• Desde hace más de dos años, este colectivo ambiental recicla los residuos orgánicos, botellas plásticas y aceite usado de cocina que generan los habitantes del barrio Carvajal Osorio.
  • Este grupo creó un laboratorio ambiental solar donde las cáscaras de verduras, frutas y huevos son deshidratadas y luego se convierten en abonos.
  • Cada mes procesan 6,7 toneladas de residuos orgánicos, 450 kilos de plástico y 50 kilos de aceite usado. 400 familias del barrio se han beneficiado con este proyecto.
  • Vive Vibra Verde también revivió una huerta comunitaria del sector, un terruño donde siembran hortalizas y plantas medicinales y las transforman en diversos productos.
  • Esta iniciativa hace parte de ‘Las huertas del barrio’, la ruta agroecológica y turística de la localidad de Kennedy.
Ruta agroecológica

Los miembros de Vive Vibra Verde llevaron el reciclaje y la agricultura urbana al barrio Carvajal Osorio.

El barrio Carvajal Osorio, un sitio industrial, comercial y residencial de la localidad de Kennedy donde el verde brilla por su ausencia, se ha convertido en una cuna del reciclaje, compostaje, educación ambiental, trabajo comunitario y agricultura urbana.

El colectivo ambiental Vive Vibra Verde tiene el mérito de este título. Las cinco personas de diversas edades que lo conforman han logrado lo que muchos consideran imposible: que los ciudadanos aprendan a separar adecuadamente los residuos para luego reutilizarlos.

Hace más de dos años, en un predio de la Junta de Acción Comunal ubicado en la carrera 68L con calle 37D sur, este grupo montó su propio laboratorio ambiental, un lugar cerrado y oculto por varias plantas enredaderas.

Rutas agroecológicas

El colectivo ambiental recoge los residuos orgánicos del barrio en este triciclo.

“Lo primero que hicimos fue crear la ruta verde, un triciclo que pasa los lunes, miércoles y viernes, entre las siete y nueve de la mañana, por las calles del barrio recogiendo los residuos orgánicos, botellas plásticas y aceite usado de cocina”, dijo Yuly Gallego, líder del grupo.

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Los desperdicios provenientes de las cocinas, como cáscaras de frutas, verduras y huevos, son triturados en una máquina y luego ingresan a unas camas cubiertas por vidrios ubicadas en una terraza. Cuando se deshidratan pasan a otra máquina que los pulveriza.

“Luego de la deshidratación con los rayos solares, los residuos orgánicos vegetales se transforman en abonos orgánicos que son benditos para las plantas”, informó la joven de 30 años.

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Luego de ser triturados, los residuos orgánicos vegetales pasan tres días en estos deshidratadores.

Los habitantes del barrio Carvajal Osorio hacen parte del proceso. Según Yuly, el colectivo les ha enseñado a separar adecuadamente los residuos a más de 400 familias de este concurrido y transitado sector de la localidad de Kennedy.

“Los ciudadanos separan los residuos en sus casas y los dejan en varias canecas los días en los que pasa nuestro triciclo de la ruta verde. Sin su activa participación, nuestro proyecto no funcionaría”.

Este grupo también se encarga de hacer la disposición final del plástico, el aceite usado de cocina y el tetra pak. Por ejemplo, elaboran ecobotellas con los empaques de las golosinas y las botellas plásticas y llevan el aceite a uno de los puntos de recolección autorizados.

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Yuly Gallego es el alma y corazón del colectivo ambiental Vive Vibra Verde.

“Somos un centro de acopio de ecobotellas, aceite usado y tetra pak, materiales que nuestro reciclador de oficio no se lleva por no tener un valor comercial. Trabajamos con asociaciones que se encargan de transformar estos materiales”.

La agricultura urbana también hace parte de este proyecto ambiental. Vive Vibra Verde revivió la huerta de la Junta de Acción Comunal del barrio, donde siembran varias hortalizas y plantas medicinales de una forma agroecológica.

“El abono que hacemos con los residuos orgánicos es utilizado en la huerta, por lo cual hacemos un proceso de economía circular. En este sitio queremos enseñar a niños, jóvenes y adultos sobre la importancia de sembrar nuestros alimentos”.

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La agricultura urbana también hace parte de este proyecto ambiental.

Las cifras revelan el éxito de esta iniciativa: cada mes, el colectivo procesa 6,7 toneladas de residuos orgánicos vegetales crudos, 450 kilos de ecobotellas, 50 kilos de aceite usado de cocina y 60 kilos de tetra pak.

“Llevamos más de dos años sensibilizando, enseñando y trabajando por darle una mejor disposición a los materiales que comúnmente iban a la basura. También estamos transformando la vida de los recicladores de oficio de nuestro barrio”.

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Las flores de la curuba embellecen la reja que protege este laboratorio ambiental.

El inicio

Este proyecto comenzó a gestarse en 2020, cuando Yuly Gallego, graduada como contadora pública, sintió una gran preocupación por la problemática ambiental del relleno sanitario Doña Juana.

“Quedé perturbada al ver que los habitantes de Mochuelo Alto y Bajo, en Ciudad Bolívar, viven en medio de los olores nauseabundos y vectores que desatan las 7.500 toneladas de residuos que llegan a diario al relleno”.

Según Yuly, este desalentador panorama es causado por los más de ocho millones de habitantes de la capital. “Es una crisis que todos causamos al no reciclar. Es indignante ver como el planeta se va acabando con lo que le quitamos a la naturaleza”.

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Esta máquina, creada por uno de los miembros del grupo, tritura los residuos orgánicos.

La preocupada ciudadana conversó con Wilson Moreno, su pareja y quien tiene conocimientos técnicos sobre el manejo y disposición adecuada de los residuos sólidos, y le propuso hacer algo para minimizar un poco la problemática.

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“En mi casa, ubicada en el barrio Floralia, hicimos varias pruebas sobre el tratamiento de los residuos orgánicos. Así dimos con el proceso de deshidratación solar, es decir poner al sol los residuos durante tres días”.

Con este descubrimiento, Yuly y Wilson comenzaron a tocar puertas en las Juntas de Acción Comunal de la localidad de Kennedy. “El objetivo era trabajar mancomunadamente en un proyecto de reciclaje y hacer abonos orgánicos”.

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Flor Marina Mecón, presidenta de la JAC del barrio, vio el potencial del proyecto de Yuly.

Flor María Mecón, presidenta de JAC del barrio Carvajal Osorio, les copió la idea porque la junta contaba con el sitio ideal para montar la infraestructura del proceso de deshidratación solar.

“Quedé maravillada con la propuesta. Sin pensarlo dos veces les dimos el aval a Yuly y Wilson: sabíamos que con este proyecto íbamos a darle un vuelco total al barrio y la comunidad se iba a motivar a luchar por el medioambiente”.

Nace el colectivo

Con la JAC como aliada y el permiso para utilizar el predio, Yuly le dio vida al colectivo ambiental Vive Vibra Verde, un laboratorio conformado por cinco personas: ella, su pareja Wilson, la presidenta y el vicepresidente de la junta y otra joven del barrio.

El primer reto fue concientizar a la comunidad sobre la separación adecuada de los residuos sólidos. Para esto, el grupo creó la ruta verde y compró un triciclo para recoger los desperdicios de los habitantes del barrio.

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Vive Vibra Verde ha convertido al barrio Carvajal Osorio en la cuna del reciclaje.

“Al comienzo no fue fácil porque la mayoría de personas no sabía separar los residuos. Grabamos un audio para informarles sobre la ruta y empezamos a sensibilizar a la ciudadanía”.

El Instituto Distrital de la Participación y Acción Comunal (IDPAC) conoció la iniciativa y la postuló a un proyecto de obra de saldo pedagógico. “Ganamos y nos dieron los recursos económicos para construir los deshidratadores solares y hacer las adecuaciones del centro de acopio”.

Wilson se encargó de construir los más de 10 deshidratadores solares y crear dos máquinas metálicas que trituran y pulverizan los residuos orgánicos. “Mandamos a hacer uniformes verdes y les estampamos nuestro logo”.

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Wilson Moreno fue el encargado de crear las máquinas que convierten los residuos orgánicos en abonos.

Los residuos orgánicos ingresan en la máquina trituradora y luego son ubicados en los deshidratadores durante tres días. Por último, el material es depositado en otra máquina que lo convierte en abono orgánico.

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Yuly decidió incluir en este proyecto de reciclaje a dos de los residuos más críticos: el aceite usado de cocina, líquido que es arrojado en los sifones de las casas y llega al río Bogotá; y las botellas y envolturas plásticas.

“El aceite que recogemos lo llevamos a uno de los puntos de recolección autorizados en la ciudad. Con los residuos plásticos hacemos ecobotellas, es decir botellas con plásticos en su interior, como empaques de las golosinas, bolsas de agua y etiquetas de las gaseosas”.

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Este colectivo ambiental también trabaja en un proyecto de ecobotellas.

El colectivo firmó un convenio con la Universidad Santo Tomás para hacer un parque con ecobotellas en Altos de Cazucá, un proyecto que necesita seis toneladas de este material. “El objetivo es hacer uno de estos parques en el barrio Carvajal Osorio”.

El cartón que recogen en la ruta verde se lo entregan a un reciclador de oficio que los acompaña durante el recorrido. “Nuestro proyecto ha logrado concientizar a la gente del barrio. Ellos hacen la separación en sus casas y nos entregan todo listo para reutilizarlo”.

A alimentarse sano

En diciembre de 2020, mientras el proyecto de reciclaje daba sus primeros pasos, Vive Viva Verde decidió revivir la huerta comunitaria de la Junta de Acción Comunal del barrio Carvajal Osorio.

“La huerta estaba desorganizada y no contaba con surcos o eras definidas. Con la plata que recibimos del proyecto de obra de saldo pedagógico del IDPAC, empezamos a arreglarla”, aseguró Yuly.

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Vive Viva Verde recuperó la antigua huerta de la JAC de Carvajal Osorio.

El Jardín Botánico de Bogotá (JBB), entidad encargada de capacitar y asesorar técnicamente a la ciudadanía sobre agricultura urbana, los ayudó a armar las eras de la lechuga, zanahoria, rábano, cebollín y plantas medicinales y aromáticas.

Al ver los cultivos organizados y todos libres de químicos, la comunidad empezó a visitar la huerta para llevar comida sana a sus casas. Las mujeres del barrio van a cosechar y pagan por los productos que necesitan.

“Cada vez que hay cosecha les informamos por nuestras redes sociales (Facebook, Twitter e Instagram) o grupos comunitarios. Mantenemos precios bajos y los productos son mejores que los de las tiendas porque no utilizamos químicos ni para controlar las plagas”.

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Las lechugas son las protagonistas en la huerta de este colectivo ambiental.

Según Yuly, el JBB ha sido fundamental en el renacer de esta huerta. “Nos han capacitado y entregado plántulas, insumos y tierra. Aprendimos a hacer los biopreparados con ají, ajo y cebolla para evitar la presencia de plagas”.

Flor María Mecón, la presidenta de JAC, es una de las que más aprovecha los beneficios de la huerta. Con varias de las plantas medicinales y aromáticas prepara aceites naturales que alivian los dolores del cuerpo.

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“Hago masajes con estos aceites, los cuales también comercializamos. Todas las personas que visitan la huerta participan en mis actividades con estos productos, como untárselos en las manos para mejorar la circulación”.

Las lechugas que siembran en el suelo de la huerta y en un muro vertical, son los productos agroecológicos que más venden. “Cuando hay cosecha sacamos más de 100 lechugas y cada una la vendemos a 3.000 pesos”.

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El grupo elabora aceites naturales con las plantas aromáticas y medicinales de la huerta.

Las huertas del barrio

Vive Viva Verde fue seleccionado como uno de los cinco proyectos que conforman la tercera ruta agroecológica de Bogotá, una apuesta liderada por el Jardín Botánico y el Instituto Distrital de Turismo (IDT).

Se trata de ‘Las huertas del barrio’, la ruta agroecológica y turística de la localidad de Kennedy, una iniciativa que busca promover nuevas oportunidades económicas a los agricultores urbanos por medio de recorridos turísticos en sus huertas.

Marsella, Granja Mundo Aventura, Vive Viva Verde, Monterrey y El Alebrije de la Biblioteca El Tintal, son las cinco paradas de este proyecto turístico y agroecológico en Kennedy, el cual fue inaugurado a finales de octubre de este año.

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Vive Vibra Verde hace parte de la ruta agroecológica y turística de la localidad de Kennedy.

El día del lanzamiento, varios ciudadanos tuvieron la oportunidad de conocer estos emprendimientos ambientales de la localidad de Kennedy. En el barrio Carvajal Osorio, todos quedaron sorprendidos con el proyecto de reciclaje.

“Es una de las iniciativas de reciclaje más poderosas que he conocido. Lo que hacen con los residuos en sus deshidratadores y máquinas corrobora algo que no me canso de decir: nada es basura y todo se puede reciclar”, dijo Elena Villamil, una de las huerteras pioneras de Bogotá.

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Varios ciudadanos conocieron este proyecto de reciclaje el día del lanzamiento de la ruta agroecológica de Kennedy.

Yuly, Flor María y los demás miembros del colectivo se encargaron de presentar todo el proceso que adelantan en su laboratorio ambiental. “Estamos muy contentos porque este proyecto turístico permitirá que muchos ciudadanos nos conozcan y se animen a reciclar en sus barrios”.

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Martha Liliana Perdomo, directora del JBB, aseguró que Vive Viva Verde permitirá que la ciudadanía aprenda a reciclar. “Esta es una de las iniciativas más maravillosas de la ciudad. A través de la ruta, cientos de ciudadanos aprenderán a reciclar y cultivar de una manera agroecológica”.

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Vive Vibra Verde comercializa los abonos que elaboran con los residuos orgánicos del barrio.

Una nueva comunidad

En los más de dos años que lleva liderando este trabajo ambiental y comunitario en Carvajal Osorio, Yuly ha visto un cambio radical en los comportamientos diarios de los habitantes del barrio.

Por ejemplo, cuando pasan por las calles con el triciclo todos los residuos ya están separados. “Ellos mismos lo hacen en sus casas y además vienen a la huerta a comprar las hortalizas. Es un cambio muy positivo que no se ve en gran parte de Bogotá”.

La presidenta de la JAC también ha sido testigo de la transformación de sus vecinos. “Desde que empezamos con el triciclo y la sensibilización, la gente se motivó a reciclar y separar los residuos. 80 adultos mayores también se metieron en el cuento”.

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El colectivo quiere que la ciudadanía replique este proyecto de reciclaje en otros barrios.

Los habitantes del barrio Carvajal Osorio ahora sacan sus residuos separados uno de los tres días que pasa la ruta verde. “Una familia saca en promedio ocho kilos de basura, de los cuáles el 50 % son residuos orgánicos”, mencionó Yuly.

Con la huerta comunitaria, este grupo siembra la semilla de la agricultura urbana. “Buscamos que las familias del barrio aprendan bases para sembrar plantas y las animamos a que comiencen a cosechar sus propios alimentos”, apuntó Flor María.

Ambas afirman que quieren llevar un mensaje poderoso de respeto, cuidado y amor por la naturaleza. “Pero lo más importante es ponernos la camiseta verde y trabajar sensibilizando a la comunidad, en especial a los niños para que motiven a sus padres a reciclar”.

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El grupo ambiental trabaja fuertemente en el proyecto de las ecobotellas.

Yuly también sensibiliza a los miembros de su familia. Por ejemplo, su única hija de seis años ya sabe reciclar y separar los plásticos de los residuos orgánicos. “Cuando llega del colegio tiene los bolsillos llenos de paquetes plásticos y los mete en las ecobotellas”.

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Wilson, su esposo y que trabaja como contratista arreglando diversas cosas, ha sido clave en el colectivo ambiental. “Su aporte es fundamental porque nos ayuda a hacerle mantenimiento a los deshidratadores y demás máquinas”.

Ninguno de los miembros de Vive Viva Verde recibe un sueldo fijo por su gran labor ambiental. Según Yuly, distribuyen equitativamente las ganancias que dejan el reciclaje, los productos de la huerta y la venta de los abonos orgánicos y aceites naturales.

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Este laboratorio ambiental de Kennedy tiene las puertas abiertas para las personas que quieran aprender a reciclar y sembrar.

“Aunque no ganamos mucho dinero, esto no nos desmotiva. Actualmente estamos trabajando en la construcción de unos biodigestores que aceleran el proceso de secado; con esto tendríamos capacidad para recibir más residuos orgánicos”.

Flor María manifiesta que el colectivo ambiental necesita de una inyección financiera. “De reconocimientos nadie vive. Todos tenemos hogares, hijos y obligaciones, y la venta de los abonos, el reciclaje y las hortalizas no es suficiente para sobrevivir”.

El sueño de este colectivo ambiental es convertirse en un centro de acopio para la localidad de Kennedy y así darles una mejor disposición a los residuos orgánicos. “Queremos instalar más deshidratadores para atender a más familias y apoyar a otros recicladores de oficio”.

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Los biodigestores son el nuevo proyecto que este colectivo ambiental de Kennedy.

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

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Jardín Botánico de Bogotá