• Más de 30 personas exploraron la huerta del Jardín Botánico, un sitio creado hace 21 años con el fin de incentivar la agricultura urbana en la ciudad.
  • Durante esta actividad, realizada por el equipo de rutas agroecológicas, conocieron algunas de las 130 especies de la huerta y el banco de semillas nativas y criollas. 
  • También recorrieron el área de aprovechamiento de residuos y energías renovables y aprendieron a transformar en pomadas la caléndula, romero y lavanda.

Los 3.329 metros cuadrados de la huerta urbana del Jardín Botánico de Bogotá (JBB), un lugar ubicado a espaldas del emblemático Tropicario, lucen coloridos y ordenados gracias a las manos y recomendaciones de una campesina del Huila y madre de seis hijos.

Se trata de Ofelia Pinto, una mujer con un rostro libre de maquillaje, cachetes rojos por el exceso de sol y unas manos llenas de callos y ampollas, a la que la violencia sacó corriendo de Algeciras, su pueblo natal.

De lunes a viernes, esta técnica en educación ambiental y varios operarios realizan actividades como siembra, deshierbe, cosecha y riego en las 62 eras de la huerta más agroecológica de la ciudad, un sitio que ya supera las dos décadas de vida.

“El objetivo es que las personas que la visiten se enamoren de la agricultura urbana. Esta huerta es como un hijo más para mí: ambas llevamos el mismo tiempo en el Jardín Botánico: un poco más de 21 años”.

El pasado viernes 11 de abril, la madre de todas las huertas urbanas de la capital del país lucía más bella de lo normal. Desde las siete de la mañana, Ofelia le dijo a su equipo que el terreno debía estar impecable porque iba a recibir una visita especial.

“El grupo de rutas agroecológicas del JBB invitó a varios ciudadanos a recorrer y conocer este terruño icónico de la ciudad, un espacio que considero una de las colecciones vivas que hay en las 20 hectáreas de la entidad”, afirmó Ofelia.

Entre las dos y cinco de la tarde, más de 30 personas de varias localidades de Bogotá iban a participar en la actividad “Explorando la huerta: el arte de transformar”, liderada por Luis Carlos Hernández, encargado de coordinar la ruta agroecológica de las localidades de Engativá y Teusaquillo.

“Esta ruta agroecológica, llamada ‘Dar y recibir’, está conformada por cuatro huertas. La del JBB es una de ellas y por eso hacemos recorridos y varias actividades para que la gente conozca los diferentes proyectos que tiene”, apuntó el profesional.

En esta ocasión, los visitantes iban a conocer el trabajo de Ofelia y su equipo en la huerta, además del banco agroecológico de semillas nativas y criollas y el área de aprovechamiento de residuos y energías renovables.

“También organizamos un taller especial para que los ciudadanos aprendan a transformar en pomadas tres de las plantas medicinales que más encontramos en las huertas urbanas de la ciudad”, mencionó Luis Carlos.

¡A enamorarse de la huerta!

Los futuros exploradores llegaron a la huerta del JBB vestidos con chaquetas popochas y algunos con bufandas y guantes. También sostenían en sus manos amplias sombrillas por si el cielo dejaba caer un aguacero.

Sin embargo, en cuestión de minutos todos se despojaron de su ropa abrigada. A las dos de la tarde, el sol le ganó la batalla a las nubes y sus rayos aparecieron en todo su esplendor para dar inicio al recorrido.

Luis Carlos les dio la bienvenida e hizo una pequeña introducción sobre las rutas agroecológicas del JBB, una estrategia que ya ha logrado consolidar cinco circuitos huerteros en las localidades de Suba, Kennedy, Engativá y Teusaquillo, Chapinero y el centro de la ciudad.

“La de Engativá y Teusaquillo la conforman las huertas del Jardín Botánico, El Camino, la biblioteca Virgilio Barco y ahora Fases de la Luna, un proyecto comunitario ubicado en un conjunto residencial del barrio Bosque Popular”.

Ofelia tomó la vocería para presentarles la huerta que se encarga de cuidar, un amplio terreno que nació en 2004 cuando la entidad creó el programa de agricultura urbana y periurbana del Distrito.

“Este sitio cuenta con 130 especies y 240 variedades de hortalizas, frutales y plantas medicinales y aromáticas. Hacemos parte del pulmón verde más hermoso de Bogotá, un bosque urbano que siempre los recibirá con los brazos abiertos”.

Según la huilense, en esta representación del campo en la ciudad todo se recicla y reutiliza y además busca que los habitantes se motiven a montar sus propias huertas caseras o comunitarias.

“La agricultura urbana crea comunidades, conforma familias y se puede resumir en aprender, compartir y amar la naturaleza. Una huerta es el fruto de la articulación de muchas manos y debe ser un espacio donde no exista el clasismo ni la estigmatización”.

Los participantes recorrieron varias de las eras de la huerta, sitios donde Ofelia les contó sobre las propiedades de algunas plantas. “Les pido el favor de no coger los frutos; todos son alimentos para nuestras aves e insectos”.

Mandala y hogar de las ranas

La guardiana de la huerta del JBB los llevó al corazón del lugar, una estructura en forma de mandala llena de hortalizas y plantas con diversos tamaños y colores que le hacen homenaje a los tejidos de las abuelas.

“Para mí, esta mandala es una representación de las carpetas que las abuelas tejían en croché. Nos sirve para educar a las nuevas generaciones sobre esas prácticas del pasado que día a día estamos perdiendo”.

Ana Mercedes Preciado, líder de la huerta Fases de la Luna, un terruño ubicado a unos pocos metros del JBB, dijo que el tejido es una terapia. “Cuando me siento mal de ánimo, me pongo a tejer. Casi siempre hago tejidos sobre la naturaleza”.

Ofelia les informó que los colores que ven en la huerta tienen un propósito: evitar que las miles de plantas se vean afectadas por las plagas. Según la educadora, es una técnica llamada alelopatía.

“Hacemos barreras con las plantas aromáticas para que ayuden a repeler o atraer a los insectos con sus aromas o colores. De esta manera evitamos que las plagas lleguen a afectar las hortalizas y frutales”.

Los exploradores le preguntaron sobre la procedencia de las plantas que engalanan la huerta. Ofelia les respondió que la entidad tiene un túnel de propagación y que algunas han sido compradas en la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

“Sin embargo, acá todo es cíclico. Nos la pasamos sacando las semillas de las hortalizas, frutales y plantas medicinales, tesoros que propagamos y germinamos para así contar con el material que necesita la huerta”.

La actividad de Ofelia continuó en una era con aspecto selvático, una zona que carece de orden y diseño meticuloso porque es el hogar de unos anfibios que llenan de melodías las noches con su armonioso canto.

“Este jardín biodiverso es la casa de las ranas sabaneras. Yo no puedo hacerle mantenimiento porque las mirlas ya saben que soy la encargada de sembrar las semillas y por eso me persiguen. También podemos escuchar el canto de los grillos”.

La primera parada del recorrido terminó con unas palabras amorosas de Ofelia. “Esta huerta es para todos los que amamos la agricultura urbana. Cada vez que se sientan abrumados o tristes, vengan y yo los recibo para que aprendamos juntos”.

Banco de semillas y aprovechamiento 

La jornada de exploración por la huerta llegó a una pequeña maloca donde funciona el primer banco agroecológico de semillas nativas y criollas de Bogotá, un sitio que prioriza el rescate de las especies que, en tiempos antiguos, formaban la canasta básica.

 Los más de 30 ciudadanos se sentaron alrededor de una fogata para conocer sobre esta iniciativa que está conformada por un banco madre, el del JBB, y nueve comunitarios ubicados en varias localidades de la ciudad.

“Contamos con cerca de 80 variedades de semillas nativas y criollas, como maíz, frijol, habas, cilantro, amaranto, quinua, tomate y papas. Este banco resguarda la bioseguridad alimentaria y contribuye al intercambio de saberes”, dijo Juan David Córdoba, coordinador del banco.

El profesional explicó que este banco es manejado bajo el concepto de préstamo con tiempos de devolución. Las personas deben devolver el doble de la cantidad que solicitaron y además tienen que sembrar en sus huertas.

Ana Mercedes Preciado y Dilia Aragón, líderes de la huerta Fases de la Luna, sacaron sus agendas para anotar todo lo que decía Juan David. También tomaron varias fotografías e hicieron videos de los frascos con semillas que hay en el banco.

“El JBB nos está asesorando para fortalecer el banco de semillas que tenemos en la huerta. Nuestro objetivo es que surta de estos tesoros a otras huertas de las localidades de Engativá y Fontibón”.

El recorrido siguió por el área de aprovechamiento de residuos y energías renovables del JBB, donde los exploradores conocieron procesos como el compostaje, el sistema solar fotovoltáico, el biodigestor seco y el gasificador.

Alfonso Sandoval, funcionario del Jardín Botánico, les habló del compostaje que hace la entidad con los residuos de origen vegetal, sustrato que le es entregado a los miles de huerteros que hay en la ciudad.

“En esta área también trabajamos un proyecto de biodegradación de la materia orgánica por medio de una fermentación bacteriana y un proceso de gasificación con los residuos orgánicos provenientes de las podas”.

Pomadas benditas

Claudia Veloza, encargada de la línea de transformación del equipo de agricultura urbana del JBB, lideró la última actividad del recorrido: transformar plantas medicinales en creaciones extraordinarias.

“Hoy vamos a aprender a hacer pomadas con tres plantas medicinales que tienen propiedades similares: caléndula, romero y lavanda. Esta nueva línea busca utilizar lo que no nos comemos en las huertas”.

La ingeniera agrónoma presentó los demás ingredientes: cera de miel de abejas, un macerado de aceite de caléndula, manteca natural y las hojas y flores secas de estas plantas que aromatizan cualquier sitio.

En una pequeña estufa, Claudia fue fusionando todos los productos e informó cada uno de los porcentajes y tiempos. “Al final vamos a obtener una pomada cicatrizante que también nos va a ayudar a sanar algunas dolencias del cuerpo”.

El líder de la ruta agroecológica de las localidades de Engativá y Teusaquillo les agradeció a los exploradores por participar en esta actividad y anunció que seguirá organizando talleres o recorridos por las demás huertas.

“Estén muy pendientes de nuestras redes sociales para que se enteren de las futuras actividades. Si quieren conocer algunas de las huertas de la ruta, también nos pueden escribir una solicitud al correo rutaagroecologica@jbb.gov.co.

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

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Jardín Botánico de Bogotá