• El Jardín Botánico, el Fondo de Desarrollo Local de Usaquén y la Secretaría de Desarrollo Económico realizaron un Mercado Campesino Agroecológico en este tesoro histórico de 486 años.
  • 19 agricultores urbanos y productores de la localidad deleitaron a los visitantes con encurtidos, tortas de lavanda, chucrut o repollo fermentado, panes con hierbas de las huertas y otros emprendimientos.
  • Cuatro talleres sembraron la semilla de la agricultura urbana: tubulares, bancos comunitarios de semillas, aguas floridas y una experiencia gastrobotánica con flores comestibles.

Su nombre es muisca y significa tierra del sol. Está ubicada en el norte de la ciudad, tiene como vecino más cercano a los cerros orientales y primero fue gobernada por Usaque, un cacique de este pueblo indígena anfibio que veneraba el maíz y los recursos naturales.

Se trata de una localidad que empezó a consolidarse como centro poblado en 1539, cuando los españoles desplazaron a los muiscas y fundaron la población de Santa Bárbara de Usaquén en un sitio ubicado hoy en día bajo la nomenclatura de carrera 6a con calle 118.

La Plaza Fundacional de Usaquén, un rectángulo que ha sido testigo de la historia social, política y religiosa de la zona, mezcla las huellas arquitectónicas y religiosas del pasado con el desarrollo comercial, gastronómico y tecnológico actual.

Entre sus joyas de antaño están una parroquia fundada en 1665 para evangelizar a los indígenas y que ha sido remodelada en varias ocasiones, una pila de piedra en su centro, el busto del libertador Simón Bolívar y varias viviendas alrededor que mantienen su estilo colonial.

La modernidad viene por parte de decenas de restaurantes de alta cocina, bares, cafeterías, tiendas de ropa de diseñadores y galerías de arte, sitios que rodean la plaza donde habitan más de 40 árboles, algunos longevos como urapanes y nogales que superan los 20 metros de alto.

Este sitio icónico e histórico de 486 años fue escogido por el Jardín Botánico de Bogotá (JBB), el Fondo de Desarrollo Local de Usaquén y la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico para realizar el primer Mercado Campesino Agroecológico de Usaquén.

El objetivo de este evento interinstitucional, según cuenta Catalina Santos, coordinadora territorial del equipo de agricultura urbana del JBB en Usaquén, era rendirle un homenaje al trabajo que hacen los huerteros de la localidad.

“Este territorio de 6.550 hectáreas alberga cerca de 200 huertas caseras, escolares, institucionales y comunitarias. El Mercado Campesino Agroecológico les iba a servir como ventana a varios agricultores urbanos que cuentan con emprendimientos agroecológicos”.

Además de ofrecer productos con hortalizas, frutales o plantas medicinales, como fermentos de repollo, encurtidos, tortas sin gluten, antipasto, panes y transformados para el cuidado de la piel y la salud, el mercado contaría con talleres teóricos y prácticos.

“Preparamos cuatro talleres para que las personas que visitaran la plaza fundacional aprendieran de agricultura urbana. Escogimos temas como tubulares, bancos de semillas, aguas floridas y gastrobotánica”, dijo Catalina.

Manjares agroecológicos

El Mercado Campesino Agroecológico de Usaquén, realizado el pasado sábado 8 de noviembre, inició con el montaje de 10 carpas de color blanco, sitios donde 19 huerteros y productores de la localidad iban a mostrar sus emprendimientos.

Por su parte, Gustavo Ferrín y Edilberto Páez, operarios del Jardín Botánico, instalaron una amplia carpa para el desarrollo de los cuatro talleres que sembrarían la semilla de la agricultura urbana en los visitantes.

A las nueve de la mañana, cuando los emprendedores ya tenían organizados todos sus productos en varias mesas, arrancó la feria con los sabores, olores y saberes de las huertas en la Plaza Fundacional de Usaquén.

Según Suyapa Barón, coordinadora de los Mercados Campesinos Agroecológicos del JBB, 14 de los emprendimientos son agroecológicos, es decir que utilizan las plantas de sus huertas para elaborar productos saludables y no hacen uso de químicos.

“Escogimos emprendimientos variados de la agricultura urbana, como transformados de alimentos (conservas, chimichurri, jaleas o antipasto), transformados de cosmética natural, productos frescos (hortalizas , frutas o aromáticas) y ornamentales”.

Chucrut, un fermento de repollo; pan de masa madre con hierbas como orégano, ajonjolí, linaza y chía; kéfir de leche de cabra; arándanos; tortas sin gluten; antipasto; tortas de lavanda y frutos rojos con pétalos de rosas; fueron algunos de los productos que deleitaron a los ciudadanos.

“Este mercado también contó con productos de cuidado de la salud y personal; suculentas y plantas ornamentales con y sin flor; miel, polen, propóleo e hidromiel; shampoo sólido, tónico y velas aromáticas con romero; y postres y bebidas ancestrales”, precisó Suyapa.

Además de los emprendimientos con sabor y olor a huerta, este mercado tuvo la presencia de cinco productores locales apoyados por la Secretaría de Desarrollo Económico, quienes ofrecieron productos como lechona, tamales, huevos campesinos y amasijos.

“Las personas que visitaron la plaza fundacional quedaron maravilladas con la calidad de todos los productos y por eso las ventas fueron muy positivas. Es importante aclarar que todas las ganancias son para los huerteros y productores locales”, afirmó la profesional del JBB.

Tubulares y cojines 

A las 10 de la mañana, bajo un sol picante que no perdió su intensidad durante todo el día, el Jardín Botánico realizó el primer taller teórico y práctico del Mercado Campesino Agroecológico de Usaquén.

‘Sembrando en tubulares: otra forma de tener una huerta en casa’ fue brindado por Nubia Cifuentes, ingeniera del equipo de agricultura urbana de la entidad en esta localidad del norte de la ciudad.

“Varias personas no se suben al bus de la agricultura urbana porque creen que la siembra es exclusiva en sitios de grandes áreas. Con este taller queremos que aprendan dos técnicas ideales para lugares pequeños y duros, como terrazas, patios e incluso ventanas”.

Nubia les mostró a los más de 20 asistentes dos bolsas negras gruesas y cilíndricas llenas de tierra abonada producto del compostaje, cada una con un diámetro entre los 25 y 30 centímetros.

“En estas bolsas industriales vamos aprender a hacer tubulares (para colgar de manera vertical) y cojines (para ubicarlos en el suelo o mesas). Es muy importante el diámetro porque es ideal para que las raíces puedan tomar los nutrientes del sustrato”.

La ingeniera informó que en el cojín, el cual debe ser ubicado en zonas duras como el suelo o una mesa, se pueden sembrar entre tres y cuatro plántulas de especies con raíces cortas, como acelga, cilantro y lechuga. “Tiene que estar en sitios donde les llegue mucha luz”.

En el tubular, el cual tiene que colgarse en una estructura fuerte que soporte un peso superior a los 13 kilos, se pueden sembrar hasta seis plántulas. “Es recomendable sembrar algunas aromáticas, como menta y caléndula, para que repelen los insectos”.

En cuanto al riego, Nubia precisó que en el cojín se puede hacer con un atomizador y en el tubular es necesario instalar un sistema creado con un tubo de PVC. “Podemos hacer uso del agua lluvia o del agua que utilizamos para hacer el arroz”.

Al finalizar el taller, la profesional del JBB expresó que la agricultura urbana no tiene límites. “El único límite para sembrar es la imaginación. Por ejemplo, nuestros huerteros siembran en canecas de pintura, canastas de las frutas y en estos cojines y tubulares que hoy conocieron”.

Semillas nativas y criollas

La estrategia de bancos comunitarios de semillas agroecológicas y los tesoros nativos y criollos que albergan, fueron desnudados por Carlos Salamanca, ingeniero del JBB que lideró el segundo taller de la feria agroecológica de Usaquén.

Los frascos de vidrio con algunas semillas de maíz, cebada y fríjol que el profesional puso sobre una mesa, atrajeron a los visitantes de la plaza fundacional. Hacia las 11 de la mañana, la carpa contaba con cerca de 40 personas.

Durante aproximadamente una hora, Carlos les informó sobre los tipos de semillas, los métodos de selección y conservación y las formas de reproducción, además de los 13 bancos comunitarios que el JBB ha lanzado a la fecha.

“Lo primero que debemos saber es que una semilla es un grano que producen las plantas en diversas formas y que al caer o ser sembrado, da nuevas plantas de la misma especie. Es la forma de reproducción sexual adaptada por las plantas más evolucionadas”.

Según el experto, las semillas representan el inicio y el final de las plantas. “Cada planta nace de una semilla y antes de morir deja muchas más para que siga con su legado. Sin ellas, el planeta no existiría”.

En el taller, los ciudadanos aprendieron las diferencias entre las semillas recalcitrantes (no toleran el almacenamiento durante periodos largos) y las ortodoxas (pueden almacenarse a temperaturas bajas o inferiores a los 0°C durante largos periodos).

“También conversamos sobre las semillas criollas, que han sido desarrolladas por los propios agricultores en sus cultivos; las nativas, su centro de origen se encuentra en la misma región donde se cultivan; y las híbridas, resultado de la mejora genética de la especie”.

Carlos les brindó mucha información sobre las condiciones ideales para seleccionar las plantas y así sacarles las semillas, como que tengan un buen desarrollo y que sean resistentes a las condiciones agroclimáticas y a las afectaciones de las plagas.

En cuanto a la conservación de las semillas, el ingeniero les dio varios consejos. “Debemos tener en cuenta tres condiciones fundamentales: humedad (5%), temperatura (entre 10 y 20°C) y luz solar (evitar la luz directa)”.

La charla, que contó con frecuentes preguntas por parte de los ciudadanos, continuó con el concepto de bancos comunitarios de semillas agroecológicas, una iniciativa implementada por las comunidades rurales para administrar de forma colectiva una reserva de semillas.

“Estos bancos deben contar con un lugar físico de acopio, almacenamiento, multiplicación y distribución de semillas. Sirven para almacenar, conservar y mantener semillas criollas y que así los agricultores no dependan del mercado convencional”.

Desde 2022, cuando el JBB inició la estrategia de bancos comunitarios de semillas, ha logrado consolidar reservorios nativos y criollos en 13 localidades: Suba, Bosa, Fontibón, Chapinero, Kennedy, Rafael Uribe Uribe, Sumapaz, San Cristóbal, Usme, Ciudad Bolívar, Puente Aranda y Usaquén.

“Todos funcionan bajo la modalidad de préstamos, es decir que, por cada semilla que preste el banco, el huertero debe devolver el doble. Los invitamos a conocer el banco de semillas de Usaquén, ubicado en la Biblioteca Pública Servitá”.

Aguas floridas

Claudia Veloza, ingeniera agrónoma del JBB que lidera la línea de transformados de la agricultura urbana para el cuidado de la piel y la salud, decoró la carpa con tallos y hojas de diosme, limonaria, lavanda, romero, cidrón y menta.

También vistió una mesa con hojas de repollo donde puso varios clavos y canela, además de cáscaras deshidratadas de limón, frascos plásticos pequeños, una botella de alcohol desodorizado y polvos botánicos de ruda, hierbabuena y eucalipto.

La decoración y los olores de las plantas atrajeron a 30 personas a ‘Hagamos de la huerta un perfume: aguas floridas con encanto y medicina’, un taller para preparar aguas que sirven como perfume, desinfectante o limpiar malas energías.

La actividad inició con la lectura de un poema. “La flor se entrega, la hoja canta, el agua sabia y silenciosa abraza el alma de la planta. No es perfume ni es poción; es memoria vegetal en suspensión, es caricia líquida, es presencia, es medicina hecha fragancia y conciencia”.

Luego, la ingeniera invitó a los participantes a oler las plantas que estaban colgadas en la carpa. “Van a coger las hojas de las plantas que más les guste y las van a introducir en los frascos que les vamos a entregar; pueden escoger una o todas”.

Cuando los frascos quedaron llenos con el material vegetal, Claudia les agregó alcohol desodorizado. “Si gustan pueden agregarles los clavos, la canela y los polvos botánicos que les darán color y más olor”.

Según Claudia, estas aguas floridas son milenarias. Por ejemplo, Cleopatra, la última reina de Egipto que gobernó entre el 51 y el 30 antes de Cristo, hacía su perfume con lavanda, romero, menta, clavos de olor, canela, la cáscara de algún cítrico y flores de la ruda. 

Las aguas floridas, según contó la ingeniera, deben permanecer cerradas durante varios días en lugar fresco. La explosión de olores aparecerá más o menos 15 días después, tiempo en el que ya se pueden utilizar como perfume o para limpiar las malas vibras.

“Estas preparaciones milenarias son para untar y oler. Por ejemplo, sirven mucho para bajar el estrés y calmar la tristeza, pero muchas personas prefieren utilizarlas solo como perfume; no hay nada mejor que oler a las plantas aromáticas y medicinales de las huertas”.

Ensalada jardín

A las dos de la tarde, Diego Huertas, chef del Jardín Botánico que coordina la línea gastrobotánica del equipo de agricultura urbana, llegó a la Plaza Fundacional de Usaquén para realizar el cuarto taller del Mercado Campesino Agroecológico.

Con la ayuda de Juan Puentes y Luigi González, subchef y ayudante de cocina respetivamente, organizó todos los materiales de la actividad llamada ‘Mágico jardín: una experiencia con flores comestibles’.

“Vamos a preparar una ensalada de jardín que nos hará viajar por el mágico mundo de las flores comestibles. Fusionaremos varias plantas de las huertas con pétalos de diferentes colores y al final les tengo una sorpresa”.

Los tres profesionales presentaron los ingredientes de las hortalizas, hojas de lechuga crespa, acelga, rúgula, espinaca y apio, y rodajas de zucchini, las cuales cortaron milimétricamente y organizaron en una bandeja.

“Para nuestra ensalada jardín vamos a utilizar los pétalos de pensamientos, borraja, caléndula, margaritas, bellas a las once y varios de la familia Melastomataceae. También agregaremos una salsa de tomatillo con sal de chía y unas perlas explosivas de ají”.

Diego, Juan y Luigi montaron dos platos con los ingredientes y los decoraron con polvos de albahaca, orégano y tomillo. Luego de informarles a los asistentes sobre las propiedades de todas las plantas, revelaron la sorpresa.

“Esta receta también olerá a huerta. Haremos una fusión con agua florida; maderas aromatizadas de cerezo, almendro y durazno; agua caliente; y nitrógeno; el vapor le dará un plus al plato”.

Como este taller de gastrobotánica contó con la asistencia de más de 30 personas, los profesionales hicieron un concurso para que dos personas pudieran probaran la receta. Ganaron las que respondieron dos preguntas sobre los ingredientes.

Para Wilson Rodríguez, coordinador del proyecto de agricultura urbana y periurbana del Jardín Botánico que estuvo en varios de los talleres y probó algunos de los productos de los emprendedores, el primer Mercado Campesino Agroecológico de Usaquén fue todo un éxito. 

“Cientos de personas aprendieron sobre las diferentes líneas de agricultura urbana que manejamos y además compraron y deleitaron sus paladares con los productos saludables de nuestros huerteros. Seguiremos trabajando para fortalecer la soberanía alimentaria”

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

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Jardín Botánico de Bogotá