• El equipo de la ruta agroecológica de la localidad de Kennedy realizó un taller sobre estos importantes insectos polinizadores en el humedal El Burro.
  • Más de 30 personas recorrieron esta esponja hídrica y además conocieron las huertas de Monterrey, Valladolid y la Chagra del Alebrije de la Biblioteca El Tintal.
  • Al final de la actividad, los ciudadanos pintaron varios abejorros en la estructura de madera de una de las pacas digestoras que va a montar la comunidad en este sector del sur de la ciudad.

Al bajarse de su moto y retirarse el casco de color rosado, el rostro de Andrea Aragón, bióloga que hace parte del equipo de las rutas agroecológicas del Jardín Botánico de Bogotá (JBB), expresaba una mezcla de entusiasmo y algo de angustia.

En el parqueadero de la Biblioteca Pública El Tintal Manuel Zapata Olivella, un ícono arquitectónico de la localidad de Kennedy inaugurado en 2001, la profesional estaba a punto de iniciar un taller sobre los abejorros, unos de los insectos que más la apasionan.

Mientras más de 30 personas recorrían la Chagra del Alebrije, una huerta creada hace aproximadamente cuatro años por la biblioteca y que fusiona la literatura botánica con el tejido comunitario, Andrea ultimaba los detalles de la actividad.

“Estaba emocionada porque íbamos a recorrer el humedal El Burro en busca de estos grandes polinizadores. Sin embargo, también sentía angustia porque era muy posible que no los viéramos: desde hace varios años, la población de estos insectos ha disminuido mucho”.

Andrea, que se encarga de liderar las actividades de las cinco huertas que conforman la ruta agroecológica de Kennedy, Marsella, Granja Mundo Aventura, Carvajal Osorio, Monterrey y la Chagra del Alebrije, dejó atrás sus sentimientos encontrados y dio la apertura del taller.

“En ‘Volando con abejorros’, nombre de esta actividad, primero vamos a recorrer varias zonas del humedal El Burro en busca de estos insectos y luego conocerán los procesos que se realizan en las huertas Monterrey y Valladolid”.

Antes de partir hacia El Burro, los participantes, jóvenes, adultos, ciudadanos mayores y niños de diversas partes de la ciudad, se sentaron en varias sillas para adentrarse en el mundo de los abejorros, insectos de la familia Apidae y género Bombus.

Con el apoyo de Edward Arias, mediador de programación cultural de la Red Distrital de Bibliotecas Públicas (BibloRed) que lidera la huerta de El Tintal, Andrea les contó varias generalidades e historias de los abejorros.

“Estos insectos son amados, odiados e ignorados. Los biólogos los queremos mucho por el importante rol que cumplen, pero hay muchas personas que les temas por el fuerte zumbido que hacen y porque además piensan que tienen aguijón y pican”.

La bióloga les explicó que los abejorros hacen parte del grupo de las abejas, pero se diferencian porque son más grandes, robustos y peludos. “Son abejas solitarias. Solo se les ve en grupos cuando se van a reproducir”.

Estos insectos popochos y peludos están catalogados como especialistas en la polinización, proceso que consiste en transportar el polen de una flor a otra para que se generen los frutos y luego las semillas.

“El zumbido es su forma de polinización. Los abejorros hacen vibrar sus músculos a una gran velocidad para liberar el polen que está en las anteras de las flores. Debido a su tamaño, solo polinizan flores grandes”.

Los profesionales sacaron un libro de insectos para mostrar imágenes de los abejorros, insectos de los cuales existen más de 200 especies del género Bombus. Los participantes recibieron una guía con para poderlos identificar en el humedal.

Durante la charla técnica, que duró aproximadamente media hora, los ciudadanos también conocieron que los abejorros tienen una mandíbula con dientes cortos, alas membranosas y patrones de coloración variados, como negro, amarillo, rojizo y blanco.

“En Bogotá hay varias especies de abejorros que se encargan de polinizar muchas plantas nativas de nuestro territorio. En la guía que les dimos pueden identificar varias de ellas, como B. funebris, B. hortulanus, B. rubicundus y B. robustus”.

A recorrer El Burro

A las nueve de la mañana, los más de 30 ciudadanos y profesionales de la Biblioteca El Tintal y el JBB caminaron hacia el humedal El Burro, un recorrido corto por la avenida Ciudad de Cali y algunas cuadras llenas de talleres de mecánica.

Antes de adentrarse en la magia biodiversa de este ecosistema de 18,84 hectáreas que hace parte de la cuenca hidrográfica del río Fucha, Andrea dijo las palabras que le generaron angustia al comienzo del taller.

“Cuando era pequeña, podía ver una gran cantidad de abejorros en las zonas verdes de la ciudad. Hoy en día, su población se ha reducido bastante debido a la destrucción de sus hábitats causada por la urbanización y los efectos del cambio climático”.

Según un artículo de la Secretaría Distrital de Ambiente, los humanos son los causantes de la destrucción de los hogares de estos polinizadores. La entidad informa que hace dos décadas era posible encontrar nidos de estos abejorros en los jardines de las casas bogotanas.

La bióloga del JBB les dio varias recomendaciones a los ciudadanos para poder identificar a los abejorros de El Burro. “Vamos a buscarlos en las flores de gran tamaño. Esperemos que hoy corramos con suerte para ver de cerca a estos hermosos insectos”.

Paula Sánchez, una de las líderes de la huerta Monterrey, les habló un poco sobre este humedal o chucua de la localidad de Kennedy, como que fue dividido en dos fragmentos por la avenida Ciudad de Cali y está rodeado de talleres y edificaciones.

“Esta chucua hacía parte de la laguna El Tintal, un tesoro que fuimos perdiendo por la urbanización. El Burro tiene muchas conexiones erradas, es decir que le llegan vertimientos que afectan la calidad de sus aguas”.

Durante el recorrido, los expedicionarios agudizaron sus sentidos para encontrar a los abejorros entre la vegetación de los senderos y en los dos miradores desde donde se aprecia su espejo de agua.

Aves como la monjita y tinguas de pico amarillo y rojo y varias abejas y cucarrones, deleitaron los ojos de los ciudadanos. Sin embargo, los robustos, peludos y ruidosos abejorros, no aparecieron. “Así son los recorridos por la naturaleza: a veces vemos muchas especies y otras veces no”, dijo Andrea.

A pesar del resultado, la bióloga expresó que la actividad fue positiva porque muchas de las personas tuvieron la oportunidad de conocer a El Burro, un humedal donde, según la Alcaldía Local de Kennedy, se han reportado 36 especies de aves.

“La ausencia de los abejorros el día de hoy es una muestra certera de la disminución de su población. Esto es bastante grave porque si ellos desaparecen, también lo harán las plantas que se encargan de polinizar”.

El no conocer personalmente a los grandes polinizadores, no causó disgusto en los expedicionarios. “Aprendimos mucho sobre ellos en la clase teórica y además tuvimos el privilegio de conocer a El Burro, un humedal catalogado de importancia internacional”.

Huertas y dibujos

Terminada la expedición por este humedal donde habitan patos zambullidores, tinguas, monjitas, pisingos e incluso murciélagos, el taller de la ruta agroecológica de Kennedy continuó en la huerta Monterrey.

Paula reunió a los participantes al frente de un gran mural que plasma la imagen de un coquito o ibis de plumas negras y revela la leyenda ‘retazos somos, a la tierra vamos, reparemos el suelo que todos pisamos’.

“Esta obra de arte hace parte de nuestro biocosturero, un proyecto que busca darle un nuevo uso a las prendas de vestir que ya no utilizamos y a reducir el consumo. Esta zona de Kennedy cuenta con muchas personas que se dedican al negocio textil local”.

Luego de contarles sobre los procesos de pacas digestoras que se realizan en este sector de la UPZ Castilla, Paula los llevó a la huerta, un terruño agroecológico donde se cultivan más de 50 especies de hortalizas, frutales, plantas medicinales y aromáticas.

Allí los esperaba Alfonso Aristizábal, uno de los líderes de la huerta Monterrey que les contó la historia de este proyecto comunitario creado hace 18 años en un sitio que se había visto afectado por los residuos sólidos.

“Esta huerta está ubicada en un parque de bolsillo que se había convertido en un botadero de basura. Varios habitantes del barrio nos propusimos recuperarlo a través de Monterrey Ecohídrico, una fundación que gira en torno al reciclaje, agricultura urbana y educación ambiental”.

El manizaleño les presentó el producto insignia: la lechuga de limón. “Con esta planta, mi esposa prepara unos deliciosos emparedados que ahora tendrán la oportunidad de probar. También hacemos pomadas con las plantas medicinales”.

Gladys Duarte, una santandereana, costurera, esposa de Alfonso y alma y corazón de la huerta Monterrey, los estaba esperando en su casa para que probaran los sánduches con esta lechuga, además de buñuelos, tinto y salpicón.

“A todas las personas que nos visitan a través de la ruta agroecológica del JBB, siempre les preparo estos manjares. También tienen la oportunidad de comprar las pomadas de cannabis y tortas con las plantas de la huerta”.

Con el estómago lleno, los expedicionarios cogieron rumbo hacia la sede de la Junta de Acción Comunal del barrio Valladolid, una casa de dos pisos ubicada en un antiguo parqueadero donde la comunidad montó una huerta.

“Este es uno de los sitios donde traemos nuestra biblioteca itinerante Alcaraván con río. En la última parada de este taller nos van a ayudar a pintar abejorros en la estructura de una de las pacas que vamos a montar”, informó Paula.

Los más de 30 ciudadanos calcaron las figuras de varias de las especies de abejorros que habitan en Bogotá en las láminas de madera y les dieron color con témperas de tonos amarillo, naranja, negro, morado, verde y azul.

Algunos les escribieron mensajes creativos que hacen un llamado a la conservación de estos polinizadores, como “vuela conmigo, déjame vivir”, “cuídame, soy vida” y “ayúdame a sobrevivir”.

“Aunque no pudimos ver a los abejorros, este taller fue muy valioso y enriquecedor. Aprendimos sobre el importante rol que cumplen y además conocimos El Burro y huertas maravillosas lideradas por la comunidad”, manifestó Julián Bejarano, un joven huertero de Bosa.

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

541 visitas
0

Jardín Botánico de Bogotá