• Las basuras, escombros y los cambuches de los habitantes de calle agobiaban a diario una de las esquinas del parque principal de El Carmen, un barrio de la localidad de Tunjuelito.
  • Con el apoyo de la fundación Promotores de Convivencia Ciudadana, varias mujeres del sector pusieron fin a este punto crítico con el montaje de La Abundancia, una huerta comunitaria repleta de hortalizas, frutales y plantas medicinales.
  • Las lideresas de este proyecto agroecológico cercano a los 10 años de vida, comparten sus conocimientos y hacen trueques con la comunidad.

El Carmen, un parque de la localidad de Tunjuelito conformado por varios árboles longevos, canchas deportivas, juegos para los niños, bancas en cemento, senderos y la figura de una virgen protegida en una gruta, tiene su propia despensa agrícola a menor escala.

En la esquina de la carrera 28 con calle 48a sur, al lado de la edificación enladrillada de un piso donde funciona la Dirección Local de Educación (DILE), habitan miles de hortalizas, frutales y plantas medicinales y ornamentales.

Se trata de La Abundancia, una huerta comunitaria que empezó a gestarse hace nueve años por iniciativa de varias mujeres del sector que comparten un amor profundo por la siembra, la tierra, la naturaleza y la agricultura urbana.

Las personas que transitan a diario por el parque quedan maravilladas con el verde de los cultivos de este proyecto agroecológico femenino ubicado bajo la sombra de un falso pimiento, un pequeño rectángulo protegido por una cerca metálica de más de dos metros de altura.

Sus ojos también se deleitan con los colores de las cientos de aves, mariposas, polillas, abejas y mariquitas que llegan a la huerta para encontrar alimento diario en las flores de las pasifloras, caléndulas o lavandas.

Marta Ubeny Hernández y las hermanas Aura Helena y Betty Sofía Beltrán, lideresas comunitarias y huerteras de Tunjuelito, visitan La Abundancia todos los viernes en horas de la tarde para hacer las actividades de mantenimiento.

Cuando los ciudadanos se acercan a la huerta y les preguntan sobre su historia, todos quedan sorprendidos al conocer que, hace casi una década, el terreno era un punto crítico de basuras, escombros y decenas de cambuches.

“Este sector del parque era la casa y unidad sanitaria de decenas de habitantes de calle. Los olores eran insoportables por las necesidades humanas y la cantidad desbordada de toda clase de residuos”, recuerdan estas mujeres unidas por la agricultura urbana.

Los visitantes siempre les hacen la misma pregunta: ¿cómo lograron convertir un basurero en una huerta próspera y diversa? “Les decimos que para contestarles es necesario de una charla larga y sin afanes. En estos nueve años nos ha pasado de todo”.

Inicio jardinero

Según Marta Ubeny, una lideresa con acento paisa, la transformación del terreno empezó en 2017 cuando Promotores de Convivencia Ciudadana, una fundación de Tunjuelito creada hace 20 años y en la que participan más de 300 personas, formuló un proyecto.

“Varias mujeres que hacemos parte de la fundación formulamos un Proyecto Ciudadano de Educación Ambiental (PROCEDA) con el objetivo de recuperar el espacio. Se lo presentamos a la Alcaldía Local de Tunjuelito y no lo aprobaron”.

La primera actividad fue el retiro de los habitantes en condición de calle que tenían sus cambuches en la zona, un arduo proceso que estuvo a cargo de las entidades del Distrito con dicha misionalidad.

“La situación era crítica: nadie soportaba el olor nauseabundo de la cantidad de excrementos, orines y basura y los habitantes de calle incluso se subían en los árboles para dormir en el techo de la DILE. Luego de varias jornadas, las entidades lograron retirarlos”.

El PROCEDA buscaba montar un jardín de plantas ornamentales en el sector. Para esto, la Alcaldía Local de Tunjuelito le entregó a la fundación varios insumos como tierra abonada y plántulas.

“Luego de muchas jornadas de limpieza para retirar las basuras y los cambuches, ya estábamos listos para darle forma al jardín con varios habitantes del barrio. Sin embargo, cuando clavamos la primera pica, esta rebotó; nos dimos cuenta que el terreno era una antigua escombrera”.

La comunidad necesitaba de herramientas para sacar los escombros. La fundación Promotores de Convivencia Ciudadana encontró una mano amiga en la Defensa Civil Colombiana, entidad que les prestó muchas picas, palas y carretillas.

“Pero requeríamos de mano de obra calificada. El señor Julio Mesa, que primero trabajó en la Policía Comunitaria y luego en la Escuela Metropolitana de Bogotá, nos trajo 70 muchachos que trabajaron durante tres días”.

Este arduo trabajo mancomunado arrojó como resultado una montaña de escombros, toneladas de material de construcción antiguo que fueron recogidas por la empresa de aseo de la zona y la Alcaldía Local de Tunjuelito. 

“Con el terreno ya limpio, la comunidad trajo los desechos orgánicos de las cocinas y así hicimos compost. Luego de mezclarlo con la tierra y aplicarlo en el terreno, destinamos varias semanas para sembrar las plántulas; así creamos un hermoso jardín que encerramos con guaduas”.

Nace la huerta

La esquina del parque tuvo una transformación radical. El nuevo jardín puso fin al botadero a cielo abierto y las flores de las plantas pintaron de muchos colores la zona y empezaron a atraer a los polinizadores.

“Este hermoso jardín se mantuvo durante cerca de tres años. En 2020, durante los meses más críticos de la pandemia del covid-19, se convirtió en una selva verde porque no podíamos ir a hacerle mantenimiento; los habitantes de calle regresaron”, asegura Marta Ubeny.

A la zona verde también llegaron los ‘amigos de lo ajeno’ que aprovecharon la densa cobertura vegetal para esconderse y luego robar a los transeúntes. “También escondían armas e incluso droga en el deteriorado jardín”.

La comunidad se comunicó con la Policía para que pusiera en cintura la situación. En un operativo se evidenció cómo funcionaba esta red de delincuentes que tenía azotada a los habitantes de El Carmen y otros barrios aledaños.

“Luego de robar, los ladrones se subían a un caucho y arrojaban los bolsos, maletas o pertenencias de la ciudadanía en el techo de la DILE y en la madrugada subían a recoger la mercancía robada; el operativo sacó a los ladrones de la zona”.

La comunidad, con la ayuda de varias entidades del Distrito y la Dirección Local de Educación, desmontó el deteriorado jardín y el terreno fue encerrado con una polisombra. También fue talado el antiguo caucho, que estaba a punto de caerse.

“Por nada del mundo íbamos a dejar la zona a la deriva. Las hermanas Aura Helena y Betty Sofía Beltrán, expertas en la agricultura urbana, convocaron a otras mujeres de Tunjuelito para montar una huerta comunitaria; este sería nuestro nuevo proyecto”.

A finales de 2020, luego de adquirir tierra y material vegetal y utilizar armarios, cajones, camas y tablas viejas para el montaje de camas elevadas y a ras de suelo, el terreno reverdeció con más de 50 especies de hortalizas, frutales y plantas medicinales.

María Camargo, una de las huerteras, le puso el nombre del proyecto agroecológico comunitario. “Ella propuso La Abundancia porque acá todo lo que se siembra, germina al poco tiempo; es una huerta abundante”.

Resistencia femenina

Más de 20 personas, la mayoría mujeres que hacen parte de la fundación Promotores de Convivencia Ciudadana, se encargaron del cuidado y mantenimiento de la huerta comunitaria La Abundancia.

Este proyecto agroecológico se convirtió en un ícono en la localidad de Tunjuelito y por eso empezaron a llegar visitantes que querían sumarse a la siembra o al proceso de tejido comunitario.

Marta Ubeny recuerda que una señora se le acercó y le informó que la Junta de Acción Comunal iba a liderar un proyecto para embellecer el parque El Carmen a través de las Obras con Saldo Pedagógico del Instituto Distrital de la Participación y Acción Comunal (IDPAC).

“Me dijo que nuestra huerta se podía beneficiar con ese proyecto y que solo tenía que recoger firmas en la comunidad para apoyar el saldo pedagógico. Yo le creí e hice la tarea: con la fundación recogimos cerca de 200”.

El IDPAC, según la lideresa comunitaria, les dio el saldo. El parque El Carmen iba a recibir recursos económicos para pintar las sillas, construir bicicleteros y montar una zona para sembrar plantas aromáticas y un cerramiento metálico en la huerta.

“Sin embargo, La Abundancia quedó como si fuera un proyecto de la junta y de la señora que me convenció de recoger las firmas; a ella le validaron el saldo por un trabajo que hicimos nosotras a través de la fundación”.

Las mujeres de la huerta no se quedaron de brazos cruzados. “Hicimos la denuncia en varias entidades, pero como los documentos tenían nuestras firmas, poco se podía hacer. Nos dijeron que debíamos esperar dos años para recuperar la huerta, cuando se acabara el saldo”.

Según Martha Ubeny y las gemelas Aura Helena y Betty Sofía Beltrán, el alcalde local de Tunjuelito de la época les propuso dividir la Abundancia en dos zonas mientras se ejecutaban los recursos del saldo pedagógico.

“Estábamos muy ofendidas porque ya teníamos hasta el protocolo de huertas en espacio público del Jardín Botánico de Bogotá (JBB). Para evitar más conflictos, aceptamos la división de la huerta; todo el terreno recibió el cerramiento a través del saldo”.

En la zona acordada, las huerteras fortalecieron los cultivos en más de 10 eras. “Al poco tiempo todo empezó a reverdecer con el trabajo de las personas de La Abundancia; el otro sector, a cargo de la junta, quedó abandonado; no hicieron nada”.

Trueques comunitarios

Este percance también las motivó a reorganizar el grupo comunitario que participaba en La Abundancia. Por ejemplo, cambiaron la persona encargada de coordinar las actividades huerteras y al poco tiempo empezaron a aparecer manos amigas.

“La persona que lideraba esta actividad no estaba haciendo bien su tarea. Cuando la cambiamos, entidades como el Jardín Botánico llegaron a la huerta para ver cómo podían ayudarnos a fortalecerla”, dijo Martha Ubeny. 

Además de recibir insumos como más tierra, semillas y plántulas, con el JBB las integrantes del colectivo huerta La Abundancia El Carmen fortalecieron sus conocimientos en agricultura urbana a través de talleres y capacitaciones.

“Con todos los aprendizajes que nos brinda el profesional Hugo Chiguasuque, la huerta tuvo un nuevo resurgir. Fuimos pioneras en la creación de la mesa de agricultura urbana de Tunjuelito, la cual nació con cinco huertas y ahora ya suma 29”.

El trueque comunitario es el espíritu de este proyecto huertero con aroma de mujer. Las cosechas no son para el consumo de las personas que participan en La Abundancia: son repartidas en la comunidad que les da insumos para mejorarla.

“Las personas que nos traen cáscaras de huevo, el cuncho del café, tablas o aportan mano de obra, reciben a cambio hortalizas, frutales o plantas medicinales. También hacemos trueques con semillas o plántulas para que creen sus propias huertas”

A través de otros proyectos con el Distrito, las huerteras montaron el nombre de la huerta con varias letras grandes de color blanco y están trabajando en una iniciativa de cosecha de agua. “La DILE nos dio un canal para que el agua lluvia llegue a un tanque de 500 litros; con eso regamos los cultivos”.

Los abuelos del sector son los visitantes más queridos de esta huerta. “Acá recuerdan su infancia en el campo y se relajan mucho. Don Reinero es nuestro poeta: cada vez que nos visita, lo grabamos proclamando uno de sus poemas”.

Actualmente, en La Abundancia participan cerca de 20 personas de la zona, la mayoría mujeres, que aman sembrar. La coordinadora es Paulina Ducuara, la suplente es Estella Rodríguez, Martha es el contacto con el JBB y las gemelas Beltrán son sus huerteras estrellas.

“Todas compartimos nuestros conocimientos huerteros con la comunidad. Esta huerta tiene muchos hijos: uno de ellos es la huerta escolar del jardín infantil El Carmen, un proyecto que nació con nuestra asesoría. La Escuela Metropolitana de Bogotá nos abrió las puertas de su huerta para intercambiar conocimientos”

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

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Jardín Botánico de Bogotá