- El Jardín de Chía, huerta comunitaria ubicada en la Casa Cultural del Zipa y creada hace 14 años, reunió a varias agricultoras urbanas para conversar sobre las plantas.
- Las huerteras ampliaron sus conocimientos en propagación, germinación y compostaje. Además, compartieron sus experiencias en el arte de sembrar.
- Esta actividad fue organizada por el equipo de rutas agroecológicas del Jardín Botánico y los líderes de este terruño agroecológico icónico del centro de la ciudad.

Una casona antigua de dos pisos, con una fachada pintada de naranja, varios ventanales carmelitos y un portón en madera, esconde una de las huertas comunitarias más antiguas de la localidad de La Candelaria.
Se trata del Jardín de Chía, un terreno de 300 metros cuadrados ubicado en el patio de esta joya arquitectónica de la calle 9 con carrera 3 donde funciona la Casa Cultural del Zipa, un sitio que mantiene vivo el estilo colonial de antaño.
Este proyecto agroecológico fue creado hace aproximadamente 14 años por varios habitantes del centro de la ciudad, es decir mucho antes de la construcción del recinto cultural; este abrió sus puertas en 2021.
El huerto antiguo está conformado por cuatro camas elevadas en forma de serpiente que están protegidas por palos de guadua que no superan los 50 centímetros de alto. Allí, los huerteros siembran diversas especies de hortalizas y plantas medicinales, aromáticas y ornamentales.

También cuenta con un invernadero para germinar y propagar el material vegetal de la huerta; un lombricultivo donde crean suelo; y varios árboles que atraen a los polinizadores en sus alrededores, como borracheros y sietecueros.
Las paredes del patio fueron decoradas con decenas de murales coloridos que fueron pintados por jóvenes amantes del arte urbano. En el centro de la huerta hay un espantapájaros y en una zona aledaña se está construyendo un mariposario.
Según Claudia Veloza, profesional del equipo de agricultura urbana del Jardín Botánico de Bogotá (JBB), el Jardín de Chía cuenta con un nacedero milenario de agua subterránea que surte a la Casa del Zipa.
“Tiene millones de litros de agua y está ubicado bajo el invernadero. Este es uno de los tesoros de esta hermosa huerta que ha salido adelante gracias al trabajo y esfuerzo de Flor Ligia Gordon, una lideresa de La Candelaria que lleva varios años sacando a flote la huerta”.

La alelopatía reina en todos los recovecos de la huerta. Las hortalizas, como apio, zanahoria, lechuga, acelga y cilantro, se mezclan con la caléndula, menta, ruda, poleo, romero, tomillo y hierbabuena.
“Esta diversificación, es decir la mezcla de plantas aromáticas y hortalizas, nos permite mitigar la presencia de plagas y algunas enfermedades en los cultivos. Los huerteros que participan en el Jardín de Chía también hacen compostaje para contar con buena tierra”.
Taller de siembra
Solangie Parrado, profesional del equipo de rutas agroecológicas del Jardín Botánico, entidad que lleva varios años brindándole asistencia técnica al Jardín de Chía, organizó una actividad en este icónico sitio que huele a historia.
“Con la ayuda de Luis Fabián Díaz, un joven que participa en la huerta, preparamos un taller de siembra para las personas del centro de Bogotá que están interesadas en aprender o fortalecer sus conocimientos en agricultura urbana”.

Cuando se enteraron del taller, agendado para el martes 22 de julio, cuatro huerteras confirmaron inmediatamente su asistencia: Marlene Castro, del barrio Lourdes; Mery Pinto, de Santa Fe; y Viviana Roa y Flor Marina Téllez, de La Candelaria.
“Yo he sido testigo de toda la historia de esta hermosa huerta. Nació cuando no había casa y era un lote donde le permitieron sembrar a varias personas. Años después, Flor Ligia se involucró en el proyecto y gracias a ella se ha mantenido con vida”, informó Viviana.
El objetivo del taller era que estas huerteras recorrieran todas las zonas del Jardín de Chía, como las eras, el invernadero, el lombricultivo y los jardines para los polinizadores, y además compartieran historias sobre las plantas.
Luis Fabián, un joven chef que vive en Usme y se involucró en la huerta en enero de este año, sería el encargado de liderar la actividad. “Yo vengo una vez a la semana a hacer actividades como siembra, cosecha, deshierbe, riego, propagación y germinación”.

Solangie quería que Flor Ligia, el corazón y alma de esta huerta del centro histórico de Bogotá, estuviera durante el taller. Sin embargo, debido a algunos problemas de salud, secuelas del covid-19, no podía asistir.
“La señora Flor, bastante triste por no poder estar, delegó toda su confianza en Luis Fabián. Le dijimos que esta no sería la única actividad que vamos a realizar en la huerta en lo corrido de este año, ya que estamos avanzando para que sea parte de las rutas agroecológicas”.
El Jardín de Chía está en proceso de convertirse en una de las huertas que conforman la ruta agroecológica del centro de la ciudad, donde actualmente participan el Botánico Hostel, la Quinta de Bolívar, el Apotecario Del Cóndor y Santa Elena.
“Cuando ingrese a la estrategia de rutas agroecológicas, en esta huerta icónica de La Candelaria vamos a realizar muchas actividades para que sea conocida y visitada por turistas nacionales e internacionales”, informó la profesional del JBB.

Tertulia botánica
El taller del equipo de rutas agroecológicas del Jardín Botánico inició a las nueve de la mañana. Marlene, Mery, Viviana y Flor Marina primero conocieron de qué se trata esta nueva estrategia ambiental y turística en la ciudad.
“Ya hemos consolidado cinco rutas agroecológicas: Suba, centro (La Candelaria y Santa Fe), Engativá-Teusaquillo, Kennedy y Chapinero. Están conformadas por más de 20 huertas que son visitadas semanalmente por varios ciudadanos”, indicó Solangie.
Luego, Luis Fabián llevó a las cuatro huerteras a la zona del lombricultivo, donde les mostró las lombrices rojas californianas y les explicó cómo funciona este compostaje que permite contar con suelo de buena calidad.

“Las alimentamos con cáscaras de frutas y verduras y les encantan las de naranja porque tienen moho. Las lombrices transforman los desechos orgánicos en abono de alta calidad que luego aplicamos en la huerta”.
Las huerteras aseguraron que contar con suelo abonado es el gran sueño de los agricultores urbanos. “Además de poder aplicarlo en las huertas, lo podemos vender. El lombricultivo del Jardín de Chía es hermoso porque está rodeado por fucsias que atraen a las mariposas”.
La tertulia botánica continuó en el invernadero, un sitio con un techo cubierto por enredaderas donde Luis Fabián les explicó los procesos de germinación y propagación que realizan para mantener siempre verde la huerta.
“Acá germinamos las semillas de las plantas de nuestra huerta y también utilizamos la práctica de propagación por esquejes. Hoy quiero que conozcan cómo lo hacemos con las petunias, margaritas, ruda y orégano”.

En esta parte del taller, las cuatro huerteras del centro de la ciudad demostraron que cuentan con un gran conocimiento y compartieron algunas historias. “Yo participé en la recuperación de la huerta de la Fábrica de Loza, donde sembramos a través de ambas técnicas”, dijo Marlene.
En las cuatro eras elevadas en forma de serpientes, estas agricultoras urbanas fortalecieron sus conocimientos sobre alelopatía e identificaron a la mayoría de especies que se siembran y cosechan.
“Una de mis aromáticas favoritas es el poleo, una planta que, además de contar con muchas propiedades saludables, se utiliza como ingrediente para preparar la morcilla por su sabor característico”, precisó Flor Marina.
Luis Fabián les mostró varias papas que nacieron en la huerta como por arte de magia. “Como en el lombricultivo aplicamos cáscaras de papa, cuando aplicamos el abono surgieron estas hermosas papas”.

La actividad terminó con una siembra de semillas de cilantro en pequeños recipientes con tierra abonada, futuras plantas que enriquecerán más al Jardín de Chía. “Hoy ustedes dejarán su granito de arena en esta huerta icónica”.
Flor Marina, que lleva poco tiempo como huertera y asegura que tiene una sed enorme de nuevos conocimientos, aseguró que esta actividad fue una experiencia maravillosa donde hizo nuevas amigas.
“Voy a participar en los talleres que realicen en esta huerta histórica de La Candelaria. Uno de mis sueños es conocer a la señora Flor Ligia para que me cuente las historias de este lugar y poder participar en este proyecto”.

