• Miriam Cecilia Pérez lleva más de 10 años sembrando plantas medicinales, hortalizas y frutales en una huerta comunitaria de la localidad de San Cristóbal.
  • Esta huertera asegura que varias de las plantas, como hierbabuena, menta y llantén, tienen propiedades que sanan el cuerpo y el alma. “Con ellas hago remedios para combatir las enfermedades”.
  • Sus productos libres de químicos los comercializa todos los primeros fines de semana de cada mes en el Mercado Campesino Agroecológico del Jardín Botánico de Bogotá.

No necesitó un título universitario para convertirse en una gran experta de las propiedades de las plantas. Tampoco pasó su infancia y adolescencia en los cultivos de algún pueblo colombiano, aunque por sus venas corre sangre campesina.

Miriam Cecilia Pérez, habitante del barrio Guacamayas en la localidad de San Cristóbal, obtuvo el conocimiento verde y ancestral en varios cursos comunitarios, capacitaciones con expertos y charlas con sus vecinas.

“Por cosas de la vida no pude terminar el bachillerato y me dediqué a criar a mis tres hijos y atender la casa. Destiné los ratos libres en buscar cursos para aprender sobre agricultura urbana y plantas medicinales”.

En 2008, mientras participaba en un curso en la Alcaldía Local de San Cristóbal, una de sus amigas le contó que el Jardín Botánico de Bogotá (JBB) estaba capacitando a la comunidad en agricultura urbana para crear huertas urbanas agroecológicas.

La bogotana se comunicó con una ingeniera de la entidad y le informó que debía convocar a por lo menos 15 personas de la zona para que participaran en el curso básico de agricultura urbana.

“Convoqué a 21 conocidos que compartían mi gusto por la tierra y las plantas. En el curso aprendimos sobre abonos, las mejores técnicas para sembrar hortalizas, frutales y plantas medicinales, y los productos naturales para combatir las plagas”.

Como su casa no tenía el espacio suficiente y adecuado para montar una huerta, Miriam y varias de sus amigas empezaron a buscar sitios en la localidad. Dieron con el Centro de Desarrollo Comunitario (CDC) La Victoria, que contaba con un terreno amplio.

“Así nació la huerta comunitaria ‘Esperanza el futuro’, conformada por cinco agricultores urbanos de San Cristóbal. Con mi amiga Mary López estamos desde 2008 y también participan tres hombres que tienen alguna discapacidad”.

En esta huerta, ubicada a seis minutos a pie de la casa de Miriam, los huerteros siembran papa, cebolla, cilantro, perejil, lechugas, acelgas, espinacas, mora, tomate de árbol, curuba, frijol cosechero y varias especies de plantas medicinales.

“Nuestro objetivo siembre ha sido cultivar productos sanos para llevar a nuestras casas y comercializarlos. El Jardín Botánico nos convocó a que participáramos en los Mercados Campesinos Agroecológicos”.

Yerberito

Además de sembrar, cosechar y vender hortalizas y frutales en el mercado campesino del Jardín Botánico, Miriam está dedicada a reverdecer la parte que le corresponde de la huerta con plantas medicinales.

“Tengo una amplia diversidad, como tres clases de hierbabuena, menta, llantén y hasta diente de león. Muchos piensan que algunas son malezas, pero todas tienen propiedades que sanan el cuerpo y el alma. Con ellas hago remedios para combatir las enfermedades”.

Miriam siente un gran amor por la menta piperita, una planta catalogada como antiviral, descongestionante, analgésica y desinfectante. “Es una bendición porque ayuda a curar problemas respiratorios como la gripe, asma, rinitis, tos y hasta las infecciones de los ojos”.

Con esta planta elaboró unas gotas que le vende a sus conocidos y visitantes del mercado campesino. “Luego de cosecharla en la huerta, la llevo a mi casa y hago una infusión. Le aplico un alcohol de la cebada, que es bastante fuerte y le saca las propiedades a la planta”.

Las plantas medicinales no son exclusivas de la huerta comunitaria. Desde que hace parte del proyecto de agricultura urbana del JBB, Miriam empezó a cultivar estas especies en su casa.

“Estas plantas no requieren de un espacio tan grande para crecer. En mi casa también tengo tomate, acelga, cilantro, perejil y un montón de plantas ornamentales”.

Ambientalista de corazón

Miriam va a la huera comunitaria tres días a la semana, tiempo que destina para deshierbar, sembrar, aporcar (cubrir la base de las hortalizas con tierra), rociar con agua, limpiar los muros que tienen cultivos y cosechar.

“Siempre me llevo algo para la casa, como lechuga, cilantro, espinacas y tallos para hacer ensaladas y sopas. Trato de sacar poquito, lo suficiente para la semana, y dejar la mayoría de productos para venderlos en los mercados campesinos”.

La cosecha de enero es complicada por sequía. “Debido a ese sol tan bárbaro, las hortalizas y frutales florecen muy pequeñas. Sin embargo, siempre podemos hacer trueques de productos con las vecinas que tienen huerta”.

Esta mujer dicharachera es la responsable del manejo de la huerta ‘Esperanza el futuro’. Ella define los horarios para las intervenciones que se necesitan, como arreglar constantemente la malla de alambre que evita el ingreso de los perros y gatos.

“El JBB nos ayuda mucho para que la huerta siga hermosa. Nos asesora cada vez que lo necesitamos para hacer las mejoras y nos da insumos como semillas y tierra con abono. Sin embargo, el éxito de la huerta está en el amor que le damos las cinco personas que participamos”.

Además de ser una de las huerteras más antiguas en Bogotá, Miriam se convirtió en una ambientalista de corazón. Por ejemplo, en su casa genera la menor cantidad posible de residuos, ya que está dedicada de lleno a reciclar.

“Mi casa es ambiental. Hago separación de residuos: los orgánicos van a un lombricultivo que hice con asesoría del JBB, donde las lombrices los convierten en abono para la huerta; y los plásticos se los entrego a los recicladores”.

Su esposo y tres hijos están muy orgullosos por su trabajo como agricultora y ambientalista. “Desde que mi esposo se pensionó me ayuda con la huerta y el reciclaje en la casa. Mis hijos, que también colaboran en sus ratos libres, le dicen a la gente: a mi mamá se le olvida el mundo cuando está con sus matas”.

Cada vez que ve basura por la calle o gente sin compromiso ambiental, su corazón se llena de rabia. “Hay personas muy irresponsables. Cuando los regaño por botar basura me responden que para eso hay gente que le pagan por recogerla”.

La huertera de San Cristóbal lanza un llamado a los bogotanos para que se aventuren a hacer huertas. “Así entenderán todo el trabajo que se necesita para tener un plato de comida. Una huerta permite tener alimentos sanos, generar recursos económicos y cuidar el medioambiente”.

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

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Jardín Botánico de Bogotá