• Hermencia Guacaneme lleva más de 35 años ayudando a los niños, jóvenes y abuelos de este barrio de la localidad de Usaquén, también conocido como La Mariposa.
  • Esta líder social ha participado en la creación de jardines infantiles, casas culturales y huertas comunitarias. También es una de las mayores conocedoras de las propiedades de las plantas medicinales.
  • Conozca la historia de Menchis, una de las ‘Mujeres que reverdecen’ del Jardín Botánico que tiene su alma y corazón aferrados en los cerros orientales.
Mujeres que reverdecen

Hermencia Guacaneme, más conocida como Menchis, ha dedicado gran parte de su vida al trabajo social.

La oficina de Hermencia Guacaneme Orjuela no tiene paredes, techo, computador y escritorio. Su sitio de trabajo es un amplio polígono incrustado en lo más alto de los cerros orientales de la localidad de Usaquén, un territorio que desde lejos se ve como una colorida mariposa.

Se trata de Cerro Norte, un barrio ubicado entre las calles 163 y 159 y las carreras 7 y 1 que fue construido en los años 50 del siglo pasado por las manos de miles de campesinos, quienes salieron huyendo de sus pueblos por la cruda violencia en busca de un mejor futuro para sus familias.

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Todos los días, Hermencia sale muy temprano de su apartamento para recorrer las calles empinadas del barrio, por donde transitan decenas de viejos jeeps que se encargan de transportar a los habitantes. Las fachadas de las casas están pintadas con colores encendidos y algunas tienen murales con rostros de los indígenas muiscas, ranas sabaneras, tinguas y monjitas.

“Buenos días Menchis: ¿hoy a quién va a ayudar?”, le dicen varias de las personas que la ven caminando por los recovecos de Cerro Norte con sus manos llenas de talegas con hortalizas y plantas, una mochila cruzada en su pecho y un sombrero de tela que la protege de los rayos del sol.

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Hermencia Guacaneme recorre a diario las calles de Cerro Norte para ayudar a la comunidad.

“La gente me conoce porque llevo más de 35 años liderando procesos comunitarios y de agricultura urbana en Cerro Norte, un barrio que se convirtió en mi motor. Desde muy pequeña comprendí que mi misión en esta hermosa vida es ayudar a la comunidad”.

Luego de 15 minutos de recorrido, Hermencia llega a la huerta comunitaria Sabores y Saberes, un terreno que ayudó a montar hace varios años ubicado en una de las partes más altas de Cerro Norte y el cual cuenta con un gran mural con el rostro de un campesino y varias hortalizas, aves y mariposas.

Allí la esperan varias mujeres del barrio vestidas con ropa cómoda y listas para sembrar y cosechar. Menchis, como la llaman sus amigos más cercanos, las reúne en la mitad de la huerta y les dice: “Hoy quiero que conozcan más sobre mi historia de resistencia y lucha comunitaria en este barrio”.

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Menchis es una de las mujeres más queridas y respetadas de Cerro Norte.

Una niñez dura

Hermencia nació hace 65 años en una humilde casa de La Florida, barrio de la localidad de Engativá donde su papá, Buenaventura Guacaneme, montó una huerta. “Creo que en ese terruño nació mi amor por la agricultura urbana. Me la pasaba viendo a mi padre sembrar muchas hortalizas”.

Esas reminiscencias huerteras contrastan con los momentos amargos que tuvo que soportar su mamá, Ana Tulia Orjuela. “Mi papá era de temperamento fuerte, machista y maltrató mucho a mi mamá, una mujer que soportó demasiadas cosas malas para sacar adelante a sus hijos”.

Cuando cumplió los 15 años, sus padres vendieron la casa de La Florida y se mudaron a un predio del barrio Suba Rincón, donde el patriarca construyó otra huerta casera y la familia llegó a los 11 hijos; todos dormían en una pieza, su papá trabajaba abriendo zanjas y su mamá hacía oficio en casas o preparaba comida en restaurantes.

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Aunque no para de sonreír, Menchis ha pasado por momentos de mucha tristeza.

El temperamento violento de su papá no cambió en el nuevo hogar. Menchis recuerda que cada vez que uno de sus hermanos lloraba, su padre se desquitaba con la amorosa mamá. “Ella llegaba muy cansada de trabajar y en casa solo encontraba maltrato; su aliciente era el amor y cariño que le dábamos todos sus hijos”.

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Por ser una de las hijas mayores, Hermencia se convirtió en una segunda mamá al hacerse cargo de las labores de la casa y el cuidado de sus hermanos. En esos años se le despertó una necesidad enorme por ayudar a todas las personas que lo necesitaban.

“Mi mamá trabajaba en un centro de salud empacando mercados para unas personas necesitadas. Sin pensarlo dos veces decidí ayudarla porque una voz en mi cabeza me decía que tenía que hacerlo”.

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Algunas fachadas de las casas de Cerro Norte cuentan con coloridos murales.

La vida en Cerro Norte

A finales de la década del 60, la familia Guacaneme Orjuela cambió de rumbo cuando consiguieron un lote en Cerro Norte, un barrio que se estaba conformando en lo más alto de los cerros orientales de Usaquén. Hermencia tenía 12 años y acababa de terminar quinto de primaria y hacer la primera comunión.

La llegada al barrio informal fue dura: no había vías sino trochas llenas de barro y las casas no tenían agua y energía. “Subir esa montaña era terrible. Mi papá montó otra huerta y mi mamá siguió con sus gallinas, chivos y marranos. Recuerdo que nos tocaba lavar la ropa en una quebrada y desde ahí cargar el agua para llevarla a la casa”.

Menchis decidió interrumpir sus estudios para ayudarles a sus padres con los gastos del hogar. A los 16 años encontró trabajo como interna en una casa en Suba, una experiencia que define como dura porque la dueña la regañaba por desperdiciar el agua y solo la dejaba cocinar arroz y papa; allí se enfermó bastante.

Luego de abandonar su puesto como interna, la adolescente trabajó con varios curas salesianos en Cerro Norte, quienes estaban construyendo la iglesia y el salón comunal. Participó en la junta de acción comunal y ayudó a darle vida a la primera escuela del barrio.

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La agricultura urbana ha estado presente en los 65 años de vida de Menchis.

A los 20 años, cuando mezclaba su trabajo comunitario con empleos esporádicos en restaurantes, residencias estudiantiles y cultivos de flores, Menchis tuvo a su primer hijo: Carlos Andrés. No se organizó con el papá del niño y se convirtió en madre soltera.

Al poco tiempo volvió a enamorarse y con su pareja compraron un lote en Cerro Norte para conformar un nuevo hogar. “La familia creció con la llegada de dos hijos más: Sandra Patricia y Óscar Eduardo. Yo seguía trabajando en lo que saliera porque la plata de mi esposo no alcanzaba”.

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En esa época, a mediados de los años 80, Cerro Norte no contaba con jardines infantiles, por lo cual Hermencia tenía que llevar a sus tres hijos a sitios bastante alejados ubicados en localidades como Chapinero. Todo comenzó a cambiar cuando conoció a una señora chilena que la forjó como líder comunitaria.

“Lucy González, encargada de liderar procesos sociales en el Centro de Desarrollo Comunitario (CDC) de Servitá, hizo una gran asamblea con varios habitantes de los barrios informales de Usaquén, donde comenzamos a hablar de las necesidades sociales como la falta de jardines infantiles. Su propuesta fue unirnos para trabajar por los derechos de los niños”.

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Hermencia no tiene la más mínima intención de dejar el trabajo social en Cerro Norte.

Algunos representantes de la comunidad de Cerro Norte, incluida Hermencia, realizaron un censo sobre las carencias de los niños del barrio, el cual arrojó que muchos se quedaban encerrados en las casas mientras sus padres trabajaban y algunos se quemaban cuando preparaban los almuerzos.

La unión comunitaria liderada por Lucy González y su esposo Hugo Fernández dio como resultado el primer Comité de Defensa de los Niños, un proyecto que luego se transformó en la Asociación de los Derechos de los Niños y Niñas. “Comencé a participar en la asociación, la cual estaba conformada por habitantes de 12 barrios del norte y sur de Bogotá”.

Nace una líder

Hermencia no podía meterse de lleno en la labor comunitaria de la asociación porque debía trabajar para sostener a sus tres hijos. Su esposo poco la ayudaba debido a que tenía problemas con el licor y todo el sueldo se lo gastaba en la bebida.

En los ratos libres que le dejaban sus trabajos esporádicos, esta bogotana comenzó a ayudar en la creación del primer jardín infantil de Cerro Norte, el cual fue montado en una pequeña casa en arriendo de dos habitaciones cerca del salón comunal.

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Cerro Norte cuenta con más de 40 huertas comunitarias, las cuales han contado con el apoyo de Menchis.

“El ICBF no quería oficializar nuestro jardín, así que le enviamos cientos de derechos de petición y cartas. Mientras tanto, la señora Lucy nos capacitó en el CDC de Servitá y aprendimos a hacer material didáctico reciclado para los niños”.

La comunidad del barrio donó ollas, licuadoras, estufas y demás materiales para darle forma al jardín. Luego, con varias mujeres de Cerro Norte como Elvia López, Marina Pérez y su hermana Mercedes Guacaneme, empezaron a atender a los niños e hicieron ollas comunitarias para brindarles alimentos.

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Las mujeres de Cerro Norte duraron un año trabajando como voluntarias en el jardín infantil, es decir sin recibir ninguna retribución económica. Esto cambió cuando conocieron una fundación que gestaba recursos con organizaciones extranjeras para atender las necesidades de los niños.

“La fundación nos ayudó a presionar al ICBF para que aprobara el presupuesto del jardín, un sitio que quedó constituido en los años 80 para atender a 50 niños del barrio. En 1985 creamos jurídicamente la Asociación de los Derechos de los Niños y Niñas de Cerro Norte”.

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Varias de mujeres de Cerro Norte se volvieron huerteras con la ayuda de Hermencia.

Al contar con presupuesto, varias mujeres de Cerro Norte fueron contratadas como profesoras del jardín. “Eso me cambió la vida porque allí encontré trabajo fijo. Yo me encargaba de los niños de párvulos, sala cuna y hasta de bebés de hasta 20 días de nacidos”.

Los niños del jardín infantil fueron los que la llamaron Menchis, un apodo que ha sobrevivido al paso de los años. “En esa época tenía mucho cabello y me gustaba hacerme la permanente. Al ver mis peinados altos y crespos, los niños comenzaron a decirme Menchis”.

Nuevos proyectos

Con el jardín infantil ya consolidado, la Asociación de los Derechos de los Niños y Niñas de Cerro Norte amplió su campo de acción. Uno de los nuevos proyectos fue la Escuela Popular Infantil, un sitio donde asistían los niños con problemas de comportamiento luego de ir al colegio.

“En esa escuela realizábamos talleres culturales para despertar las habilidades de los niños, como danza, música y recorridos de reconocimiento por el barrio. Esto fue posible gracias al apoyo de la organización alemana Terres Des Hommes (TDH)”.

En los primeros años de la década de los 90, luego de tener a su cuarto hijo, Daniel Alejandro, Hermencia ayudó a darle vida a dos íconos del barrio: la Casa Taller, proyecto basado en actividades culturales para niños y adolescentes, y la Casa Juvenil, un sitio para jóvenes desescolarizados.

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El trabajo social de Menchis ha estado enfocado en los niños y abuelos de Cerro Norte.

Durante esos años de trabajo social, Menchis se quitó un peso de encima que no le permitía florecer totalmente. “Mi esposo se puso agresivo debido a sus problemas con el alcohol. Como yo no quería repetir la historia de maltrato de mi mamá, decidí separarme y así florecí como mujer y líder en todo sentido”.

La líder social atesora el trabajo realizado con los jóvenes en la Casa Taller, ya que por ese proyecto pasaron sus cuatro hijos. “Allí hacíamos varios talleres, como de panadería y ebanistería. Mis hijos elaboraban escobas y traperos y luego los vendían, y además aprendieron a hacer ponqués y churros”.

Con el apoyo de la ONG alemana, los jóvenes de la Casa Taller viajaron a ciudades como Medellín y Cartagena a intercambiar experiencias con otros grupos. También pintaron muchos murales e hicieron jornadas de limpieza y plantaciones de árboles en Cerro Norte.

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La huerta comunitaria Sabores y Saberes es uno de los proyectos que ha liderado esta bogotana.

Huertas comunitarias

Mientras los proyectos para los niños y jóvenes se consolidaban cada vez más en Cerro Norte, las mujeres de la asociación se dedicaron a la agricultura urbana. Primero montaron una huerta comunitaria en un lote del barrio para sembrar alimentos saludables y soñaban con hacer una granja en la parte más alta, pero lamentablemente no se pudo.

Hermencia y sus compañeras se percataron que algunas de las personas de la tercera edad tenían lotes abandonados en sus casas, donde antes sembraban hortalizas y plantas medicinales. Ante esto, la asociación se propuso rescatar ese conocimiento ancestral.

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“Los abuelos nos abrieron las puertas de sus lotes para dar marcha a un proyecto de soberanía alimentaria. El objetivo era sembrar hortalizas y plantas de una manera agroecológica en estos terrenos, para que el jardín de niños y la Casa Taller de jóvenes tuvieran alimentos sanos”.

La asociación creó cuatro huertas comunitarias en los lotes de los habitantes más antiguos del barrio: El Acacio, Los Abuelos, El Arbolito y El Sauco. El primer paso fue hacer una limpieza entre los niños, jóvenes, mujeres y abuelos, ya que los predios estaban muy descuidados y llenos de basura.

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Hermencia es una gran conocedora de las propiedades de las plantas medicinales.

Cerca de 15 abuelos del barrio participaron en las jornadas de siembra en estas cuatro huertas, actividades donde compartieron con los niños y jóvenes. “Los abuelos nos aseguraron que se volvieron a sentir útiles porque los sardinos replicaban todo lo que ellos hacían para sembrar”.

Cuando había cosecha en las huertas, los participantes hacían una olla comunitaria para repartir las hortalizas y plantas medicinales. “También destinábamos parte de la cosecha para los proyectos de la asociación. Los abuelos eran los más contentos porque volvieron a tener contacto con la tierra”.

En esa época, la asociación, la Universidad CUN, el hospital de Usaquén y otros huerteros conformaron la red de agricultores urbanos de la localidad, la cual les permitió enriquecer sus conocimientos como huerteros y liderar otras iniciativas.

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Menchis comparte sus conocimientos sobre agricultura urbana con todos los habitantes de Cerro Norte.

“En ese entonces, una plataforma rural de Bogotá nos invitó a un encuentro en Popayán (capital del Cauca), donde aprendimos mucho sobre las semillas nativas y la transformación de los alimentos en productos medicinales y comestibles”.

Menchis aprovechó esos conocimientos ancestrales para elaborar pomadas y cremas con las plantas medicinales de las huertas, las cuales permiten combatir los dolores del cuerpo. Con este nuevo talento, poco a poco se fue convirtiendo en un referente de las plantas medicinales en la localidad.

La comunidad del barrio se dejó contagiar con la agricultura urbana de la asociación, tanto así que en la zona hay más de 40 huertas caseras y comunitarias. “La señora Carmen, que hace el mejor compost que conozco, fue una de las mujeres que más le metió la ficha a las huertas de Cerro Norte”.

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Los abuelos de Cerro Norte son protagonistas en todos los proyectos sociales de Menchis.

Abuelos y Feria del Maíz

El trabajo con las personas de la tercera edad en las huertas comunitarias le cambió el rumbo a Hermencia: decidió dejar a un lado las actividades en el jardín, la escuela infantil y la Casa Taller para dedicarse al trabajo con los abuelos.

“El primer paso fue mejorar el Club de los Abuelitos, un grupo creado por don Benito Bonero. Como asociación nos percatamos que las personas de la tercera edad vivían solas y tenían mucha tristeza, por lo cual yo decidí apoyar sus actividades lúdicas, culturales y de salud”.

Menchis llevó a los abuelos del club a las huertas de Cerro Norte, donde sus ojos se llenaron de alegría por volver a sembrar. “La tristeza desapareció al tener contacto con la tierra. Además, los jóvenes y niños del barrio aprendieron mucho de todo el conocimiento ancestral de los abuelos”.

A finales de los años 90, la asociación creó la Granja Agroecológica Comunitaria Experimental Hugo Fernández, un proyecto financiado con recursos de una embajada y del dinero recolectado por la comunidad en varias rifas y bazares. “Para mantener con vida los proyectos nos ha tocado gestionar con fundaciones y organizaciones y hacer muchos eventos comunitarios”.

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Menchis está dedicada a las actividades culturales y agroecológicas con los abuelos de Cerro Norte.

En 2002, la comunidad creó un evento que se convirtió en una insignia de Cerro Norte: la Feria del Maíz. “Como teníamos muchos conocimientos sobre semillas, nos pusimos como meta crear un gran evento al año con varias actividades que giraran en torno a los productos ancestrales del campo”.

Esta feria se realiza durante una semana del mes de agosto, días en los que el barrio se viste de fiesta. “Además de hacer actividades educativas sobre el papel de los campesinos y el significado de la tierra, vendemos los productos emblemáticos del campo, como masato, envueltos, mute, gallina, pescado y cerdo”.

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Según Menchis, el objetivo de la Feria del Maíz es rescatar el conocimiento ancestral de nuestros antepasados, en especial los muiscas, indígenas que cultivaban productos como amaranto, quinua, yacón y maíz en la sabana de Bogotá. En marzo, la comunidad se reúne para definir la temática de esta fiesta.

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La Feria del Maíz de Cerro Norte se realiza durante una semana del mes de agosto.

En 2015, el corazón de Hermencia quedó partido en pedacitos cuando la asociación debió poner fin a dos de sus proyectos más representativos: la Casa Taller y la Escuela Popular Infantil. “Conseguir recursos económicos era cada vez más difícil y por eso no se pudo continuar con estos dos proyectos; la tristeza en la comunidad fue enorme”.

Aunque esta huertera no puede disimular la tristeza que le causa la pérdida de estos proyectos, ese sentimiento se apacigua un poco por las semillas que dejaron en los niños y jóvenes de Cerro Norte. “Dilia Vargas, que estuvo en los grupos juveniles, estudió licenciatura en básica primaria y hoy nos sigue ayudando en la asociación; Yamile González fue una de las niñas del jardín y hace parte de la dirección”.

La agricultura urbana y los abuelos de Cerro Norte son los dos protagonistas del trabajo social actual de Menchis. “Por ahora me encargo de liderar seis huertas en el bario: El Acacio, Saberes y Sabores, Los Abuelos, El Arbolito, El Sauco y La Granja. Los nuevos grupos de jóvenes nos apoyan y ahora queremos montar un mariposario y un aula ambiental”.

Mujeres que reverdecen

Las seis huertas que lidera Menchis son de puertas abiertas para toda la comunidad.

La Asociación de los Derechos de los Niños y Niñas de Cerro Norte actualmente lidera tres hogares infantiles, el Club de los Abuelitos y el proyecto de soberanía alimentaria, conformado por la granja y las seis huertas comunitarias.

“Cerca 45 personas personas participamos en la asociación, un número que cada vez es menor debido a la falta de recursos y lo duro del trabajo comunitario. Sin embargo, yo seguiré haciendo cosas por mi comunidad hasta que la vida me lo permita; si no ayudo a la gente, no me siento viva”.

Mujer que reverdece

En septiembre del año pasado, Hermencia se enteró que la Alcaldía de Bogotá estaba buscando ciudadanas con algún grado de vulnerabilidad para que participaran en un programa ambiental y social llamado ‘Mujeres que reverdecen’.

“Como tengo mucha experiencia en agricultura urbana, decidí inscribirme con el Jardín Botánico de Bogotá (JBB). La verdad no pensé que me fueran a escoger, a pesar de que mis cuatro hijos y ocho nietos me decían lo contrario”.

Menchis ingresó a un grupo de 30 mujeres de la localidad de Usaquén que estaría liderado por Marcela Piracún, formadora del JBB. “Como el programa es de aprender haciendo, les abrí las puertas de las huertas comunitarias de Cerro Norte a mis compañeras para que hicieran sus prácticas ambientales”.

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Los conocimientos de Menchis fueron fundamentales para las ‘Mujeres que reverdecen’ de Usaquén.

Además de fortalecerse como huertera, esta líder comunitaria compartió todos los conocimientos que tiene sobre la tierra con sus nuevas amigas, en especial las técnicas para la elaboración de pomadas y cremas con las plantas medicinales.

En su vasta experiencia como líder social, Menchis jamás había conocido un programa que dignificara y valorara tanto el papel de la mujer. “Acá nos dieron la oportunidad de trabajar y aprender a varias mujeres de edades avanzadas, quienes a pesar de nuestros años aún tenemos mucho que ofrecer”.

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Una de las mejores experiencias durante este programa fue ver cómo sus demás compañeras se sensibilizaron sobre la importancia de las huertas. “Todas sanamos las heridas del pasado con el trabajo en las huertas, terruños que sirven como terapia al tener un contacto directo con la tierra”.

Visitar varios colegios de Usaquén para darles charlas de agricultura urbana a los niños y jóvenes, la llenó de felicidad. “Dejar semillas en los pequeños es lo que llevo haciendo desde hace 35 años. Todas las generaciones deben trabajar juntas, ya que los niños, jóvenes, adultos y abuelos podemos hacer cosas maravillosas”.

Mujeres que reverdecen

Las mujeres de Cerro Norte ven a Menchis como una amiga y maestra incondicional.

Aunque la primera fase de ‘Mujeres que reverdecen’ culminó en abril, las huertas de Cerro Norte aún son visitadas por varias de las participantes. “Muchas me llaman seguido para que las ayude con sus emprendimientos ambientales o las huertas que montaron en sus casas”.

Hace poco, Menchis recibió su pensión por sus largos años de trabajo en la asociación, la cual también le permitió graduarse como bachiller a una edad avanzada. Sin embargo, no tiene la más mínima intención de abandonar su trabajo social y ambiental.

“Seguiré participando en los diferentes proyectos comunitarios y huerteros de Cerro Norte hasta que la vida y Dios me lo permitan. Aunque mis cuatro hijos y ocho nietos me dicen que le baje el ritmo al trabajo, yo creo que si me quedo quieta me muero”.

Mujeres que reverdecen

Menchis seguirá trabajado por la comunidad de Cerro Norte hasta que la vida se lo permita.

Jhon Barros
Author: Jhon Barros

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Jardín Botánico de Bogotá