- Campo Verde, un Centro Integral de Justicia ubicado en la localidad de Bosa, ahora hace parte de la historia de la agricultura urbana de Bogotá.
- El Jardín Botánico José Celestino Mutis construyó una huerta de ocho modulares y 24 cajones en el Centro de Justicia Juvenil Restaurativa, uno de equipamientos de este gran complejo judicial.
- Funcionarios de la Secretaría de Seguridad, 10 jóvenes que ayudaron a montar las estructuras en madera de la huerta y varios habitantes de la zona, la pintaron de verde con la siembra de 185 plántulas de nueve especies.

Uno de los extremos de la localidad de Bosa, un sector residencial conformado por decenas de conjuntos de apartamentos y que tiene como vecinos al lastimado río Bogotá y al municipio de Mosquera, alberga el complejo de justicia más grande del país.
Se trata del Centro Integral de Justicia Campo Verde, una edificación rectangular de 12.600 metros cuadrados, con una fachada pintada de gris y donde se van a beneficiar más de 2,5 millones de personas del sur de la ciudad.
En julio de 2022, luego de 10 años de construcción, la Alcaldía de Bogotá presentó esta megaobra que tuvo una inversión de 74.000 millones de pesos. A través de videos y fotografías, los ciudadanos conocieron los equipamientos de acceso a la justicia que lo conforman.
Campo Verde cuenta con un Comando de Atención Inmediata (CAI), Centro de Traslado por Protección, Centro de Justicia Juvenil Restaurativa, Unidad de Reacción Inmediata (URI), Casa de Justicia para las mujeres y una Manzana del Cuidado.

También tiene un salón múltiple para que la comunidad, en especial los habitantes de Bosa, Ciudad Bolívar y Kennedy, participen de diversos talleres y actividades lúdicas; además de 6.830 metros cuadrados de espacio público.
“Este nuevo centro permitirá justicia y protección especialmente para mujeres, jóvenes y niños, además de agilidad en los procesos judiciales y mecanismos alternativos de resolución de conflictos”, informó en su momento la Alcaldía.
Sin embargo, tres equipamientos de Campo Verde causaron polémica en la comunidad: el Centro de Justicia Juvenil Restaurativa, un sitio para la reclusión de más de 200 jóvenes con asuntos pendientes con la ley; la URI de la Fiscalía; y el Centro de Traslado por Protección.
Alejandro Henao, coordinador general del centro de justicia para adolescentes que está a cargo de la Secretaría Distrital de Seguridad, Convivencia y Justicia, aseguró que la ciudadanía del sector veía al nuevo proyecto como una cárcel que les generaría muchos problemas de seguridad.

“Los habitantes del barrio veían a este lugar como El Redentor, un Centro de Atención Especializado para jóvenes y adolescentes en conflicto con la ley penal donde cumplen medidas de privación de libertad”.
Los ciudadanos, según cuenta Alejandro, sentían miedo de que los jóvenes hicieran botines para escaparse del lugar y luego entraran a sus apartamentos a delinquir. Tampoco sabían qué iba a pasar con los muchachos que salieran del centro después de cumplir con su pena.
“Los ciudadanos se organizaron y pusieron una acción popular. Una jueza les dio la razón y ordenó la suspensión del Centro de Justicia Juvenil Restaurativa, la URI y el Centro de Traslado por Protección hasta que se creará un plan de seguridad y defensa”.
Luz verde
Luego de la orden de suspensión, la Secretaría de Seguridad, el Ejército y la Policía Nacional formularon el plan de seguridad de Campo Verde, un documento bastante robusto y confidencial que pocos conocen.
“Empezamos a reunirnos con los accionantes para que conocieran a fondo el plan. Por ejemplo, en el caso de una emergencia, el Puesto de Mando Unificado (PMU) será liderado por el secretario de Seguridad y el comandante de la Brigada 13 del Ejército”, dijo Alejandro.

En las reuniones, la comunidad también fue socializada sobre los cambios que ha tenido en los últimos 10 años el sistema de responsabilidad penal a través del programa de justicia juvenil y restaurativa de la Secretaría de Seguridad.
“El enfoque en el manejo de las sanciones de los adolescentes ahora es restaurativo. Por ejemplo, durante mínimo un año reciben atención psicosocial semanal para cambiar sus conductas y reparar el daño que les hicieron a las víctimas”, expresó el coordinador.
Mientras se solucionaban los asuntos jurídicos de la acción popular, la Secretaría de Seguridad creó una escuela de oficios con un enfoque preventivo para formar a los adolescentes que están reparando los daños causados por sus delitos.
En las instalaciones del futuro Centro de Justicia Juvenil Restaurativa, esta escuela realiza talleres de confección, arreglo de motos y bicicletas, barbería, peluquería y cocina. “Buscamos que se formen y así prever situaciones de seguridad”.

Además, a través de una alianza con la Secretaría Distrital de Educación, nació un colegio con una estrategia de Educación Restaurativa en Espacios Seguros (ERES) para que los jóvenes del sistema de responsabilidad penal o en riesgo puedan terminar su bachillerato.
“Son muchachos que no tienen muchas oportunidades para estudiar. En este colegio, los psicosociales del Centro de Justicia Juvenil Restaurativa trabajan temas de habilidades socioemocionales, proyecto de vida y orientación socio-ocupacional”, apuntó Alejandro.
La comunidad aledaña al Centro Integral de Justicia Campo Verde, un barrio que sigue ampliando su número de conjuntos de apartamentos, también empezó a visitar el lugar para disfrutar de talleres deportivos, danza, zancos y tejidos en mostacilla.
“Hace dos meses nos quitaron la acción popular y por eso vamos a poder atender hasta más de 1.000 personas, entre los muchachos que van a vivir acá, los que reciben atención psicosocial y la comunidad; el Centro de Justicia Juvenil Restaurativa está ad portas de abrir sus puertas”.

¡Bienvenida la agricultura urbana!
El gris predomina en todos los equipamientos que conforman el Centro Integral de Justicia Campo Verde, un color poco acogedor que le da un aspecto lúgubre y triste a esta moderna edificación de la localidad de Bosa.
Como coordinador general del Centro de Justicia Juvenil Restaurativa, Alejandro se propuso darle vida y color a las instalaciones de este sitio, empezando por las paredes y varias sillas y mesas en cemento que hay en la zona deportiva.
“Primero pintamos murales en algunas de las paredes que rodean las canchas de baloncesto, voleibol y fútbol; el más grande dice ‘Lucha por ser libre’ y está conformado por la silueta colorida de 10 jóvenes”.

En el centro del muro más grande del lugar, varios artistas pintaron la silueta de la Virgen de los Milagros, una imagen religiosa católica que muy pronto va a contar con un mosaico colorido elaborado con fragmentos de cerámica.
Según Alejandro, esta obra le hace homenaje a la figura de esta virgen que cuidaban los adolescentes privados de la libertad de Bosconia, un centro de atención de la Secretaría de Seguridad con los mismos problemas de comportamiento que El Redentor.
“Cada vez que intentaban fugarse, estos jóvenes tomaban la Virgen de los Milagros y luego quemaban lo demás. Luego se pintó su imagen en una de las puertas y ya no volvieron a escaparse por ahí”.
Además de los murales en las paredes y los juegos de ajedrez y parqués en los que se están convirtiendo las mesas en concreto, Alejandro quería que la zona deportiva del Centro de Justicia Juvenil Restaurativa tuviera algo verde y natural.

“Siempre he pensado que sembrar tiene una gran relación con el enfoque restaurativo: a través del cuidado de las plantas, los jóvenes pueden cambiar la identidad y mentalidad negativa que tienen por haber hecho cosas malas”.
El coordinador general sabía que el Jardín Botánico de Bogotá (JBB) podía ayudarlo a reverdecer el sitio con el montaje de una huerta y brindarles un curso de agricultura urbana a varios de los servidores públicos de la Secretaría de Seguridad que allí trabajan.
Alejandro se comunicó con Sindy Lorena Rivera, coordinadora del equipo de agricultura urbana del Jardín Botánico en las localidades de Bosa y Kennedy. La profesional le informó que el curso requería un mínimo de 10 personas.
“Le conté que el centro no contaba con zonas verdes, es decir que no se podía sembrar en el suelo. Sindy me propuso hacer una huerta en varios modulares; el JBB nos daría la madera, la tierra, las plántulas y la mano de obra”.

Nuevos huerteros
Rodrigo Intencipa, ingeniero agrónomo del JBB que tiene a su cargo el fortalecimiento de las huertas urbanas de Bosa, fue escogido para liderar el curso básico de agricultura urbana con los trabajadores del Centro de Justicia Juvenil Restaurativa de Campo Verde.
“Cuando me reuní con Alejandro, a mediados de junio, me informó que el interés del centro es que la agricultura urbana sea uno de los elementos en la restauración y sanación de los jóvenes, es decir que tengan espacios donde puedan interactuar con la naturaleza”.
Cerca de 15 docentes y administrativos de este centro, servidores públicos de la Secretaría de Seguridad, y algunos habitantes del barrio, fueron los alumnos de Rodrigo en las cinco sesiones que duró el curso, clases donde aprendieron lo básico para convertirse en huerteros.
Durante un poco más de un mes, recibieron capacitaciones sobre el manejo agroecológico de las huertas, elementos básicos para el montaje, distancias de siembra y cómo hacer biopreparados para controlar las plagas.

“También aprendieron a cosechar las hortalizas y plantas aromáticas; hacer pomadas y aceites esenciales; y labores como el aporque y podas. Fue un curso muy especial porque todos los conocimientos los iban a aplicar en la futura huerta que íbamos a montar”, dijo Rodrigo.
Terminado el curso, el profesional del JBB recorrió la zona deportiva del centro para escoger el sitio que podía albergar la futura huerta. Un corredor ubicado entre las dos canchas y una pared, fue seleccionado.
“La huerta del Centro de Justicia Juvenil Restaurativa de Campo Verde estaría conformada por ocho modulares con 24 cajones, es decir tres cajones por modular (cada uno mide un metro por 30)”.
Entre agosto y septiembre, Rodrigo y dos operarios (Pedro Palma, que lleva dos décadas trabajando en el JBB, y Wilbert Becerra), les dieron forma a los modulares y cajones. En algunas jornadas participaron 20 jóvenes que estudian en el colegio de Educación Restaurativa en Espacios Seguros.

“Después de armar las ocho camas modulares, los muchachos, entre los 14 y 17 años, nos ayudaron a barnizarlas, ubicarlas en el lugar de la cancha y llenarlas de tierra abonada con cascarilla de arroz”.
Para Rodrigo, la participación de estos jóvenes en el montaje de la huerta fue fundamental. “Demostraron que tienen un gran interés por la agricultura urbana y algunas de sus mamás vinieron a verlos; ellos ayudarán con el mantenimiento de la huerta”.
Manos a la huerta
Para reverdecer la huerta del Centro de Justicia Juvenil Restaurativa, el Jardín Botánico aportaría 185 plántulas de nueve especies de hortalizas y aromáticas: lechuga crespa, remolacha, mizuna roja, rábano, zanahoria, apio, hierbabuena, perejil liso y menta.
Alejandro y Rodrigo acordaron que la siembra de estas plántulas sería realizada por los funcionarios de la Secretaría de Seguridad y habitantes del barrio que participaron en el curso, además de los 20 jóvenes que ayudaron a barnizar los modulares.

“De esta manera se iba a generar un mayor sentido de apropiación y cuidado por esta huerta modular que va a aportar mucho a la vinculación, resocialización y obtención de nuevas capacidades en los jóvenes que estén en el centro”, precisó el ingeniero.
La jornada de siembra y el lanzamiento oficial de la huerta, proyecto agroecológico que aun no tiene nombre, fueron realizados el pasado martes 14 de octubre a las 11 de la mañana en un evento al que asistieron más de 40 personas.
Las manos de los servidores públicos de la Secretaría de Seguridad, el Jardín Botánico y la Alcaldía Local de Kennedy; las de cerca de 10 jóvenes que ayudaron en el montaje; y las de varios ciudadanos del sector; serían las encargadas de reverdecer la huerta.
La actividad inició en uno de los salones del Centro de Justicia Juvenil Restaurativa que tenía una mandala en el suelo con las 185 plántulas y varias flores ubicadas alrededor de un burro de peluche llamado Arequipe.

“Antes de sembrar vamos a dialogar un poco sobre cómo las plantas han estado presentes en nuestras vidas. Cuando Arequipe llegue a sus manos, contarán sus historias verdes y cogerán una de las plántulas”, les explicó Alejandro.
Las abuelas y madres campesinas fueron las protagonistas de esta actividad. La mayoría de los participantes contaron que ellas fueron las encargadas de introducirlos en el mundo de la botánica a través de los remedios caseros o los jardines y huertas que tenían en sus hogares.
Este no fue el caso de Michelle, Danna, Steven, Helen, Jorge, Kevin, Lina, Mauricio y Luciana, jóvenes que estudian en el colegio del centro y participan en varios de su talleres y actividades; aseguraron no haber tenido ningún contacto con las plantas.
“Nunca hemos sembrado una mata y en nuestra infancia nadie nos enseñó sobre ellas. Por eso, esta jornada de siembra será muy especial para nosotros; además de aprender, nos convertiremos en los guardianes de la huerta”.

Al finalizar este ejercicio de intercambio de experiencias, los más de 40 ciudadanos se dirigieron al patio deportivo para sembrar las lechugas, remolachas, mizunas, rábanos, zanahorias, apios, hierbabuenas, perejiles y mentas.
El equipo de profesionales y operarios del JBB, conformado por Sindy Rivera, Rodrigo Intencipa, Jose Guatibonza, Adriana Huérfano y Pedro Palma, los guiaron durante la jornada de siembra.
“En los cajones superiores vamos a sembrar hierbabuena, menta y lechuga; en los del medio rábano, remolacha y zanahoria; y en los de abajo mizuna, perejil y apio. Pueden utilizar las palas o hacerlo con sus propias manos”.
“Fue una experiencia muy bacana. Sentir la tierra y meter la pequeña plántula en el suelo para que luego se convierta en un producto que nos vamos a comer, es algo mágico. Hoy corroboramos que la agricultura urbana es una actividad terapéutica”, aseguraron algunos de los jóvenes.

Más huertas
Wilson Rodríguez, coordinador del proyecto de agricultura urbana y periurbana del Jardín Botánico, aseguró que la nueva huerta modular del Centro de Justicia Juvenil Restaurativa de Campo Verde es el inicio de una gran alianza.
“Aunque el centro carece de zonas verdes y blandas, esto no significa que no pueda albergar muchas huertas. Ya hemos identificado varios espacios aptos para el montaje de futuros terruños agroecológicos”.
Uno de ellos está ubicado en la zona donde funciona el taller de cocina, un espacio amplio al aire libre donde se puede replicar la técnica de modulares con cajones de madera o hacer uso de las paredes para sembrar en estructuras verticales.
“Además, con una huerta en el taller de cocina podemos trabajar mancomunadamente para brindarles a los jóvenes y la comunidad del sector nuestros talleres de gastrobotánica y transformados”, afirmó Wilson.
Según Alejandro, el objetivo de esta huerta es que suministre algunos de los alimentos que se necesitan para los talleres de cocina del centro. “Estamos en conversaciones con la Alcaldía Local de Kennedy para que nos aporte los materiales necesarios para el montaje”.

El coordinador de este centro juvenil manifestó que estos proyectos de agricultura urbana le van a dar más vida y nuevos colores al lugar. “Poco a poco, el gris va a mermar y el centro se convertirá en un espacio más amigable, colorido y vivo”.
Otra actividad que está en el tintero, según informó Rodrigo Intencipa, es que los 20 jóvenes que ayudaron con el montaje de la primera huerta modular, participen en el curso básico de agricultura urbana del Jardín Botánico.
“Este centro cuenta con un alto potencial para fortalecer la agricultura urbana en la localidad de Bosa. Además de los jóvenes que participan en sus actividades, es un espacio de puertas abiertas para la comunidad”.
Por último, Sindy Rivera, coordinadora territorial del JBB, expresó que la articulación con el Centro de Justicia Juvenil Restaurativa va a arrojar muchos más frutos para los adolescentes y la ciudadanía en general.
“Creemos que estos procesos transforman vidas y pueden impactar positivamente en cada una de las personas. Queremos que muchos más jóvenes se sumen a esta iniciativa y lleven la agricultura urbana a sus casas”.


