• Más de 60 personas participaron en un taller de creación de bancos de semillas comunitarios realizado por el Jardín Botánico de Bogotá (JBB).
  • Los ciudadanos aprendieron sobre los tipos de semillas y los métodos de recolección y conservación, conocimientos que les servirán para poder crear sus propios bancos.
  • Esta actividad hace parte de “Semillas, memorias que llevan vida”, encuentro liderado por el Banco de la República con el apoyo técnico del JBB y el Instituto Humboldt.

“En el corazón de la naturaleza, en la esencia misma de la vida, yace un tesoro invaluable. Las semillas, diminutos tesoros que van más allá de la biología, se entrelazan con la cultura y la alimentación y guardan en su interior la vida misma”

Con estas palabras de Ángela Pérez Mejía, subgerente cultural del Banco de la República, se dio inicio a “Semillas, memorias que llevan vida”, encuentro que cuenta con el apoyo del Jardín Botánico de Bogotá (JBB) y el Instituto Humboldt.

Hasta el sábado 26 de abril, las instalaciones del Museo de Arte Miguel Urrutia (MAMU) se vestirán con los colores llamativos de las semillas y sus salones albergarán charlas donde se podrán escuchar las historias de los custodios y las mujeres defensoras de la tierra.

“Este encuentro busca iniciar un intercambio de saberes para comprender las interconexiones entre semillas, los procesos alimentarios, la medicina tradicional, la autonomía alimentaria, el cambio climático y los aprendizajes que tienen las comunidades”, dijo Pérez.

Durante la inauguración, Germán Darío Álvarez, subdirector técnico operativo del JBB, aseguró que la entidad es el banco de la genética de la flora altoandina y de páramo de Colombia, un tesoro que inició hace 70 años con el sueño de un visionario.

“El padre Enrique Pérez Arbeláez, inspirado en la Expedición Botánica de José Celestino Mutis, le dio vida a las 20 hectáreas del Jardín Botánico, un bosque que resguarda esa reserva genética de la flora en cada una de sus colecciones vivas”.

Según Álvarez, el fundador de la entidad, uno de los científicos ambientales más importantes del país, siempre mencionó que esa reserva genética era la mejor forma de garantizar el futuro de la biodiversidad y la soberanía alimentaria para las comunidades.

“Aunque no alcanzó a ver materializado su sueño, ya que murió en 1971, tan solo un año después de que el JBB abrió sus puertas, el padre nos dejó un gran legado para continuar construyendo ese tesoro que representa un pedacito de la biodiversidad nacional”.

A través del programa de agricultura urbana, según informó el subdirector, el JBB también resguarda el conocimiento ancestral de las comunidades y el arraigo por los territorios a través del montaje de huertas.

“Una huerta, en una ciudad tan compleja como Bogotá, permite producir nuestro propio alimento y trabajar de manera colectiva. La ciudad tiene cerca de 18.000 huertas en espacio público y privado”.

Hace cuatro años, el Jardín Botánico empezó a consolidar 10 bancos comunitarios de semillas agroecológicos, un proyecto que busca incentivar la siembra de semillas criollas y nativas en la ciudad.

“Nuestra meta es llegar a 20 bancos locales de este tipo de semillas y así promover el esfuerzo de los custodios o guardianes y tener la tranquilidad de que esa genética nativa esté presente en el territorio; la semilla es la memoria de la naturaleza”, mencionó Álvarez en su discurso de apertura.

Taller de creación

El Jardín Botánico realizará varias actividades durante el encuentro “Semillas, memorias que llevan vida”. La primera fue un taller de creación de bancos de semillas comunitarios que se llevó a cabo en uno de los salones del MAMU.

Más de 60 personas de diversas edades y sitios de Bogotá y el municipio de Cota (Cundinamarca), participaron en esta actividad liderada por Juan David Córdoba, coordinador del proyecto de bancos de semillas comunitarias agroecológicas del JBB.

“El objetivo es que los participantes conozcan los conceptos básicos, como tipos de semillas y métodos de selección y conservación, para que así puedan implementar su propio banco personal”, dijo el ingeniero en agroecología.

La primera parte del taller fue teórica. Córdoba inició su charla con el concepto de semilla: un grano que producen las plantas en diversas formas y que al caer o ser sembrado, produce nuevas plantas de la misma especie.

“La semilla es la forma de reproducción sexual adaptada por las plantas más evolucionadas y es el mecanismo para adaptarse a diferentes ambientes. Por lo general se extraen del fruto y contienen el embrión en una futura planta de la misma”.

Los participantes aprendieron sobre los diferentes tipos de semillas, como las recalcitrantes (no toleran el almacenamiento durante periodos largos) y las ortodoxas (pueden almacenarse a temperaturas bajas o inferiores a los 0°C durante largos periodos).

También conocieron las diferencias entre semillas criollas, que han sido desarrolladas por los propios agricultores en sus campos de cultivo; y las nativas, aquellas que su centro de origen se encuentra en la misma región donde se cultivan.

“También hay semillas híbridas, las cuales son el resultado de la mejora genética de la especie, cruzando dos líneas con características y logrando un tipo de semilla que produce un rendimiento superior al de sus padres”, explicó Córdoba.

Los rostros de varios participantes expresaron sorpresa al conocer el concepto de las semillas transgénicas, las cuales son creadas en laboratorios a partir de plantas a las cuales se les ha modificado o insertado un gen externo.

Según el experto, en algunos casos estos genes provienen de otros reinos, como el animal. “El maíz transgénico comercializado actualmente es creado con genes de una bacteria y el tomate es con genes de un pez”.

El taller también brindó información sobre las condiciones ideales para seleccionar las plantas y así sacarles las semillas, como que tengan un buen desarrollo y que sean resistentes a las condiciones agroclimáticas y a las afectaciones de las plagas.

Los ciudadanos hicieron varias preguntas sobre cómo pueden conservar mejor las semillas. Córdoba les explicó que se deben tener en cuenta tres condiciones fundamentales: humedad (5%), temperatura (entre 10 y 20°C) y luz solar (evitar la luz directa).

¡A tejer bancos de semillas!

La charla continuó con el concepto general de un banco de semillas global, es decir aquellos sitios que se utilizan para preservar, salvaguardar y defender las especies vegetales de la extinción y garantizar esa biodiversidad del planeta que ha sido puesta en peligro por el hombre.

Córdoba afirmó que se trata de un sistema de almacenamiento para proteger las semillas de una posible catástrofe biológica. “Su estructura cumple con criterios de seguridad y resistencia muy elevados”

En un video, los participantes conocieron Svalbard Global Seed Vault, banco de semillas ubicado en una isla remota de Noruega. “Fue construido en 2008 y tiene una temperatura de 18 grados bajo cero. Alberga más de 100 millones de semillas y tiene capacidad para 2.000 millones”.

El ingeniero luego aterrizó el taller en los bancos de semillas agroecológicas comunitarios, una iniciativa implementada por las comunidades rurales y de la agricultura urbana para administrar de forma colectiva una reserva de semillas.

“Estos bancos deben contar con un lugar físico de acopio, almacenamiento, multiplicación y distribución de semillas. Sirven para almacenar, conservar y mantener semillas criollas y que así los agricultores no dependan del mercado convencional”.

Las semillas de estos bancos comunitarios pueden ser almacenadas en repisas o estantes móviles, frascos o recipientes con tapas o sobres para comercialización. “Es muy importante que cuenten con libros para el registro y control de las semillas”.

Luego de explicarles cómo funcionan los 10 bancos comunitarios de semillas agroecológicas que lidera el JBB, uno de los cuales está en las instalaciones de la entidad y que es el banco madre, los participantes se organizaron en grupos para plasmar lo aprendido en carteleras.

“La actividad consiste en crear su propio banco de semillas comunitario. Denle un nombre y escriban cómo sueñan la infraestructura, almacenamiento, préstamos y los encuentros comunitarios”, dijo Córdoba.

Durante media hora, los ciudadanos dejaron volar su imaginación para tejer los futuros bancos. Escogieron nombres como Casa Nicho, Semillo-teca, Casa de Semillas, Guardería de Semillas, Kota Uba Aka, Gueta Myska Ubawe, Resguardo de Semillas y Semillas Heredables.

Este ejercicio arrojó cerca de 10 carteleras que plasman futuros bancos comunitarios de semillas. La Semillo-teca, por ejemplo, será ubicada en una biblioteca o huerta comunitaria y contará con ceremonias del círculo de la palabra.

La Casa de Semillas será un hogar para alimentar que involucrará a abuelos, padres e hijos en torno a un trabajo comunitario, un intercambio de conocimientos ancestrales y académicos y una articulación con las entidades del Distrito.

El banco Guardería de Semillas será construido en una institución educativa en alianza con las comunidades y las instituciones. Será de puertas abiertas para personas de todas las edades y etnias.

Kota Uba Aka, que significa territorio de semillas, se enfocará en el conocimiento ancestral, las semillas indígenas y campesinas, el trabajo de los guardianes y sembrados del territorio, el truque y el rescate de la tradición alimentaria.

Gueta Myska Ubawe buscará darle visibilidad a los grupos comunitarios indígenas a través de las redes sociales, emisoras comunitarias, el voz a voz y talleres en territorio. “Estará en Cota y queremos articularnos con otros municipios”.

Córdoba finalizó el taller con una invitación a que conozcan el banco de semillas agroecológicas del Jardín Botánico y a participar en los cursos virtuales que realiza la entidad sobre esta temática. “Todos podemos ser custodios de semillas. Los invito a seguir aprendiendo con nuestra asesoría”.

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

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Jardín Botánico de Bogotá