• Judith del Carmen Jiménez Mesa, una agróloga, química y defensora de la naturaleza, lleva cerca de seis años dedicada a la agricultura urbana en la localidad de Teusaquillo.
  • La Mariposa, una huerta ornamental y comunitaria ubicada en el parque central del barrio La Esmeralda, en el centro de Bogotá, es uno de sus logros.
  • Este terruño agroecológico de 144 metros cuadrados es un laboratorio de investigación y un aula ambiental donde el suelo es el mayor protagonista.
  • “Realizamos proyectos que buscan darle voz al suelo, un recurso natural no renovable que ha sido invisibilizado y maltratado a pesar de su enorme importancia para la vida”.

Su abuela paterna, una campesina boyacense, fue la encargada de enseñarles a todos sus descendientes a trabajar la tierra. También les inculcó un gran respeto y cuidado por el suelo, el agua, la flora y la fauna.

Judith del Carmen Jiménez Mesa recuerda que su padre, quien migró a la capital del país a la edad de 12 años, heredó a la perfección ese legado ambiental y agropecuario y los aplicó en una finca dedicada a la producción y recreación que compró luego de pensionarse.

“Mi papá, que estudió, trabajó, formó una familia con una mujer bogotana y sacó adelante a sus hijos y algunos hermanos, nos llevaba durante las vacaciones a visitar a los abuelos, de quiénes aprendimos y conocimos las labores del campo y el amor y el cuidado por la naturaleza”.

Según Judith, en las fincas de su abuela y padre nació su vocación por el agro y la naturaleza, años que marcaron lo que sería su futuro profesional. “En ese entonces en la agricultura no se aplicaban insumos de síntesis química en los cultivos”.

Asegura que en esa época los suelos no se labraban hasta convertirlos en polvo y se hacía una labranza mínima. “Todo lo que la naturaleza producía era utilizado y reciclado en la producción agrícola; se obtenían alimentos de la forma más natural posible, es decir lo que hoy se denomina producción agroecológica”.

En la adolescencia se le despertó una gran curiosidad por conocer a fondo los elementos que veía en la naturaleza. Eso la llevó a estudiar química, una carrera que fue complementando con cursos, seminarios y libros sobre suelos.

“Trabajé muchos años en la industria química. Sin embargo, en mi casa paterna sembraba, cuidaba plantas y experimentaba con ellas; empecé a apasionarme cada vez más por estudiar el suelo”.

En un coloquio de suelos conoció a Abdón Cortés y Jairo Marulanda, dos de los referentes de agrología en el país. “Su discurso sobre esa ciencia que estudia el suelo y sus relaciones con las plantas y animales, me llamó la atención y decidí estudiar agrología como segunda carrera”.

Luego de trabajar en laboratorios y la industria química y de fertilizantes, los nuevos conocimientos en agrología la llevaron a ser parte de un proyecto de hidroponía, iniciativa de la Alcaldía de Bogotá y la Caja Agraria que financiaba y fomentaba el cultivo hidropónico en patios, balcones y terrazas en las casas de la ciudad.

“Fue una experiencia de 10 años que logró muy buenos resultados en la producción de alimentos para los ciudadanos. Luego trabajé en hogares juveniles campesinos, donde aprendí sobre agroecología, desarrollo sostenible y granjas integrales”.

En ese trabajo, Judith aportó sus conocimientos en producción e incursionó en el área de la docencia. “Temáticas como la agroecología, hoy en día de moda, las conocí en las granjas integrales de monseñor Cadavid”.

Estuvo varios años como docente en la Corporación Superior del Trabajo y luego el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) le abrió las puertas del Laboratorio Nacional de Suelos, un sitio reconocido a nivel nacional e internacional.

“En el Laboratorio de Suelos del IGAC volví a aplicar mis conocimientos en química y agrología. Allí estuve aproximadamente dos años, hasta que tomé la decisión de trabajar como profesional independiente haciendo consultorías y asesorías sobre suelos y producción agrícola”.

Nuevo proyecto

Judith y su esposo Ricardo Ortega, un ingeniero forestal que comparte su pasión por la naturaleza, viven en un apartamento de la primera etapa de Pablo VI, un barrio de la localidad de Teusaquillo con mucho verde.

En 2017, cuando se dirigían al Centro Administrativo Nacional (CAN) a hacer unos trámites, se detuvieron en el parque central La Esmeralda (ubicado en el barrio del mismo nombre). Una huerta comunitaria les llamó la atención y se acercaron a observar la parcela construida por algunos vecinos.

“Cristóbal Fernández, un amigo abogado que dirigía la Casa de la Cultura de la segunda etapa de Pablo VI, me contó que él y varias personas hacían agricultura urbana en una zona del parque La Esmeralda. Me invitó a participar y en 2018 me involucré con el objetivo de compartir y aportar mis conocimientos técnicos”.

Luego de enseñarles varios conceptos técnicos, los huerteros de la zona le dieron luz verde para desarrollar su propio proyecto: le permitieron adoptar una parcela que estaba abandonada para montar una huerta ornamental con un diseño paisajístico atractivo.

Su nuevo reto agroecológico tendría como protagonista a un recurso natural no renovable silencioso. “El suelo es uno de los elementos del medio ambiente más olvidados y maltratados, a pesar de generar vida y albergar una cantidad enorme de seres vivos; es una verdadera fábrica de la naturaleza”.

Según Judith, en la huerta ornamental el suelo iba a tener voz propia. “Quería que en este espacio la ciudadanía aprendiera que el suelo no se debe transformar en función de las plantas; todo lo contrario, es la planta la que se debe adaptar al suelo. Como decía mi decano de agrología: no es el pie el que se adapta al zapato, sino el zapato al pie”.

Más allá de sembrar y cosechar de una manera agroecológica en la huerta, la agróloga tenía como meta desarrollar proyectos relacionados con el cuidado y la vocación del suelo. Quería demostrar que, de esta manera, la producción es más efectiva y eficiente.

“El suelo, un recurso natural no renovable que demora muchos años en recuperarse (algunas veces no lo logra), ha sido muy maltratado y subvalorado. La mejor forma de producir y tener soberanía alimentaria es tener un buen suelo y aprovecharlo de forma sostenible para que pueda ser utilizado por nuestros descendientes”.

La Mariposa

Darle vida a la huerta no sería fácil. Judith recuerda que, los 144 metros cuadrados de la parcela, estaban llenos de escombros y basura y además servían como baño público de los humanos y las mascotas.

“Con mi esposo Ricardo limpiamos la zona. Luego, con la ayuda de Javier Quintana, un amigo ingeniero civil, diseñamos la huerta dándole forma de mariposa, un animal que admiro profundamente”.

El cerramiento de la huerta ornamental, llamada La Mariposa, está inspirado en la técnica que utilizan los castores en los ríos para hacer barreras. La cerca tipo castor fue una propuesta de Javier que consistió en utilizar las ramas caídas de los árboles del parque La Esmeralda y entretejerlas de manera natural y estética.

El paso a seguir fue construir 10 camas en el interior de la huerta, un trabajo bastante pesado que contó con una ayuda inesperada. Un día, mientras los nuevos huerteros sudaban la gota gorda, un vendedor de dulces les pidió trabajo.

“El señor nos ayudó a hacer los senderos y las camas durante ocho días, un trabajo que le fue pagado a diario. Para alimentar el suelo, montamos la compostera La Lombriz en un área aledaña de 49 metros cuadrados”.

La compostera fue nutrida con residuos orgánicos vegetales de las cocinas. “Además, con la labor del suelo y sus seres vivos, se obtiene un buen compost; esta actividad se continúa haciendo en la huerta con la participación de la comunidad”.

Con la estructura de la huerta lista, Judith empezó a experimentar con diversas especies. “Lo que hice fue respetar el suelo, es decir ver cuáles plantas surgían pero poniendo algo de técnica como analizar la disponibilidad de agua, aire, suelo y sus características; la ubicación y orientación de la fuente de luz; y la siembra de plantas que se adaptaran a dichas condiciones”.

En 2021, Fredy Bohórquez, un veterinario y zootecnista que había tenido una huerta en el parque central de La Esmeralda y quién por motivos de fuerza mayor no pudo continuar, se unió al grupo de La Mariposa.

“Fredy comenzó a apoyarnos en su tiempo libre para sacar adelante nuestros proyectos. Su colaboración ha sido muy apreciada y valiosa porque con él y mi esposo logramos conformar el grupo comunitario de esta huerta ornamental”.

La Mariposa, una huerta ubicada en medio de un claro del bosque que es protegido por la comunidad, se convirtió en un laboratorio de investigación donde primero surgieron plantas como bore, achira, cartucho, uchuva y cardo Mariano.

Luego, los huerteros sembraron especies como mora, lulo, arracacha, guatila, apio, acelga, brócoli, bore, fresa, yacón, sábila, toronjil, hierbabuena y muchas más plantas medicinales y aromáticas.

Como siempre ha sido una apasionada por el estudio, durante la pandemia, época en la que no abandonó la huerta, Judith se inscribió en un diplomado virtual de agroecología del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en asocio con una universidad de Francia.

También participó en un diplomado de huertas urbanas y periurbanas brindado por el Jardín Botánico de Bogotá (JBB), entidad que apoya a los ciudadanos con capacitaciones y asesorías sobre agricultura urbana. “En 2022 y 2023, Fredy y Ricardo también realizaron los diplomados en jardinería y arbolado que imparte el JBB”, dijo la líder de la huerta.

Investigación: el corazón de la huerta

Cuando el ecobarrio La Esmeralda ganó uno de los presupuestos participativos de la Alcaldía Local de Teusaquillo, parte del dinero fue destinado en fortalecer las huertas urbanas comunitarias del parque central.

Cuando llegaron los insumos para mejorar la huerta ornamental La Mariposa, Judith y Ricardo estaban de vacaciones fuera de Bogotá. Por eso no pudieron hacer la supervisión y control de calidad a las mejoras de las camas y la entrega de nueva tierra y plántulas.

“Cuando regresamos del viaje evidenciamos que el suelo de la huerta se inundaba y estaba pesado para trabajar: las plantas sembradas no progresaban y había mucha arcilla. Posiblemente excavaron muy profundo en las camas y removieron esa capa de arcilla que retiene mucha humedad y no permite el adecuado desarrollo de las plantas”.

La mayoría de las camas dejaron de producir por el exceso de arcilla. Sin embargo, Judith no se desmotivó; todo lo contrario, vio una oportunidad para investigar más a fondo ese material que habita en el suelo.

“Aunque la arcilla tiene muchos nutrientes, la planta no puede absorberlos a través de sus raíces. Para mejorar la productividad aplicamos correctivos como materia orgánica, fibra de coco y otros materiales que mejoran la textura del suelo y permiten una adecuada aireación y contenido de agua”.

Según Judith, la arcilla en el suelo de la huerta ya está liberando nutrientes para el desarrollo adecuado de las plantas. “Hay que dejar que el suelo evolucione y poco a poco se verán los resultados”.

En La Mariposa, Judith, Ricardo y Fredy han aplicado prácticas agroecológicas como la rotación de cultivos y combinaciones estratégicas de plantas, las cuales mejoran la producción, favorecen el equilibrio ecológico y mitigan la presencia de plagas.

“Hacemos biopreparados para controlar plagas. También aplicamos alelopatía, una técnica basada en la combinación de ciertas especies que atraen o repelen a los insectos; por ejemplo, la ruda atrapa a la mosca blanca y evita que afecte otros cultivos”.

Aula ambiental

El parque central de La Esmeralda es uno de los lugares más visitados por los amantes de la naturaleza. Por eso, algunos residentes y huerteros de la zona han construido mobiliario natural con los troncos de los árboles que ya cumplieron su ciclo de vida para que los visitantes disfruten del paisaje.

Judith ya perdió la cuenta del número de personas que la han contactado luego de conocer La Mariposa para ayudar en la huerta, aprender de las técnicas de la agricultura urbana, compartir sus conocimientos o intercambiar plantas e información.

“Se acercan porque quieren aprender la técnica y aplicarla en sus barrios, casas, fincas y empresas donde laboran. También les enseñan a sus hijos mediante la observación de las plantas que allí tenemos”.

La agróloga le ha ayudado técnicamente a varias personas para que pasen de la agricultura de la revolución verde a la agroecológica, es decir hacer reconversión y aplicar formas más sostenibles de producción. “La Mariposa cada día se consolida como un aula ambiental”.

Varias universidades y profesores han encontrado en esta huerta ornamental el espacio ideal para hacer iniciativas con sus estudiantes. Una de ellas fue la Facultad de Comunicación y Periodismo de la Universidad La Sabana.

“Los estudiantes querían entrevistarnos por nuestro trabajo comunitario y a cambio nos hicieron una campaña de educación ambiental basada en el diseño y suministro de señalética que estamos ubicando alrededor de la huerta para divulgar el cuidado por la naturaleza y este maravilloso espacio que es muy visitado”.

Desde hace tres años, Judith les dicta clases de agroecología y recursos naturales a los contratistas de la División de Sanidad y Medioambiente de la Policía Metropolitana. Además, apoyó el montaje de una huerta de plantas medicinales y aromáticas en los jardines de la entidad.

“El JBB ha llevado a las personas que hacen sus diplomados de huertas urbanas y jardinería. También nos han visitado estudiantes y profesores de la Universidad Nacional y la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP); muchos turistas nacionales y extranjeros; y trabajadores del CAN que pasean y almuerzan en el área de huertas”.

Una familia residente del sector (papá, mamá y dos hijas) se enamoró de La Mariposa y contactó a Judith para participar. “Les dimos una antigua zona de pacas donde conformamos una huerta ornamental y familiar llamada La Sardina, un terreno en forma de pez que produce buenas hortalizas; ellos hacen parte de nuestro grupo comunitario”.

Espacio novedoso

Las camas o eras de la huerta ornamental La Mariposa no solo llaman la atención por sus hortalizas y plantas medicinales. Por ejemplo, algunas de ellas cuentan con diversos sistemas de riego como equipos de venoclisis instalados en botellas plásticas y ollas de barro.

“Instalamos botellas y diversos sistemas para captar, almacenar y usar el agua lluvia de una manera eficiente. Las ollas de barro o poporos son una técnica utilizada por los indígenas y chinos que consiste en enterrarlas en el suelo para almacenar el líquido vital”.

Según Judith, los poporos retienen el agua y cuentan con varias plantas a su alrededor. “El agua que sale por los poros de las vasijas de barro hidrata el suelo y favorece el crecimiento y desarrollo de las plantas; las vasijas también captan agua lluvia”.

En una de las esquinas de La Mariposa, Judith, Ricardo y Javier construyeron una caseta en madera donde están las bandejas de los germinados. Sin embargo, desde hace dos años este espacio tiene un aroma navideño.

“En diciembre ubicamos nuestro pesebre ecológico, el cual elaboramos con botellas y plásticos a los que les damos un nuevo uso. Un pino colombiano es nuestro árbol navideño y lo decoramos con varios elementos reciclados”.

La agróloga tiene varios proyectos a corto y mediano plazo en La Mariposa. Los más importantes son convertir el borde de la huerta en un jardín de polinizadores y consolidar parcelas diferenciales en varias de las camas.

“Las parcelas diferenciales consisten en aprovechar la textura y composición del suelo para sembrar plantas adecuadas. Queremos mostrar que un suelo puede ser productivo a pesar de no ser el más favorable; lo que hay que hacer es encontrar la planta idónea”.

Dos camas de la huerta están en proceso de compostaje. Cada 15 días, los tres huerteros aplican los residuos vegetales de las cocinas para enriquecer el suelo y que así tengan más materia orgánica.

“También quiero sembrar agua y por eso estoy investigando en la FAO para montar un pequeño reservorio que no sea tan profundo. Me muero de ganas por hacer un panel solar con varios CD y voy a comprar lámparas solares para trabajar durante las noches en la huerta”.

El suelo seguirá como protagonista de la huerta ornamental. La misión de Judith es darle voz hasta que tenga relevancia. “El suelo nos sostiene; produce alimento para humanos y animales e insumos para la industria; protege el agua; regula la temperatura; y captura dióxido de carbono”.

Además, según afirma la huertera, el suelo brinda servicios ecosistémicos que contribuyen en gran medida a mitigar el calentamiento global. “Por eso y muchas cosas más, es tan importante usarlo de manera adecuada, además de mejorarlo y protegerlo”.

No dejar el suelo desnudo, es decir sin la hojarasca y cobertura vegetal, es una lucha que pretende continuar. “Con varios habitantes del sector logramos que los residentes y la empresa de aseo no recogieran la hojarasca del bosque del parque; dejamos quieto este material bajo los árboles para que alimente y proteja al suelo de la radiación”.

Más allá de la huerta

Judith, una de las huerteras y agrólogas más reconocidas de Teusaquillo, también fue parte importante en las dos certificaciones que le ha otorgado el Gobierno de Francia a La Esmeralda para convertirse en un ecobarrio.

“La Junta de Acción Comunal necesitaba apoyo para consolidar el eje de infraestructura verde de la certificación. Con mi esposo nos vinculamos, brindamos nuestros conocimientos técnicos y aportamos ideas y material fotográfico para los requerimientos de la Secretaría de Ambiente en la búsqueda de la certificación que otorga a los barrios de la capital”.

El ecobarrio La Esmeralda también alberga uno de los 21 bosques urbanos de la ciudad, una estrategia de manejo silvicultural liderada por la Secretaría de Ambiente y el Jardín Botánico que fue incluida en el actual Plan de Ordenamiento Territorial (POT).

“Con algunos habitantes del sector y miembros de la Junta de Acción Comunal logramos que el bosque urbano de La Esmeralda fuera priorizado durante 2023. Participamos en todas las cocreaciones de ambas entidades y se logró un diseño comunitario muy interesante que aumentará el arbolado, jardines y huertas”.

Los conocimientos técnicos de la agróloga también fueron parte de la creación de El Colibrí, la huerta de la Junta de Acción Comunal del ecobarrio La Esmeralda, un proyecto creado en diciembre de 2022 y llevado a cabo en enero de 2023.

Judith se siente bastante orgullosa por ser parte de la lucha ambiental liderada por varios habitantes de la UPZ La Esmeralda, conformada por los barrios La Esmeralda, los dos sectores de Pablo VI, Quirinal, Rafael Núñez y Nicolás de Federmán, según ella una de las más fuertes y consolidadas en la capital.

“Esto se debe a que en este sector del centro de Bogotá vivimos muchas personas con un alto sentido de pertenencia, amor por la naturaleza y cuidado del medioambiente, además de un buen número de profesionales de carreras del agro y ciencias ambientales. Somos una comunidad que trabaja por el territorio”.

Uno de los principales propósitos de los líderes ambientales de la UPZ La Esmeralda es fortalecer el corredor ecológico que va desde los cerros orientales hasta el río Bogotá. “El arbolado y cobertura vegetal de este sector aporta servicios ecosistémicos y se constituye en un área que debe ser protegida y mejorada para el bien de la ciudad”.

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

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Jardín Botánico de Bogotá