- Más de 30 personas, la mayoría niños, aprendieron sobre los insectos, arácnidos y miriápodos que habitan en las huertas urbanas.
- En Siquie Bacatá, la huerta institucional de la Biblioteca Pública Virgilio Barco, pudieron conocer algunos de estos ‘bichos’.
- Este terruño que combina el arte, la naturaleza y la literatura, hace parte de la ruta agroecológica del Jardín Botánico en Teusaquillo y Engativá.

La localidad de Teusaquillo alberga una de las maravillas arquitectónicas modernas de Bogotá, una obra de 42.000 metros cuadrados donde el agua, el verde, la literatura y la cultura se funden en una postal de ensueño.
Se trata de la Biblioteca Pública Virgilio Barco, un recinto curvilíneo vestido con ladrillos ubicado al frente del Parque Metropolitano Simón Bolívar donde todos sus recovecos le rinden homenaje a culturas como la mesoamericana.
Rogelio Salmona, una de las figuras más importantes de la arquitectura bogotana, fue el encargado de diseñar esta joya de varios niveles y desniveles que, vista desde el aire, tiene forma de caracol.

Este regalo del arquitecto colombo-francés, también conocido por diseñar íconos de la ciudad como las Torres del Parque y el Centro Cultural Gabriel García Márquez, abrió sus puertas en diciembre de 2001.
Su colección de 98.541 recursos bibliográficos y audiovisuales es tan solo uno de sus tesoros. También cuenta con un teatro al aire libre, sitios para observar las estrellas, amplias zonas verdes, jardines, espejos de agua y salones de lectura, escritura y exposiciones artísticas.
En 2007, la biblioteca fue declarada como un bien de interés cultural del ámbito nacional y en 2021 recibió el título como el lugar más emblemático de Bogotá. A diario, más de 4.000 personas la visitan.

La agricultura urbana hace parte de esta megabiblioteca nombrada en honor al presidente Virgilio Barco Vargas. Uno de sus terrenos verdes se convirtió en Siquie Bacatá, una huerta institucional que honra a la ancestralidad muisca.
Allí, los profesionales de la Red de Bibliotecas Públicas de Bogotá (BibloRed) lideran recorridos ambientales y talleres de creación con elementos de la huerta, como mándalas, ilustraciones botánicas, perfumes, aromas y artesanías.
En junio de 2023, el Jardín Botánico de Bogotá (JBB) escogió a Siquie Bacatá como una de las paradas de la ruta agroecológica ‘De huerta en huerta’ en las localidades de Teusaquillo y Engativá.

Además del proyecto agroecológico de la Virgilio Barco, esta ruta, llamada Dar y Recibir, la conforman las huertas del JBB, El Camino y Fases de la Luna, sitios que son visitados por turistas nacionales y extranjeros.
Talleres novedosos
Desde que fue incluida en las rutas agroecológicas, una estrategia del Jardín Botánico que busca incentivar el turismo en las huertas urbanas de la ciudad, Siquie Bacatá se convirtió en el sitio ideal para realizar talleres novedosos.
Todos los meses, Luis Carlos Hernández, profesional del grupo de agricultura urbana del JBB, realiza actividades con el apoyo de la BibloRed en esta huerta que cuenta con varias eras llenas de hortalizas, frutales y plantas medicinales.

“Cada vez que organizamos un evento en la huerta de la Virgilio Barco, la participación de la ciudadanía es alta. Esto demuestra que visitar esta biblioteca icónica siempre será una experiencia maravillosa”.
Para el primer taller del mes de julio, Luis Carlos escogió una temática que iba a despertar la curiosidad de los ciudadanos, en especial la de los niños: los insectos, arácnidos y miriápodos que habitan en las huertas urbanas.
“El objetivo era que conocieran algunos de los ‘bichos’ que encontramos en las huertas y aprendieran sobre su importancia. Desde que divulgamos el taller, muchas personas confirmaron su asistencia”.

El taller ‘Bichos y raíces: agroecología en Siquie Bacatá’ fue agendado para el jueves 3 de julio a las 11 de la mañana. Según Luis Carlos, la cita sería en la huerta de la biblioteca, pero el clima lluvioso de la ciudad le jugó una mala pasada.
Los profesionales de la BibloRed le asignaron un salón amplio que cuenta con un mural donde aparecen varios de los representantes de la biodiversidad colombiana, como la danta, el cóndor de los Andes, el frailejón y el colibrí.
“El agua no nos aguó la fiesta. Más de 30 personas, la mayoría niños acompañados por sus familiares, llegaron al salón con el propósito de conocer los ‘bichos’ de nuestras huertas agroecológicas”.

Los bichos de las huertas
Solangie Parrado, licenciada y magíster en biología que hace parte del equipo de rutas agroecológicas del Jardín Botánico, fue la encargada de liderar el taller. “¿Saben qué son los bichos?”, fue lo primero que les preguntó.
Los niños la sorprendieron con respuestas como: “son los animales pequeños que vemos en la tierra”; “creo que no tienen huesos y comen plantas”; “siempre me han dicho que le debemos tener miedo a los bichos”.
La profesional puso varios frascos de vidrio que le prestó el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia, entidad que alberga la mayor colección de especímenes biológicos colombianos que existe en el mundo.

“Hoy hablaremos de los insectos, arácnidos y miriápodos. La mayoría de las personas piensa que todos los ‘bichos’ son iguales, pero en este taller aprenderemos que tienen características muy distintas”.
Mientras los participantes observaban el contenido biológico de los frascos, Solangie les informó que los ‘bichos’ hacen parte del grupo de los invertebrados, animales sin huesos que tienen un sistema de articulaciones que les permite caminar.
“Vamos a empezar con los insectos, pequeños animales que tienen seis patas y el 99% cuenta con antenas y alas. Algunos de ellos se encargan de la polinización, es decir llevar el polen de una flor a otra para que se produzcan las semillas y frutos”.

Cuando les preguntó cuáles insectos conocen, los niños formaron una algarabía en el recinto. Las mariposas, hormigas, abejas, libélulas, cucarachas, moscas, zancudos y saltamontes o grillos fueron los más repetidos.
“Muchas personas ignoran que las moscas, al igual que las abejas y mariposas, polinizan; una de ellas es la única que poliniza una orquídea que tiene un olor putrefacto. Las cucarachas no son vectores de enfermedades, como la mayoría de gente piensa”.
El taller continuó con los arácnidos, invertebrados con ocho patas peludas (cuatro pares), entre seis y ocho ojos y sin alas y antenas. Según Solangie, en este grupo están las arañas, escorpiones y garrapatas.

“Cumplen un rol fundamental en los ecosistemas porque controlan las poblaciones de insectos. Estos animales están erróneamente asociados con el terror: algunas personas los matan por pensar que son de mala suerte o porque todos creen que todos son venenosos”.
La palabra miriápodos dejó mudos a los niños y sus familiares. El silencio llegó a su fin cuando Solangie les explicó la composición del nombre: miria significa innumerable y podos pie, es decir que son animales con muchos pies.
“En este grupo están los ciempiés, milpiés y un animal que todos hemos visto en la tierra de los jardines: los marranitos u oniscídeos que se hacen bolita y ayudan a la purificación de la tierra”, mencionó la licenciada en biología.

El taller de ‘bichos’ terminó en un recorrido por Siquie Bacatá, la huerta de la Biblioteca Pública Virgilio Barco donde los niños y sus familiares pudieron ver algunos de los insectos, arácnidos y miriápodos.
“Quiero participar en otro taller de ‘bichos’. El tiempo se me pasó volando y tengo muchas preguntas sobre estos animales que viven en las huertas; no debemos tenerles miedo, son hermosos y muy importantes”, dijo uno de los niños.
Luis Carlos les informó a los más de 30 asistentes que, durante esta temporada de vacaciones, realizará más talleres en las huertas de la Virgilio Barco y la del JBB. “Estén pendientes de nuestras redes sociales para que puedan participar”.


