• Andrea Moya lleva 17 años trabajando con los campesinos de la localidad más rural y extensa de Bogotá temas como huertas agroecológicas, plantas medicinales y sistemas productivos ambientales.
  • Esta ingeniera agrónoma ayuda a comercializar las papas y otros tubérculos nativos que algunos habitantes de Sumapaz siembran en sus predios.
  • Conozca la historia de la coordinadora temática del Parque Chaquén, un predio del corregimiento de Nazareth donde la comunidad aprende sobre seguridad alimentaria.
Sumapaz

Andrea Moya lleva casi dos décadas trabajando con los campesinos de la localidad de Sumapaz.

Antes de que el reloj marque las cuatro de la mañana, Andrea Moya comienza a alistarse para dirigirse a Sumapaz, un titán hídrico y biodiverso conformado por más de 333.000 hectáreas y que es catalogado como el páramo más grande del mundo.

Luego de bañarse con agua bien caliente y tomar una taza de café cargado, esta bogotana se despide de su esposo, Fernando Díaz, y le da un beso en la frente a Natalia, su única hija de cinco años que aún duerme profunda en una cama llena de cobijas de lana.

En el parqueadero de su casa, ubicada en el barrio Santa Lucía, la espera una camioneta de color vino tinto con las ruedas, puertas y ventanas untadas de barro, un vehículo que desde hace varios años la acompaña en sus recorridos por las trochas paramunas de Sumapaz.

En la parte de atrás de la camioneta, Andrea mete decenas de costales y cajas con productos agrícolas. Cuando toda la mercancía queda organizada, enciende el motor y hace una llamada en su celular: “ya voy saliendo y creo que llego en unas tres horas, si el tráfico me lo permite”.

Sumapaz

Sumapaz es considerado el páramo más grande del mundo.

Su destino es Nazareth, uno de los tres corregimientos de la localidad de Sumapaz. Aunque el camino es largo y culebrero, más de 85 kilómetros con caminos aún sin pavimentar, esta ingeniera agrónoma prefiere no encender el radio. “Las noticias negativas y la música actual perturban el hermoso paisaje del páramo y los mágicos sonidos de la naturaleza”.

Andrea hace varias paradas a lo largo del recorrido. Primero en un restaurante rústico de la zona rural de la localidad de Usme, donde desayuna caldo de costilla, arepa campesina y jugo de naranja, y luego en algunas de las lagunas de aguas diáfanas y cristalinas de Sumapaz.

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“Casi siempre me detengo en la laguna de los Tunjos, un sitio rodeado por miles de frailejones donde nace el río Tunjuelo. Allí respiro profundamente y me recargo con la energía de la naturaleza para continuar el viaje”.

Al llegar al casco urbano de Nazareth, Andrea saluda a algunos de los campesinos de ruana y sombrero y luego coge rumbo por una trocha empinada hacia su oficina: el Parque Temático Chaquén, un predio de 2,2 hectáreas donde lidera varios proyectos de seguridad alimentaria.

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El objetivo de esta ingeniera agrónoma siempre ha sido trabajar con las comunidades.

“Llevo 17 años trabajando con los campesinos de la localidad de Sumapaz en temas como huertas agroecológicas, plantas medicinales, sistemas productivos ambientales y papas nativas, una experiencia maravillosa que espero seguir realizando por mucho tiempo más”.

En promedio, Andrea viaja a Sumapaz dos o tres días a la semana, aunque a veces se queda largos tiempos en algunas de las habitaciones que el hospital de Nazareth habilitó para sus trabajadores.

“Eso depende de las actividades que tengo programadas en Sumapaz, como cuando hacemos ferias o mercados con los campesinos o eventos donde participa la Subred Sur, entidad para la que trabajo”, afirma la actual coordinadora temática del Parque Chaquén.

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En esta camioneta de color vino tinto, Andrea Moya recorre los corregimientos de Sumapaz.

Primeros años en Sumapaz

Aunque nació hace 41 años en Bogotá, por las venas de Andrea corre sangre campesina: sus papás son del Líbano, municipio del Tolima conocido por sus cafetales y la ganadería bovina. “Desde pequeña me llamó mucho la atención la siembra en el campo y me parecía mágico ver cómo de una semilla salía una planta”.

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Varios de sus primos son ingenieros agrónomos o forestales, por lo cual su familia tenía la corazonada de que estudiaría algo relacionado con el campo o la naturaleza. “Pero yo tenía más vocación de servicio y me alcancé a interesar por la enfermería y el trabajo social. Luego las descarté porque soy muy nerviosa con la sangre y vi el trabajo social como algo intangible”.

Al analizar el pensum de ingeniería agronómica de la Universidad Nacional, Andrea supo que había encontrado su carrera ideal. “Como ingeniera agrónoma iba a poder acercarme al campo y aportarle al bienestar de los campesinos. No lo pensé dos veces y decidí matricularme”.

Sumapaz

Andrea Moya es la actual coordinadora temática del Parque Chaquén, ubicado en Nazareth.

Una salida de campo del tercer semestre realizada por varios municipios del Tolima, marcó el futuro profesional de la estudiante. “Al conversar con pequeños productores de sorgo, algodón y arroz, comprendí que quería hacer algo por ellos, pero sin llevarles agroquímicos”.

En 2005, mientras terminaba las materias del último semestre, Andrea comenzó a buscar la pasantía para lograr el título como ingeniera agrónoma, un proceso que define como complejo porque solo encontraba prácticas en cultivos industriales, como flores, palma y cacao, y sin la participación de la comunidad.

“Yo soñaba con una pasantía rural donde pudiera interactuar con las comunidades. Un día me encontré con un aviso en la facultad donde informaban que el hospital de Nazareth estaba buscando pasantes para trabajar temas relacionados con la seguridad alimentaria en la localidad de Sumapaz”.

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Con la asesoría de Andrea Moya, varios campesinos de Sumapaz siembran papas nativas.

Andrea pasó los papeles que exigía el hospital y fue seleccionada entre los 12 pasantes. A los pocos días viajó por primera vez a Sumapaz, un viaje de tres horas que la dejó maravillada por las lagunas ancestrales de los muiscas, la densa niebla y los frailejones centenarios que almacenan el líquido vital.

“Durante mis dos primeras semanas como pasante me dediqué a conocer Nazareth, conversar con sus habitantes y me encarreté con el pueblo. Pero las directivas del hospital tomaron la decisión de trasladarme al corregimiento de San Juan, donde la población es de carácter fuerte y se necesitaba de una profesional con una personalidad calmada, como la mía”.

La pasantía duró seis meses, tiempo en el que le ayudó a varios campesinos a montar huertas con manejo agroecológico. “Al comienzo me dio duro alejarme y estar desconectada de la familia, ya que en esa época solo había un teléfono fijo en el hospital. Pero me enamoré de la comunidad y quedé muy contenta con los resultados del proyecto”.

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En la localidad de Sumapaz, Andrea Moya mezcla sus dos pasiones: los cultivos y las comunidades.

Al terminar la pasantía y graduarse como ingeniera agrónoma, Andrea quería seguir trabajando en Sumapaz. Pero el hospital no contaba con el presupuesto suficiente para contratar nuevos trabajadores y por eso comenzó a buscar nuevos destinos laborales.

“Una empresa en Medellín tenía una vacante para liderar un proceso de seguridad alimentaria con jóvenes, por lo cual viajé, presenté la entrevista y fui seleccionada. Llamé a la coordinadora del proyecto en Sumapaz para contarle la noticia y ella se la comunicó al subgerente del hospital, quien inmediatamente gestionó recursos y me contrataron como profesional”.

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El nuevo trabajo consistía en implementar huertas, hacer procesos de educación ambiental y enseñarles a alimentarse de una manera más sana a 25 familias y niños y jóvenes de las escuelas del corregimiento de San Juan. Para esto, Andrea contaría con un grupo interdisciplinario conformado por nutricionistas, agrónomos, médicos veterinarios y trabajadores sociales.

“Con la asesoría de unos biólogos trabajamos en un proyecto de sistemas productivos saludables basado en la recuperación del saber ancestral de las plantas medicinales. También hicimos una estrategia de multiplicadores con las familias campesinas, la cual arrojó la formación de líderes que replicaron lo aprendido sobre seguridad alimentaria en todo San Juan”.

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Andrea Moya ha ayudado a crear varias huertas agroecológicas en la localidad de Sumapaz.

Nace el Parque Chaquén

En 2007, el hospital de Nazareth, que hace parte de la Subred Sur, trabajaba en un programa de ecoterapia con 15 personas con enfermedades mentales y habitantes de calle, pacientes que vivían en el salón comunal del corregimiento.

“El gerente del hospital comenzó a gestionar recursos para conseguir un espacio amplio y natural donde se realizarían la ecoterapia y otros proyectos de seguridad alimentaria. Las directivas encontraron un predio de 2,2 hectáreas ubicado a 20 minutos del casco urbano de Nazareth, una antigua finca que estaba desocupada y sin ningún tipo de producción”.

Según Andrea, el ideal era montar una huerta agroecológica para los pacientes de ecoterapia. “El predio fue bautizado Parque Temático Chaquén y le dije a la coordinadora del proyecto de seguridad alimentaria que quería ser parte de la iniciativa, donde me contrataron como ingeniera agrónoma”.

Sumapaz

El Parque Temático Chaquén nació como un espacio para realizar un programa de ecoterapia.

El primer paso fue limpiar el pasto, la maleza y las piedras presentes en el predio. Luego se diseñó la huerta con técnicas de conservación de uso del suelo a través de terrazas, las cuales fueron construidas con las piedras y madera de árboles exóticos, como eucalipto y pino.

Para la construcción de la huerta, los senderos, las pequeñas casas y el vivero del Parque Temático Chaquén, el hospital contrató a varios campesinos de Sumapaz. “Realizamos varias mingas con la comunidad para hacer las terrazas”, recuerda Andrea.

Además de beneficiar a las personas con enfermedades mentales y habitantes de calle, el Parque Chaquén se convirtió en el sitio ideal para los proyectos de sistemas productivos saludables y seguridad alimentaria del hospital. “El objetivo era consolidar un espacio donde los campesinos pudieran aprender sobre seguridad alimentaria, sistemas productivos y plantas medicinales, un trabajo que nosotros hacíamos en las casas de los habitantes de Sumapaz”.

SumapazEn la huerta del Parque Chaquén, los campesinos de Sumapaz aprenden sobre agroecología.

Según Andrea, profesionales del Jardín Botánico de Bogotá (JBB) y el Instituto Humboldt recorrieron varias zonas del páramo de Sumapaz para dialogar con los sabedores de plantas y así identificar la flora medicinal, insumos que fueron plasmados en un documento.

“Identificaron 104 especies de plantas medicinales, de las cuales nosotros escogimos 25 (las más utilizadas) para nuestro proceso de formación en Chaquén. El hospital contrató a la Fundación Instituto de Botánica Aplicada (FUNIBA) para profundizar en estas especies”.

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En varias charlas y talleres, los campesinos aprendieron que estas plantas pueden ser productivas. “Un grupo participó en un curso de manejo agronómico de plantas medicinales de la Universidad Nacional y nosotros elaboramos material pedagógico sobre el uso de las plantas”.

Con la comunidad, los profesionales del parque trabajaron sobre el manejo de residuos orgánicos para darle vida a la huerta, un terruño donde se sembraron alrededor de 25 especies de hortalizas y plantas medicinales. “También iniciamos con el compostaje, el lombricultivo y la restauración ecológica del predio con más de 60 especies de árboles nativos; el ideal es crear un corredor biológico que lo conecte con el ecosistema de páramo”.

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El Parque Temático Chaquén se ha convertido en un ícono para la comunidad campesina de Sumapaz.

Tubérculos andinos

Desde los inicios del Parque Chaquén, es decir en 2007, uno de los componentes más importantes fue consolidar un lote exclusivo para la siembra de tubérculos y raíces andinas, como yacón, cubio, quinua y algunas variedades de papas nativas.

“El ideal era sembrar estas especies en el parque, darles semillas a los campesinos para que las cultivaran en sus predios y que al final pudieran comercializarlas; es decir brindarles una alternativa económica a las comunidades”.

El yacón, una raíz alargada y pintada de café por fuera y amarillo en su interior, fue el primero en generarle ganancias a la comunidad, cuando José Muñoz, un campesino de Nazareth, obtuvo buenos resultados con las cosechas en su predio.

“A don José le dimos varias semillas de yacón del parque y él las sembró en su finca. Cuando varios de los habitantes de las veredas Raizal y Peñalisa vieron que estaba sembrando y vendiendo, decidieron hacer lo mismo”.

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En el Parque Chaquén se siembran algunas variedades de papa nativa.

Andrea decidió ayudar a los campesinos que sembraban yacón para que pudieran vender la cosecha. “Cada vez que iba a Sumapaz los visitaba y ellos me entregaban el yacón de la cosecha. Yo me encargaba de vender el material en sitios como las plazas de mercado de Abastos y Paloquemao”.

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Entre 2009 y 2010, la ingeniera agrónoma comercializó el yacón de los campesinos de Sumapaz en varias ferias y mercados de la capital, al igual que en algunos eventos de las entidades distritales de la Alcaldía de Bogotá. “Sin embargo, por algunos inconvenientes jurídicos, el parque tuvo que dejar de producir yacón”.

La coordinadora temática del Parque Chaquén no se quedó de brazos cruzados. Comenzó a buscar otros aliados y así conoció a Jaime Aguirre, quien llevaba varios años sembrando papas nativas en su finca ubicada en la vereda Verjón de la localidad de Chapinero.

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Las papas nativas les están generando ganancias a varios campesinos de Sumapaz.

“Jaime Aguirre quería trabajar en red con varios productores de Cundinamarca. Luego de visitar el Parque Chaquén nos dio algunas semillas de papas nativas para sembrar en la huerta y así nos metimos en el cuento de estos hermosos tubérculos”.

Luego, cuando fue invitada a un congreso de agroecología en Perú, Andrea conoció el Centro Internacional de la Papa y trajo varias semillas nativas a Sumapaz. “También hicimos contactos con la escuela de gestores de la Universidad Nacional y varios custodios de semillas en el departamento de Nariño”.

Según el Jardín Botánico de Bogotá (JBB), en el mundo hay cerca de 5.000 variedades de papas, de las cuales 250 son nativas del territorio colombiano. “En Chaquén tenemos alrededor de 10 variedades, de las cuales la que más se siembra es la papa corneto”, asegura la ingeniera agrónoma.

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Andrea Moya también ha liderado varios proyectos sobre plantas medicinales en Sumapaz.

¡A vender papa nativa!

El Parque Chaquén logró consolidar un robusto banco de semillas nativas, en especial de papas, las cuales Andrea comenzó a repartir entre los campesinos de los corregimientos de Nazareth y San Juan. “Ya perdí la cuenta de los habitantes de Sumapaz a los que les he repartido semillas”.

Sin embargo, la ingeniera agrónoma se percató que la comercialización de estos tubérculos no es efectiva en la localidad más extensa de la capital, por lo cual decidió ayudarle a la comunidad campesina a comercializar las cosechas en los diferentes eventos sobre el campo que se realizan en Bogotá.

“En Sumapaz no las pueden vender. Por eso, lo que yo hago es recoger las cosechas en sus predios y luego comercializar las papas en espacios como los mercados campesinos del Jardín Botánico y la Plaza de los Artesanos; mi esposo y yo las vendemos y luego les entregamos las ganancias a los campesinos”.

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José Micán es uno de los campesinos de Sumapaz que siembra papas nativas.

La camioneta de color vino tinto de Andrea es el medio de transporte de estas papas, las cuales tienen una gran variedad de colores y formas. “Una vez le di cinco libras de semillas de papa corneto a un campesino de San Juan y al poco tiempo me dijo que le había vendido 20 bultos a un restaurante en Bogotá”.

José Micán, un campesino de Nazareth, la llama semanalmente para que lo ayude a vender. “Un día, cuando estaba haciendo una visita en una vereda, don José se me acercó y me dijo que si yo era la señora que llevaba las papas nativas a Bogotá. Me contó que estaba dedicado a sembrar tres variedades y que sí le podía ayudar con la venta”.

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La ingeniera agrónoma asegura que los campesinos que cultivan papa nativa en Sumapaz son cada vez más ambientalistas. “Aunque la producción no es 100% agroecológica, sí es bastante limpia. Por ejemplo, solo fumigan una vez al año, cuando en un cultivo tradicional de papa se hace más de 18 veces”.

Cada vez que visita Sumapaz, es decir dos o tres veces a la semana, Andrea conoce a un nuevo campesino que está sembrando papa nativa. “Este proceso de voz a voz ha sido muy bonito. Me llena de alegría ser conocida como la señora de las papas nativas y de ese lazo de confianza que tengo con los campesinos”.

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José Micán llevó sus papas nativas al gran mercado campesino de la Plaza de Bolívar.

Presente y futuro

El programa de ecoterapia del hospital de Nazareth, que fue el motor para que naciera el Parque Temático Chaquén, le dio varios beneficios a los más de 100 pacientes con enfermedades mentales que participaron.

“Los pacientes vivían en una casa ubicada al lado del parque y hacían su terapia hortícola en la huerta, donde los niveles de agresividad bajaban, sembraban en equipo y algunos sonreían. Las plantas no juzgan y por eso ellos podían conversar con ellas; se concentraban durante largas horas para sembrar las semillas”.

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En 2017 este programa llegó a su fin debido a algunos inconvenientes con la normatividad sobre salud mental. “Como no éramos un centro psiquiátrico, los pacientes fueron reubicados en otros lugares de Bogotá”, recuerda Andrea con tristeza.

Sin embargo, el componente de la salud sigue vivo en el Parque Chaquén, donde los campesinos aprenden sobre el uso de plantas medicinales y una mejor alimentación. “El ideal es institucionalizar este proceso, crear una red y que el parque sea como un consultorio”.

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Las papas nativas y las plantas medicinales son protagonistas en el Parque Chaquén.

Según Andrea, en este sitio del corregimiento de Nazareth un médico alternativo realiza talleres sobre la transformación de las plantas medicinales, y además se hacen recorridos guiados para universitarios o la ciudadanía en general que quiera conocer el proyecto.

“En esos recorridos, que tienen un costo de 12.000 pesos por persona, los visitantes conocen la huerta, hacen avistamientos de aves en el mirador que construimos y aprenden sobre semilleros, biopreparados y tubérculos y raíces andinas. Los campesinos de Sumapaz no tienen que pagar para ingresar al parque: es un predio de puertas abiertas que busca mejorar su seguridad alimentaria”.

Además de ser la coordinadora temática del parque y ayudar a los campesinos a comercializar las papas nativas, Andrea es la delegada de la Subred Sur en los temas de la política pública de salud ambiental. “Participo en instancias como la comisión ambiental local y el consejo local de gestión del riesgo. Por eso estoy la mitad del tiempo en Bogotá y la otra en Sumapaz”.

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El Parque Chaquén es un sitio de puertas abiertas para los campesinos de Sumapaz.

El coequipero

El trabajo de Andrea en Sumapaz no sería posible sin el apoyo de Fernando Díaz, un contador público que conoció en el colegio y con quien comparte su vida desde 2009. “Aunque vivimos juntos hace cinco años, la misma edad que tiene nuestra hija Natalia, lo conozco desde niña. Fernando es el que me ayuda a vender las papas nativas en Bogotá”.

La prueba de fuego para esta pareja fue la comercialización del yacón, un trabajo que realizaban en Abastos y las demás plazas de mercado. “A Fernando le empezó a gustar el tema agropecuario y por eso renunció al colegio donde daba clases y a las empresas que lo contrataban para encargarse de las ventas de las raíces y tubérculos nativos los fines de semana, días en los que yo casi siempre estoy en Sumapaz”.

La pareja creó su propio emprendimiento de té y miel de yacón. “Fue posible a través de un proyecto que pasamos al Fondo Emprender del SENA y por los conocimientos que adquirí en Perú, donde varios expertos me enseñaron a hacer té y miel con el yacón”.

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Fernando Díaz, esposo de Andrea, es el encargado de vender las papas nativas en los mercados y ferias de Bogotá.

A Natalia, su hija de cinco años, le encanta visitar Sumapaz, en especial el Parque Chaquén. “Se la pasa cogiendo las plantas y le gusta mucho la naturaleza. La vez pasada vio a un grupo de carranga en televisión y me dijo: mira mami, es la música de los campesinos que tanto quieres”.

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Andrea define a Sumapaz como su segundo hogar, un territorio de resistencia campesina donde pudo cumplir el sueño de trabajar con las comunidades. “Es un territorio sagrado, la mayor riqueza hídrica del país y una deuda que tiene el Estado con los campesinos”.

En el futuro, estos bogotanos piensan radicarse del todo en el campo. “Ojalá fuera en Sumapaz, pero antes debemos darle estudio a Natalia. Sin embargo, sabemos que tarde o temprano estaremos en alguna zona rural trabajando por las comunidades: ese es nuestro proyecto de vida”.

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Cuando su hija crezca, Andrea y su esposo tienen contemplado radicarse en una zona rural para trabajar con las comunidades.

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

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Jardín Botánico de Bogotá