• En la huerta escolar de este jardín infantil de la Secretaría de Integración Social en la localidad de Tunjuelito, cientos de niños tienen su primer contacto con la naturaleza.
  • Desde hace tres años, los pequeños aprenden a cuidar las plantas en esta aula viva. También ayudan a sembrar y regar en compañía de las docentes y los padres de familia.
  • Este proyecto agroecológico es hijo de La Abundancia, una huerta comunitaria liderada por mujeres, y recibe la asesoría técnica del Jardín Botánico de Bogotá.

Hace 10 años, un predio esquinero de 1.300 metros cuadrados ubicado en la carrera 28 con calle 48a sur, un sector del barrio El Carmen en la localidad de Tunjuelito y que colinda con el parque principal, se transformó en un frente de obra.

No se trataba de la construcción de un moderno edificio de apartamentos o un complejo comercial. El terreno fue adquirido por el Distrito para convertirlo en un sitio que garantizara la atención integral de los niños del sector.

Más de 3.700 millones de pesos fueron invertidos en la demolición de las antiguas viviendas y el montaje del jardín infantil El Carmen, una amplia edificación de dos pisos con una fachada enladrillada y que abrió sus puertas en marzo de 2017.

Según la Secretaría Distrital de Integración Social, en este nuevo jardín cerca de 300 niños en la etapa de primera infancia empezaron a ser atendidos en modalidades como sala materna, caminadores y párvulos.

“El jardín infantil El Carmen incluye apoyo alimentario, seguimiento al estado nutricional, actividades pedagógicas y talento humano idóneo y calificado para hacer seguimiento a cada niño”, asegura la entidad en su página web.

La única zona al aire libre en esta guardería del sur de la ciudad, un pequeño corredor lineal ubicado en el primer piso, fue utilizada como parqueadero de bicicletas y depósito de materiales. El panorama le irritaba la vista a las profesoras.

“El sitio estaba desaprovechado. Con mis compañeras pensamos que se podía convertir en un lugar donde los niños jugaran en medio de los rayos del sol o en una zona para dar marcha a un proyecto ambiental”, recuerda la docente Sandra Sandoval.

Según la actual encargada del Plan Institucional de Gestión Ambiental (PIGA) del jardín, una herramienta de planificación que permite evaluar la situación ambiental, la profesora Sandra Milena Gil se puso al frente de la situación.

“A Sandra Milena, que este año fue reubicada en otro jardín de Tunjuelito, se le ocurrió convertir la zona en una pequeña huerta. Sin embargo, ninguna de nosotras teníamos conocimientos de agricultura urbana”.

La falta de experiencia no las desmotivó. Al frente del jardín infantil El Carmen está La Abundancia, una huerta comunitaria liderada por varias mujeres que nació en 2017 y la cual le puso fin a un depósito de toda clase de residuos.

“Las agricultoras urbanas de La Abundancia, señoras que comparten todos sus conocimientos con la comunidad, nos podían ayudar con el nuevo proyecto huertero. Sandra Milena, con autorización de la coordinadora, nos dijo que iba a hablar con ellas”.

Huerta Nakarajuta

Hace tres años, las hermanas gemelas Helena y Betty Beltrán y Marta Ubeny Hernández, quienes participan en la huerta La Abundancia desde sus inicios, se reunieron con la profesora Sandra Milena Gil y conocieron el sitio del jardín que quería transformar.

“La zona, pegada a una pared, era lineal y pequeña. Pero como estamos convencidas que para sembrar no hay barreras, enseguida vimos potencial para llenarla con tierra y montar varias camas a ras de suelo”, aseguró Helena.

Las huerteras acordaron ayudar a la docente con el montaje del nuevo proyecto agroecológico, mejorar unos bultos de tierra que había en el jardín y llevar varias semillas de las hortalizas y plantas medicinales de La Abundancia.

“Sin embargo, le informamos que nosotras no haríamos el trabajo físico. El objetivo era brindarles nuestros conocimientos huerteros y que luego las profesoras se encargaran de la creación de la nueva huerta”.

Durante varias semanas, las profesoras, lideradas por Sandra Milena, transformaron el terreno aplicando a cabalidad los consejos de las tres agriculturas urbanas. Según Helena, que se convirtió en la madrina de la futura huerta, fue un proceso muy enriquecedor.

“Las profes le metieron el hombro al sitio para crear una hermosa huerta con nuestras recomendaciones. Cuando el terreno quedó listo con la tierra abonada, ellas hicieron la primera siembra con varias semillas de La Abundancia”.

Luego de varios meses de arduo trabajo en campo, Sandra Milena dio inicio a la segunda fase del proyecto huertero. Su objetivo siempre fue que la huerta se convirtiera en un aula viva donde los niños del jardín El Carmen aprendieran a cuidar las plantas.

“El primer paso fue una visita a la huerta comunitaria La Abundancia para que los niños conocieran todas las plantas y las semillas. Las hermanas Helena y Betty y la señora Marta fueron las maestras en esta jornada”, apuntó Sandra Sandoval.

Helena recuerda que, durante esa visita realizada durante uno de los días de la Semana Ambiental del Distrito, los niños se untaron de tierra, tocaron con cuidado las hojas y frutos de las plantas y recorrieron la huerta.

“Conocieron que la zanahoria no viene de la nevera. Les mostramos cómo su semilla se convierte en una planta y al final arroja una raíz comestible de color naranja que es la que nos comemos. También probaron varios de los vegetales”

La huerta del jardín infantil El Carmen fue nombrada Nakarajuta, una palabra de la lengua de los sikuani, indígenas que habitan en varias zonas de la Orinoquia de Colombia y Venezuela, y que significa provisión de la tierra.

“Es un homenaje a nuestras raíces indígenas. Además, también representa cómo logramos convertir un espacio desaprovechado en una huerta que nos provee de varios alimentos saludables”, informó Yurany Linares, actual coordinadora del jardín.

Los jardineritos

Los niños más grandes del jardín, con edades entre los dos y cinco años, empezaron a participar en las actividades de mantenimiento de la huerta. Acompañados por las profesoras y en grupos de no más de 15, comenzaron a sembrar y regar.

Así nació el grupo de los jardineritos, decenas de niños que visitan la huerta disfrazados con camisas, pantalones y gorros que utilizan los granjeros. Además de sembrar con pequeñas palitas y regar con las regaderas, en estas jornadas aprenden a cuidar las plantas.

Según Yurany y Sandra Sandoval, en la huerta Nakarajuta cientos de niños han tenido su primer contacto con la naturaleza y poco a poco se están formando como los futuros guardianes de la biodiversidad.

“Cada vez que visitan la huerta, los jardineritos tocan las hojas y las flores con cuidado y ya saben que no deben arrancarlas. Estamos sembrando conciencia ambiental en las nuevas generaciones”.

Los padres de familia también han participado en varias jornadas de siembra, cosecha y riego, actividades en las que fortalecen los vínculos con sus hijos y además aprenden sobre agricultura urbana y el cuidado de la naturaleza.

“Cuando hay cosecha, organizamos paquetes de hortalizas y se los damos a los papás cuando vienen a recoger a los niños para que preparen recetas saludables en sus casas; esta huerta también apunta a la seguridad alimentaria”.

Este año, Sandra Sandoval, a través del PIGA, creó una nueva actividad en torno a la huerta: enseñarles a los niños cuáles hortalizas hacen parte de la dieta de los animales de corral, como vacas, ovejas, gallinas y caballos.

“Les mostramos fichas con los rostros de los animales y llevamos algunas de las verduras de la huerta para que las asocien. Al final, los niños prueban las lechugas, acelgas, tomates y zanahorias (todas previamente lavadas) y así le cogen gusto a las ensaladas”.

Manos amigas

Además de las agriculturas urbanas de La Abundancia, las madrinas de Nakarajuta, esta ‘guardería huertera’ ha contado con la ayuda de dos entidades del Distrito: el Jardín Botánico de Bogotá (JBB) y la Alcaldía Local de Tunjuelito.

Hugo Chiguasuque, profesional de territorio del equipo de agricultura urbana del JBB, conoció la huerta escolar hace más de un año cuando la lideresa Marta Ubeny Hernández le comentó sobre este proyecto agroecológico. 

“Martha, líder de la huerta La Abundancia, me puso en contacto con la profesora Sandra Milena Gil. Nos articulamos y desde esa época apoyo al jardín El Carmen con asistencia técnica e insumos como semillas, plántulas y tierra”.

Para Hugo, el proceso pedagógico con los jardineritos es el corazón de la huerta Nakarajuta. “Es muy importante sembrar la semilla de la conservación ambiental desde la primera infancia. Estoy seguro que, cuando sean grandes, los jardineritos van a cuidar la naturaleza”.

Cuando el profesional lleva los insumos al jardín, los pequeños huerteros participan en las jornadas de siembra. “Es una actividad muy bonita porque así conocen de dónde vienen los alimentos y todos los pasos que se deben realizar para tener una sola lechuga”.

El año pasado, esta pequeña huerta fue premiada por un convenio de la Alcaldía Local de Tunjuelito y la fundación ECODES. Según la coordinadora del jardín, les dieron varios insumos y suministros para fortalecer el proceso.

“Recibimos herramientas, como palas, además de tierra abonada y varias plántulas. Con muchas manos amigas, nuestra huerta pedagógica fortalece el entorno protector, une a las familias a través de la siembra y les enseña a los niños a cuidar las plantas”.

Helena concluyó que La Abundancia siempre tendrá un vínculo especial con Nakarajuta. “Estas huertas son madre e hija. Por eso, seguiremos brindándoles nuestras recomendaciones huerteras a las profesoras y realizando recorridos con los niños”.

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

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Jardín Botánico de Bogotá