- Desde hace tres años, Manuel Antonio Corredor lidera la huerta urbana de la Escuela Metropolitana de Bogotá, un centro de formación ubicado en la localidad de Tunjuelito.
- En este terreno de 500 metros cuadrados, el intendente aplica todos los conocimientos que adquirió en Paipa, municipio boyacense donde nació y pasó toda su niñez y adolescencia.
- La comunidad es el corazón de este proyecto agroecológico. “Las cosechas se las repartimos a las personas de la localidad. El objetivo es sembrar la semilla de la agricultura urbana en la ciudadanía”.

En la capital turística del oriente colombiano, un municipio boyacense de 305 kilómetros cuadrados ubicado en la provincia del Tundama, Manuel Antonio Corredor aprendió el arte de trabajar la tierra.
“Nací y me crie en Paipa. Allí, mi papá, un hombre bastante trabajador y responsable, me enseñó a sembrar papa, cubio, hibia, chugua, trigo, cebada y avena. Tuve una infancia muy hermosa y calmada en medio de los cultivos”.
Durante toda su niñez y parte de la adolescencia, Manuel Antonio jamás pensó en abandonar su pueblo natal, un territorio montañoso y frío también conocido como la Villa de San Miguel de Paipa y que en lengua muisca significa el gran señor.
“Eso cambió cuando me percaté que en Paipa no iba a tener muchas oportunidades para surgir. Vengo de una familia de clase media y para vivir bien de las actividades del campo, se necesita de mucho capital”.

Luego de prestar el servicio militar, el joven paipano regresó al municipio y empezó a sentirse estancado. Quería estudiar y salir del pueblo para buscar un mejor futuro, pero los recursos económicos familiares no eran suficientes para ese cambio de vida.
Un primo con el que prestó servicio le dijo que ingresara a la Policía Nacional de Colombia, entidad encargada de garantizar el ejercicio de los derechos y libertades públicas, mantener el orden público y asegurar la convivencia pacífica en el territorio nacional.
“Era una buena oportunidad para cumplir mi sueño. Luego de un año de pruebas y exámenes, ingresé a la Policía Nacional; me enviaron a una zona rural del departamento de Córdoba al grupo de contraguerrillas, encargado de neutralizar los grupos insurgentes mediante tácticas especializadas”.
El cambio de vida fue drástico y traumático. Según Manuel Antonio, en esa época los paramilitares gobernaban la zona, un grupo armado ilegal que desangró a la comunidad con sus acciones violentas.

“Fue muy duro porque pasé de vivir en un remanso de paz, como es Paipa, a un sitio donde todos los días mataban decenas de personas. Ver los cuerpos sin vida y luego recogerlos, es una imagen que jamás podré olvidar”.
Manuel Antonio sacó fuerzas para continuar y luego de varios meses inició su capacitación como instructor rural de las contraguerrillas. “Así nació mi alma de docente. Estuve como instructor en Córdoba durante más de tres años”.
El destino lo devolvió a Boyacá y trabajó en varios municipios en el área de vigilancia de la Policía Nacional, “la verdadera esencia de la entidad. Luego me fui al Tolima para ser instructor de nuevo y allí estuve durante cinco años”.

Volver a las raíces
Hace tres años y medio, la Escuela Metropolitana de Bogotá (ESMEB), un sitio de la localidad de Tunjuelito donde los patrulleros y profesionales de la Policía Nacional se forman en competencias operativas, tácticas y humanísticas, le abrió sus puertas.
Su primera misión fue participar en la construcción de los cursos mandatarios, parte de una transformación que se estaba llevando a cabo en la Policía debido a problemáticas relacionadas con el abuso de la fuerza hacia la comunidad.
“Yo ya me había capacitado en el sistema táctico básico, es decir cómo aplicar la fuerza de una manera adecuada en las intervenciones policiacas. Luego de la creación de los cursos, pasé al equipo de formación de los jóvenes patrulleros, los futuros policías”.

Desde que llegó a la ESMEB, Manuel Antonio fijó su mirada en una amplia huerta urbana que era liderada por uno de sus compañeros. Ver hortalizas y plantas medicinales lo hizo viajar a su pasado campesino en Paipa.
“Soñaba con participar en la huerta. Un día me enteré que estaban buscando un nuevo responsable porque iban a trasladar a mi compañero. Les dije a las directivas que yo era la persona idónea porque tenía todo el conocimiento al ser criado en el campo”.
Antes de asumir el nuevo reto, el intendente y jefe de planeación en los procesos de formación de la ESMEB se reunió con Freddy, el líder de la huerta urbana, para conocer todos los detalles de este proyecto agroecológico.
“Me dijo que este terreno de 500 metros cuadrados primero fue una zona dura conformada por fuentes de agua y luego la transformaron en un jardín de plantas ornamentales; hace como cuatro años se montaron varias camas para cultivar hortalizas”.

La huerta ESMEB fue concebida para que los patrulleros tuvieran una actividad diferente en su proceso de formación. “Los pelados venían algunos días a hacer las actividades de mantenimiento, como riego, deshierbe, siembra y cosecha”.
Cuando recibió formalmente el huerto, Manuel Antonio tomó la decisión de fortalecer los cultivos con productos de su tierra natal. Quería que las cerca de 10 eras o camas fueran una representación a pequeña escala del campo de Paipa.
“Empecé a traer semillas y plántulas de los cultivos que tiene mi papá en la finca. Poco a poco la huerta reverdeció con repollo, acelga, brócoli, cilantro, cebollín, papas nativas, tomate de árbol, zanahoria, fresa, remolacha, coliflor y caléndula”.

El nuevo huertero urbano también utilizó varios muebles viejos para montar un ‘aromatecario’, la casa de las plantas aromáticas y medicinales, y un pequeño invernadero para cultivar las fresas que trae de Paipa.
“Involucré a los estudiantes que hacen parte del grupo de gestores ambientales en la huerta. Ellos me ayudan con deshierbe, riego y siembra y se capacitan en agricultura urbana; la mayoría son de la costa Atlántica y por eso aprenden mucho de los cultivos de tierra fría”.
Enfoque comunitario
Manuel Antonio no quería que la huerta ESMEB fuera un espacio cerrado donde solo se cultivaran hortalizas, frutales y plantas medicinales de una forma agroecológica para el consumo de los trabajadores y estudiantes de la escuela.
“Ese fue el primer enfoque que tuvo la huerta, algo con lo que no estaba de acuerdo. Les propuse a las directivas darle un giro radical al proyecto: que la comunidad del sector viniera a cosechar y pudiera llevarse los alimentos saludables a las casas”.

El intendente paipano se reunió con los líderes de la Mesa de Agricultura Urbana de la localidad de Tunjuelito para contarles de la nueva estrategia y juntos consolidaron un plan de trabajo para beneficiar a la comunidad.
“Cada vez que tuviéramos cosecha, la Mesa vendría a la huerta con varias familias necesitadas para que recibieran las donaciones agroecológicas. El único compromiso de la comunidad era que participara en la jornada de cosecha”.
Bajo esta nueva modalidad, la huerta de la Escuela Metropolitana de Bogotá se fue convirtiendo en un espacio de puertas abiertas que beneficia a la ciudadanía y además siembra la semilla de la agricultura urbana.

“Las jornadas de cosecha comunitaria son muy hermosas. Ver la alegría en el rostro de personas sin trabajo que pasan muchas necesidades, es el mejor regalo que puedo recibir por mi trabajo como huertero. Las donaciones son el corazón de esta huerta”.
Además, la comunidad está cambiando la percepción que tiene de la Policía. “Nosotros estamos para servir y ayudar a la ciudadanía. Es muy bonito escuchar las palabras de agradecimiento de las personas que se llevan los productos”.
Las donaciones también han permitido ampliar la red de agricultores urbanos de Tunjuelito. Según Manuel Antonio, varios ciudadanos empezaron a montar sus huertas caseras con algunas semillas y plántulas que les ha regalado.
“En esta huerta también aprenden a sembrar, cosechar y alimentarse de una forma más saludable. Mi meta es ayudar a las personas de la localidad y más adelante extender el proceso a otros sitios de la Policía Nacional”.

Banco de semillas
La huerta urbana de la Escuela Metropolitana de Bogotá, un centro de formación ubicado en el barrio Fátima y a espaldas de la Escuela de Cadetes General Santander, ha contado con la asesoría técnica del Jardín Botánico de Bogotá (JBB).
Hugo Chigüasuque, profesional de campo del equipo de agricultura urbana en la localidad de Tunjuelito, le ha llevado cientos de semillas y plántulas y bultos de tierra abonada para fortalecer las eras de los cultivos.
“Cada vez que nos visita, Hugo me da muchas recomendaciones técnicas para mejorar el proceso. Con él he aprendido mucho sobre los biopreparados y la alelopatía para controlar las plagas”, aseguró el intendente.

Este año, Hugo le comentó que el Jardín Botánico tiene proyectado crear el banco comunitario agroecológico de semillas nativas y criollas agroecológicas de Tunjuelito, el cual se va a sumar a los 13 ya consolidados.
“La ESMEB podría ser el hogar de este banco. Cuenta con una huerta consolidada, adelanta procesos comunitarios y está ubicada en un sector central que es conocido por los agricultores de la localidad”, informó el profesional del JBB.
Manuel Antonio expresó que si la escuela es escogida para albergar este reservorio de semillas, este va a quedar en buenas manos. “Yo conozco bastante de semillas y he sacado varias de las lechugas, brócolis, rábanos y rúgulas de la finca de mi papá en Paipa”.
De materializarse, el banco se convertiría en un nuevo proyecto al cual le inyectaría todo su empeño. “Esta huerta, una representación del campo de Paipa, tiene mucho potencial para seguir creciendo de la mano con la comunidad; es un homenaje a mis raíces campesinas”.



Una historia inspiradora que demuestra cómo la agricultura urbana puede fortalecer la conexión con la comunidad y el cuidado del medio ambiente. Más información en spin granny app.
Manuel Antonio, excelente labor y traer sus raíces a la capital es muy significativo. Desde mi Huerta la Muralla Verde en Usme alto, soy custodio del banco de semillas de JBB. Me gustaría intercambiar experiencias, 3143758166