• La Fundación Mujeres Empresarias Marie Poussepin conmemoró el Día Internacional de la Mujer con un recorrido huertero por esta localidad del sur de la ciudad.
  • El Jardín Botánico y varias familias visitaron los terruños agroecológicos de algunas de las 17 huerteras que la organización ha ayudado a fortalecer en los últimos 20 años.
  • Crónica de una jornada donde las mujeres, huertas, hortalizas, frutales y plantas medicinales fueron las protagonistas. 

Ruth Vargas, una ingeniera industrial que no ha perdido el acento golpeado de las tierras santandereanas que la vieron nacer, quería conmemorar por lo alto el Día Internacional de la Mujer, fecha ahora conocida como el 8M.

Las homenajeadas serían varias de las 17 huerteras de la localidad de San Cristóbal que ha ayudado a fortalecer a través de la fundación que creó con su tía Alicia Vargas, una de las Hermanas de la Caridad Dominicas de la Presentación de la Santísima Virgen.

“Decidí realizar un recorrido o paseo agroturístico por algunas de las huertas urbanas que hacen parte de la Fundación Mujeres Empresarias Marie Poussepin, una organización sin ánimo de lucro que creamos hace 20 años”, aseguró Ruth.

El objetivo de la actividad era dar a conocer los productos agroecológicos que estas mujeres siembran en sus casas o en huertas comunitarias, como hortalizas, frutales y plantas medicinales, además de los emprendimientos que consolidaron con ayuda de la fundación.

La santandereana empezó a comunicarse con varias personas que conocen el trabajo de la fundación para invitarlas al recorrido, que se realizaría el sábado 8 de marzo. También llamó a algunos funcionarios del Jardín Botánico de Bogotá (JBB), entidad que la ha capacitado sobre agricultura urbana.

Cerca de 10 ciudadanos aceptaron la invitación: dos familias que aman sembrar y alimentarse sano, y Suyapa Barón, coordinadora de los Mercados Campesinos Agroecológicos “Bogotá es mi Huerta”, iniciativa que lidera el JBB.

“El paso a seguir fue la logística”, mencionó Ruth. “Llamé a las huerteras que hacen parte de la fundación, todas adultas mayores, y la mayoría aceptó abrirles las puertas de sus casas a los invitados para que conocieran sus hermosas huertas”.

Sede de la fundación: primera parada

La sede de la Fundación Mujeres Empresarias Marie Poussepin, una casa de tres pisos del barrio Altamira donde viven Ana Isabel y Elba Inés, dos Hermanas de Presentación, fue la primera parada del recorrido agroecológico del 8M.

A las nueve de la mañana, Ruth y nueve huerteras de San Cristóbal, todas uniformadas con una chaqueta de color verde oliva y una blusa con cebollas, tomates y lechugas estampadas, recibieron a las dos familias y a la funcionaria del JBB.

Los invitados se organizaron en el comedor de la sede para escuchar las oraciones de las dos hermanas. Luego, la ingeniera industrial con corazón de huerta tomó la palabra para contarles un poco sobre la historia de la fundación.

“Nuestra misión es promover el desarrollo y bienestar de mujeres, familias y comunidades de escasos recursos, a través de una formación integral para generar emprendimientos en agricultura urbana y arte ecológico”, mencionó Ruth.

La fundación, según contó la líder, empezó labores en 2004 y logró constituirse formalmente en 2006. “Capacitamos a las mujeres en diferentes áreas productivas, las apoyamos con el inicio de microempresas comunitarias y les ayudamos a comercializar sus productos”.

Ruth, quien vive con sus padres en el barrio Carvajal (Kennedy) y dicta clases en varias universidades, informó que las 17 huerteras que hacen parte de la fundación le ofrecen varios servicios a la comunidad.

“Realizan capacitaciones en agricultura urbana y hacen el montaje y mantenimiento de huertas. La fundación les ayuda con la venta a domicilio de sus hortalizas y ahora estamos iniciando con la línea de recorridos agroturísticos”.

Finalizada la charla sobre la historia y actividades de la fundación, Ruth se dirigió a los cerca de 10 invitados para recordarles uno de los hechos por los cuales se conmemora el Día Internacional de la Mujer cada 8 de marzo.

“A comienzos de 1900, un empresario le prendió fuego a una fábrica en Nueva York para poner fin a la huelga de sus trabajadoras. El Día Internacional de la Mujer es un llamado planetario para que acaben los atentados contra nosotras”.

La cofundadora de la fundación enfatizó que el recorrido huertero que organizó fue pensado como un homenaje a las huerteras, mujeres que siguen conectadas con sus raíces campesinas y siembran vida en cada uno de sus terruños.

“Hoy vamos a conmemorar el 8M con estas hermosas y guerreras huerteras de la localidad de San Cristóbal, mujeres que siguen floreciendo a pesar de todas las luchas que han tenido que sortear”.

La huerta de mi casa: segunda parada

Luego de conocer un poco el quehacer de la Fundación Mujeres Empresarias Marie Poussepin, organización que también ha trabajado en el barrio El Codito de Usaquén, los invitados empezaron su recorrido por las empinadas calles del barrio Altamira.

No tuvieron que caminar mucho para llegar a la segunda parada de la actividad: la casa de Ana Elvia Neira, una mujer que vive hace cuatro décadas en el sector y conocida por ser habladora, dicharachera y su personalidad sin rastros de timidez.

“Bienvenidos a La huerta de mi casa, nombre con el que bauticé a mi terruño agrícola. Acá no van a encontrar cultivos organizados o camas perfectamente armadas; en mi huerta todo crece donde quiera”.

Ana Elvia aseguró que su huerta, un terreno amplio ubicado en el patio de su casa, es bastante antigua y tiene más aspecto de selva. Árboles de gran porte y varias enredaderas que bajan de las ramas más altas y cubren las paredes enladrilladas, así lo ratifican.

“Los frutales son los protagonistas de esta huerta que monté hace 40 años, a los pocos días de comprar esta casa. Tengo muchas moras, lulo, papayuelo, curuba, tomate de árbol y uchuva, adempas de ají y laurel”.

Cuando hay cosecha, Ana Elvia se comunica con Ruth para que la ayude a comercializar los productos por medio de la fundación. También les vende sus frutas agroecológicas a las vecinas y amigas del barrio.

“En la casa consumimos los regalos saludables que nos da la huerta. Preparo jugos deliciosos con las frutas, aunque no he podido dejar de echarles azúcar; además hago trueques con las otras huerteras que hacen parte de la fundación, como lechugas por moras”.

Huerta San Isidro: tercera parada

En los vehículos de Ruth y las dos familias, los invitados se dirigieron hacia una calle empinada del barrio Altamira para conocer San Isidro, una huerta agroecológica y bastante próspera liderada por Aura Castillo.

“Escogí ese nombre porque San Isidro es el patrono de los campesinos y sembradores. Monté esta huerta hace 13 años con la ayuda de mi esposo e hija y cuenta con una gran variedad de hortalizas”.

Los cerca de 10 ciudadanos recorrieron las siete eras de la huerta, caminos organizados donde Aura siembra alimentos saludables como acelga, lechuga, cilantro, caléndula, espinaca, cidrón, romero y toronjil. Todos están protegidos por una polisombra de color negro.

“Hace dos años, un aguacero se llevó toda la huerta. Por eso, mi esposo me hizo este tipo de invernadero para proteger los cultivos. Vendo mucho con la gente del barrio y la fundación también me ayuda; no hay un mes en el que no reciba algún ingreso”.

La hija de Aura elabora unas alcancías en forma de marranitos que ella misma pinta y decora con colores llamativos. “Ya tenemos más de 10 clientes fijos, pero nuestro objetivo es darnos a conocer en toda la ciudad”.

Huerta Renacer: cuarta parada

El recorrido continuó en la casa de Omaira Fonseca, ubicada en el barrio Nueva Gloria. Su emporio agroecológico está en una amplia terraza desde donde se puede apreciar un panorama de los cerros orientales de San Cristóbal.

“Esta huerta nació hace 10 años en una de las épocas más duras de mi vida. Estaba muy enferma, deprimida y con sobrepeso y por eso una doctora me dijo que debía hacer algo para no irme de este mundo”.

Según Omaira, varias amigas del barrio le hicieron ver que en su terraza tenía el espacio suficiente para sembrar sus propios alimentos. “Y así lo hice con ayuda de la fundación. Esta huerta me devolvió las ganas de vivir y por eso la nombré Renacer”.

Esta huerta casera está conformada por varias camas elevadas y cientos de materas, sitios donde Omaira siembra hortalizas, frutales y plantas medicinales y ornamentales. También tiene una zona exclusiva para el compostaje y un lombricultivo.

“La fundación me enseñó a reciclar y hacer compostaje con los residuos orgánicos de la cocina. Me siento muy orgullosa porque yo misma me encargo de hacer el suelo que necesitan los cultivos”.

La cocina es otra de sus pasiones. Por eso, Ruth le encargó a Omaira la tarea de preparar un plato saludable para la actividad: un crepe de espinaca relleno con lechuga, pimentón, pepino y cebolla, regalos que ella siembra en la huerta.

“Quedé muy contenta porque todos los visitantes me felicitaron por el buen sabor del plato que les preparé. También les mostré mis bordados y tejidos, un arte que me relaja mucho y mezclo con las actividades de la huerta”.

La cuarta parada del recorrido también contó con varios de los talleres que estas huerteras de San Cristóbal le ofrecen a la ciudadanía a través de la fundación. Omaira y Blanca Myriam Hernández lideraron el taller sobre el proceso de siembra de una minihuerta en una matera.

Los visitantes aprendieron a sembrar lechuga y cilantro en una pequeña matera. “Todos se llevaron como regalo la maceta con tierra abonada y una semilla en su interior para que la tengan en sus casas”.

Ana Rosa Ramírez, otra de las huerteras que apoya la fundación, fue la encargada del taller de siembra en botella. “Utilizamos la tierra que Omaira prepara con el compostaje y el lombricultivo. Es muy bonito sembrar la semilla de la agricultura urbana en la ciudadanía”.

Parque Entrenubes: quinta parada

Varias de las 17 huerteras que hacen parte de la Fundación Marie Poussepin no cuentan con el espacio en sus casas para montar su propia huerta. Por eso, en 2017 Ruth empezó a tocar las puertas del Parque Ecológico Distrital de Montaña Entrenubes.

“Esta aula ambiental de la Secretaría Distrital de Ambiente trabaja la agricultura urbana con los habitantes de las tres localidades donde está ubicado el parque: San Cristóbal, Rafael Uribe Uribe y Usme”.

A la fundación le dieron luz verde para trabajar en un terreno amplio donde las huerteras le dieron vida a nueve eras o camas, sitios que cada una bautizó con nombres como San Antonio y Las Margaritas.

“La huerta se llama Marie Poussepin y acá sembramos de todo. La fundación se encarga de ayudarles a las huerteras a comercializar los productos; ellas se quedan con el 80% de las ganancias y nosotros con el 20% restante”, informó Ruth.

En la quinta parada del recorrido agroecológico del 8M, Margarita Roa, habitante del barrio Altos del Poblado, les mostró a los visitantes su cultivo de ajíes saludables y las demás hortalizas que siembra.

“Vengo dos veces por semana a sembrar, cosechar o hacer el mantenimiento. Mi huerta, llamada Las Margaritas, es como una hija más y por eso la trato con mucho amor. Ella me da alimentos sanos y me está generando recursos económicos”.

Nohora Martín, otra de las mujeres que siembra en Entrenubes, explicó cómo se debe preparar un terreno antes de sembrar. “Utilizamos productos como roca fosfórica, cal, cascarilla de arroz y humus de los lombricultivos”. 

Regalos y ventas

La actividad del Día Internacional de la Mujer de la fundación terminó en la casa de Omaira Fonseca, la líder de la huerta Renacer. Los invitados se sentaron alrededor de un comedor para intercambiar experiencias.

“Fue una actividad muy bonita porque pude conocer a las mujeres que siembran los productos que les compro todos los meses. Mi hijo y esposo quedaron maravillados con los proyectos de estas hermosas huerteras”, dijo Catalina García, la cliente número uno de la fundación.

Claudia Moreno, habitante de Puente Aranda que asistió al recorrido con sus dos hijos y esposo, también felicitó a las huerteras de Marie Poussepin por su labor y les compró varias hortalizas y plantas medicinales.

“Ser empresaria local no es nada fácil y por eso quiero felicitarlas por seguir luchando y sacar adelante sus iniciativas. Conocer sus huertas es una de las experiencias más maravillosas que hemos tenido como familia”, dijo esta ciudadana que elabora jabones artesanales y naturales.

Suyapa Barón, coordinadora de los Mercados Campesinos Agroecológicos del JBB, evento en el que han participado varias de las huerteras de la fundación, les aseguró que la entidad seguirá apoyándolas.

“Las puertas de este mercado siempre estarán abiertas y vamos a trabajar con ustedes en otras líneas que maneja el JBB, como gastrobotánica y transformación. Quiero destacar el gran trabajo que hace Ruth por ayudarlas con sus emprendimientos”.

La aguerrida santandereana les dio un regalo a cada una de las huerteras que participaron en la actividad. “Es un pequeño detalle que simboliza el amor que la fundación les tiene. Vamos a seguir trabajando por ustedes”.

Por último, Omaira y Ruth se encargaron de pesar todas las hortalizas y frutales que los visitantes les compraron a estas huerteras de la localidad de San Cristóbal que mantienen vivas las raíces campesinas de sus antepasados.

“Les enviaremos la factura a los correos que nos dieron para que paguen de manera virtual. Agradecemos mucho su participación en este recorrido y esperamos que le cuenten a todos sus conocidos sobre la fundación; toda la información está en nuestra página web”, concluyó Ruth.

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

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Jardín Botánico de Bogotá