- 44 niños y jóvenes de este barrio de la localidad de Ciudad Bolívar tomaron el curso básico de agricultura urbana del Jardín Botánico José Celestino Mutis.
- Luego de aprender sobre germinación, propagación, suelos, cosecha, transformación y manejo de las huertas, se graduaron como ‘huerteritos’.
- Estos pequeños guardianes de la naturaleza hacen parte de Niños con Futuro, una fundación que les brinda talleres lúdicos y ambientales.

Los ojos grandes y negros de Santiago Mendoza, un niño de cinco años que no supera el metro de altura, expresan a la perfección si está feliz, triste o molesto. No necesita hablar para que sus padres, familiares y amigos sepan lo que siente.
Este pequeño que cursa transición en un jardín infantil de Bella Flor, un barrio ubicado en lo más alto de una de las montañas de Ciudad Bolívar, hizo uso de su talento expresivo para demostrar la emoción que le causaba conocer el Jardín Botánico de Bogotá (JBB).
Al bajarse de un bus escolar, Santiago salió corriendo hacia la fuente de agua rodeada por varias plantas y arbustos ubicada en la entrada de la calle 63. Su mirada solo revelaba felicidad y la sonrisa le llegaba hasta las orejas.
Luego de contemplar por algunos minutos una diminuta parte de la biodiversidad que resguarda esta entidad que cumplió 70 años de vida, el curioso y expresivo niño rompió su silencio. “Voy a jugar en un bosque. Ojalá vea girasoles, mi planta favorita”.

Santiago no estaba solo. Otros 25 niños y jóvenes de Bella Flor, con edades entre los cuatro y 18 años y que reciben talleres lúdicos y ambientales en la Fundación Niños con Futuro, también iban a recorrer el bosque urbano más biodiverso de Bogotá.
José Chacón, un hijo de Ciudad Bolívar que hace tres décadas le dio vida a esta fundación para que la población infantil del barrio aprenda nuevas temáticas a través del juego, la danza, la música y el dibujo, los organizó en un círculo.
“Hoy vamos a cumplir el sueño de conocer este hermoso jardín de nuestra ciudad. Además, se van a graduar como ‘huerteritos’ por haber participado en el curso básico de agricultura urbana que nos brindó la entidad”.

Omar Zamudio y María José Gómez, profesionales del equipo de agricultura urbana del JBB en la localidad de Ciudad Bolívar, los formaron por orden de estatura y luego los llevaron al icónico lago de la entidad.
Los niños y jóvenes de Bella Flor miraban con curiosidad la belleza acuática del cuerpo de agua. Santiago y sus dos mejores amigos, Andrés Smith Bermejo y Brian Gutiérrez, se acercaron para ver si podían ver ranas.
“Nos gustan esos bichos. Nunca habíamos visto de cerca un lago y por eso queríamos meternos a nadar, pero los profesores nos llamaron la atención. Es la primera vez que vemos tanta naturaleza”.

Futuros huerteros
Los 26 niños y jóvenes de Bella Flor, barrio que empezó a conformarse en 1985 sobre los terrenos de una antigua cantera, se sentaron para escuchar una corta intervención de Omar, profesional que fue su profesor durante el curso básico.
“En las dos sesiones del curso que hicimos en la sede de la fundación, aprendimos sobre la implementación y manejo integral de las huertas; germinación y propagación; suelos y abonos; y cosecha y transformación. Quiero que me digan qué fue lo que más les gustó”.
Lina Marley Quintero, una niña bastante inquieta que se quitó los zapatos para escuchar la charla, levantó su mano. “A mi me gustó mucho sembrar las semillas del cilantro en una botella plástica. La planta ya está grande y mi mamá dice que ya casi se le puede echar a la sopa”.

Andrés, Santiago y Brian concordaron con su compañera. “Los cilantros los tenemos en la terraza y ya les salieron varias hojas. En el curso nos gustó mucho aprender cómo una semilla tan chiquita se convierte en una planta que nos sirve para comer”.
Según Omar, este curso fue una solicitud que hizo la Fundación Niños con Futuro a través del Concejo de Bogotá. En total participaron 44 pequeños de este barrio de Ciudad Bolívar, “pero hoy solo nos pudieron acompañar 26 debido a compromisos en sus colegios”.
Como se trataba de capacitar a niños y jóvenes, el profesional tuvo que adecuar su lenguaje para que todos pudieran aprender sobre agricultura urbana. Los conceptos técnicos se fusionaron con las actividades prácticas.
“Para mantenerlos atentos, mezclé la teoría con la práctica. Por ejemplo, aprendieron de germinación y propagación haciendo los semilleros de cilantro en pequeñas botellas plásticas con tierra abonada”.

A través de fotografías, hojas y tallos, conocieron algunas de las hortalizas, frutales y plantas aromáticas y medicinales que se siembran en las huertas urbanas. Omar también les mostró imágenes de los insectos que habitan en estos terruños agroecológicos.
En una de las clases del curso, el profesional les preguntó a los pequeños de dónde vienen los alimentos que se comen a diario. La mayoría respondió que las verduras, frutas, huevos y leche se producen en las tiendas del barrio.
“Quedaron sorprendidos al conocer que la comida de las ciudades nace en las manos de los campesinos y agricultores urbanos, y que para producir una sola papa hay mucho esfuerzo. Este curso también buscó que aprendieran y valoraran el trabajo del campo”.
Santiago fue uno de los niños que cambió su forma de pensar en el curso básico de agricultura urbana. “Yo pensaba que los huevos y las lechugas las creaban en las tiendas. Ahora sé que vienen de muy lejos, donde viven los campesinos”.

Recorrido térmico y huertero
Finalizado el recorderis sobre los aprendizajes del curso básico de agricultura urbana, el turno fue para Solangie Parrado, bióloga y profesional del grupo de rutas agroecológicas del JBB que se encargaría de liderar el recorrido por dos colecciones vivas.
“Primero vamos a agudizar nuestra vista, olfato y oído para conocer el Tropicario, el invernadero más grande de Sudamérica. Luego visitaremos la huerta urbana más hermosa de Bogotá, un sitio donde podrán recordar todo lo que aprendieron con Omar”.
Durante una hora, los ‘huerteritos’ de Bella Flor recorrieron los seis domos en vidrio del Tropicario, un espacio de 2.700 metros cuadrados inaugurado en 2021 donde se reproducen las condiciones bioclimáticas de algunos ecosistemas de Colombia.

Viajaron por el páramo, ecosistema montañoso donde nacen los ríos; las selvas húmedas tropicales de la Amazonia y el Pacífico colombiano; los valles interandinos de los ríos Cauca y Magdalena; el bosque seco tropical; y el desierto de la Alta Guajira.
En cada parada, Solangie les habló sobre algunos de los más de 1.700 individuos vegetales de 460 especies que alberga esta representación de la biodiversidad y los climas de Colombia, como los cactus, yarumos, frailejones, orquídeas, heliconias y bromelias.
“Tuvieron la oportunidad de conocer la victoria regia (Victoria amazonica), una especie que solo habita en en los lagos y madres viejas de la cuenca del río Amazonas y que el fundador del JBB, Enrique Pérez Arbeláez, logró traer a la entidad”.

Los rostros de Santiago y sus amigos solo expresaban sorpresa cada vez que ingresaban a uno de los domos del Tropicario. Los cambios de clima, del frío del páramo al calor del bosque seco, los maravillaron.
“Fuimos del calor de Melgar al frío de la montaña de Ciudad Bolívar en un mismo sitio. Además de ver muchas plantas, me gustó conocer observar peces, ranas y renacuajos en los estanques. En el recorrido sonaban ruidos como de micos”.
La segunda parada del recorrido fue en la huerta urbana del Jardín Botánico, un jardín biodiverso de 3.329 metros cuadrados conformado por 62 eras donde se siembran 130 especies y 240 variedades de hortalizas, frutales y plantas medicinales y aromáticas.

En este terreno agroecológico creado hace 21 años y catalogado como la madre de todas las huertas urbanas de la capital del país, los pequeños de Bella Flor reconocieron varias de las plantas que vieron durante el curso básico.
“Reconocí de una al cilantro, la planta que está creciendo en una botella con tierra que tenemos en la terraza. La de esta huerta es muy grande y por eso creo que a la de la casa aún le falta para que podamos hacer una sopa”, expresó Lina Marley.
También conocieron a Ofelia Pinto, una campesina del departamento del Huila que, desde hace más de una década, cuida y mantiene verde la huerta del JBB y realiza actividades de educación ambiental sobre las plantas de la agricultura urbana.
“Para nadie es un secreto que Bella Flor es uno de los barrios con mayores problemáticas sociales de la ciudad. La agricultura urbana les servirá mucho a estos hermosos niños y jóvenes que viven en medio de bastantes conflictos”.

Muestra gastrobotánica y graduación
La gastrobotánica, disciplina que fusiona la botánica y la gastronomía para estudiar y rescatar los usos ancestrales del mundo vegetal, también estuvo presente en el recorrido que hicieron los niños y jóvenes de Bella Flor en el JBB.
En el Centro de Experiencia de Alto Nivel, sitio ubicado a pocos metros de la huerta, Juan Puentes, subchef de la línea gastrobotánica de la entidad, les tenía preparada una receta dulce y saludable con dos de las plantas más utilizadas en la agricultura urbana.
“Les voy a preparar un dip de uchuva con acelga, espinaca, cereal de quinua, yogur griego, queso crema, azúcar dietética y flores de pensamiento. Este plato demuestra que también podemos elaborar postres con las plantas de las huertas”.

Mientras Juan mezclaba los ingredientes, los ‘huerteritos’ probaron la quinua y palparon las hojas de las acelgas y espinacas. “Esas bolitas de quinua me gustaron mucho porque saben al maíz pira. Creo que me comí como 20”, dijo Santiago.
Cuando recibieron el postre, casi todos los pequeños le retiraron el pensamiento. Al ver esto, el subchef les informó que esta flor es comestible. “Tienen un sabor ácido, pero al revolverlo con el yogur sabe delicioso; quiero comerme cinco postres”, expresó Andrés.
Terminada la muestra gastrobotánica, por fin llegó el momento más esperado: la graduación. Solangie fue la maestra de ceremonia y poco a poco fue llamando a cada uno de los 26 niños y jóvenes que pudieron asistir para que recibieran el diploma y posaran para las fotografías.

“Este diploma los convierte en ‘huerteritos’, es decir que ya saben sembrar. Los conocimientos que adquirieron en el curso no deben quedarse en sus mentes: el objetivo es que los compartan con sus familiares y amigos para que también se conviertan en huerteros”.
Omar Zamudio, profesional del JBB que fue su docente en agricultura urbana durante más de 10 horas, les agradeció por los buenos comportamientos durante el curso y les dijo que seguirá fortaleciendo sus conocimientos.
“Nos vamos a volver a encontrar. Tenemos pensado generar más actividades en la fundación para enriquecer todo lo que aprendimos en el curso. Uno de los proyectos que queremos hacer es montar una huerta urbana para que puedan sembrar y cosechar”.

José Chacón, líder de la Fundación Niños con Futuro, manifestó que esta alianza con el JBB y el Concejo de Bogotá dejó una huella imborrable en la vida de estos niños y jóvenes que serán los futuros huerteros de Bella Flor.
“La fundación, que fue constituida legalmente en 2012, les brinda actividades de aprendizaje a través del juego, la danza, la música y el componente ambiental. El curso de agricultura urbana les dejó muchas enseñanzas que van a compartir con sus familiares y amistades”.
Al finalizar la ceremonia de graduación, los ojos de Santiago volvieron a ser su principal medio de comunicación. Las lágrimas y nostalgia en su mirada indicaban que algo le estaba causando una gran tristeza.
“Un compañero me arrugó el diploma y me puse muy triste porque quiero que mis papás lo peguen en la pared de la sala. Dejé de llorar cuando el profe me dijo que lo iba a volver a imprimir: yo quiero ser uno de los huerteros de mi barrio”.


