• Esta huerta comunitaria ubicada en un parque de Fontibón nació por iniciativa de Luz Amanda Villamil, una líder que sembró la semilla de agricultura urbana en cerca de 25 habitantes de la zona.
  • Con la asesoría e insumos del Jardín Botánico y la Alcaldía Local de Fontibón, el terreno de 79 metros cuadrados se pintó de verde con una gran variedad de hortalizas, frutales y plantas medicinales.
  • Opain les instaló un muro con panel solar y sistema de recolección de agua lluvia, la Aeronáutica Civil les donó el cerramiento y Centros Médicos Colsanitas ha beneficiado a más de 500 pacientes con un programa de terapia hortícola.

A mediados de 2022, Luz Amanda Villamil sintió que el corazón se le rompió en mil pedazos cuando le informaron que debía levantar una pequeña huerta casera que había montado en una zona verde del conjunto residencial donde vive desde hace décadas.

El sueño huertero que hizo realidad a través de varios cursos de agricultura urbana con el Distrito, llegó a su fin por solicitud de varios habitantes de los edificios que no compartían su amor y pasión por sembrar.

Esta arquitecta con espíritu de líder social y ambiental no echó al baúl de los recursos sus conocimientos sobre el arte de cultivar la tierra. Todo lo contrario: se llenó de más ganas, energía y valentía para seguir sembrando en esta zona de San José de Fontibón.

Luz Amanda puso su mirada en una de las esquinas de Ofir, un parque público de proximidad ubicado a pocos metros de la transitada carrera 100 que está rodeado por varios pinos y eugenias de gran porte.

El sitio se había convertido en un baño público y lugar de encuentro de consumo de sustancias alucinógenas, impactos ambientales y sociales que perjudicaban a los miles de habitantes de los edificios que hacen ejercicio en las canchas deportivas y gimnasios al aire libre del parque.

Su objetivo era poner fin a esta problemática con el montaje de una huerta comunitaria, proyecto que Luz Amanda, a pesar de su berraquera y empeño, no podía hacer sola. Necesitaba de la activa participación de los vecinos que estuvieran interesados en sembrar.

“Yo vivo desde hace varios años en la urbanización El Trébol, uno de los conjuntos residenciales que rodean el parque. Cuando conocí a Luz Amanda y me contó de su proyecto huertero, inmediatamente quise participar”, aseguró José Luis Guerrero.

Luz Stella Ávila, quien vive a unas cuadras del parque Ofir, se enteró de la iniciativa mientras hacía ejercicios con otras mujeres mayores en la cancha deportiva. “Quedé maravillada con el proyecto y desde ahí Luz Amanda se convirtió en una gran amiga”.

¡A tocar puertas!

Cerca de 25 personas, la mayoría mujeres, le copiaron la idea a la aguerrida huertera y aceptaron cambiarle el aspecto a la esquina del parque con miles de hortalizas, frutales y plantas aromáticas y medicinales.

Sin embargo, Luz Amanda, una mujer que se caracteriza por una pasión desbordada por el estudio y el orden, sabía que por tratarse de un predio en espacio público, necesitaba de un permiso o autorización por parte del Distrito para trabajar la agricultura urbana.

“Era necesario tramitar los requisitos del protocolo de huertas en espacio público del Jardín Botánico de Bogotá (JBB) y que el Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD), entidad administradora del parque, nos diera el aval”, aseguró José Luis.

La arquitecta huertera se encargó de todas las tareas administrativas y el papeleo para darle vida a la huerta comunitaria. Mientras las entidades evaluaban la solicitud, sus nuevos amigos hicieron un curso de agricultura urbana en la Alcaldía Local de Fontibón.

“Luz Amanda es una excelente comunicadora y relacionista pública. Ella se encargó de tocar las puertas de las entidades del Distrito para que pudiéramos concretar el sueño de tener una huerta en el parque, la cual llamamos Ofir-El Trébol”, informó Luz Stella.

Wilmer López, profesional de campo del JBB en la localidad de Fontibón, fue el encargado de asesorar a la líder ambiental para que tramitara el protocolo. También la ayudó a hacer una caracterización del espacio para ver si tenía condiciones aptas para montar una huerta.

“Ofir-El Trébol cumplía con todos los requisitos ambientales y comunitarios exigidos por el protocolo. Le enviamos la solicitud al IDRD con la corazonada de que la respuesta iba a ser positiva”, apuntó López.

La felicidad invadió el cuerpo y el alma de los futuros huerteros cuando Wilmer les informó que el IDRD había dado el visto bueno para que montaran la huerta comunitaria en la deteriorada esquina del parque, una zona donde pasan aviones cada cinco minutos.

José Luis y Luz Stella recuerdan que la Alcaldía Local de Fontibón fue fundamental para la transformación de este predio de 79 metros cuadrados. Los funcionarios les ayudaron bastante a rellenar un gran hueco que había en la zona con la tierra que Luz Amanda consiguió.

“El Jardín Botánico nos envió varias de sus Mujeres que Reverdecen, un programa de la pasada administración que ayudo económicamente a muchas ciudadanas con algún grado de vulnerabilidad a cambio de fortalecer huertas, arbolado y jardines”.

La comunidad llevó sus propias herramientas para retirar el pasto kikuyo, nivelar el terreno, aplicar tierra abonada y empezar a construir las primeras camas para la siembra, en este caso utilizando cajones y muebles viejos de madera.

“Esas actividades nos llevaron meses de duro trabajo. Sin importar que estuviera lloviendo o haciendo un sol insoportable, dimos todo lo que podíamos para dejar la zona lista y que luego cogiera forma de huerta con los cultivos”.

Las primeras alianzas de este grupo comunitario y huertero de la localidad de Fontibón con el Distrito arrojaron como resultado un terreno nivelado y listo para sembrar una gran variedad de hortalizas, frutales y plantas medicinales.

Cerramiento con la Aerocivil

Luz Amanda tenía claro que los futuros cultivos agroecológicos no iban a sobrevivir si la huerta no contaba con un buen cerramiento. Por eso, aprovechando su talento para las relaciones públicas, tocó las puertas de la Aeronáutica Civil.

“Ella fue a la Aerocivil para hablar con los encargados de los programas de responsabilidad social y ambiental. Al conocer el proyecto, nos informaron que nos ayudarían con el cerramiento de toda la huerta”, dijeron los huerteros.

Con esta nueva protección, una malla de acero alta que fue pintada de color verde, los cultivos estarían protegidos del ingreso de las personas malintencionadas y no se verían afectados por las necesidades de los perros y gatos.

Los cerca de 25 adultos de la zona aplicaron los conocimientos de agricultura urbana adquiridos en los cursos en el terreno. Con sus propias manos y material reciclado que encontraban en el barrio, montaron 14 camas elevadas o cajones y cinco a ras de suelo.

“Empezamos a sembrar lechuga, kale, brócoli, col de bruselas y calabaza. Este último cultivo fue famoso en el barrio porque sacamos una calabaza inmensa que pesó como 25 kilos, un tesoro con el que hicimos un sancocho comunitario”.

A finales de 2022, la huerta Ofir-El Trébol reverdeció con miles de plantas de más de 50 especies de hortalizas, frutales y plantas medicinales y aromáticas, tesoros que los huerteros empezaron a cosechar para llevar a sus casas.

“Desde que fue aprobado el protocolo, el Jardín Botánico les ha brindado acompañamiento a estos huerteros, el cual incluye capacitaciones, talleres, asistencias técnicas y la entrega de insumos como sustrato, plántulas y abonos”, informó el profesional de campo de la entidad.

Terapia hortícola

Jeisson Gil, psicólogo y promotor comunitario de Centros Médicos Colsanitas en la localidad de Fontibón, ha sido testigo de todo el proceso de la huerta Ofir-El Trébol. Conoció a Luz Amanda cuando aún sembraba en la huerta que montó en el conjunto residencial donde vive.

“A inicios de 2022, ella fue remitida por los profesionales de Centros Médicos Colsanitas para que participara en los procesos que hacemos en nuestra huerta comunitaria. Desde ese momento empezamos a forjar una hermosa amistad”.

El promotor le contó sobre el programa con enfoque en salud comunitaria que lidera Centros Médicos Colsanitas con sus pacientes, el cual inicia con una remisión por parte del médico general o internista.

“Si el profesional evidencia algún factor de riesgo que se pueda proteger en salud con las actividades en territorio, lo remiten conmigo para trabajar alguna de las seis dimensiones del ser humano: mente, dieta, movimiento físico, relaciones sociales, comunidad o salud mental”.

Según Jeisson, Luz Amanda lo invitó a su pequeña huerta para que llevara a sus pacientes a hacer las diferentes actividades del programa. “Allá estuvimos un par de meses, hasta que por temas de la administración del conjunto, tocó retirar la huerta”.

Cuando la líder ambiental empezó a tocar puertas para darle vida a la huerta comunitaria Ofir-El Trébol, el psicólogo decidió participar con sus pacientes y practicantes de medicina y psicología en el montaje del proyecto agroecológico.

“Con el cerramiento de la huerta, comenzamos a trabajar la terapia hortícola, es decir procesos de la agricultura urbana que generan bienestar a las personas, como la siembra, cosecha y contacto con la naturaleza”.

La mayoría de las personas que hacen parte de este programa de Centros Médicos Colsanitas son adultos mayores diagnosticados con soledad. En la huerta, esta condición va desapareciendo al relacionarse con las demás personas que trabajan en el terreno.

“Desde hace dos años, venimos como mínimo una vez a la semana a la huerta Ofir-El Trébol para hacer terapia hortícola. Los pacientes ayudan en actividades como la siembra, riego, cosecha, paca digestora y lombricultivo”.

Más de 500 personas afiliadas a Centros Médicos Colsanitas se han visto beneficiadas con este programa. “Todo el proceso es evaluado y medido con indicadores desde el inicio. Algunas personas llevan más de un año porque han visto su evolución y quieren seguir aprendiendo de la naturaleza”.

El Jardín Botánico les ha brindado varios cursos de agricultura urbana en la huerta. “También los hemos llevado al JBB para que conozcan ese bosque urbano tan hermoso que tiene. Todo esto se configura en una salud integral para nuestros pacientes”, apuntó Jeisson.

Emprendimiento saludable

La líder de la huerta Ofir-El Trébol no se conformó con la idea de solo cosechar alimentos agroecológicos para que las personas del grupo se alimentaran sano en sus casas. Su mente comenzó a darle pinceladas a un nuevo reto: crear un emprendimiento utilizando algunas plantas de la huerta.

“Luz Amanda, una mujer muy inquieta que le gusta ensayar recetas culinarias en su casa y quien además hizo un curso de pastelería, quiso integrar productos de la huerta en sus galletas con sabor a naranja”, mencionó Luz Stella.

En su casa empezó a estudiar y experimentar con las hojas de kale y brócoli, dos de los productos que más abundan en esta huerta de Fontibón. Un amigo de la infancia que vivió en Japón, le ayudó a perfeccionar la receta.

“Ensayó bastante. Recuerdo que hacía galletas con las hojas secas y húmedas para ver cuál tenía mejor sabor. Ella es muy perfeccionista y por eso no nos dejó probar ninguna galleta hasta conocer bien las propiedades de cada planta”.

Luego preparó mermeladas con el fruto rojo del sauco, uno de los árboles más representativos de Bogotá que le brinda alimento a las aves, y dulces de jengibre para descongestionar la garganta y los bronquios.

“También les repartió a los niños y jóvenes bastones de zanahorias y apios con una salsa deliciosa de perejil. Luz Amanda nos enseñó a hacer esas recetas a cuatro mujeres más, una de ellas Laura, su hija”, apuntó su gran amiga.

El emprendimiento de las huerteras de Ofir-El Trébol fue nombrado Hikari, una palabra japonesa que significa luz. Las galletas y mermeladas saludables son comercializadas en ferias locales y en los Mercados Campesinos Agroecológicos del Jardín Botánico.

Este negocio verde también ha recibido apoyo de la Aeronáutica Civil, específicamente del centro de monitoreo ambiental, el área encargada de registrar el ruido de los aviones del Aeropuerto ElDorado y del relacionamiento con las comunidades.

Según Sandra Patricia Rodríguez, profesional social de este centro, la Aerocivil les manda a hacer refrigerios saludables, incluidas las galletas, a las mujeres de la huerta cada vez que la entidad tiene algún evento.

“También les hemos ayudado a fortalecer el emprendimiento con mejoras en la imagen corporativa y el logo. Además, vamos a trabajar juntos en la instalación de una alarma con un panel solar en la huerta, material que ya compramos”.

Además del emprendimiento, los huerteros de Ofir-El Trébol montaron su propia zona de compostaje, lombricultivo y pacas biodigestoras, estrategias que les han permitido contar con suelo abonado para la huerta a través de la transformación de los residuos orgánicos.

El Ekomuro

La arquitecta con corazón huertero siempre está pensando en nuevos proyectos para Ofir-El Trébol. En 2024 tocó las puertas de Opain, concesionario encargado de administrar, modernizar, expandir, operar, mantener y comercializar el Aeropuerto ElDorado.

Según José Luis y Luz Stella, al regresar de una reunión con varios representantes de la empresa, Luz Amanda les dio una noticia que los hizo llorar de alegría: Opain les donaría una estructura moderna que les iba a suministrar agua y energía.

Se trataba del Ekomuro Urban Concept, un sistema que integra recolección de agua lluvia y energía solar con tecnologías como el uso de un filtro Sawyer, conocido por su eficacia en la purificación del agua y que elimina bacterias y otros contaminantes. 

Esta nueva infraestructura fue montada en el centro de la huerta y tiene la capacidad de almacenar hasta 750 litros de agua. Cuenta con un panel solar de 100 W que proporciona la energía para el accionar de una bomba de agua tipo diafragma.

“Este Ekomuro ganó un premio internacional y es el primero que no está encalado a una pared. Nos ha beneficiado bastante porque podemos almacenar el agua lluvia para regar los cultivos y además tenemos energía propia”, dijo José Luis.

Con el Ekomuro donado por Opain, estos huerteros de Fontibón dejaron atrás la cargada de baldes con agua desde sus casas para regar la huerta y ahora ya están madurando un proyecto para iluminar el terreno durante las noches.

“Vamos a instalar varias lámparas que funcionarán en la noche con la energía del panel. De esta manera buscamos disminuir el ingreso de algunas personas que solo buscan hacer daños en los cultivos”.

El futuro

Luz Amanda lleva varios meses sin pisar esta huerta que unió a la comunidad con la empresa pública y privada. Su pasión por el estudio la llevó a viajar a Estados Unidos para hacer un curso relacionado con temas ambientales.

“Aunque nos hace mucha falta, su ausencia solo ha sido física. Nos llama casi todos los días a preguntarnos sobre la huerta y nos pide fotos y videos. Su mensaje es que regresará con la mente llena de nuevos proyectos para este mágico lugar”, expresaron sus dos amigos huerteros.

Aseguran que el legado agroecológico que les dejó Luz Amanda no corre peligro. Ofir-El Trébol está amparada por el protocolo de huertas en espacio público y además cuenta con muchas manos amigas que ayudan con su mantenimiento.

José Luis, Luz Stella y Jeisson seguirán trabajando para que la huerta se mantenga como un aula viva. “Los tres nos apoyamos y los pacientes que trae Jeisson nos ayudan mucho con las actividades de mantenimiento, algo que no es para nada fácil”.

Hikari, el emprendimiento de galletas y mermeladas elaboradas con las plantas, sigue siendo parte de los Mercados Campesinos Agroecológicos del JBB y participa seguido en otros eventos o ferias locales.

“Queremos vincular a las personas que utilizan el parque, como las señoras que hacen ejercicio en las mañanas. Sin embargo, creo que José debe liderar eso porque a mí no me hacen caso. Solo necesitamos gente que ame el trabajo en la huerta”, dijo Luz Stella.

Aunque varios habitantes del sector no quieren la huerta y han ido a varias entidades solicitando que la retiren, ese rechazo no los intimida. Están tranquilos porque cuentan con el apoyo de la comunidad y las empresas públicas y privadas.

“Esta huerta nació del corazón y así seguirá. Para nosotros, lo más importante es compartir en comunidad y construir tejidos en torno a la agricultura urbana. Las puertas de Ofir-El Trébol están abiertas para cualquier persona que le guste trabajar la tierra”.

Saber que Luz Amanda va a regresar, también los tiene calmados. José Luis, Jeisson y Luz Stella están seguros que volverá a su amada huerta con proyectos novedosos e ideas que involucrarán a nuevos aliados. “Aún tenemos mucho por hacer, pero siempre en unión comunitaria”.

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

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Jardín Botánico de Bogotá