• El Jardín Botánico José Celestino Mutis inauguró el banco comunitario de semillas agroecológicas de la localidad de Usaquén, el número 13 en la ciudad.
  • Está ubicado en la Biblioteca Pública Servitá y alberga una colección de 67 variedades de semillas nativas y criollas agrupadas en 11 familias botánicas.
  • Los huerteros conocieron sus tesoros ancestrales, como habas, maíces, tomates, papas, cubios andinos y fríjoles, y aprendieron a preparar trufas con vegetales.

Cerca de 40 personas, la mayoría adultos mayores con sangre campesina, se dieron cita en la Biblioteca Pública Servitá, un sitio ubicado dentro del Centro de Desarrollo Comunitario de la localidad de Usaquén, el pasado jueves 6 de noviembre a las nueve de la mañana.  

Su visita no era literaria. No iban a sumergirse en las historias que guardan los 24.000 libros, audiovisuales y multimedias o a participar en los talleres de escritura, tertulias y clubes de idiomas que ofrece este recinto de la lectura vecino del Hospital Simón Bolívar.

El objetivo era conocer el banco comunitario de semillas agroecológicas de Usaquén, un proyecto liderado por el equipo de agricultura urbana del Jardín Botánico de Bogotá (JBB) que ha llegado a 13 localidades de la ciudad.

Luego de sentarse en varias sillas organizadas a lo largo de un cordón de mesas rectangulares, los ciudadanos sacaron sus cuadernos y esferos para anotar la información que les brindaría Juan David Córdoba, coordinador de la estrategia de bancos de semillas del JBB.

“Antes de conocer este nuevo reservorio de tesoros nativos y criollos y explicarles cómo va a funcionar, vamos a refrescar un poco todo lo que aprendieron en los dos talleres del curso especializado de bancos de semillas agroecológicas”, dijo el ingeniero en agroecología.

Durante aproximadamente una hora, Juan David les habló sobre las partes de las semillas (embrión, endospermo y testa) y los tipos (monocotiledóneas y dicotiledóneas), además de los factores que influyen en su viabilidad y germinación.

“En el curso también abordamos métodos técnicos como la recolección, extracción, desinfección, rotulado y almacenamiento de las semillas, como en frascos herméticos, bolsas de papel o tela, lugares frescos y secos”.

Varios de los asistentes levantaron sus manos para aclarar algunas dudas, como la diferencia entre las semillas recalcitrantes (que no toleran el almacenamiento durante periodos largos) y las ortodoxas (que pueden almacenarse a temperaturas bajas durante largos periodos).

Juan David también les recordó las diferencias entre las semillas criollas y nativas. “Las primeras fueron desarrolladas por los propios agricultores en sus campos de cultivo y las segundas tienen su centro de origen en la misma región donde se cultivan”.

El ingeniero en agroecología mencionó que los bancos de semillas nacieron para preservar y salvaguardar las especies vegetales y garantizar la biodiversidad del planeta. El primero fue fundado en Rusia en 1921 y luego comenzaron a surgir otros en varios países.

“Por su parte, los bancos comunitarios de semillas, como los del JBB, buscan almacenar, conservar y mantener semillas criollas y nativas, de tal manera que los huerteros puedan disponer de ellas cuando las necesiten y sin depender del mercado convencional”.

Banco literato

Mientras Juan David refrescaba los conocimientos de los ciudadanos, Felipe Pinto y Carlos Salamanca, profesionales del equipo de bancos de semillas, y el operario Pedro Pablo Palma, armaban el mueble del reservorio ancestral de Usaquén.

Cuando el estante en acero de color gris quedó listo, una estrucutra conformada por cinco repisas, los trabajadores del JBB organizaron los más de 50 frascos de vidrio de diferentes tamaños que contenían miles de semillas nativas y criollas.

“Les presentó la casa de las semillas de esta localidad del norte de la ciudad, un banco comunitario que estará en la biblioteca y será custodiado por las miles de joyas literarias que habitan en este recinto”, informó Juan David.

Este banco alberga 67 variedades nativas y criollas agrupadas en 11 familias botánicas. Según el ingeniero, su diversidad refleja la riqueza genética adaptada a condiciones locales y responde a criterios de selección participativa, pertinencia cultural y potencial nutricional. 

“La colección incluye especies de ciclo corto y largo, con énfasis en aquellas que han demostrado resiliencia frente a cambios climáticos y que son ampliamente utilizadas en huertas urbanas y periurbanas”.

Los cerca de 40 asistentes quedaron maravillados con las formas y colores de las semillas de las habas; maíces morado, amarillo y blanco; tomates criollos; papas nativas; cubios andinos; fríjoles; y hortalizas de hoja como acelgas, lechugas criollas y mostazas.

“Estas especies fueron priorizadas por su valor nutricional, facilidad de reproducción agroecológica y demanda comunitaria. A partir de hoy, van a poder acceder a ellas para que las siembren en sus huertas”.

Los habitantes de la localidad de Usaquén podrán solicitar semillas criollas y nativas bajo la modalidad de préstamo. Según Juan David, por cada semilla prestada por el banco, la comunidad deberá devolver el doble en un tiempo prudencial.

“Uno de los requisitos fundamentales es que todas las semillas que salgan del banco, sean sembradas en las huertas. El objetivo es promover el retorno de semillas tras cada ciclo productivo, garantizando así la sostenibilidad del banco y el fortalecimiento de las redes locales”.

María Fernanda Cadena, coordinadora de la Biblioteca Pública Servitá, será la encargada de la administración del banco de semillas de Usaquén. La próxima semana informará cuáles serán los horarios para hacer los préstamos.

“Estamos muy contentos por esta articulación que tenemos con el JBB. En esta biblioteca, un recinto lleno de palabras e historias, ahora podrán encontrar la casa de las semillas de la localidad de Usaquén, un espacio abierto a la comunidad huertera”.

La coordinadora aseguró que el nuevo banco de semillas también servirá para aumentar la diversidad de la Servihuerta, el proyecto agroecológico de la biblioteca Servitá donde participan varios adultos mayores y jóvenes.

“Vamos a multiplicar muchas semillas para vestir de verde nuestra localidad. La casa de las semillas de Usaquén vinculará a colectivos de huertas, instituciones educativas, organizaciones sociales y personas interesadas en la conservación de la agrobiodiversidad”.

Territorio huertero

La Biblioteca Pública Servitá, un sitio que atiende un promedio de 500 usuarios del barrio San Cristóbal Norte y sus alrededores, alberga más de 90 estantes donde reposan las grandes obras de la literatura universal.

Con el lanzamiento del banco comunitario de semillas agroecológicas, el número 13 de Bogotá, uno de estos muebles se convirtió en el hogar de miles de tesoros ancestrales de 67 variedades nativas y criollas.

Según Catalina Santos, coordinadora del equipo de agricultura urbana del JBB en Usaquén, esta biblioteca fue escogida por ser el sitio con mayor potencial para atender los préstamos de semillas de los habitantes de la localidad.

“Luego de un proceso de caracterización y evaluación en distintos espacios de la localidad, la biblioteca fue escogida por estar ubicada en un sitio central, de fácil acceso para toda la ciudadanía y que además cuenta con una huerta bastante consolidada”.

Esta nueva casa de semillas será fundamental para fortalecer la agricultura urbana de Usaquén, una localidad que cuenta con más de 200 huertas caseras, comunitarias, educativas e institucionales.

“Todos los huerteros y huerteras de Usaquén podrán acceder a los préstamos de semillas nativas y criollas, tesoros ancestrales que van a aumentar la diversidad de sus huertas y le aportarán bastante a la seguridad alimentaria”.

Catalina les informó a los asistentes que el Jardín Botánico cuenta con varias líneas para que la agricultura urbana siga creciendo en el territorio, como capacitaciones, asistencias técnicas, cursos básicos y talleres de gastrobotánica, transformados y marketing.

“Además, este año suscribimos un convenio con la Alcaldía Local de Usaquén que nos permitió fortalecer 12 huertas comunitarias en la parte urbana de la localidad y 25 en Serrezuela, un sector rural donde capacitamos a la comunidad sobre buenas prácticas agrícolas”.

La coordinadora aseguró que esta alianza también reforzará el nuevo banco de semillas de Usaquén. “El curso especializado de bancos de semillas agroecológicas fue realizado en el marco del convenio y vamos a seguir brindando capacitaciones”.

Trufas de vegetales

El lanzamiento del banco comunitario de semillas agroecológicas de la localidad de Usaquén no solo fue teórico. Diego Huertas, chef del Jardín Botánico que lidera la línea de gastrobotánica, les enseñó a preparar un postre saludable a los cerca de 40 asistentes.

Con la ayuda de los profesionales del equipo de agricultura urbana, Diego vistió una mesa con decenas de hojas de espinaca y acelga, racimos de bananos, varios frascos de crema de maní y miel, sobres de avena en hojuelas y cacao procesado.

Antes de revelar cuál sería la preparación agroecológica, el chef les aseguró que este sector de Usaquén, desde donde se divisa la magia biodiversa de los cerros orientales y barrios como Cerro Norte, ocupa un lugar muy especial en su corazón.

“Hace varios años tuve un accidente y estuve muchos meses recuperándome en el Hospital Simón Bolívar. La vida me dio una nueva oportunidad en este sector de la ciudad y por eso siempre estaré infinitamente agradecido”.

Para vencer la timidez de los ciudadanos, Diego les dijo que se presentaran y dijeran qué sabor asocian con sus nombres. Manzanilla, toronjil, hierbabuena, pistacho, café, cidrón, menta, chocolate, romero, fresa, champiñón, uchuva y pitaya, fueron algunos de los mencionados.

“Me sorprendió mucho que ninguno dijera algún vegetal. Con la receta que traje hoy, les voy a demostrar que los vegetales pueden ser utilizados en muchos más platos que las ensaladas y las hamburguesas; es más, pueden ser bastante divertidos”.

La receta secreta, que tenía en vilo a los habitantes de Usaquén, era una trufa de vegetales. “Con acelgas y espinacas también podemos preparar trufas, un dulce que solo asociamos con el chocolate”.

Las hojas de estas plantas icónicas de las huertas urbanas fueron cortadas en trozos bastante pequeños. Luego, Diego las puso en el interior de un bowl metálico donde fue añadiendo poco a poco los otros ingredientes hasta conformar una masa.

“El dulce de este postre saludable lo da el banano. Lo ideal es que luego de hacer las bolas con todos los ingredientes, ingresen al refrigerador para que se endurezcan. Como acá no tenemos nevera ni tiempo, lo vamos a probar recién hecho”.

Los rostros de los participantes le indicaron al chef que sus trufas de vegetales gustaron bastante. “No tenía ni idea que con vegetales se podía hacer un postre tan rico. Lo más importante es que es bastante sano y por eso se lo prepararé a mi familia”, dijo una de las huerteras.

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

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Jardín Botánico de Bogotá