• 10 adultos mayores del Club de Abuelos Los Conquistadores aprendieron a hacer jabones ecológicos con el aceite usado de cocina.
  • En este taller del grupo de agricultura urbana del Jardín Botánico de Bogotá, estos habitantes de Cerro Norte también dialogaron sobre la separación adecuada de los residuos sólidos.
  • Este barrio de la localidad de Usaquén alberga más de 40 huertas caseras y comunitarias. Una de ellas es exclusiva para los abuelos de este club, un proyecto que suma 25 años de vida.

El nombre de Hermencia Guacaneme resuena por todos los recovecos de Cerro Norte, un barrio de Usaquén incrustado en las montañas de los cerros orientales que fue construido en los años 50 por miles de campesinos que huyeron de la violencia.

Menchis, como la llaman sus amigos, lleva más de 35 años liderando procesos comunitarios y de agricultura urbana en este territorio también conocido como La Mariposa. “Desde que llegué al barrio, a los 12 años, empecé a hacer cosas para mejorar la calidad de vida de las personas”.

Su memoria atesora el primer logro social alcanzado en este territorio empinado al que solo se puede llegar en algún vehículo: la creación de la Asociación de los Derechos de los Niños y Niñas, un trabajo liderado por la chilena Lucy González.

“Con la asociación empezamos a trabajar en la creación del primer jardín infantil de Cerro Norte, que fue montado en una pequeña casa en arriendo de dos habitaciones cerca del salón comunal. A varias mujeres del barrio nos contrataron como profesoras”.

El trabajo social de Menchis se fue fortaleciendo y ayudó a concretar íconos del barrio como la Escuela Popular Infantil para niños con problemas de comportamiento; la Casa Taller, proyecto de actividades culturales; la Casa Juvenil, un sitio para jóvenes desescolarizados.

En ese viaje social comenzó a trabajar en la agricultura urbana. Las mujeres de la asociación montaron una huerta comunitaria para sembrar alimentos saludables y dárselos a los niños y jóvenes de las escuelas.

“Ahí nos dimos cuenta que algunas de las personas de la tercera edad tenían lotes en sus casas donde antes sembraban hortalizas y plantas medicinales. Con los abuelos empezamos a trabajar en un proyecto de soberanía alimentaria”.

Menchis decidió meterse de lleno en fortalecer el Club de Abuelos Los Conquistadores, un grupo creado por el líder social Benito Bonero hace más de 25 años para mejorar la calidad de vida de las personas mayores.

“Nos percatamos que las personas de la tercera edad vivían solas y tenían mucha tristeza, por lo cual yo decidí apoyar las actividades lúdicas, culturales y de salud que les brindaba don Benito en su club”.

Una de las primeras actividades que hizo con los abuelos del club fue llevarlos a visitar varias huertas de Cerro Norte. “La tristeza desapareció al tener contacto con la tierra. Los jóvenes y niños aprendieron mucho de todo el conocimiento ancestral de los abuelos”.

Con la ayuda de la asociación, la líder social montó cuatro huertas comunitarias en los lotes de los habitantes más antiguos del barrio: El Acacio, Los Abuelos, El Arbolito y El Sauco.

“La huerta de Los Abuelos, también llamada Los Conquistadores, es exclusiva para los adultos mayores del club. Desde hace 15 años, allí sembramos muchos alimentos sanos que ellos llevan a sus casas cuando hay cosechas”.

Talleres para los grandes sabedores

El Club de Abuelos está ubicado en una casa de varios pisos dividida en dos zonas: una para las actividades de los adultos mayores y otra para los niños del jardín infantil que Hermencia ayudó a fundar hace más de 30 años.

“Hemos gestionado muchos recursos y ayudas para el bienestar de los abuelos. En el club hacemos talleres de cocina, tejidos y pintura y en la parte de atrás está la huerta Los Conquistadores; nuestro día de siembra y cosecha es el sábado”.

Menchis busca seguido nuevos cursos o actividades para los más de 20 abuelos del club, personas mayores que se aferraron a su corazón. “Varios de ellos viven solos porque sus hijos no pueden cuidarlos. En esa casa tienen un nuevo hogar”.

En esa búsqueda se encontró con un taller del Jardín Botánico de Bogotá sobre jabones ecológicos con aceite usado de cocina, entidad que conoce bastante porque sus profesionales han ayudado a fortalecer las más de 40 huertas caseras y comunitarias que hay en Cerro Norte.

“Me puse muy contenta cuando vi que el taller lo lideraba Claudia Veloza, una mujer muy especial que conozco desde que era una niña y quien sabe mucho de agricultura urbana y elaboración de productos con las plantas de la huerta”.

La llamó inmediatamente para solicitar el taller en el Club de Abuelos. “Al escuchar la voz de Menchis se me aceleró el corazón de la felicidad. Acepté encantada la invitación y solo le pedí que me ayudara con la materia prima”, dijo Claudia.

La tarea era conseguir varios envases plásticos limpios, aceite de cocina usado y soda cáustica. “Fue muy fácil porque todos reciclamos las botellas y no arrojamos ese aceite viejo al sifón; se lo entregamos a una empresa que se encarga de su disposición final”, recuerda Menchis.

¡A hacer jabón!

Claudia llegó a las ocho de la mañana al Club de Abuelos Los Conquistadores. En la puerta la esperaba Menchis con 10 de los adultos mayores que participan en las actividades lúdicas y ambientales del grupo.

Todos se organizaron en la cocina del club, un salón amplio con una estufa de varios fogones, una nevera de gran tamaño y decenas de gabinetes donde guardan la comida que reciben a diario los abuelos.

La profesional del equipo de agricultura urbana del Jardín Botánico sacó de su morral varias figuras de papel, como envases plásticos, cáscaras de fruta y huevos, baterías, icopor y papel higiénico.

“Antes de aprender a hacer los jabones con el aceite usado de cocina vamos a hablar un poco de la separación que debemos hacer con los residuos sólidos en las canecas de colores blanco, negro y verde”.

Cada uno de los abuelos cogió una de las figuras y las fueron organizando por el color de las bolsas. “Todo lo que se pueda reciclar o reutilizar va en la bolsa blanca”, comentó Claudia. “¿Dónde creen que van las botellas plásticas?”.

Los adultos mayores demostraron que tienen conocimiento del arte del reciclaje. “Las botellas plásticas van en la bolsa blanca, al igual que el vidrio y el cartón. Las cáscaras de las verduras y huevos van en la caneca verde porque podemos hacer compost”.

Residuos como toallas higiénicas, icopor y baterías fueron organizados en la figura de la caneca negra. “La mayoría del plástico también va allí. Pero cuando tengan bolsas que se estiran bastante, como las del arroz, van en la blanca porque se pueden reutilizar”.

Terminada la clase de reciclaje, Claudia inició el taller de transformación. Los ingredientes fueron un litro y medio de agua, un litro y medio de aceite usado de cocina y 250 gramos de soda cáustica.

“Necesitamos un balde plástico grande. Primero agregamos el agua y luego los 250 gramos de soda cáustica y las vamos a mezclar. Debemos ser cuidadosos porque la temperatura de la mezcla se incrementará bastante y nos podemos quemar; es mejor utilizar un tapabocas”.

Ana Cecilia Romero, una de las adultas mayores del club, se ofreció como “mezcladora”. Se puso unos guantes plásticos, delantal y tapabocas y mezcló la preparación durante varios minutos con un palo de madera.

“El olor de la mezcla es bastante penetrante y nos pueden arder los ojos. Hay que revolver muy bien y con cuidado hasta que la temperatura disminuya. El paso a seguir es aplicar el aceite usado de cocina”.

La “mezcladora” batió la nueva mezcla durante más de media hora. Claudia le dijo que se detuviera cuando detectó un olor penetrante a ceniza y vio un color parecido al de una natilla de arequipe.

“Ahora vamos a introducir la mezcla en los envases plásticos que ustedes cortaron al inicio del taller. Cuando todos estén llenos los vamos a organizar en un sitio seguro y allí deben permanecer por un mes”.

Los adultos mayores del club veían con sorpresa el producto final, es decir los jabones elaborados con el aceite usado de cocina. “Son igualitos al jabón Dado, un producto que utilizábamos antes y es buenísimo para sacarles brillo a las ollas”.

Claudia les comentó que estos jabones ecológicos son ideales para la loza y despercudir y quitar las manchas fuertes en la ropa, como las del desodorante. “Podemos aplicarles plantas aromáticas de la huerta para que tengan un mejor olor”.

Una de las principales lecciones del taller es que el aceite usado de cocina se puede convertirse en un producto útil. La profesional del JBB informó que un litro de aceite contamina hasta 2.000 litros de agua.

“Lo que les hacemos es una saponificación en frío, es decir mezclar una base grasa (aceite usado de cocina), un hidróxido de sodio (soda cáustica) y agua lluvia. El resultado son unos jabones ecológicos muy buenos para el hogar”.

Para Menchis, estos aprendizajes son muy valiosos en el territorio. “Con estos jabones ecológicos estamos reutilizando el plástico y el aceite usado de cocina, un residuo que casi todas las personas arrojan al sifón y llega a los ríos”.

Los habitantes de Bogotá que estén interesados en este tipo de talleres pueden escribir su solicitud al correo correspondencia@jbb.gov.co o a través de las redes sociales del Jardín Botánico.

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

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Jardín Botánico de Bogotá