el Jardín Botánico, donde los expertos le enseñaron varias técnicas para montar huertas caseras.

Gladys elabora condimentos con algunas plantas de las huertas.

Pero su casa no contaba con el espacio necesario y apto para consolidar su proyecto. Gladys no se desmotivó: estaba decidida a crear una huerta en algún lugar de la gran ciudad.

“Me uní con varias amigas para construir una huerta comunitaria en un predio ubicado en Puente Aranda, donde aplicamos lo aprendido con el JBB; la entidad nos dio abonos, herramientas y semillas”.

Las nuevas huerteras empezaron a cultivar lechugas, espinaca, perejil y sábila para darle forma a la huerta comunitaria en Puente Aranda.

“Con la sábila elaboramos un champú natural, producto que logramos vender con varios de nuestros los conocidos. Pero llegó la pandemia del coronavirus y todo se vino abajo; no podíamos ir a la huerta”.

Gladys también es una gran apasionada de la lectura.

Debido a las restricciones decretadas durante los primeros meses de la pandemia, la huerta quedó a la deriva y los cultivos llegaron a su fin. “Me dio mucho pesar porque teníamos muchos planes con la huerta”.

Gladys no desfalleció y empezó a buscar otros lugares para trabajar la agricultura urbana y cumplir otro gran sueño: cultivar las plantas que ayudan a combatir las enfermedades.

Nace un emprendimiento

En la localidad de Usme encontró el espacio ideal para su nuevo proyecto: una huerta comunitaria donde pudo cultivar sábila, tomillo, caléndula, laurel, jengibre, ortiga, cúrcuma, albaca, romero, maíz, habas, repollos y uchuvas.

Con las plantas condimentarias, que se encargan de darles sazón y sabor a las comidas, Gladys creó su propio emprendimiento agroecológico y sin químicos.

Esta boyacense también prepara infusiones para sanar las enfermedades.

“Saco las plantas de la huerta y las llevo a mi casa para secarlas y molerlas. Luego las envaso en frasquitos y las vendo en espacios como los Mercados Campesinos Agroecológicos del Jardín Botánico”.

Su cultivo favorito es la ortiga, una planta que, según Gladys, ayuda a mejorar la salud, combate las alergias y limpia la sangre. “Luego de cosechar la ortiga en la huerta, la seco y muelo y por último la meto en cápsulas de gelatina para que no genere daños en el organismo. Con este emprendimiento quiero ayudarle a la gente a sanar”.

Uno de los productos más llamativos que vende esta boyacense en los Mercados Campesinos es la miel de dátil, una palma que, según ella, produce una almendra con poderes para combatir el cansancio y la pereza.

El JBB la invita todos los meses a los Mercados Campesinos Agroecológicos.

“Obtengo la materia prima de conocidos que tengo en Soatá, municipio de Boyacá conocido como la ciudad del dátil. La miel que extraemos sirve para reactivar la energía y subir las defensas”.

Gladys toma todos los días una cucharada de miel de dátil. Lo hace antes del desayuno y asegura que eso le permite estar activa durante todo el día y dormir bien en la noche. “Desde que tomo esa deliciosa miel de dátil no me desvelo. Duermo profundamente desde las 11 de la noche hasta las 5 de la mañana”.

Esta campesina afirma que la miel de dátil fue un producto mágico durante la época más fuerte de la pandemia. “Tiene omega 3, 6 y 12, algo que no se ve en la mayoría de productos y son necesarios para el organismo. Sube mucho las defensas y hasta ayuda a curar la depresión”.

Los productos de Gladys vienen de una huerta comunitaria en Usme.

Gladys, una mujer alta y sonriente, también les ayuda a varios de sus familiares que aún viven en el municipio boyacense que la vio nacer y tienen apiarios en sus fincas.

“Ellos viven de la venta de miel de abejas. Por eso, cada vez que participo en un mercado campesino, llevo sus productos para ayudarles. En el pueblo no hay mucha oferta”.

Con su trabajo en las huertas comunitarias y la elaboración de productos agroecológicos, Gladys quiere ayudar a sanar las dolencias de la gente. “También sensibilizo a la ciudadanía sobre la importancia de comer sano y ayudar a la naturaleza. Ese es mi mayor aporte para salvar a este planeta tan hermoso”.

Gladys también participa en ferias locales y mercados campesinos de Bogotá.

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

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Jardín Botánico de Bogotá