• 21 vigías ambientales de la sede D del colegio Restrepo Millán ayudaron a darle vida a la huerta escolar Vi-Verde, un terruño agroecológico dividido en dos zonas.
  • La primera está conformada por 30 tubulares llenos de lechugas, cebollas y cilantro, y la segunda por 40 llantas que albergan plantas medicinales.
  • Este proyecto hace parte de las 120 huertas familiares y comunitarias que fueron fortalecidas a través de un convenio firmado entre el Jardín Botánico de Bogotá y la Alcaldía Local de Rafael Uribe Uribe.

La sede D del colegio Restrepo Millán, una Institución Educativa Distrital ubicada en el barrio Quiroga de la localidad de Rafael Uribe Uribe y que inició labores hace más de 60 años, cuenta con su propia despensa agrícola.

Se trata de la huerta escolar Vi-Verde, un proyecto creado por 21 estudiantes que hacen parte del grupo de vigías ambientales del plantel educativo y la cual contó con la asesoría del Jardín Botánico de Bogotá (JBB).

“Estos niños y jóvenes de diferentes grados se encargaron de montar y decorar la huerta con el apoyo de Alma Melo, técnica del JBB que nos dictó varias clases de agricultura urbana”, dijeron Jessica Castañeda y Andrés González, docentes de ciencias del colegio.

La huerta Vi-Verde está ubicada detrás de los salones de la sede D del colegio Restrepo Millán, un terreno lineal que durante años fue utilizado como depósito de los pupitres viejos y material en desuso.

La primera zona de este terruño agroecológico está conformada por 30 tubulares colgados de una infraestructura de madera pintada de rojo y amarillo, bolsas plásticas con tierra fértil donde los estudiantes sembraron lechuga, cebolla y cilantro.

La segunda parte es un área con más de 40 llantas pintadas de colores verde, amarillo, rojo y naranja, materiales reciclados donde los estudiantes siembran plantas ornamentales y medicinales.

Según Alma Melo, profesional de agricultura urbana del JBB en esta localidad del sur de la ciudad, esta huerta estudiantil es diferente porque se trata de una estructura vertical.

“Los colores de los 14 palos que hay en la pérgola que sostiene los tubulares no fueron un homenaje a la bandera de Bogotá. Los que están pintados de amarillo, donde aplicamos aceite quemado, atraen a las polillas, y los rojos a las arañas; este es un control biólogo muy efectivo”.

Sebastián Niño, coordinador de agricultura urbana del Jardín Botánico en las localidades de Rafael Uribe Uribe, Usme y Sumapaz, aseguró que la huerta Vi-Verde demuestra que no se necesita de grandes terrenos para sembrar.

“Las huertas verticales se caracterizan por la optimización de los espacios y la técnica de tubulares, cojines donde podemos sembrar hasta 10 diferentes plántulas. Esta es una excelente opción para las personas que no cuentan con áreas de gran tamaño para hacer agricultura urbana”.

Futuros huerteros

La historia de esta huerta se remonta a noviembre de 2021, cuando Alma Melo capacitó a los docentes de ciencias del colegio sobre agricultura urbana. Luego se escogió el terreno y determinaron que lo ideal era aplicar la técnica de los tubulares.

“El paso a seguir fue capacitar a los 21 vigías ambientales durante siete semanas, clases teóricas y prácticas donde aprendieron a sembrar. Ellos fueron los que pintaron la pérgola, hicieron los tubulares y sembraron las hortalizas”.

La profesional del JBB aseguró que esta huerta les sirve como terapia a los estudiantes. “Los vigías ambientales son jóvenes con muchos problemas sociales, por lo cual la huerta fue el espacio ideal para que se comprometieran con un proyecto propio”.

La docente Jessica Castañeda concuerda con Melo. “Nuestros estudiantes han pasado por diferentes situaciones y algunos quedaron aislados de la sociedad. En esta aula pedagógica viva aprovechan el tiempo y aprenden a sembrar, reutilizar y alimentarse más sano”.

Aún queda mucho trabajo por hacer en este terruño con manejo agroecológico libre de químicos. Las directivas del colegio tienen proyectado hacer más tubulares en el área que no ha sido intervenida y van a involucrar a los demás docentes.

“Esta huerta es un proyecto transversal donde vamos a integrar las artes, matemáticas y educación física. Tenemos contemplado pintar un mural ecológico en las paredes y montar otra huerta con niños y jóvenes indígenas embera”.

Bryan Rincón, un joven alto, trigueño y recochero que hace parte de los vigías ambientales, fue uno de los estudiantes que más participó en el montaje de la huerta.

“En esta huerta nos divertimos mucho y aprendimos a cultivar y utilizar materiales reciclados, lecciones que no hemos visto en ninguna clase en los salones. En el futuro quiero montar mi propio restaurante con las plantas de una huerta”.

La sede D del colegio Restrepo Millán fue una de las beneficiarias de un convenio firmado entre el Jardín Botánico y la Alcaldía Local de Rafael Uribe Uribe. “El convenio 464 tuvo como meta fortalecer 120 huertas en la localidad, 100 familiares y 20 comunitarias”, apuntó Melo.

Eduard Humberto Quintana, alcalde local de Rafael Uribe Uribe, destacó el trabajo realizado por los vías ambientales, docentes del plantel educativo y el JBB.

“Los colegios son espacios propicios para dar marcha a los proyectos de agricultura urbana. Esta huerta estudiantil, un sitio verde de la localidad, es producto del trabajo de los estudiantes, profesores de ciencias y profesionales del Jardín Botánico”.

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

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Jardín Botánico de Bogotá