• Ángela López y las hermanas Cielo y Esmeralda Lazo, ‘Mujeres que reverdecen’ que están vinculadas voluntariamente al Jardín Botánico de Bogotá (JBB), recogen el aceite usado de cocina de los locales de fritos del barrio San Luis para convertirlo en jabones que le sacan brillo a las ollas.
  • La forma de los jabones, de color café claro, se la dan con botellas o recipientes plásticos que ya no sirven, un reciclaje que hacen en sus casas y el cual quieren mostrar en toda la ciudad.
  • Estas ciudadanas han ayudado a reverdecer varias huertas urbanas y jardines de la localidad de Chapinero, una actividad que esperan continuar en sus propios hogares.
Jabones con aceite usado

Esmeralda, Cielo y Ángela recogen el aceite usado de cocina para elaborar jabones que le sacan brillo a las ollas.

En su paso por la capital del país, el río Bogotá, esa gran serpiente que los muiscas llamaban el gran varón de la sabana, zigzaguea lento, oscuro y oloroso por los vertimientos y basuras que le arrojan a diario los más de ocho millones de personas que habitan en la ciudad.

La belleza y biodiversidad extrema de su nacimiento en el páramo de Guacheneque, ubicado en Villapinzón y donde forma lagunas de aguas diáfanas y cristalinas que están protegidas por un conjuro ancestral muisca, llegan a su fin por la falta de conciencia de la ciudadanía.

Todos los días, el alma de la sabana recibe cerca de 690 toneladas de carga contaminante por parte de los bogotanos, una inyección tóxica de aguas residuales, basuras y desperdicios industriales que lo tienen en un estado de coma desde hace décadas.

Jabones con aceite usado

El aceite de cocina es uno de los residuos que más contamina al río Bogotá.

El aceite de cocina es uno de los residuos que más contamina al río más importante del centro del país. Cuando se torna negro por el exceso de uso para fritar, la gran mayoría de personas lo arrojan por el sifón de los lavaplatos o incluso por las alcantarillas de los andenes.

Luego de esta inadecuada disposición final en los hogares, las gotas de aceite de cocina viajan por los 10.600 kilómetros de tuberías que conforman el sistema de alcantarillado de la capital hasta llegar a alguno de los cuatro ríos urbanos: Salitre, Tunjuelo, Fucha y Torca, afluentes que desembocan en el ya lastimado río Bogotá.

Un litro de aceite usado de cocina puede contaminar cerca 40.000 litros de agua, ya que contiene aproximadamente 5.000 veces más carga contaminante que el agua residual que fluye por las redes del alcantarillado.

Esta hecatombe ambiental diaria que soporta el río Bogotá y los afluentes urbanos de la capital, fue la que motivó a tres mujeres del barrio San Luis, ubicado en la parte alta de la localidad de Chapinero, a crear un emprendimiento ambiental que le permita respirar un poco más al río sagrado de los muiscas.

Jabones con aceite usado

Cielo, Ángela y Esmeralda quieren sensibilizar a la ciudadanía con su emprendimiento ambiental.

Hace más de un mes, Ángela López y las hermanas Cielo y Esmeralda Lazo, tres de las cerca de 1.000 ‘Mujeres que reverdecen’ que están vinculadas voluntariamente al Jardín Botánico de Bogotá (JBB) para fortalecer las huertas urbanas y embellecer la ciudad con más jardines y árboles, empezaron a aprender sobre la reutilización del aceite de cocina.

“La profesora Claudia Veloza, la ingeniera del JBB que lidera el grupo de 28 ‘Mujeres que reverdecen’ de la localidad de Chapinero, nos capacitó sobre el reciclaje y el cuidado del medio ambiente. La enseñanza que más nos llamó la atención fue elaborar jabones con el aceite usado de las cocinas para brillar las ollas, algo que todas desconocíamos”, asegura Ángela, una madre cabeza de familia de 29 años de edad.

Luego de las capacitaciones y clases ambientales, las tres amigas comenzaron a buscar la materia prima para poner a marchar su primer emprendimiento verde, al que llamaron ECA (Esmeralda, Cielo y Ángela). “Empezamos con el aceite de nuestras casas, residuo con el que llenamos unas pocas botellas plásticas e hicimos los primeros jabones”, recuerdan estas ‘Mujeres que reverdecen’.

Para poder elaborar más jabones, estas vecinas vieron una oportunidad en los locales de fritos del barrio San Luis. “Visitamos varias pollerías y negocios de refritos. Les propusimos a los dueños que nos dieran el aceite usado que ya no podían utilizar para fritar a cambio de los primeros jabones que habíamos hecho en las casas”.

Jabones con aceite usado

En sus talleres del programa ‘Mujeres que reverdecen’, las tres ciudadanas aprendieron a reutilizar el aceite usado de cocina.

El trueque gustó y las mujeres ampliaron su producción. Según Ángela, la más joven del grupo, la preparación de los jabones es muy sencilla. “Luego de depositar el aceite en botellas plásticas, preparamos una mezcla secreta y luego de dejarla reposar y espesar por unos minutos, la aplicamos en los moldes que le dan forma al jabón de color café claro. Es secreta porque hace parte de nuestro emprendimiento”.

Los moldes de los jabones también ayudan al medio ambiente bogotano: son botellas o recipientes plásticos de sus casas o algunos vecinos. “Unos jabones tienen forma de flores porque vienen de unos moldes que nos dio una panadería y los cuales ya no servían porque se quemaron”.

Para hacer 20 jabones con aceite de cocina, las tres mujeres solo gastan una hora en promedio, actividad que realizan en alguna de sus casas. “Desde que empezamos con este emprendimiento, en nuestras familias ya no se arroja una sola gota de aceite por el sifón ni se bota una sola botella plástica a la basura. Estamos muy comprometidas con el cuidado de la naturaleza”.

La prueba de fuego de este emprendimiento ambiental fue en el pasado mercado campesino agroecológico del Jardín Botánico, realizado el 2 y 3 de abril en la plazoleta principal de la entidad. “Llevamos más de 100 jabones y todos se vendieron. Eso nos llenó de mucha alegría y más ganas de salir adelante”.

Jabones con aceite usado

Algunos de los jabones parecen flores, formas que sacaron de recipientes plásticos que ya no servían.

Sin embargo, Ángela asegura que más allá de la venta, el principal objetivo de este negocio verde es concientizar a la ciudadanía sobre la disposición inadecuada del aceite usado de cocina. “Con estos jabones queremos que la gente conozca el gran daño que le hacemos a nuestros ríos al botar el aceite por el sifón y que vean lo que se puede hacer si lo reutilizamos”.

En el barrio, estas tres mujeres esperan que sus vecinos les entreguen el aceite de cocina usado a cambio de los jabones que elaboran. “Esta iniciativa ambiental nos pareció genial porque no tenemos que invertir nada de dinero para hacer los jabones, generamos ganancias para la familia, ayudamos al medio ambiente y dejamos la cocina limpia”.

Como las tres son madres, con este emprendimiento quieren aportar para que sus hijos tengan un mejor planeta. “Es nuestro pequeño aporte para que el planeta y todos los recursos naturales no sufran tanto. Para nosotras el agua es bendita, ya que en el barrio escasea y es una dicha cuando nos podemos bañar en una ducha; algunas veces pasamos hasta tres días sin agua”.

Jabones con aceite usado

Estas mujeres preparan los jabones con el aceite usado de cocina en sus propias casas del barrio San Luis.

Cielo tiene proyectado dedicarse de lleno al negocio de los jabones ecológicos. “Sueño con que el negocio crezca, podamos vivir de eso y la gente nos contacte para hacer más de 1.000 jabones. Vamos a empezar a promocionar los productos por las redes sociales, grupos de WhatsApp y tocando puertas en el barrio”.

Los precios son muy accesibles: el jabón grande cuesta 2.500 pesos y el pequeño 1.000 pesos. “Por ahora se pueden comunicar con nosotras para hacer los pedidos de jabones al número celular de Ángela 321-9678939, quien es la que más sabe de ventas y comercialización”.

Martha Liliana Perdomo, directora del JBB, felicitó a estas tres mujeres por crear un emprendimiento que deja una huella enorme en la ciudadanía. “Cada gota de aceite contamina hasta 30 litros de agua. Realizando procesos como los de estas mujeres, vamos a disminuir el impacto que hay en los ecosistemas a partir de la disposición inadecuada de los aceites usados”.

La directora del JBB aseguró que lo que hacen las ‘Mujeres que reverdecen’ al convertir este aceite usado de cocina en jabón para lavar las ollas, es amor por el planeta y la vida. “El llamado a todos los bogotanos y bogotanas es que apoyemos este tipo de emprendimientos ambientales. Esa es la #BogotáQueEstamosConstruyendo”.

Jabones con aceite usado

Estas tres mujeres van a promocionar sus productos a través de las redes sociales.

Nueva ambientalista

Ángela Liliana López nació hace 29 años en el barrio San Luis (Chapinero), en donde aún vive. Se crio con sus padres y tres hermanos en una época donde las casas y calles eran más bien escasas y la tranquilidad era el común denominador.

“Tuve una niñez muy unida con mis hermanos. Nos la pasábamos jugando en las calles sin ningún miedo y mis papás tenían una tienda donde vendían verduras. En esos años el barrio era más bien rural y no había problemas de inseguridad”.

Cuando cumplió los siete años, sus padres se separaron y la familia se mudó a Socotá, en Boyacá. “Ahí tuve mi primer acercamiento con el campo y la naturaleza. Conocí los cultivos de papa y cambió totalmente nuestra rutina diaria: nos levantábamos a las cinco de la mañana y a las siete de la noche ya estábamos dormidos”.

En las tierras boyacenses, Ángela vio otra forma de hacer mercado. No tocaba ir a la tienda para comprar las hortalizas o verduras, ya que todas estaban en los cultivos de la finca. “No aprendí a sembrar, solo observaba con curiosidad a los adultos sembrar en la tierra. En Socotá estuve tres años, un periodo muy feliz de mi vida”.

Jabones con aceite usado

Ángela López, la más joven del grupo, se enamoró del campo cuando vivió en Socotá, Boyacá.

Cuando su padre murió, la familia regresó a Bogotá, al barrio San Luis donde tenían la casa. “Pero al poco tiempo mi mamá falleció, una pérdida que jamás superaré. Como yo era la menor, mis hermanos se convirtieron en mis padres y se pusieron a trabajar para que yo pudiera estudiar”.

Al poco tiempo de graduarse como bachiller, Ángela quedó embarazada. “Me enamoré de un muchacho del barrio y tuvimos a Sara Daniela. Yo tenía 19 años y vivimos con mi pareja en la casa familiar. Pero las cosas con él se pusieron muy complicadas y difíciles, por lo cual nos separamos en medio de un conflicto que llegó hasta la justicia”.

La joven se convirtió en madre cabeza de familia. Para mantener a su hija y poder llevar comida y dinero a la casa, trabajó como vendedora de ropa, una actividad que le gusta mucho por la constante interacción con la gente. “Hace tres años tuve a mi otra hija, Mia Luciana. Seguí con las ventas, pero la pandemia del coronavirus me complicó la vida por las cuarentenas y la crisis económica en la ciudad. Todo cambió hasta que recibí una llamada del Jardín Botánico”.

Por ser madre soltera y el proceso judicial con su antigua pareja, Ángela estaba en la base de datos de mujeres con algún grado de vulnerabilidad, uno de los requisitos para participar en el programa ‘Mujeres que reverdecen’, el cual ayuda a las ciudadanas económicamente a cambio de su trabajo en actividades ambientales.

Jabones con aceite usado

Ángela tiene dos hijas. Es madre soltera con experiencia en las ventas.

“Me dijeron que tenía que ayudar a crear huertas urbanas, hacer jardines y plantar árboles. Al comienzo me dio algo de susto porque nunca había cogido una pala, pero como me iban a enseñar acepté sin pensarlo dos veces. Iba obtener una transferencia mensual condicionada por aprender y además solo eran cuatro horas diarias”.

Ángela entró al grupo de 28 ‘Mujeres que reverdecen’ de la localidad de Chapinero, liderado por la experta del JBB Claudia Veloza. “Primero fuimos al Jardín Botánico para aprender sobre agricultura urbana, jardinería y arbolado, una práctica donde me enamoré del medio ambiente”.

Con sus compañeras, esta joven cabeza de familia ha ayudado a consolidar varias huertas urbanas del barrio. “Sembrar alimentos sanos es súper. Cada vez que veía una lombriz sentía que me iba a morir, un pensamiento que fue cambiando al untarme con la tierra y conocer su olor; aprendí a sentir, disfrutar y amar la tierra”.

Jabones con aceite usado

La directora del JBB, Martha Liliana Perdomo, quedó maravillada con el emprendimiento ambiental de estas tres mujeres.

Una de las huertas de Chapinero que más recuerda es la de una fundación de niños, donde empezaron de ceros. “Primero nos tocó limpiar todo el lote, preparar la tierra con abonos y al final sembrar muchas hortalizas y verduras. La profe Claudia es muy sociable, por lo cual mezcla el trabajo social con el ambiental”.

La jardinería también se aferró a su corazón. “Uno de los trabajos más duros pero satisfactorios fue sembrar plantas de jardín en un corredor de la carrera 7, desde la calle 93 hasta la 63. Cuando paso por ahí y veo las flores, me siento muy orgullosa por nuestra labor”.

Con el nuevo emprendimiento de los jabones con aceite usado de cocina, Ángela está más que motivada para seguir en la senda del cuidado del ambiente. “Quiero inspirar a la gente para que cuidemos los recursos naturales, en especial el agua. Me duele profundamente cuando desperdician o contaminan el líquido vital, ya que en nuestro barrio nos toca hacer de todo para tenerlo”.

Jabones con aceite usado

Como ‘Mujer que reverdece’, Ángela se convirtió en una líder ambiental.

Sobreviviente de Armero

Aunque nació en el municipio de Carmen de Apicalá, los primeros años de vida de Cielo Rocío Lazo los pasó en Armero, un municipio del Tolima que desapareció del mapa en 1985 por una avalancha de lodo, piedras y árboles producto de la erupción del nevado del Ruiz.

“Yo era muy pequeña y no me acuerdo mucho de Armero. Horas antes de la tragedia, un familiar les dijo a mis papás que salieran corriendo de ahí porque iba a pasar algo terrible, palabras que gracias a Dios tomaron en serio y decidieron irse con sus cuatro hijos (yo era la tercera) para Bogotá”.

Juan Lazo y María Inés Pérez llegaron con sus cuatro retoños al barrio San Luis en Chapinero, donde vivía un hermano del padre. “Fue muy triste porque en Armero dejamos todo. Mi papá trabajaba recogiendo algodón, sorgo y tabaco, cultivos que quedaron cubiertos por la avalancha. La casa también desapareció y nadie nos respondió por eso”.

Jabones con aceite usado

Cielo y su familia se salvaron de milagro de quedar bajo el lodo de la avalancha de Armero.

Su tío les regaló un pedazo de tierra para que construyeran una casa, pero el dinero escaseaba y no podían comprar los materiales. “Mi papá hizo un rancho de farol y ahí vivimos mientras conseguía trabajo. Fue un tiempo muy duro y lleno de necesidades y tristezas”.

En esa época, el barrio San Luis apenas estaba despegando. Había pocas casas y las calles eran trochas con barro. “Los vecinos nos dieron cositas para la casa, pero por falta de dinero no se pudo construir algo mejor”.

Según Cielo, el cura del barrio, de apellido Sánchez, les dio una casa. “Allí se amplió la familia a siete hijos. Mi papá consiguió trabajo lavando carros y mi mamá se dedicó al hogar y cuidar a sus hijos. No había nada de cultivos, pero sí mucha naturaleza como frailejones y flores, tesoros que se fueron perdiendo por las construcciones”.

Los hijos de la familia Lazo Pérez fueron enviados a estudiar en internados: los hombres en Guatavita y las mujeres en el barrio Suba Rincón. “Cuando llegué al internado me dio mucha tristeza por alejarme de mis padres, ya que solo podía visitarlos un fin de semana cada 15 días.

Jabones con aceite usado

Cielo tiene parte de su alma y corazón en Armero, un pueblo donde vivió sus primeros años de vida.

Cielo hizo su primaria y bachillerato en el internado, una experiencia que califica como un regalo caído del cielo. “Un doctor amigo de mi papá fue el que nos ayudó a entrar. Allí aprendí muchos principios, valorar la vida y respetar a las personas. Al estar lejos del barrio me mantuve alejada del mundo de las drogas, una actividad en la que cayeron la mayoría de jóvenes”.

La joven tolimense quería seguir estudiando para convertirse en abogada, pero los escasos recursos económicos de la familia se lo impidieron. “A los 16 años, cuando me gradué, comencé a trabajar en restaurantes y oficios varios”.

A los 26 años, en la iglesia Jesucristo de los santos de los últimos días, conoció a Carlos Alonso, su gran amor. “A los dos años nos casamos y construimos una casa de madera en unos terrenos de mis suegros, donde poco a poco fueron llegando los hijos: Juan Esteban, María Fernanda, Estefanía y Sebastián”.

La ahora madre se dedicó al hogar y crianza de sus hijos, mientras que su esposo consiguió trabajo como mensajero en Codensa (hoy Enel). “Decidí no trabajar para cuidar a mis hijos y evitar que se dejaran tentar por las malas amistades. El mayor tiene 15 años y el menor nueve”.

Jabones con aceite usado

Cielo es madre de cuatro hijos, retoños que cría en su casa del barrio San Luis.

En enero de este año, una cuñada le comentó del programa ‘Mujeres que reverdecen’ y con su hermana María Esmeralda decidieron inscribirse. “Me gustó mucho porque íbamos a sembrar en huertas y embellecer la ciudad con más jardines y árboles.

Uno de los trabajos que más le ha gustado es sembrar y cosechar en las huertas, actividades que hacía su padre en Armero. “La profe Claudia nos ha llevado a varias huertas del barrio, donde con nuestras propias manos sembramos hortalizas y verduras y retiramos toda la maleza”.

Como ‘Mujer que reverdece’, Cielo ha comprendido que todos los ciudadanos deberían cultivar en las casas sus propios alimentos de una manera sana y agroecológica. “Ahora no se puede comprar casi nada en la tienda porque todo está muy caro. Aunque en la casa no tengo espacio para montar una huerta grande, si voy a poner cultivos en materas, botellas plásticas o en tubulares en las paredes”.

Por ahora, esta tolimense le meterá la ficha al emprendimiento de jabones con aceite usado de cocina. “Las tres soñamos con consolidar un negocio grande en el barrio y así sensibilizar a las personas sobre reciclaje y manejo adecuado de los residuos. También quiero inspirar a mis hijos para que creen sus propios emprendimientos cuando sean grandes, así como lo está haciendo su mamá”.

Jabones con aceite usado

Esta tolimense no oculta su orgullo por lograr convertir el aceite usado de cocina en jabones para las ollas.

Unión familiar

María Esmeralda Lazo, de 31 años, es una de las hermanas menores de Cielo. Nació en el barrio San Luis y también dice que es una sobreviviente de Armero, aunque cuando sucedió la tragedia ni siquiera estaba en los planes de sus padres.

“Soy sobreviviente porque si mis papás no hubieran salido del pueblo por el consejo de un familiar, yo no existiría en este mundo. Tengo sangre tolimense y mi corazón y alma están en Armero, donde empezó a construirse la familia”.

En San Luis tuvo una infancia tranquila con sus hermanos y amigos del barrio. “Jugábamos mucho en los parques porque en esa época no había inseguridad ni drogas. Pero yo era la menos callejera de mis hermanos porque prefería quedarme acompañando a mis papás”.

Jabones con aceite usado

Aunque Esmeralda no había nacido cuando pasó la tragedia de Armero, lleva al pueblo tolimense en todo su ser.

Cuando se graduó como bachiller conoció a su complemento, José Miguel Ramos, con quien tuvo dos hijos: Joan Santiago y José Manuel. “No quise irme de la casa de mis papás para no dejarlos solitos. Allí estuve los primeros 11 años de casada, pero como mi familia creció y no teníamos espacio, nos mudamos cerca”.

No sabía lo que era trabajar, ya que siempre estuvo con sus papás o criando a sus hijos. Eso cambió en enero de este año, cuando con su hermana Cielo se inscribieron en el programa ‘Mujeres que reverdecen’ con el Jardín Botánico. “Yo casi nunca salía de la casa, por lo cual este programa fue un abrir de ojos para mí. Además de recibir una transferencia mensual condicionada por reverdecer la ciudad con nuestro trabajo en las huertas, jardines y arbolado, iba a aprender muchas cosas y conocer nuevas amigas”.

Esmeralda asegura que todas las enseñanzas de este programa han sido maravillosas. “Ahora llevo plata a la casa, aprendo a diario sobre el cuidado de la naturaleza y despejo la mente. Las huertas y los jardines son los que más me gustan, una herencia que me dejó mi papá”.

Esta bogotana y su hermana han ayudado a reverdecer varias huertas del barrio y la localidad. “Esta actividad es muy importante porque estamos sembrando alimentos sanos y sirve como terapia. Anhelo tener una huerta para que mis hijos se alimenten bien y así no tener que pagar esos precios elevados de la comida. Ese es un sueño que pienso cumplir muy pronto”.

Jabones con aceite usado

Esmeralda asegura que una de sus mejores experiencias fue participar en el mercado campesino del JBB.

Cuando le preguntan en qué trabaja, Esmeralda se llena de orgullo. “Como ‘Mujer que reverdece’ me siento empoderada, orgullosa y con la cabeza en alto. La gente me mira distinto desde que hago parte del programa porque saben que somos líderes ambientales”.

Los jabones con aceite usado la tienen maravillada, ya que ignoraba que este residuo se podía reutilizar. “Eso me dejó sorprendida. Estoy muy entusiasmada con nuestro emprendimiento porque cuidamos la naturaleza y sensibilizamos a las personas. Todo lo reutilizamos y no gastamos un solo peso haciendo los jabones”.

Hace poco, uno de sus hijos le dijo que en su colegio estaban llevando el aceite de cocina usado para entregarlo a una fundación. “Me causó mucha alegría ver que otras personas lo están haciendo. Pero le dije a mi hijo que no llevara nuestro aceite, ya que es la materia prima del emprendimiento”.

Jabones con aceite usado

Todos los jabones de estas tres mujeres se vendieron en el mercado campesino del JBB.

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

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Jardín Botánico de Bogotá