• Como una de las ‘Mujeres que reverdecen’, Estela Mendoza, madre cabeza de familia de la localidad de Antonio Nariño, comprendió que cuidar las plantas garantiza el futuro del planeta.
  • Actualmente, gracias a los conocimientos adquiridos en el Jardín Botánico de Bogotá (JBB), lidera la construcción de dos huertas urbanas en el sur de la ciudad.
  • “Este programa me ha generado un amor enorme y un eterno agradecimiento por las plantas, porque ellas son las que nos permiten vivir”.
Mujeres que reverdecen

Estela Mendoza es una de las ‘Mujeres que reverdecen’ que han ayudado a fortalecer las huertas urbanas de Bogotá.

Lleva las extensas sabanas de la Orinoquia en todo su ser. Nació en Villavicencio, capital del departamento del Meta, y se crio en una finca donde sus padres y otros familiares labraban la tierra para sembrar y cosechar arroz, maíz y soya; antes del amanecer se dedicaban a ordeñar las vacas y alistar los caballos.

Sin embargo, Estela Mendoza Torres, hoy con 66 años recién cumplidos, admite con algo de pena que en su niñez no sintió mucha curiosidad por el trabajo del campo o la biodiversidad llanera, y tampoco tuvo la intención de echar raíces en la ruralidad.

“Aunque siempre he cuidado las plantas, cuando era niña la verdad no les prestaba mucha atención: solo las veía y no les causaba ningún daño. Al ver lo duro que trabajaban mis padres en el campo, decidí que no me quería dedicar a ese trabajo en mi vida adulta”.

Mujeres que reverdecen

Esta llanera y madre cabeza de familia está dedicada a la agricultura urbana y la pintura.

A los 17 años tomó la decisión de radicarse del todo en Bogotá, donde vivían dos de sus hermanos. Su cambio radical de vida también se basó en algunos problemas de salud que presentó por el clima húmedo y caluroso de Villavicencio.

“En Bogotá empecé a estudiar el bachillerato y trabajar en varios barrios del sur. Pero la vida era muy dura y mi mamá me convenció de volver al Llano, donde hice un curso de secretariado auxiliar contable en el SENA”.

La llanera encontró trabajo como secretaria en varias empresas de la capital del Meta. A los 22 años conoció a su futuro esposo y retornó a Bogotá, a una casa que encontraron en el barrio Restrepo, en la localidad de Antonio Nariño.

Mujeres que reverdecen

Aunque si crio en el campo, cuando era niña Estela Mendoza nunca quiso aprender a cultivar.

“Me dediqué al hogar y criar a mis tres hijos: Sandy Carolina, Carlos Hernán y Manuel Guillermo. Mi esposo, del cual me separé, se encargaba de traer el dinero a la casa con su trabajo como ingeniero mecánico”.

La pareja logró darles estudios bachilleres y universitarios a sus tres hijos. “Eso me llena mucho de orgullo. Mi hija mayor, por ejemplo, se radicó en Suiza, y el menor está terminando inglés y filología en la Universidad Nacional”.

Nace el amor por las plantas

Con la separación de su esposo, Estela se convirtió en madre cabeza de familia. “Los dos hijos mayores, que ya tienen sus propios hogares y trabajan, me ayudan económicamente. Actualmente vivo con el menor, Manuel Guillermo, en una casa en arriendo en el Restrepo”.

Para distraerse de las angustias y problemas económicos, esta llanera comenzó a pintar al óleo. “Me enteré que en el parque principal del barrio Ciudad Berna iban a capacitar a la comunidad para hacer un mural. Recibimos varias clases y descubrí que tenía un talento oculto”.

Mujeres que reverdecen

A pesar de las preocupaciones y problemas, Estela siempre tiene una sonrisa que dar.

En el mural de Ciudad Berna participaron 50 mujeres mayores de 60 años. “Yo fui una de las más juiciosas, ya que cuando hago algo me concentro y dejo todo lo demás a un lado. Al final, terminamos el mural el profesor y yo; es un hijo más para mí”.

En septiembre del año pasado, una de sus mejores amigas le contó que la Alcaldía Mayor de Bogotá estaba buscando mujeres para que participaran en un proyecto ambiental, en el cual recibirían recursos económicos por reverdecer la capital.

“Esa noticia me llegó caída del cielo. Debido a mi edad y algunos quebrantos de salud no podía conseguir trabajo, por lo cual solicitaba varios subsidios para sobrevivir. El programa se llamaba ‘Mujeres que reverdecen’ y primero nos enseñarían temas como huertas urbanas, jardinería y arbolado”.

Las amigas pasaron todos los papeles y fueron entrevistadas virtualmente por expertos del Jardín Botánico de Bogotá (JBB). “Lamentablemente mi amiga no pasó. Yo quedé entre las cerca de 1.000 mujeres vinculadas voluntariamente al Jardín”.

Mujeres que reverdecen

Estela hace parte de las 1.000 mujeres que están reverdeciendo Bogotá con el JBB.

Estela se convirtió en estudiante. Compró un cuaderno y muchos esferos para anotar todo lo que le iban a enseñar los expertos del JBB en las capacitaciones. “Antes de hacer las cosas prefiero entenderlo todo muy bien. Por eso abrí mi mente y escribí todo lo que me decían sobre arbolado, huertas y jardinería”.

Con otras 37 mujeres del sur de Bogotá, Estela fue seleccionada para reverdecer la huerta La Carlota, ubicada en la Fundación Hospital San Carlos (localidad de Rafael Uribe Uribe) y la cual tiene una extensión de 220 metros cuadrados.

“Fue un trabajo duro pero satisfactorio. Luego de limpiar la zona, todas las mujeres hicimos una cadena con nuestras manos para ir quitando los ladrillos viejos de la huerta. El profesor Miguel Tobar del JBB nos puso a dibujar diseños y el mío fue uno de los mejores”.

Durante más de tres meses de trabajo, las 38 ‘Mujeres que reverdecen’ lograron consolidar una huerta repleta de hortalizas, verduras, plantas aromáticas y frutales. “Ver a La Carlota florecida es un orgullo. Poder sembrar vida en la huerta es el mayor regalo que me han dado”.

Mujeres que reverdecen

La agricultura urbana se ha convertido en la mayor pasión de Estela Mendoza.

En esta huerta, Estela fue un ejemplo de resiliencia y fortaleza. A pesar de sus quebrantos de salud, como artrosis, desgaste de la cadera derecha y una columna que está vuelta un ocho, fue una de las mujeres más disciplinadas.

“Así fuera cojeando yo llegaba a la huerta. Aunque era un trabajo muy pesado para mí, yo me las ingeniaba: como no me puedo agachar mucho, cuando tocaba sembrar me acostaba en el piso. Siempre fui una de las primeras mujeres en llegar a la huerta y además me sobraban horas de trabajo”.

Esta llanera ya está aplicando todo lo aprendido como mujer que reverdece. Actualmente, con la ayuda del JBB le está dando forma a una huerta comunitaria en el barrio Ciudad Berna. “Voy todos los fines de semana. Ya pusimos varias tablas para las eras y el Jardín Botánico nos dio tierra, plántulas y compostaje”.

Mujeres que reverdecen

Para Estela, sembrar vida en la huerta es un regalo que atesora.

También quiere hacer una huerta en una casa del barrio Olaya que compró cuando estaba casada. “Allá hay una terraza grande donde quiero sembrar y cosechar hortalizas y plantas para alimentarme más sano y hacer trueques con las vecinas dedicadas a la agricultura urbana”.

Según Estela, el programa ‘Mujeres que reverdecen’ le generó un amor desbordado por las plantas, el cual no sintió cuando era niña. “Yo antes no cuidaba mucho las plantas. Aquí me ha entrado un agradecimiento y amor eterno por ellas, ya que son las que nos permiten vivir”.

Con las huertas que quiere hacer, esta madre de familia quiere seguir ayudando a reverdecer la capital. “Cuidar las plantas es el futuro del planeta. Además de conservar la naturaleza nos permite asegurar la comidita para la familia y alimentarnos sin químicos”.

Mujeres que reverdecen

Estela ya trabaja el la conformación de dos huertas caseras en el sur de Bogotá.

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

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Jardín Botánico de Bogotá