- En 2024, un terreno de 91 metros cuadrados ubicado al frente del Comando de Atención Inmediata (CAI) de Usme Pueblo, se convirtió en una huerta.
- Cerca de 80 jóvenes de la localidad que hacen parte del programa de cívica infantil y juvenil de la Policía Nacional, son los encargados de sembrar y cosechar.
- La líder del proyecto, una subintendente de la oficina de policía comunitaria de Usme, ya radicó todos los documentos del protocolo de huertas en espacio público.

El campo sigue vivo en Usme Pueblo, un lugar montañoso bañado por una densa neblina y por donde fluye diáfano y turbulento el río Tunjuelo. Una de sus calles empinadas es la puerta al páramo más grande del mundo: Sumapaz.
La mayoría de sus habitantes visten ruanas gruesas de lana de oveja, sombreros de paja que los protegen del sol y botas de caucho. Los recovecos del lugar huelen a morcilla, longaniza, caldo de costilla, café cerrero y arepas recién hechas.
Cientos de camiones bajan de la montaña cargados con costales llenos de papas, cebolla, arveja, maíz y cebada, productos que cultivan los campesinos de Usme en sus fincas para luego viajar durante largas horas hasta llegar a la zona urbana de Bogotá.
Desde el Comando de Atención Inmediata (CAI) de Usme Pueblo, un sitio ubicado en el parque Legado Muisca y en cercanías del cementerio y la Plaza Fundacional, un ícono con 375 años de vida, se ve un amplio panorama de la ruralidad bogotana.

En esta zona, Neidy Chipatecua Rodríguez, subintendente de la oficina de policía comunitaria de Usme, un departamento de la Policía Nacional, gestionó recursos y capacitaciones para montar una huerta comunitaria.
“La idea nació por la huerta que hizo un subintendente en el CAI de Monserrate, una iniciativa personal que luego utilizó para promover la agricultura urbana con niños, comunidad y otros uniformados. Él nos dijo que todos estos centros deberían tener una huerta”.
A mediados de 2024, Neidy empezó a tocar varias puertas para convertir un barranco de 91 metros cuadrados en una pequeña representación del campo. Para esto, necesitaba asesoría técnica porque no sabía nada sobre el arte de sembrar.
“Me comuniqué con la Unidad Local de Asistencia Técnica Agropecuaria y Ambiental (ULATA) de la Alcaldía Local de Usme para recibir capacitación. También les pregunté a varios de mis compañeros de la oficina de policía comunitaria”.

Latidos de la tierra
El objetivo del proyecto no era que los uniformados sembraran hortalizas y plantas aromáticas. Esta huerta comunitaria iba a florecer con las manos de varios jóvenes que hacen parte del programa de cívica infantil y juvenil de la Policía Nacional.
“Escogimos jóvenes entre los 12 y 17 años para empezar a transformar el terreno. Conseguimos la malla, comerciantes del sector nos donaron palos y líderes comunales nos ayudaron a montar el cerramiento, una medida necesaria porque en la zona hay muchos caballos y vacas”.
La ULATA de Usme les suministró tierra abonada y algunas plántulas para darle vida a la huerta. Durante varios meses, cerca de 80 jóvenes del programa se convirtieron en huerteros y les hicieron un homenaje a los campesinos que siembran en la ruralidad de la localidad.
Unos vecinos del CAI de Usme Pueblo, una pareja de señores de la tercera edad, les dieron varias recomendaciones para sembrar. Según Neidy, un señor de la zona les prestó las herramientas, como picas y azadones.

“Fue un trabajo duro porque tuvimos que retirar mucha maleza del terreno. Cuando quedó despejado y con la tierra abonada, los jóvenes empezaron a sembrar varias hortalizas, plantas aromáticas y plantas de jardín”, informó la subintendente.
Los nuevos huerteros dividieron la zona en tres sectores: el primero para las aromáticas y el jardín ornamental; el segundo para el tomate cherry, calabaza, col rizada y apio; y el tercero para las lechugas, zanahoria, cilantro y repollo.
“Ya hemos sacado varias cosechas, alimentos que los jóvenes llevan a sus casas y algunos se los repartimos a las personas más necesitadas de la zona. Aunque la cosecha no es grande, es nuestro aporte a la soberanía alimentaria”.
Los jóvenes huerteros nombraron el proyecto Latidos de la tierra, un terruño agroecológico que visitan dos domingos al mes. Sin embargo, Neidy asegura que el ideal es hacer actividades cada ocho días.
“En algunas ocasiones, el personal del CAI de Usme Pueblo nos ayuda con actividades como el riego. Cuando ven que ha salido mucha maleza, se comunican conmigo para que venga con los jóvenes”.

Protocolo
Por estar ubicada en el espacio público de la ciudad, puntualmente dentro del parque Legado Muisca, Latidos de la tierra debe tramitar los requisitos de un protocolo del Jardín Botánico de Bogotá (JBB) para así formalizar la actividad de agricultura urbana y recibir asesoría e insumos.
En mayo de este año, Camilo Peña, técnico de campo del equipo de agricultura urbana del JBB en la localidad de Usme, visitó la huerta y le dio una asesoría a la subintendente para iniciar con la documentación que exige el protocolo para huertas en espacio público.
“El protocolo cuenta requisitos como estar en un terreno óptimo; tener buena iluminación, tierra nutrida y sostenida, presencia de recurso hídrico y que no afecte los recursos naturales. En la revisión de esta huerta, evidenciamos que cumple con todos”.
Actualmente, toda la documentación es evaluada por el Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD), entidad administradora del espacio público donde está ubicada la huerta. “Estamos esperando la respuesta”, mencionó Peña.

Si hay visto bueno por parte del IDRD, el Jardín Botánico iniciará el fortalecimiento de esta huerta comunitaria donde los jóvenes de Usme siembran vida. La entidad les brindará asistencia técnica, capacitaciones e insumos como plántulas, tierra y herramientas.
“Este proyecto agroecológico también será socializado con las personas que habitan cerca del CAI de Usme Pueblo, otro de los requisitos del protocolo. La huerta no presenta conflictos y beneficia a muchos jóvenes”, precisó el profesional del JBB.
La subintendente de la oficina de policía comunitaria de Usme está a la espera de la respuesta para continuar con el proyecto. “Es urgente mejorar el cerramiento. Los caballos y vacas se comen las hortalizas y además dañan la estructura”.


